martes, 28 de junio de 2016

No perder la identidad Por Jose A. Pagola

Quinto Domingo de Pascua del Ciclo C 
Juan 13,31-35
“Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del Hombre y Dios ha sido glorificado por él». [Si Dios ha sido glorificado por él,] también Dios lo glorificará por sí, y lo hará pronto. «Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes; me buscarán y, como dije a los judíos también lo digo ahora, a donde yo voy ustedes no pueden venir. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado, ámense así unos a otros. En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros»”.
MEDITACIÓN:
Jesús se está despidiendo de sus discípulos; en breve, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes». La comunidad es pequeña y frágil, acaba de nacer, los discípulos son como niños pequeños, ¿qué será de ellos si se quedan sin el maestro?
Jesús les hace un regalo: «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado». Si se aman mutuamente con el amor con el que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos; el amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.
Por eso, Jesús añade: «En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros», lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús y no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús: en ese amor está su identidad.
Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la «cultura del intercambio». Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que «el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea». La gente capaz de amar es una excepción.
Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual; no es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predominan con frecuencia entre nosotros.
Si la Iglesia «se está diluyendo» en medio de la sociedad contemporánea no es sólo por la crisis profunda de las instituciones religiosas; en el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él, nos falta el distintivo cristiano.
Los cristianos hablamos mucho sobre el amor, sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del Espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo, creador, que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir al ser humano.

Descargar como:  PDF |   Microsoft Word |   Texto Plano   –     Imprimir Artículo


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada