lunes, 6 de junio de 2016

Y Dios me hizo mujer, por Gioconda Belli


Voy a comenzar éste texto con una poesía del mismo nombre escrita por Gioconda Belli, una poetisa y novelista nicaragüense.
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Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.
Si Dios nos hiso mujeres es porque quiso poner junto al hombre a la ayuda ideal y ayudante de constructor idónea, y como lo escribe la maravillosa Gioconda no es tarea sencilla ser una. Ser mujer implica ser esposa, madre, hermana, tía, abuela, trabajadora y sobre todo humanizadora de la sociedad.
He conocido muchas personas a lo largo de mi vida y en mi carrera profesional. He visto cientos de mujeres pasar por mi consultorio y si algo me ha sorprendido siempre es su capacidad de búsqueda, de resiliencia, de compromiso. Mucho se ha dicho que las mujeres somos seres vulnerables, yo creo todo lo contrario, Dios nos hiso perfectas, Él no le daría “el taller de hacer humanos” aun ser débil y frágil, se lo dio a un ser dulce, sagaz y resiliente. ¿Acaso no era así María de Nazareth?
Las mujeres me han demostrado que su estado continuo en la vida es de lucha. Por ejemplo: conozco mujeres que tienen altos puestos en empresas importantes y manejan mucho personal. Una vez una de ellas me comentó que cuando ella está en una junta directiva y mientras está hablando con otros compañeros ella también está pensando que hace falta el yogurt para su niño, y que es muy probable que su esposo no se haya acordado. U otras, como aquellas que son abandonadas por sus parejas y crían a sus hijos solas y con la alegría de verlos crecer todos los días. Muchas veces estas mujeres salen a trabajar a tempranas horas de la mañana y regresan a la noche, ayudan a sus niños en las tareas, le hacen la cena, les leen un cuento y van a dormir. Pero lo que más admiro es la convicción de todas ellas para transmitir principios y valores a sus hijos, muchas de ellas se aseguran de que sus hijos sean sobre todo buenos cristianos. Son mujeres luchadoras.
Ser una persona luchadora no significa que no necesites ayuda, todo lo contrario, la lucha compartida es más fructífera y se hace más fácil de sostener, es por eso que las mujeres, inclusive sin darnos cuenta, buscamos estar con otras mujeres. Cuando conoces por primera vez a un grupo de personas, es muy probable que enseguida busques a otra mujer para comenzar a entablar una conversación. Nosotras tenemos más empatía entre nosotras mismas, porque sabemos lo que sentimos a diario en nuestras relaciones personales y laborales.
Espero que éste texto haya sido de tu agrado. Próximamente escribiré otro texto sobre los sentimientos y las emociones en las mujeres cuando el amor no llega y haré referencia a la poesía que he mencionado al principio de éste artículo. Parafraseando a Gioconda Belli te dejaré un consejo: ¡mujer levántate orgullosa todas las mañanas y bendice tu sexo, el mismo de la Virgen María!
FIRMASHEILA

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