viernes, 14 de octubre de 2016

La Palabra de Dios afirma la unidad, Comunión Luterana-Católica Romana / Por Ronald Rivera


Continuamos los artículos introductorios en el contexto de los 500 años de la Reforma (2017). En esta oportunidad reflexionamos en orden a la Palabra de Dios como creadora, que afirma la unidad y la diversidad.

Las Iglesias cristianas están buscando formas confiables de tratar los conflictos de interpretaciones de las Escrituras en relación a la vida diaria y en mayor provecho ecuménico. 

¿Cómo podemos fielmente considerar los textos bíblicos en su contexto histórico y emplear los mismos textos en contextos contemporáneos de manera precisa y relevante?

¿Cómo podemos hacer esto al abordar temas que no existían en los tiempos bíblicos ( por ejemplo los temas sobre bioética y sus derivados)?

A veces se dice que las profundas divisiones en la interpretación bíblica están vinculadas a contextos confesionales o geográficos, cuando en realidad reflejan divisiones internas, resultante de diferentes orientaciones hermenéuticas. Cada Iglesia histórica debería ser capaz de explicar por qué y cómo se usan los argumentos bíblicos en la discusión. Como comunión de Iglesias que buscan un testimonio común en el mundo, continuamos esforzándonos para explorar en conjunto formas de interpretaciones bíblica que nos renueven mutuamente.

El Evangelio es el centro de nuestra vida en Comunión.

El núcleo unificador de nuestra fe cristiana y de nuestras confesiones, es la salvación en Jesucristo, testificada en la Escritura que revela el amor incondicional de Dios por nosotros (Efesios 2,8). Ninguna creación humana sustituye el don de la Gracia que significa el de ser amados en Jesucristo.

La convicción compartida por todas las Iglesias cristianas es que el fundamento de la fe y las buenas obras derivan del amor de Dios, la cual mira a la gracia  para la unidad (Gálatas 3,25-29). Esta unidad establecida por la Palabra que constituye a la Iglesia como el Cuerpo Visible de Cristo. Quienes escuchan la Palabra han sido llamados a la realidad de esta nueva creación (2 Corintios 5, 16-21).

El misterio presentado en las Escrituras es que uno sólo puede estar en unidad con uno mismo al rodear su propio ego con Cristo y las necesidades del prójimo. Revestidos por Dios y las necesidades de otras personas llegamos a ser quienes hemos sidos llamados a ser, seres verdaderamente humanos.

Ronald Rivera

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