Prejuicio, tradición e historicidad de la comprensión
Una disertación sobre Hans-Georg Gadamer
La hermenéutica filosófica de Hans-Georg Gadamer representa uno de los desplazamientos decisivos de la filosofía contemporánea: la pregunta deja de ser simplemente «¿cómo podemos interpretar correctamente un texto?» para convertirse en una cuestión mucho más radical: «¿qué significa comprender?».
Esta transformación tiene consecuencias epistemológicas, ontológicas e históricas. Comprender no constituye, para Gadamer, una operación técnica mediante la cual un sujeto situado frente a un objeto consigue reproducir correctamente su significado. La comprensión pertenece a la estructura misma de nuestra existencia histórica. Antes de interpretar un texto, una obra de arte, una tradición o incluso una acción humana, ya nos encontramos situados en un mundo de significados.
Por eso, tres conceptos adquieren una importancia fundamental: prejuicio, tradición e historicidad. No son tres temas independientes. Forman una estructura unitaria: comprendemos desde determinados prejuicios; esos prejuicios se encuentran configurados por una tradición; y tanto el intérprete como aquello que interpreta están insertos en la historicidad.
La hermenéutica gadameriana pretende mostrar, en definitiva, que no existe comprensión desde ningún lugar.
1. El problema hermenéutico: de la metodología a la ontología
Gadamer desarrolla su proyecto fundamentalmente en Wahrheit und Methode (Verdad y método, 1960). Su propósito no consiste en elaborar un nuevo método para las ciencias humanas equivalente al método de las ciencias naturales.
El propio título resulta significativo. Gadamer no pretende proporcionar «el método» mediante el cual podamos garantizar objetivamente la verdad de una interpretación. Su pregunta es anterior: ¿hay experiencias de verdad que no puedan ser reducidas al modelo metodológico de las ciencias?
De ahí su diálogo con la tradición filosófica alemana, especialmente con Dilthey, Husserl y Heidegger.
Dilthey había establecido una distinción fundamental entre explicar (Erklären) y comprender (Verstehen). Las ciencias naturales explicarían causalmente los fenómenos, mientras que las ciencias del espíritu intentarían comprender las expresiones de la vida histórica.
Gadamer considera insuficiente esta formulación porque todavía conserva demasiado del ideal moderno de fundamentación metodológica. El problema no consiste solamente en encontrar el método adecuado para comprender, sino en reconocer que la comprensión acontece antes de cualquier metodología consciente.
Aquí aparece la influencia decisiva de Heidegger.
En Ser y tiempo, Heidegger había mostrado que la comprensión no es primordialmente una actividad intelectual realizada ocasionalmente por un sujeto. El Dasein existe ya comprendiendo.
Heidegger afirma:
«El comprender es el ser existencial del propio poder-ser del Dasein mismo.»
(Heidegger, Ser y tiempo, §31).
Gadamer trasladará esta intuición desde la analítica existencial hacia la hermenéutica filosófica.
No comprendemos porque hayamos aprendido primero un método hermenéutico. Comprendemos porque nuestra existencia es ya interpretativa.
2. El prejuicio: rehabilitación de un concepto desacreditado
Probablemente ninguna afirmación de Gadamer haya resultado más provocadora que su defensa del concepto de «prejuicio».
En la modernidad, especialmente bajo el influjo de la Ilustración, el prejuicio adquirió una connotación predominantemente negativa.
Prejuicio significa aparentemente un juicio formulado antes de disponer de una justificación suficiente.
La Ilustración pretende sustituir el prejuicio por la razón.
Gadamer considera que aquí se produce un problema fundamental: si para comprender debemos eliminar todos nuestros prejuicios, ¿desde dónde comenzamos a comprender?
La pregunta es decisiva.
El intérprete no llega al texto como una conciencia absolutamente vacía. Llega con lenguaje, educación, cultura, experiencias, conceptos, expectativas, valores, memoria y tradiciones.
Por eso Gadamer afirma:
«Los prejuicios no son necesariamente injustificados y erróneos, ni por ello distorsionan inevitablemente la verdad.»
(Gadamer, Verdad y método, II, especialmente la discusión sobre la rehabilitación del prejuicio).
La tesis es mucho más profunda de lo que parece.
Gadamer no afirma que todos los prejuicios sean verdaderos. Afirma algo diferente: el hecho de poseer prejuicios es inevitable.
Por tanto, debemos distinguir entre dos cuestiones:
prejuicio ≠ error.
Y también:
prejuicio ≠ verdad.
El prejuicio es una precomprensión desde la cual comenzamos a interpretar.
3. La crítica gadameriana a la Ilustración
Gadamer analiza históricamente la lucha contra el prejuicio y encuentra en la Ilustración una determinada concepción de la razón.
La Ilustración sospecha de aquello que procede de la autoridad, la tradición y la costumbre.
La razón debería examinar críticamente todo aquello que hemos recibido.
Esta exigencia posee, evidentemente, una legitimidad. Gadamer no propone regresar ingenuamente a una sociedad donde la tradición sea incuestionable.
Su crítica se dirige a una consecuencia extrema de la Ilustración: creer que la razón puede comenzar desde cero.
La razón histórica no comienza desde cero.
El sujeto que critica una tradición ya ha sido formado por alguna tradición.
Incluso la crítica de la tradición necesita conceptos, lenguaje y categorías que históricamente hemos recibido.
Por eso Gadamer escribe:
«En realidad no es la historia la que nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a ella.»
(Gadamer, Verdad y método, Parte II, sección sobre los fundamentos para una teoría de la experiencia hermenéutica).
Esta frase constituye una de las claves de toda su filosofía.
Normalmente pensamos:
«Yo estudio la historia.»
Gadamer invierte la relación:
la historia también me constituye a mí.
4. La tradición no es simplemente el pasado
Aquí aparece el segundo concepto fundamental.
¿Qué es la tradición?
Desde una perspectiva superficial, tradición podría significar aquello que procede del pasado y que una generación transmite a la siguiente.
Para Gadamer, esta definición resulta insuficiente.
La tradición no es simplemente un objeto que tenemos delante de nosotros.
La tradición es aquello dentro de lo cual ya estamos.
No existe primero un sujeto neutral y posteriormente una tradición que dicho sujeto decide estudiar.
El sujeto ya está formado lingüística, cultural e históricamente.
Cuando un cristiano lee el Evangelio, por ejemplo, no lo hace desde una neutralidad absoluta. Su comprensión está atravesada por siglos de lenguaje teológico, liturgia, dogma, espiritualidad, filosofía, arte, instituciones y experiencias históricas.
Pero tampoco significa que la tradición determine mecánicamente la interpretación.
Aquí aparece una tensión fundamental.
La tradición nos condiciona, pero no nos determina completamente.
La tradición es condición de posibilidad de la comprensión.
5. Tradición y autoridad
Uno de los puntos más delicados de Gadamer es su rehabilitación del concepto de autoridad.
La modernidad tendió a establecer una oposición:
autoridad ↔ razón.
Gadamer considera que esta oposición es demasiado simplista.
La autoridad no tiene necesariamente su fundamento en la coerción.
Puede existir una autoridad reconocida porque alguien posee una experiencia, conocimiento o comprensión que nosotros todavía no poseemos.
Reconocer autoridad no implica renunciar a la razón.
Significa admitir que otro puede saber algo que yo todavía no sé.
Gadamer afirma:
«La autoridad no tiene nada que ver con obediencia ciega a una orden.»
(Gadamer, Verdad y método, discusión sobre autoridad y tradición).
La cuestión adquiere especial importancia en ámbitos como la religión, la filosofía, el derecho o la educación.
Una tradición puede ejercer autoridad sin convertirse por ello en una instancia absolutamente incuestionable.
6. El círculo hermenéutico
Aquí debemos introducir uno de los conceptos clásicos de la hermenéutica: el círculo hermenéutico.
Comprendemos las partes desde el todo y el todo desde las partes.
Por ejemplo, para comprender una frase necesitamos comprender el texto; pero para comprender el texto necesitamos comprender las frases.
Esto no constituye necesariamente un círculo vicioso.
Es una estructura dinámica.
Gadamer recibe esta problemática de la tradición hermenéutica anterior, pero la radicaliza mediante Heidegger.
Antes de interpretar conscientemente ya tenemos una determinada anticipación de sentido.
Comprendemos algo desde algo que previamente creemos comprender.
La interpretación modifica nuestra comprensión inicial.
Y esa nueva comprensión vuelve a transformar nuestra lectura.
Podemos representarlo así:
precomprensión → interpretación → revisión de la comprensión → nueva interpretación.
Por eso la comprensión no es un acto instantáneo.
Es un proceso.
7. La anticipación de sentido
El intérprete se aproxima al texto esperando encontrar algo.
Tiene preguntas.
Tiene expectativas.
Tiene hipótesis.
Tiene conocimientos previos.
Estas anticipaciones no constituyen necesariamente obstáculos.
Son precisamente las condiciones que permiten comenzar a comprender.
Pero aquí Gadamer introduce una exigencia crítica fundamental: debemos permitir que el texto cuestione nuestras anticipaciones.
La buena interpretación no consiste en encontrar en el texto aquello que ya pensábamos.
Consiste en exponernos a la posibilidad de que el texto tenga algo que decirnos.
Esta es una diferencia decisiva.
El intérprete dogmático utiliza el texto para confirmar sus prejuicios.
El intérprete hermenéutico permite que el texto ponga a prueba sus prejuicios.
Por eso Gadamer considera fundamental la experiencia de la alteridad.
8. El encuentro con lo diferente
Comprender no significa simplemente proyectar nuestra propia visión sobre aquello que interpretamos.
Si el texto no puede decirnos nada nuevo, realmente no hemos comprendido al otro.
La comprensión exige que exista una diferencia.
El otro debe poder resistirse a nuestra interpretación.
Por eso Gadamer habla de la necesidad de estar abierto a aquello que puede cuestionar nuestras expectativas.
Aquí aparece una dimensión ética de la hermenéutica.
Comprender implica escuchar.
No solamente mirar.
No solamente clasificar.
No solamente dominar conceptualmente.
Escuchar significa aceptar la posibilidad de que aquello que tenemos delante pueda tener razón en algo que nosotros no habíamos visto.
9. La historicidad de la comprensión
Llegamos así al tercer concepto central: la historicidad.
El ser humano es histórico no solamente porque viva después de otros seres humanos.
Es histórico porque su propia comprensión está constituida por una historia.
Tenemos un lenguaje que no inventamos.
Tenemos conceptos que no inventamos.
Tenemos símbolos que no inventamos.
Tenemos instituciones que no inventamos.
Tenemos tradiciones religiosas, filosóficas, jurídicas y culturales que nos preceden.
Nuestra conciencia está situada.
Gadamer desarrolla aquí el concepto de conciencia de la historia efectual (wirkungsgeschichtliches Bewusstsein).
No somos simplemente conscientes de la historia.
Somos también resultado de los efectos que la historia ha producido sobre nosotros.
Por eso la historia no es solamente aquello que ocurrió.
Es aquello que continúa actuando en nuestro presente.
10. La historia efectual
La expresión alemana Wirkungsgeschichte puede traducirse como «historia efectual» o «historia de los efectos».
Una obra del pasado no existe únicamente en el momento en que fue producida.
Continúa produciendo efectos mediante las interpretaciones posteriores.
Pensemos en Platón.
Platón no pertenece exclusivamente al siglo IV a. C.
Existe también el Platón interpretado por Aristóteles, Plotino, Agustín, el neoplatonismo, el Renacimiento, Heidegger y la filosofía contemporánea.
Cada época descubre determinados aspectos de Platón.
Pero Platón también modifica a cada época.
La relación funciona en ambas direcciones.
Por eso la historia de la filosofía no consiste únicamente en reconstruir objetivamente lo que un filósofo «realmente quiso decir».
También implica comprender cómo sus textos han llegado hasta nosotros y qué preguntas contemporáneas hacen posible determinadas interpretaciones.
11. La famosa «fusión de horizontes»
Este concepto es quizá el más conocido de Gadamer.
El intérprete posee un horizonte.
El texto pertenece a otro horizonte histórico.
Pero estos horizontes no permanecen necesariamente separados.
Puede producirse una fusión de horizontes (Horizontverschmelzung).
El horizonte no es una frontera rígida.
Es el campo de visión desde el cual algo puede aparecer como significativo.
Gadamer afirma:
«Horizonte es el ámbito de visión que abarca y encierra todo lo que es visible desde un determinado punto.»
(Gadamer, Verdad y método, Parte II).
Comprender significa ampliar nuestro horizonte mediante el encuentro con otro horizonte.
Por eso la comprensión no consiste en abandonar nuestro presente para convertirnos artificialmente en personas del pasado.
Tampoco consiste en imponer nuestro presente al pasado.
Consiste en establecer una relación entre ambos.
12. Comprender no es reconstruir psicológicamente al autor
Aquí Gadamer se distancia de determinadas formas de hermenéutica romántica, especialmente de Schleiermacher.
La hermenéutica romántica podía considerar que comprender significaba reconstruir la intención del autor.
Gadamer considera que esto no basta.
Cuando interpretamos una obra, no necesitamos simplemente reconstruir psicológicamente la mente de quien la escribió.
La obra puede decir más de lo que su autor conscientemente pretendía decir.
Esto resulta especialmente importante para los textos filosóficos, jurídicos, literarios y religiosos.
Un texto puede adquirir nuevas posibilidades de significado dentro de nuevos horizontes históricos.
No porque cualquier interpretación sea válida, sino porque el sentido puede actualizarse históricamente.
13. El lenguaje como casa de la comprensión
Aquí llegamos a una de las tesis más profundas de Gadamer:
el ser que puede ser comprendido es lenguaje.
La frase aparece al final de Verdad y método:
«El ser que puede ser comprendido es lenguaje.»
(Gadamer, Verdad y método, Parte III).
No significa simplemente que todo sea palabras.
Significa que aquello que puede entrar en el ámbito de nuestra comprensión lo hace dentro de una estructura lingüística.
El lenguaje no es únicamente una herramienta que utilizamos.
Es el medio en el que acontece nuestra comprensión.
Por eso Gadamer considera que comprender es fundamentalmente un acontecimiento lingüístico.
14. Comprender como conversación
Esta concepción lleva a Gadamer a utilizar la metáfora del diálogo.
Interpretar es conversar con aquello que interpretamos.
Una conversación auténtica tiene una característica fundamental: ninguno de los interlocutores controla completamente de antemano hacia dónde llegará.
Si ya sé exactamente qué voy a decir y qué responderá el otro, no estoy realmente conversando.
La conversación acontece cuando permitimos que el otro transforme nuestro horizonte.
Por eso Gadamer vincula hermenéutica y diálogo.
Comprender significa entrar en una conversación con una tradición, un texto, una obra, una persona o una cuestión.
15. La pregunta como estructura fundamental
La hermenéutica gadameriana otorga una importancia extraordinaria a la pregunta.
Una pregunta verdadera abre un espacio.
Cuando preguntamos:
«¿Qué significa este texto?»
ya estamos mostrando que no poseemos completamente su significado.
Pero además, nuestras preguntas están históricamente condicionadas.
Una época pregunta determinadas cosas que otra época no preguntaba.
Por ejemplo, la filosofía medieval preguntó con intensidad por la relación entre fe y razón.
La modernidad preguntó por la autonomía del sujeto.
La filosofía contemporánea ha formulado con particular intensidad preguntas sobre lenguaje, historicidad, existencia, poder, interpretación y pluralidad.
La historia transforma nuestras preguntas.
Y cuando cambian nuestras preguntas, cambian también las posibilidades de comprensión.
16. Prejuicio, tradición e historicidad: una estructura única
Podemos reunir ahora los tres conceptos.
El prejuicio es nuestra precomprensión.
La tradición es el horizonte histórico-lingüístico que configura esa precomprensión.
La historicidad es la condición por la cual tanto intérprete como tradición se encuentran en un proceso histórico de efectos y transformaciones.
Por tanto:
no hay comprensión sin precomprensión;
no hay precomprensión sin tradición;
no hay tradición fuera de la historia;
y no hay comprensión histórica sin transformación del horizonte.
Esta estructura impide concebir al intérprete como una conciencia absolutamente neutral.
17. Una consecuencia epistemológica decisiva
Gadamer introduce así una crítica profunda al ideal moderno de objetividad.
No significa que Gadamer rechace la verdad.
Todo lo contrario.
Su proyecto se titula precisamente Verdad y método.
Lo que cuestiona es la identificación de la verdad con aquello que puede ser producido mediante un procedimiento metodológico universal.
Existen experiencias de verdad en el arte, la filosofía, la historia, la conversación y la tradición que no pueden ser reducidas al modelo de las ciencias naturales.
La verdad puede acontecer como una transformación de nuestra comprensión.
A veces comprendemos algo verdaderamente cuando descubrimos que nuestra interpretación anterior era insuficiente.
Por eso la hermenéutica tiene una dimensión de experiencia.
No solamente adquirimos información.
Podemos ser transformados por aquello que comprendemos.
18. La hermenéutica y la teología
Para tu ámbito teológico, Ronald, este planteamiento posee una importancia enorme.
Un teólogo no se aproxima a la Escritura como una conciencia absolutamente neutral.
Lee desde una tradición.
La Iglesia posee una historia interpretativa.
Existe una tradición patrística, conciliar, litúrgica, dogmática y espiritual.
La Escritura misma ha sido transmitida mediante una comunidad histórica.
Por tanto, la interpretación teológica no puede consistir simplemente en extraer del texto una información objetiva eliminando toda tradición.
Pero tampoco puede consistir en afirmar que cualquier interpretación tradicional es automáticamente verdadera.
La hermenéutica gadameriana permite formular una posición intermedia mucho más sofisticada:
la tradición constituye una condición de posibilidad de la comprensión, pero también debe permanecer abierta a ser interrogada por aquello que transmite.
Esto resulta especialmente importante para la relación entre Escritura y Tradición.
La Tradición no debería entenderse simplemente como una colección de afirmaciones antiguas.
Es un proceso vivo de transmisión, interpretación y actualización.
Aquí encontramos una afinidad interesante con la concepción católica de la Tradición viva.
El Concilio Vaticano II afirma en Dei Verbum 8:
«Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo.»
Y añade:
«Crece, en efecto, la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas.»
(Dei Verbum, 8).
Desde una perspectiva hermenéutica, esta afirmación resulta extraordinariamente fecunda.
La tradición no cambia simplemente porque cada generación invente una nueva interpretación.
Hay crecimiento de comprensión dentro de una continuidad histórica.
19. Gadamer y la tradición católica: una cautela necesaria
Sin embargo, sería intelectualmente incorrecto afirmar que Gadamer simplemente confirma la teología católica.
No es así.
Gadamer desarrolla una hermenéutica filosófica, no una teoría dogmática de la Revelación.
La tradición gadameriana y la Tradición apostólica católica son conceptos relacionados, pero no idénticos.
En la teología católica, la Tradición posee una dimensión constitutiva vinculada a la Revelación divina.
En Gadamer, «tradición» pertenece fundamentalmente a la estructura histórica de la comprensión.
La analogía es, por tanto, fecunda, pero no debe convertirse en identificación.
20. Una paradoja fundamental
La filosofía de Gadamer puede formularse mediante una paradoja:
para comprender críticamente nuestros prejuicios necesitamos ya estar dentro de una tradición que nos proporcione los instrumentos para criticarlos.
No podemos escapar completamente de la historia para juzgar la historia.
No podemos salir completamente del lenguaje para juzgar el lenguaje.
No podemos eliminar absolutamente todos nuestros prejuicios para comenzar a comprender.
La verdadera madurez hermenéutica consiste entonces no en alcanzar una conciencia sin prejuicios, sino en hacer conscientes nuestros prejuicios y permitir que entren en diálogo con aquello que queremos comprender.
21. La hermenéutica como educación
Esto tiene una enorme importancia pedagógica.
Educar no significa simplemente transmitir información.
Significa transformar horizontes de comprensión.
Un buen profesor no entrega únicamente respuestas.
También enseña a formular mejores preguntas.
En este sentido, Gadamer recupera algo profundamente socrático.
Sócrates no educaba principalmente proporcionando información.
Educaba mostrando que aquello que creíamos saber podía ser problemático.
La hermenéutica comparte esa estructura.
Comprender verdaderamente algo implica estar dispuesto a descubrir que nuestra comprensión inicial era limitada.
22. Conclusión: comprender es pertenecer
La tesis fundamental de Gadamer podría condensarse de esta manera:
no somos sujetos situados fuera de la historia que posteriormente interpretan la historia; somos seres históricos cuya propia capacidad de comprender ha sido formada históricamente.
Por eso el prejuicio no constituye simplemente un enemigo de la razón.
Es el punto de partida inevitable de toda comprensión.
La tradición no es simplemente aquello que debemos conservar.
Es aquello desde lo cual podemos comprender y aquello que podemos reinterpretar.
La historicidad no es un accidente de nuestra existencia.
Es la estructura misma dentro de la cual acontece nuestra comprensión.
Y la hermenéutica, finalmente, no consiste en conquistar un punto de vista absolutamente neutral.
Consiste en entrar en diálogo con aquello que nos precede, reconocer los límites de nuestro propio horizonte y permitir que el encuentro con otro horizonte transforme nuestra comprensión.
La grandeza de Gadamer está precisamente aquí: la comprensión deja de ser una técnica que un sujeto aplica a un objeto y se convierte en un acontecimiento en el que el propio sujeto puede ser transformado.
Comprender, entonces, no significa simplemente saber más.
Significa llegar a ser otro sin dejar de ser uno mismo.
Y quizá esa sea la formulación más radical de la historicidad hermenéutica: nuestra identidad intelectual no es una posesión estática, sino una identidad capaz de transformarse mediante aquello que heredamos, interrogamos y comprendemos.
Fuentes fundamentales
Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método I. Fundamentos de una hermenéutica filosófica. Salamanca: Sígueme, 1993. Especialmente las secciones sobre la rehabilitación del prejuicio, tradición, conciencia de la historia efectual, fusión de horizontes y lenguaje.
Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método II. Salamanca: Sígueme, 1998. Especialmente los ensayos sobre hermenéutica, historicidad y aplicación.
Gadamer, Hans-Georg. El giro hermenéutico. Madrid: Cátedra, 1998.
Gadamer, Hans-Georg. Los caminos de Heidegger. Barcelona: Herder, 2002.
Heidegger, Martin. Ser y tiempo. Madrid: Trotta, 2003, especialmente §§31–34 y la problemática de la comprensión, interpretación y precomprensión.
Dilthey, Wilhelm. Introducción a las ciencias del espíritu. Madrid: Alianza.
Schleiermacher, Friedrich D. E. Los discursos sobre hermenéutica. Madrid: Istmo.
Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, especialmente nn. 8–10.
Ricoeur, Paul. Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica II. México: Fondo de Cultura Económica, 2002.
Grondin, Jean. Introducción a Gadamer. Barcelona: Herder, 2003.