Catalina de Erauso, la Monja Alférez: identidad, travestismo y reconocimiento en la España del Siglo de Oro
Disertación histórica
Estimados lectores:
La figura de Catalina de Erauso (c. 1585-1650), conocida universalmente como la Monja Alférez, constituye uno de los personajes más fascinantes y controvertidos de la historia española. Su vida desafía muchas de las categorías sociales, jurídicas y religiosas de su tiempo. Soldado, aventurera, fugitiva, duelista, comerciante, navegante y, según la tradición, religiosa profesa, Catalina recorrió medio mundo viviendo durante décadas bajo identidad masculina, hasta obtener un reconocimiento extraordinario tanto de la monarquía española como del papa Urbano VIII.
Su historia obliga a preguntarse cómo una sociedad tan rígida como la del siglo XVII pudo admitir, aunque de forma excepcional, un caso de travestismo permanente.
Orígenes y vida conventual
Catalina nació en San Sebastián, en el País Vasco, hacia 1585. Era hija del capitán Miguel de Erauso, miembro de una familia hidalga vinculada al servicio militar.
Con apenas cuatro años fue enviada al convento dominico de San Sebastián el Antiguo, donde fue educada para profesar como religiosa. En aquella época no era extraño que las familias nobles destinaran algunas hijas a la vida monástica, tanto por razones espirituales como económicas.
Según el relato autobiográfico atribuido a Catalina, una disputa con otra religiosa la llevó a tomar una decisión radical. Antes de emitir los votos solemnes, aproximadamente a los quince años, escapó del convento.
A partir de ese momento comenzó una existencia completamente distinta.
La construcción de una identidad masculina
Catalina comprendió rápidamente que una mujer sola tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir en la España del siglo XVII.
Por ello inició un proceso deliberado de transformación.
El primer gesto fue cortarse completamente el cabello.
Después abandonó el hábito religioso.
Comenzó a vestir exclusivamente con ropa masculina.
Vendó su pecho para disimular sus rasgos corporales y adoptó maneras consideradas propias de los hombres: una forma distinta de caminar, de hablar, de montar a caballo y de utilizar las armas.
Durante su vida empleó diversos nombres masculinos, entre ellos:
Francisco de Loyola.
Alonso Díaz Ramírez de Guzmán.
Antonio de Erauso.
Cada cambio de ciudad suponía también, con frecuencia, un cambio de identidad.
No se trataba únicamente de un disfraz ocasional. Catalina vivió durante más de treinta años integrada socialmente como hombre.
América y la carrera militar
Tras pasar por varias ciudades españolas, embarcó hacia América.
Allí desarrolló la mayor parte de su vida.
Sirvió en los ejércitos españoles durante las guerras contra los pueblos mapuches en el Reino de Chile.
Participó en expediciones militares y alcanzó el grado de alférez, rango que dio origen al sobrenombre con el que sería conocida para la historia: la Monja Alférez.
Las crónicas describen a Catalina como una excelente jinete, hábil espadachina y combatiente valiente.
Sin embargo, también era conocida por su carácter impulsivo.
Participó en numerosos duelos, riñas y enfrentamientos violentos, algunos de los cuales terminaron con la muerte de sus adversarios.
En varias ocasiones fue encarcelada.
Logró escapar de diversas situaciones extremas gracias a cambios de identidad o al apoyo de personas influyentes.
La revelación de su identidad
El episodio más famoso ocurrió en el actual Perú.
Perseguida por problemas judiciales, pidió refugio al obispo de Huamanga.
Fue entonces cuando confesó que biológicamente era mujer y que había sido novicia.
El obispo ordenó investigar su relato.
Las autoridades eclesiásticas verificaron que efectivamente había pertenecido a un convento y que nunca había profesado votos solemnes.
Además, según los testimonios de la época, un examen médico confirmó que conservaba la virginidad, aspecto al que entonces se concedía gran importancia como prueba de la veracidad de su historia.
La noticia se difundió rápidamente por el Virreinato.
Catalina se convirtió en una celebridad.
El beneplácito de la Corona
De regreso a España fue recibida por el rey Felipe IV.
Lejos de ser castigada, el monarca valoró especialmente sus servicios militares prestados a la Corona en América.
Felipe IV le concedió una pensión vitalicia como reconocimiento a su trayectoria como soldado.
Este gesto no suponía una aprobación general del travestismo, sino el reconocimiento excepcional de una persona cuya hoja de servicios militares se consideraba extraordinaria.
La monarquía interpretó su caso más desde la perspectiva del mérito militar que desde un debate sobre la identidad de género.
El beneplácito del papa Urbano VIII
Uno de los episodios más llamativos de su biografía tuvo lugar en Roma.
Catalina solicitó audiencia con el papa Urbano VIII (pontificado 1623-1644).
Las fuentes históricas coinciden en que el pontífice quedó profundamente impresionado por su historia.
Según la tradición, el Papa le concedió autorización para continuar vistiendo ropa masculina.
No se conserva el documento original de ese permiso, por lo que algunos historiadores discuten su formulación exacta. Sin embargo, numerosos testimonios contemporáneos y posteriores sostienen que esa autorización existió y fue conocida públicamente.
Es importante subrayar que esta autorización debe entenderse como una dispensa personal y excepcional. No modificó la disciplina eclesiástica ni constituyó una aprobación doctrinal del travestismo como norma general.
¿Por qué se toleró su travestismo?
Esta cuestión sigue siendo objeto de debate entre los historiadores.
Se han propuesto varias explicaciones.
La primera apunta a razones prácticas. Catalina había vivido durante décadas como hombre, desempeñando funciones militares incompatibles con el papel social reservado entonces a las mujeres.
La segunda destaca el prestigio adquirido por sus servicios a la Corona.
La tercera señala que las autoridades eclesiásticas consideraron que su caso no respondía a una intención de ridiculizar el orden social o religioso, sino a una trayectoria vital extraordinaria y difícilmente reversible.
En cualquier caso, no fue tratada como un modelo general, sino como una excepción singular.
El relato autobiográfico
La principal fuente para conocer su vida es la obra conocida como Historia de la Monja Alférez, atribuida a la propia Catalina.
No obstante, los especialistas discuten hasta qué punto el texto refleja exactamente los hechos históricos.
Es probable que algunos episodios hayan sido embellecidos o dramatizados.
Aun así, la existencia histórica de Catalina está ampliamente documentada mediante expedientes militares, documentos notariales, registros eclesiásticos y testimonios de contemporáneos.
Interpretaciones contemporáneas
En la actualidad, Catalina de Erauso ha sido interpretada desde perspectivas muy diversas.
Algunos estudios la consideran un ejemplo temprano de identidad transmasculina.
Otros prefieren hablar de una mujer que adoptó una identidad masculina por razones sociales, económicas y militares.
También existen interpretaciones centradas en la historia cultural del travestismo o en la transgresión de los roles de género durante la Edad Moderna.
Desde un punto de vista estrictamente histórico, conviene evitar proyectar categorías contemporáneas sobre una persona del siglo XVII. No es posible determinar con certeza cómo habría definido Catalina su propia identidad utilizando conceptos actuales, ya que esos marcos conceptuales no existían en su época.
Conclusión
Catalina de Erauso ocupa un lugar único en la historia de España y de la Iglesia. Su vida reúne elementos de aventura, conflicto, espiritualidad, violencia y transgresión de las normas sociales. Desde su fuga del convento hasta su reconocimiento por Felipe IV y su audiencia con Urbano VIII, construyó una existencia extraordinaria en la que el atuendo masculino fue mucho más que una estrategia ocasional: constituyó el modo habitual de presentarse y desenvolverse en el mundo.
Su caso demuestra que incluso instituciones tan normativas como la Monarquía Hispánica y el Papado podían, en circunstancias muy excepcionales, otorgar dispensas o reconocimientos personales cuando concurrían méritos singulares y una trayectoria fuera de lo común. Por ello, la Monja Alférez sigue siendo una figura de gran interés para la historia, la antropología, los estudios de género y la historia de la Iglesia, pues obliga a reflexionar sobre la compleja relación entre identidad personal, normas sociales y autoridad en la Europa del siglo XVII.



