¿Qué es la exégesis bíblica?
Método, sentido y ejemplo a partir de Génesis 1,26-27
Cuando un cristiano abre la Biblia y lee: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza», normalmente comprende inmediatamente que Dios está creando al ser humano. Sin embargo, el trabajo del exegeta comienza precisamente cuando termina esa primera comprensión.
El lector puede preguntar: ¿qué significa realmente «hagamos»? ¿Por qué el verbo aparece en plural? ¿Qué significa adam? ¿Es «hombre» o «ser humano»? ¿Qué significan «imagen» y «semejanza»? ¿Por qué en el versículo siguiente desaparece el plural y se afirma que Dios creó al ser humano «a su imagen»? ¿Está hablando el texto de un varón o de toda la humanidad? ¿Qué relación existe entre este pasaje y Génesis 2?
Responder estas preguntas es entrar en el ámbito de la exégesis.
1. ¿Qué significa exégesis?
La palabra «exégesis» procede del griego ἐξήγησις (exḗgēsis), relacionado con el verbo ἐξηγέομαι (exēgéomai), que significa «explicar», «interpretar», «exponer» o, literalmente en determinados contextos, «sacar hacia fuera».
La exégesis bíblica es, por tanto, el estudio sistemático de un texto bíblico para determinar, en la medida de lo posible, qué quiso comunicar el texto en su contexto histórico, literario, lingüístico y teológico.
Aquí conviene distinguirla de la «eiségesis».
La exégesis intenta escuchar al texto.
La eiségesis introduce en el texto ideas que proceden principalmente del intérprete.
Por ejemplo, si leo Génesis 1,26 y afirmo inmediatamente que «hagamos» demuestra que Dios está hablando explícitamente con la Trinidad cristiana, estoy realizando una interpretación teológica posterior que puede ser legítima dentro de la tradición cristiana, pero no puedo afirmar sin más que ese fuera el significado histórico original que tenía el autor sacerdotal de Génesis.
La exégesis debe preguntar primero:
¿Qué significaba este plural para el autor y para sus primeros lectores?
Después podremos preguntarnos:
¿Cómo fue leído posteriormente por el judaísmo y por el cristianismo?
Esta diferencia es fundamental.
2. Los pasos fundamentales de una exégesis
Una exégesis rigurosa normalmente comienza con la delimitación del texto. Después estudia su contexto literario, histórico y cultural. Posteriormente analiza el vocabulario y la gramática de las lenguas originales. Examina la estructura narrativa, compara traducciones antiguas, estudia la historia de la interpretación y finalmente formula una síntesis teológica.
Podemos resumir el proceso así:
Texto → contexto → lengua → estructura → género → mundo histórico → intertextualidad → traducciones antiguas → historia de la interpretación → teología.
Veamos cómo funciona aplicándolo a Génesis 1,26.
3. El texto hebreo
El texto masorético de Génesis 1,26 dice:
וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים נַעֲשֶׂה אָדָם בְּצַלְמֵנוּ כִּדְמוּתֵנוּ
Una transliteración aproximada sería:
Wayyōmer ʾĕlōhîm: naʿăśeh ʾādām bəṣalmēnû kiḏmûṯēnû.
Podemos traducir literalmente:
«Y dijo Dios: Hagamos (naʿăśeh) un ser humano (ʾādām) según nuestra imagen (bəṣalmēnû), conforme a nuestra semejanza (kiḏmûṯēnû).»
Aquí encontramos varias palabras fundamentales.
4. Elohim: ¿quién crea?
El sujeto es:
אֱלֹהִים — ʾĕlōhîm
Tradicionalmente traducido como «Dios».
La palabra tiene una forma morfológica plural, pero cuando designa al Dios de Israel normalmente gobierna verbos en singular.
Eso sucede inmediatamente en nuestro texto:
וַיֹּאמֶר — wayyōmer
«Y dijo».
El verbo está en tercera persona masculina singular.
Por tanto, aunque Elohim tiene una forma plural, el texto presenta a Dios como una unidad gramatical.
Este detalle será importante cuando lleguemos al «hagamos».
5. Naʿăśeh: «hagamos»
El verbo:
נַעֲשֶׂה — naʿăśeh
procede de la raíz:
עשה — ʿśh
«hacer», «fabricar», «realizar».
Es una primera persona plural imperfecta:
«hagamos».
Aquí aparece uno de los problemas más interesantes de Génesis 1.
¿Por qué Dios dice «hagamos» si anteriormente ha dicho:
«Dijo Dios: haya luz»,
y después:
«Dios creó...»?
Existen varias explicaciones.
Una interpretación tradicional cristiana ha visto aquí una anticipación de la Trinidad.
Sin embargo, desde el punto de vista histórico-crítico, existen otras posibilidades.
Una de ellas es el llamado plural deliberativo, semejante al «hagamos» utilizado por un gobernante cuando expresa una decisión solemne.
Otra interpretación relaciona el plural con el consejo celestial, es decir, con la corte divina que aparece también en otros textos bíblicos.
Podemos comparar, por ejemplo, Isaías 6,8:
«¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?»
Aquí encontramos un contexto claramente relacionado con la presencia celestial.
También Génesis 3,22 utiliza una expresión plural:
«He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros».
Y Génesis 11,7:
«Bajemos y confundamos allí su lengua».
Por tanto, desde la exégesis histórica no debemos convertir automáticamente Génesis 1,26 en una formulación explícita de la doctrina trinitaria.
Pero tampoco debemos negar su importancia para la posterior teología cristiana.
Aquí aparece una distinción fundamental:
el significado histórico del texto no es idéntico a todas las interpretaciones teológicas que posteriormente se hicieron de él.
6. ¿Qué significa Adam?
La siguiente palabra es:
אָדָם — ʾādām
Tradicionalmente se traduce:
«hombre».
Pero esta traducción puede inducir a error al lector moderno.
ʾĀdām puede designar al ser humano, la humanidad o al personaje denominado Adán dependiendo del contexto.
En Génesis 1,26, la mayoría de las traducciones modernas prefieren:
«ser humano»
o
«humanidad».
Esto resulta especialmente importante porque el versículo 27 continúa:
«Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó.»
El propio texto explica que el ʾādām incluye tanto al varón como a la mujer.
Por eso Génesis 1,27 constituye un texto fundamental para una antropología bíblica de la igualdad fundamental entre ambos sexos.
7. Beṣelem: «imagen»
Encontramos:
בְּצַלְמֵנוּ — bəṣalmēnû
Procede de:
צֶלֶם — ṣelem
«imagen», «representación», «figura».
El sufijo:
־נוּ — -nû
significa:
«nuestro/nuestra».
Por tanto:
bəṣalmēnû = «a nuestra imagen».
En el antiguo Oriente Próximo, la idea de «imagen» tenía profundas connotaciones políticas y religiosas.
Los reyes podían ser considerados representantes de una divinidad.
Génesis realiza algo extraordinariamente significativo: no reserva la dignidad de representar a Dios exclusivamente al rey.
La extiende al ser humano.
El hombre y la mujer participan de la condición de «imagen de Dios».
Esto posee una enorme relevancia antropológica.
8. Demût: «semejanza»
La segunda palabra es:
כִּדְמוּתֵנוּ — kiḏmûṯēnû
Procede de:
דְּמוּת — dĕmût
«semejanza», «forma semejante», «apariencia».
El prefijo k- puede expresar:
«como», «según», «conforme a».
Por eso:
kiḏmûṯēnû
puede traducirse:
«conforme a nuestra semejanza».
La combinación ṣelem/dĕmût probablemente refuerza la idea de correspondencia entre Dios y el ser humano.
No significa que Dios posea necesariamente un cuerpo humano.
La «imagen» no debe interpretarse ingenuamente como una semejanza física.
Se trata fundamentalmente de una relación entre Dios y el ser humano.
9. La traducción griega: la Septuaginta
Ahora podemos comparar el hebreo con la traducción griega antigua conocida como Septuaginta (LXX).
Génesis 1,26 aparece:
καὶ εἶπεν ὁ θεός· ποιήσωμεν ἄνθρωπον κατ᾽ εἰκόνα ἡμετέραν καὶ καθ᾽ ὁμοίωσιν
Transliterado aproximadamente:
kai eipen ho Theos: poiēsōmen anthrōpon kat' eikona hēmeteran kai kath' homoiōsin.
Literalmente:
«Y dijo Dios: Hagamos un ser humano según nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza».
Aquí tenemos una correspondencia extraordinariamente interesante:
Hebreo:
ʾādām → ser humano.
Griego:
anthrōpos → ser humano.
Para «imagen»:
צֶלֶם → εἰκών (eikōn)
Para «semejanza»:
דְּמוּת → ὁμοίωσις (homoiōsis)
Estas dos palabras tendrán posteriormente una enorme importancia en la teología cristiana.
10. El texto latino
La Vulgata de san Jerónimo traduce:
Faciamus hominem ad imaginem et similitudinem nostram.
Es decir:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza».
Aquí encontramos la expresión que ha tenido una enorme influencia en Occidente:
ad imaginem et similitudinem nostram.
La expresión «hombre» procede del latín:
hominem
que puede significar «ser humano», no necesariamente «varón».
Por eso, cuando una traducción española tradicional dice «hagamos al hombre», no debemos interpretarla automáticamente como «hagamos al varón».
El versículo siguiente elimina esa posibilidad:
«Varón y mujer los creó».
11. ¿Qué ocurre en Génesis 1,27?
Aquí aparece una transformación gramatical muy significativa.
El versículo dice:
וַיִּבְרָא אֱלֹהִים אֶת־הָאָדָם בְּצַלְמוֹ
wayyibrā ʾĕlōhîm ʾet-hāʾādām bəṣalmô
«Y creó Dios al ser humano a su imagen».
Observe algo:
En el versículo 26:
«nuestra imagen»
En el versículo 27:
«su imagen».
El plural desaparece.
El texto dice:
«A imagen de Dios lo creó».
Y después:
«varón y mujer los creó».
Tenemos aquí una estructura poética extraordinaria:
Dios → ser humano → imagen de Dios → varón y mujer.
Por tanto, la imagen divina no pertenece exclusivamente al varón.
Tampoco pertenece exclusivamente a la mujer.
Pertenece a ambos.
12. El verbo baraʾ
Aquí encontramos otro término fundamental:
בָּרָא — bārāʾ
El versículo 27 dice:
וַיִּבְרָא — wayyibrā
«Y creó».
La raíz baraʾ significa «crear», pero hay que evitar un error muy frecuente: el verbo por sí solo no significa literalmente «crear de la nada».
La doctrina de la creatio ex nihilo pertenece a la elaboración teológica posterior y encuentra fundamento en diversos textos bíblicos, pero no podemos introducirla como si el significado lexicográfico de baraʾ fuera «crear de la nada».
El verbo se utiliza especialmente en contextos relacionados con la acción creadora divina.
Esto es precisamente lo que hace la exégesis: distingue entre el significado de una palabra y el desarrollo teológico que posteriormente se construyó sobre ella.
13. ¿Qué nos dice Génesis 1 sobre el ser humano?
Después de recorrer el texto podemos formular varias conclusiones.
Primera:
El ser humano pertenece a la creación.
No es Dios.
Segunda:
Posee una dignidad singular porque es presentado como ṣelem ʾĕlōhîm, «imagen de Dios».
Tercera:
La imagen divina corresponde tanto al varón como a la mujer.
Cuarta:
El ser humano recibe una responsabilidad sobre la creación.
Quinta:
La existencia humana aparece desde el comienzo como una realidad relacional.
El ser humano no aparece como individuo aislado.
Aparece en relación con Dios, con el otro y con la creación.
14. Una cuestión polémica: ¿la Trinidad está en Génesis 1,26?
Aquí debemos ser rigurosos.
Un cristiano puede leer Génesis 1,26 desde la doctrina trinitaria y encontrar en el «hagamos» una resonancia de la pluralidad de personas en Dios.
Pero decir:
«Génesis 1,26 demuestra que Moisés estaba describiendo explícitamente la Trinidad»
sería históricamente excesivo.
La doctrina trinitaria se formula explícitamente en el cristianismo a partir de la revelación cristológica y pneumatológica del Nuevo Testamento y de la reflexión posterior de la Iglesia.
Por eso debemos distinguir:
Exégesis histórica: ¿qué significaba «hagamos» en el contexto del Génesis?
Lectura cristológica: ¿cómo puede leer la Iglesia este texto después de Cristo?
Teología dogmática: ¿qué relación puede establecerse entre este texto y la doctrina de la Trinidad?
Las tres preguntas son legítimas.
Pero no son la misma pregunta.
15. ¿Qué relación existe entre Génesis 1 y Génesis 2?
Aquí aparece otro aspecto fundamental.
Génesis 1 presenta una visión cósmica:
Dios crea los cielos y la tierra.
Génesis 2 cambia radicalmente el estilo narrativo.
Ya no encontramos una estructura de siete días.
Aparece el jardín.
Aparece el ʾādām formado del polvo.
Aparece el aliento de vida.
Aparece la mujer.
Aparece el árbol.
Aparece el mandato.
Los dos relatos no deben ser tratados simplemente como dos versiones idénticas.
Son relatos distintos, con vocabulario, estructura y énfasis diferentes.
Pero la tradición bíblica los colocó juntos.
Eso significa que debemos preguntarnos qué sucede cuando ambos relatos son leídos conjuntamente.
Génesis 1 presenta al ser humano desde la perspectiva cósmica.
Génesis 2 lo presenta desde una perspectiva antropológica y relacional.
Uno destaca:
imagen, creación, dignidad y responsabilidad.
El otro:
tierra, vida, relación, límite, sexualidad y comunión.
No necesariamente tenemos que destruir uno para defender el otro.
La Biblia misma los conservó juntos.
16. ¿Qué nos enseña la exégesis?
Después de recorrer este ejemplo podemos comprender qué hace realmente un exegeta.
El exegeta no consiste simplemente en traducir palabras hebreas.
Tampoco consiste en encontrar significados ocultos.
Mucho menos consiste en utilizar el texto para demostrar previamente una opinión personal.
La exégesis es un ejercicio de escucha.
El exegeta debe permitir que el texto le plantee preguntas.
Debe conocer su idioma.
Debe estudiar su contexto histórico.
Debe reconocer su género literario.
Debe comparar manuscritos y traducciones antiguas.
Debe observar las palabras.
Debe estudiar la estructura.
Debe comparar otros textos bíblicos.
Debe conocer cómo fue interpretado posteriormente.
Y solamente entonces puede formular una interpretación teológica responsable.
Conclusión
Volvamos finalmente a nuestra frase inicial:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza».
Después de realizar la exégesis descubrimos que detrás de una frase aparentemente sencilla existe un universo teológico.
El hebreo dice:
נַעֲשֶׂה אָדָם בְּצַלְמֵנוּ כִּדְמוּתֵנוּ
El griego:
ποιήσωμεν ἄνθρωπον κατ᾽ εἰκόνα ἡμετέραν καὶ καθ᾽ ὁμοίωσιν
Y el latín:
Faciamus hominem ad imaginem et similitudinem nostram.
Pero el dato quizá más revolucionario aparece cuando continuamos leyendo:
«Varón y mujer los creó».
La imagen de Dios no es monopolio del varón.
No pertenece únicamente al sacerdote.
No pertenece al rey.
No pertenece al poderoso.
No pertenece al sabio.
Pertenece al ser humano en cuanto ser humano.
Y ahí encontramos probablemente una de las afirmaciones antropológicas más profundas de todo el relato sacerdotal del Génesis: la dignidad humana no procede de la posición social, del poder, de la inteligencia, de la riqueza ni de la capacidad productiva. Procede de una relación originaria con Dios.
La exégesis nos ha permitido llegar a esta conclusión no abandonando el texto, sino entrando más profundamente en él.
Y esa es, en definitiva, la finalidad de la exégesis bíblica: no hacer que la Biblia diga lo que nosotros queremos, sino aprender a escuchar lo que el texto realmente dice, para después preguntarnos qué significa para nosotros.