¿Qué significa comprender?
De la hermenéutica filosófica de Hans-Georg Gadamer a la inteligencia artificial contemporánea
Introducción: la comprensión como problema filosófico
Vivimos en una época en la que tenemos acceso a cantidades extraordinarias de información. Podemos consultar bibliotecas enteras desde un ordenador, traducir documentos en segundos, establecer relaciones entre acontecimientos históricos y solicitar a una inteligencia artificial que explique cuestiones filosóficas, científicas o teológicas.
Sin embargo, esta capacidad tecnológica nos enfrenta a una paradoja: nunca habíamos tenido tantas posibilidades de acceder a información y, al mismo tiempo, nunca había sido tan necesario preguntarnos si realmente comprendemos aquello que sabemos.
Pensemos en un ejemplo sencillo.
Una persona puede memorizar todos los acontecimientos relacionados con la Revolución francesa, conocer sus fechas, identificar a sus protagonistas y explicar sus consecuencias políticas. Pero ¿significa eso que comprende la Revolución francesa?
No necesariamente.
Comprender exige algo más que acumular datos. Implica establecer relaciones, reconocer contextos, interpretar significados y descubrir cómo aquello que estudiamos se relaciona con nuestra propia experiencia del mundo.
Aquí aparece la pregunta fundamental de nuestra disertación:
¿Qué significa comprender y qué diferencia existe entre conocer información y alcanzar una comprensión auténtica de la realidad?
Para responder debemos acudir a Hans-Georg Gadamer, uno de los filósofos más importantes del siglo XX.
I. Hans-Georg Gadamer: comprender es interpretar
Hans-Georg Gadamer (1900-2002)
Filósofo alemán, discípulo de Martin Heidegger y figura fundamental de la hermenéutica filosófica contemporánea.
Obra principal: Verdad y método (1960).
Para Gadamer, comprender no es una actividad que realizamos exclusivamente cuando nos enfrentamos a un texto difícil. La comprensión constituye una dimensión fundamental de nuestra existencia.
Comprendemos porque habitamos un mundo cargado de significados.
Cuando escuchamos una conversación, contemplamos una obra de arte, leemos un texto religioso o interpretamos un acontecimiento histórico, no nos encontramos ante objetos completamente independientes de nosotros. Nos relacionamos con ellos desde una determinada situación histórica, cultural y lingüística.
Gadamer recoge y desarrolla una tradición filosófica que tiene antecedentes en Friedrich Schleiermacher, Wilhelm Dilthey y, especialmente, Martin Heidegger.
Pero introduce una transformación decisiva: la comprensión no es simplemente un método para interpretar textos. Es una experiencia mediante la cual el ser humano se encuentra con el sentido de las cosas.
Por eso, una de las grandes aportaciones de Gadamer consiste en demostrar que:
Comprender no significa reproducir mecánicamente el pensamiento de otro, sino participar en un acontecimiento de sentido en el que intervienen tanto aquello que intentamos comprender como nuestra propia historicidad.
Esta afirmación tiene consecuencias importantes.
Cuando leemos a Platón, no podemos desprendernos completamente de nuestra condición contemporánea. Cuando interpretamos un texto bíblico, tampoco podemos eliminar nuestra formación religiosa, cultural o histórica.
Comprendemos desde una posición determinada.
Y esto nos conduce al primero de los grandes conceptos gadamerianos.
II. Los prejuicios: no podemos comprender desde cero
Una de las afirmaciones más provocadoras de Gadamer es su reivindicación filosófica del prejuicio.
En el lenguaje cotidiano, prejuicio suele significar una opinión equivocada, una valoración injustificada o una actitud discriminatoria.
Sin embargo, Gadamer recupera el significado histórico del término alemán Vorurteil: juicio previo.
Un prejuicio es, en su sentido hermenéutico, una anticipación de sentido que precede a nuestra comprensión.
Por ejemplo, imaginemos que un estudiante comienza a leer la República de Platón.
Antes de abrir el libro ya posee determinadas ideas sobre la democracia, la justicia, la educación y el poder político.
Esas ideas condicionarán inevitablemente su lectura.
No puede desprenderse de ellas simplemente porque haya decidido estudiar filosofía.
Lo mismo ocurre cuando un católico lee el Evangelio, cuando un historiador estudia la Edad Media o cuando un antropólogo investiga una cultura diferente de la suya.
Todos interpretamos desde determinados presupuestos.
Gadamer no afirma que todos los prejuicios sean verdaderos. Algunos pueden ser erróneos y deben ser revisados. Su aportación consiste en mostrar que no podemos comprender sin ninguna anticipación de sentido.
La comprensión comienza cuando reconocemos nuestros presupuestos y permitimos que aquello que estudiamos los cuestione.
Aquí aparece una idea fundamental:
El verdadero conocimiento no consiste en confirmar permanentemente lo que ya pensamos, sino en estar dispuestos a modificar nuestras interpretaciones.
Esta idea tiene una aplicación extraordinaria en nuestra relación con la inteligencia artificial.
Un usuario puede formular una pregunta a una inteligencia artificial buscando exclusivamente una respuesta que confirme sus convicciones. Si acepta sin cuestionamiento la respuesta recibida, no necesariamente ha comprendido más.
Puede haber reforzado simplemente sus prejuicios.
Por eso, desde Gadamer, una utilización intelectualmente responsable de la inteligencia artificial exige una disposición crítica: preguntar, contrastar, reformular y permitir que las respuestas cuestionen nuestras propias posiciones.
III. La historicidad de la comprensión: pertenecemos a una tradición
Otro concepto fundamental es la historicidad.
Para Gadamer, el ser humano no es un sujeto aislado que observa la realidad desde fuera de la historia.
Somos seres históricos.
Nuestra manera de comprender está condicionada por el idioma que hablamos, la educación que recibimos, las tradiciones culturales en las que hemos crecido y las experiencias que han configurado nuestra existencia.
Aquí introduce una expresión importante:
Historia efectual (Wirkungsgeschichte).
Significa que la historia no es simplemente un conjunto de acontecimientos que quedaron atrás. La historia continúa actuando sobre nosotros.
Pensemos en la figura de Aristóteles.
Aunque vivió hace más de dos mil años, sus categorías filosóficas continúan influyendo en la lógica, la metafísica, la ética y la teología.
Cuando estudiamos a Aristóteles no nos encontramos únicamente con un filósofo del pasado. Nos encontramos con una tradición intelectual que ha llegado hasta nosotros y que sigue condicionando nuestra manera de pensar.
Lo mismo sucede con el cristianismo.
Un teólogo contemporáneo no comienza su reflexión desde cero. Se encuentra dentro de una tradición interpretativa que incluye la Escritura, los Padres de la Iglesia, los concilios, la escolástica y el pensamiento contemporáneo.
La tradición no es necesariamente un obstáculo para comprender. Puede ser precisamente aquello que hace posible la comprensión.
Sin embargo, pertenecer a una tradición tampoco significa aceptarla acríticamente.
Comprenderla exige conocerla, interpretarla y, cuando sea necesario, revisar sus formas históricas de expresión.
Esta reflexión resulta especialmente pertinente en una sociedad tecnológica.
Los sistemas de inteligencia artificial han sido desarrollados a partir de enormes cantidades de información producida históricamente por seres humanos. Por tanto, sus respuestas reflejan, en distinta medida, las estructuras lingüísticas, culturales y conceptuales presentes en los datos con los que han sido entrenados.
La inteligencia artificial no aparece fuera de la historia.
Es también un producto de nuestra historia cultural.
Pero debemos distinguir: que un sistema procese expresiones procedentes de una tradición no significa que participe de esa tradición del mismo modo que una persona que vive, interpreta y asume sus consecuencias.
IV. El círculo hermenéutico: comprender las partes desde el todo
Gadamer desarrolla una idea procedente de la tradición hermenéutica: el círculo de la comprensión.
¿Qué significa?
Que no podemos comprender una parte sin tener alguna idea del conjunto, pero tampoco podemos comprender el conjunto sin examinar sus partes.
Pongamos un ejemplo bíblico.
Si queremos interpretar la frase de Jesús:
«El Padre y yo somos uno» (Jn 10,30).
No podemos limitarnos a analizar exclusivamente esas cinco palabras.
Necesitamos conocer el Evangelio de Juan, su contexto narrativo, su cristología, el significado de la relación entre el Padre y el Hijo y el desarrollo de la teología joánica.
Pero, a su vez, nuestra comprensión del Evangelio de Juan se modifica cuando estudiamos detenidamente esta afirmación.
La parte nos ayuda a comprender el todo.
El todo nos ayuda a comprender la parte.
Eso es el círculo hermenéutico.
En términos filosóficos, comprender significa desarrollar un movimiento permanente entre los elementos particulares y la totalidad de sentido en la que se encuentran.
La inteligencia artificial puede realizar operaciones que se parecen funcionalmente a algunos aspectos de este procedimiento: relacionar fragmentos, identificar patrones, resumir documentos y establecer conexiones conceptuales.
Sin embargo, hay una diferencia que debemos conservar.
Un sistema puede identificar relaciones entre las partes de un texto sin que por ello podamos afirmar que experimenta el sentido del conjunto como lo experimenta un sujeto humano.
La semejanza funcional no demuestra identidad fenomenológica.
V. El lenguaje: el lugar donde acontece la comprensión
Martin Heidegger (1889-1976)
Antecedente fundamental de la hermenéutica gadameriana.
Una de las afirmaciones más conocidas de Gadamer es:
«El ser que puede ser comprendido es lenguaje».
Esta formulación no significa que toda la realidad sea exclusivamente lingüística ni que aquello que no podemos expresar verbalmente no exista.
Significa que nuestra experiencia de comprensión está profundamente mediada por el lenguaje.
El lenguaje no es simplemente un instrumento que utilizamos para comunicar pensamientos previamente elaborados.
Es también el medio en el que los pensamientos adquieren forma, se relacionan y pueden ser compartidos.
Pensemos en una experiencia humana como el amor.
Podemos experimentar afecto, deseo, entrega, admiración, sufrimiento o nostalgia. Pero necesitamos el lenguaje para articular esas experiencias, interpretarlas y comunicarlas.
El lenguaje no agota la experiencia, pero permite que esta adquiera significado compartido.
Por eso Gadamer concede tanta importancia al diálogo.
Comprender es, en buena medida, entrar en conversación con aquellque queremos comprender.
Y aquí aparece una cuestión extraordinariamente actual.
La inteligencia artificial generativa trabaja precisamente con el lenguaje. Puede producir textos, mantener conversaciones, traducir, resumir, explicar conceptos y construir argumentos.
Esto nos obliga a formular una pregunta:
¿Si una máquina puede utilizar el lenguaje de manera extraordinariamente competente, significa que comprende?
La respuesta requiere distinguir diferentes sentidos de comprensión.
Una cosa es la capacidad de procesar estructuras lingüísticas y producir respuestas adecuadas.
Otra es comprender el significado desde una experiencia personal, histórica, corporal y existencial.
La primera puede describirse mediante capacidades computacionales observables.
La segunda plantea un problema filosófico mucho más complejo.
No debemos confundir la competencia lingüística de una máquina con la experiencia humana de comprender.
VI. La fusión de horizontes: comprender al otro sin dejar de ser nosotros mismos
Llegamos probablemente al concepto más representativo de Gadamer:
La fusión de horizontes (Horizontverschmelzung).
¿Qué es un horizonte?
Es el campo de visión y comprensión que corresponde a una determinada situación histórica.
Cada persona posee un horizonte configurado por sus experiencias, conocimientos, tradiciones y expectativas.
Cuando dos personas dialogan, no necesariamente parten de las mismas convicciones.
Sin embargo, pueden llegar a construir una comprensión nueva.
Imaginemos una conversación entre un filósofo ateo y un teólogo cristiano.
El filósofo interpreta la religión desde determinados presupuestos epistemológicos y antropológicos. El teólogo, por su parte, interpreta la realidad desde la revelación, la tradición y la reflexión racional.
Si ambos se limitan a defender sus posiciones, no existe verdadera apertura hermenéutica.
Pero si cada uno permite que el otro cuestione sus presupuestos, puede surgir una comprensión más amplia.
Eso es la fusión de horizontes.
No significa que ambos terminen pensando exactamente lo mismo.
Tampoco significa que desaparezcan sus diferencias.
Significa que el encuentro produce una ampliación de sus respectivos horizontes.
Aquí podemos establecer una relación directa con la inteligencia artificial.
Una conversación con una inteligencia artificial puede ayudar a una persona a encontrar perspectivas que desconocía, contrastar argumentos y descubrir problemas que no había considerado.
Pero hay una precisión importante: en Gadamer, el diálogo genuino supone apertura a la alteridad y disposición a que el interlocutor nos transforme.
Una inteligencia artificial puede facilitar esa experiencia, aunque no debemos atribuirle automáticamente la condición de interlocutor humano ni una conciencia personal.
La transformación hermenéutica puede producirse en el usuario, incluso cuando la herramienta tecnológica no experimenta esa transformación como sujeto.
VII. La comprensión como experiencia y no solamente como método
Aquí debemos detenernos en una cuestión esencial.
Gadamer titula su obra principal Verdad y método.
El título no es accidental.
Su intención es cuestionar la pretensión de que el método científico constituya el único camino legítimo hacia la verdad.
Gadamer reconoce la importancia de las ciencias naturales y de sus procedimientos de verificación. No pretende sustituir la ciencia por la interpretación filosófica.
Lo que cuestiona es que toda experiencia de verdad pueda reducirse a procedimientos metodológicos.
Pensemos en una experiencia estética.
Contemplamos una pintura de Gustav Klimt.
Podemos estudiar sus pigmentos, su composición, sus proporciones, sus materiales y su contexto histórico.
Pero ¿hemos agotado la experiencia de contemplar la obra?
No.
Podemos conocer técnicamente una pintura sin haber comprendido plenamente lo que significa para nosotros.
Algo parecido sucede con la experiencia religiosa.
Podemos estudiar históricamente un texto bíblico, conocer sus fuentes, analizar su vocabulario hebreo y griego y reconstruir sus circunstancias de composición.
Pero la experiencia de comprender su significado teológico dentro de una comunidad creyente incorpora otras dimensiones interpretativas.
La comprensión humana no se reduce a la acumulación de procedimientos correctos.
Es también experiencia, encuentro y transformación.
VIII. La inteligencia artificial: ¿puede una máquina comprender
Llegamos al problema central de nuestra actualidad.
La inteligencia artificial generativa ha introducido una transformación considerable en nuestra relación con el conocimiento.
Sistemas como ChatGPT pueden producir explicaciones filosóficas, elaborar análisis teológicos, interpretar documentos, escribir textos académicos y establecer relaciones entre disciplinas.
En determinadas tareas pueden ofrecer resultados comparables a los de una persona con formación especializada, aunque su fiabilidad depende del problema, de las fuentes disponibles y de la calidad de la respuesta.
Pero debemos preguntarnos: ¿estamos ante una nueva forma de comprensión o ante una sofisticada capacidad de procesamiento de información?
Para abordar el problema propongo distinguir cuatro niveles.
1. Procesamiento de información.
Consiste en recibir datos, clasificarlos, identificar relaciones y producir resultados.
La inteligencia artificial puede realizar estas operaciones a gran escala.
2. Competencia semántica funcional.
Consiste en utilizar expresiones lingüísticas de manera adecuada al contexto, responder preguntas y construir relaciones entre conceptos.
Los modelos generativos muestran capacidades notables en este ámbito.
3. Comprensión hermenéutica humana.
Supone interpretar desde una historia personal, una tradición, una experiencia corporal y una relación existencial con el mundo.
Esta dimensión es central en Gadamer.
4. Comprensión existencial y ética.
Consiste en asumir las consecuencias de lo comprendido, reconocer nuestra responsabilidad y orientar nuestra conducta conforme a aquello que hemos descubierto.
Una máquina puede proporcionar información sobre la responsabilidad moral, pero no por ello se convierte en un sujeto moral responsable en el mismo sentido que una persona.
Esta clasificación no constituye una taxonomía formulada por Gadamer. Es una propuesta analítica para trasladar su filosofía al debate tecnológico actual.
1. El problema de la comprensión sin experiencia
Imaginemos que preguntamos a una inteligencia artificial:
«¿Qué significa experimentar la pérdida de un ser querido?».
Puede ofrecernos una explicación extraordinariamente elaborada sobre el duelo, la psicología de la pérdida, sus manifestaciones emocionales y sus consecuencias sociales.
Pero hay una diferencia entre describir el duelo y experimentarlo.
La máquina puede construir una representación lingüística de la experiencia humana.
No tenemos, sin embargo, fundamento suficiente para afirmar que experimenta personalmente el sufrimiento que describe.
Aquí encontramos una cuestión fenomenológica.
El ser humano no es únicamente un procesador de información. Es un sujeto corporal, situado, histórico y afectado por aquello que experimenta.
La comprensión humana está vinculada a una existencia concreta.
2. El problema de la verdad
La inteligencia artificial puede producir respuestas convincentes que sean falsas.
Puede inventar referencias bibliográficas, atribuir citas incorrectamente o presentar interpretaciones discutibles como si fueran hechos comprobados.
Esto nos obliga a distinguir entre:
- Coherencia lingüística.
- Veracidad factual.
- Justificación epistemológica.
- Comprensión hermenéutica.
Una respuesta puede estar perfectamente redactada y ser históricamente falsa.
Puede ser argumentativamente coherente y contener una premisa equivocada.
Puede reproducir una interpretación teológica sin haber contrastado las fuentes magisteriales correspondientes.
Por tanto, la fluidez lingüística no constituye un criterio suficiente de verdad.
Aquí Gadamer nos recuerda la importancia de someter nuestras anticipaciones de sentido al encuentro con aquello que pretendemos comprender.
Aplicado a la inteligencia artificial: no debemos convertir una respuesta bien redactada en una autoridad epistemológica.
3. El problema de la tradición
Los sistemas de inteligencia artificial aprenden de grandes cantidades de materiales producidos por seres humanos.
En esos materiales encontramos tradiciones filosóficas, religiosas, científicas y culturales.
Pero reproducir información procedente de una tradición no equivale necesariamente a pertenecer a ella.
Una inteligencia artificial puede explicar el pensamiento de santo Tomás, comparar sus argumentos con los de Aristóteles y establecer relaciones con Joseph Ratzinger.
Sin embargo, no debemos confundir esa capacidad con la participación existencial de un teólogo en la tradición intelectual y espiritual de la Iglesia.
La diferencia no está necesariamente en la complejidad de la respuesta, sino en el estatuto del sujeto que comprende.
4. El peligro de delegar el pensamiento
Quizá este sea el problema educativo más importante.
Si un estudiante utiliza inteligencia artificial para elaborar un trabajo académico, puede obtener un texto correcto sin haber realizado el esfuerzo intelectual de comprenderlo.
La herramienta puede sustituir el proceso formativo si se utiliza de manera acrítica.
Pero también puede convertirse en un instrumento extraordinario de aprendizaje si el estudiante la utiliza para contrastar hipótesis, descubrir errores, formular preguntas y profundizar en sus conocimientos.
La cuestión no es simplemente utilizar o rechazar la inteligencia artificial.
La cuestión es determinar qué lugar ocupa dentro del proceso humano de comprensión.
IX. Gadamer y la educación contemporánea: enseñar a comprender
La filosofía hermenéutica tiene consecuencias pedagógicas muy importantes.
Durante mucho tiempo, determinados modelos educativos han concedido una importancia excesiva a la memorización y a la reproducción de contenidos.
Sin embargo, conocer información no significa necesariamente haber desarrollado comprensión.
Un estudiante puede memorizar la definición de justicia de Platón y no comprender sus implicaciones políticas.
Puede conocer las parábolas de Jesús y no comprender su dimensión teológica.
Puede repetir los principios de la ética aristotélica sin ser capaz de aplicarlos a un dilema contemporáneo.
La educación debe ayudar a desarrollar la capacidad de interpretar.
Desde Gadamer podemos identificar cuatro orientaciones pedagógicas.
Primera: enseñar a preguntar.
Una buena formación no consiste exclusivamente en proporcionar respuestas. Consiste en desarrollar la capacidad de formular preguntas relevantes.
Segunda: enseñar a contextualizar.
Ningún conocimiento debe estudiarse completamente aislado de su contexto histórico, cultural y conceptual.
Tercera: enseñar a dialogar.
El estudiante debe aprender a escuchar argumentos diferentes y revisar sus propias posiciones.
Cuarta: enseñar a contrastar.
Comprender implica distinguir entre información, interpretación, opinión y conocimiento fundamentado.
La inteligencia artificial puede colaborar en estos cuatro procesos, siempre que el docente conserve su responsabilidad pedagógica.
El profesor del futuro no será simplemente quien transmita información que los estudiantes pueden obtener mediante una herramienta tecnológica.
Será quien ayude a convertir esa información en conocimiento, el conocimiento en comprensión y la comprensión en criterio.
X. Gadamer, la ética y la responsabilidad humana ante la tecnología
Hay una consecuencia ética que no podemos ignorar.
La inteligencia artificial no es una herramienta neutral en todos sus efectos sociales.
Su utilización puede influir en la educación, la política, la economía, las relaciones personales y la construcción de la opinión pública.
Puede facilitar el acceso al conocimiento, pero también favorecer la manipulación informativa.
Puede ayudar a personas con dificultades de aprendizaje, pero también profundizar determinadas desigualdades.
Puede facilitar el diálogo intercultural, pero reproducir prejuicios presentes en los datos de entrenamiento.
Por eso, la pregunta filosófica no debe limitarse a:
«¿Qué puede hacer la inteligencia artificial?».
Debemos preguntarnos:
«¿Qué clase de sociedad estamos construyendo mediante la inteligencia artificial y qué significa ser humano en esa sociedad?».
Aquí podemos relacionar a Gadamer con una reflexión ética contemporánea.
La comprensión auténtica exige apertura al otro.
Por tanto, una sociedad tecnológicamente avanzada no necesariamente será una sociedad más comprensiva.
Podemos disponer de herramientas extraordinarias de comunicación y, sin embargo, perder nuestra capacidad de escuchar.
Podemos acceder a millones de documentos y, sin embargo, carecer de criterio para distinguir lo verdadero de lo falso.
Podemos utilizar inteligencia artificial para producir miles de textos y, sin embargo, empobrecer nuestra capacidad de reflexión.
El progreso tecnológico no garantiza automáticamente el progreso humano.
La tecnología necesita orientación ética.
Y esa orientación debe proceder de una reflexión sobre la dignidad, la libertad, la responsabilidad y el bien común.
XI. Una lectura teológica: comprender como apertura al misterio
Quisiera introducir finalmente una dimensión teológica.
La hermenéutica de Gadamer puede ponerse en diálogo con la teología cristiana, aunque no debemos identificar su pensamiento con una teología confesional.
La revelación cristiana no es simplemente un conjunto de informaciones que el creyente recibe y almacena.
Es una realidad que interpela a la persona y reclama una respuesta.
Pensemos en el relato de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35).
Los discípulos conocen los acontecimientos relacionados con Jesús de Nazaret. Han escuchado las noticias sobre su muerte e incluso han recibido testimonios acerca del sepulcro vacío.
Sin embargo, no comprenden lo sucedido.
Jesús se acerca, camina con ellos, conversa, interpreta las Escrituras y les permite contemplar los acontecimientos desde una perspectiva nueva.
El relato contiene una pedagogía extraordinaria de la comprensión.
Los discípulos no reciben simplemente más información.
Experimentan una transformación de su horizonte interpretativo.
Lo que antes parecía una derrota adquiere un significado nuevo.
Aquello que parecía incomprensible comienza a revelar su sentido.
Podemos relacionar este episodio con Gadamer en tres aspectos:
1. La comprensión necesita diálogo.
2. La interpretación requiere un horizonte de sentido.
3. La comprensión auténtica transforma nuestra manera de interpretar la realidad.
Pero existe una diferencia teológica fundamental: para el cristianismo, la comprensión de la revelación no depende exclusivamente de la capacidad interpretativa humana. La fe es también respuesta a la iniciativa de Dios y, en la tradición católica, implica la acción de la gracia.
San Agustín expresa una intuición que puede acompañar esta reflexión:
«Cree para comprender, comprende para creer».
La formulación recoge la relación entre fe e inteligencia que atraviesa su pensamiento, especialmente en Sermones 43,7-9.
La fe no anula la razón.
La razón tampoco agota el misterio.
En este sentido, la inteligencia artificial puede ayudarnos a estudiar la Biblia, comparar traducciones, investigar contextos históricos y conocer distintas interpretaciones teológicas.
Pero no puede sustituir el acto personal de fe ni la experiencia espiritual del creyente.
Puede explicar la oración.
No por ello podemos afirmar que ora.
Puede describir la experiencia de Dios.
No por ello podemos afirmar que experimenta a Dios.
XII. Conclusión: comprender es dejar que la realidad nos transforme
Regresemos a nuestra pregunta inicial:
¿Qué significa comprender?
Después de recorrer el pensamiento de Gadamer y relacionarlo con los desafíos tecnológicos contemporáneos, podemos afirmar que comprender es mucho más que procesar información.
Comprender significa interpretar desde nuestra propia historicidad, reconocer los presupuestos que condicionan nuestro pensamiento, dialogar con otras perspectivas y permitir que aquello que estudiamos transforme nuestra manera de entender el mundo.
La comprensión no es una actividad puramente intelectual.
También es una experiencia humana, histórica, lingüística y relacional.
La inteligencia artificial nos obliga a revisar nuestras categorías tradicionales del conocimiento porque ha demostrado que determinadas tareas lingüísticas y cognitivas pueden automatizarse con resultados extraordinarios.
Pero no debemos confundir la capacidad de producir respuestas con la totalidad de lo que significa comprender.
Una máquina puede ayudarnos a conocer a Platón, pero el esfuerzo de pensar filosóficamente sigue siendo nuestro.
Puede explicarnos el Evangelio, pero la experiencia de la fe pertenece a la existencia del creyente.
Puede elaborar una reflexión sobre la justicia, pero la responsabilidad de actuar justamente continúa siendo humana.
Por eso, quisiera terminar con una reflexión:
El gran desafío de la inteligencia artificial no consiste únicamente en conseguir máquinas capaces de producir respuestas cada vez más inteligentes. Consiste en evitar que los seres humanos perdamos nuestra capacidad de formular preguntas, interpretar la realidad y buscar la verdad.
Gadamer nos recuerda que comprender es entrar en diálogo con aquello que nos interpela.
Quizá nuestra mayor responsabilidad en esta nueva época tecnológica sea precisamente esa: no permitir que la abundancia de información sustituya la profundidad del pensamiento.
Porque podemos tener acceso a todo el conocimiento disponible y, sin embargo, no haber comprendido lo esencial.
La inteligencia artificial puede ampliar nuestras posibilidades de conocer; la tarea de comprender nuestra existencia, asumir nuestra responsabilidad y buscar el sentido de la realidad sigue siendo una de las grandes tareas de la condición humana.
XIII. Bibliografía recomendada
Para profundizar en la disertación, propongo una bibliografía organizada en cuatro bloques.
A. Hermenéutica filosófica
1. Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método I. Sígueme, Salamanca, 1993.
2. Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método II. Sígueme, Salamanca, 1994.
3. Gadamer, Hans-Georg. El problema de la conciencia histórica. Tecnos, Madrid.
4. Heidegger, Martin. Ser y tiempo. Trotta, Madrid, 2003.
5. Ricoeur, Paul. Del texto a la acción. Fondo de Cultura Económica.
B. Filosofía del lenguaje y comprensión
6. Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas. Crítica.
7. Schleiermacher, Friedrich. Hermenéutica. Claridad.
8. Dilthey, Wilhelm. Dos escritos sobre hermenéutica. Istmo.
C. Inteligencia artificial y filosofía contemporánea
9. Turing, Alan. «Computing Machinery and Intelligence», Mind, 1950.
10. Searle, John. «Minds, Brains, and Programs», Behavioral and Brain Sciences, 1980.
11. Floridi, Luciano. The Ethics of Artificial Intelligence. Oxford University Press, 2023.
12. Bender, Emily M. y Alexander Koller. «Climbing towards NLU: On Meaning, Form, and Understanding in the Age of Data», ACL, 2020.
D. Teología y comprensión
13. Agustín de Hipona. De doctrina christiana.
14. Ratzinger, Joseph. Fe y futuro. Sígueme.
15. Pontificio Consejo para la Cultura. La Iglesia y la inteligencia artificial, para contextualizar el diálogo entre fe, cultura y tecnología junto con los documentos magisteriales recientes.




