Actualidad y aplicaciones de la fenomenología en la salud mental y la psiquiatría
Introducción: cuando la enfermedad mental no puede reducirse a un objeto
La psiquiatría contemporánea posee una extraordinaria capacidad descriptiva y terapéutica. Puede clasificar síntomas, establecer diagnósticos, estudiar correlatos neurobiológicos y administrar tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos. Sin embargo, existe una pregunta que ninguna clasificación puede eliminar:
¿Qué significa para una persona vivir aquello que nosotros llamamos «enfermedad mental»?
Esta pregunta introduce una diferencia fundamental entre estudiar una alteración psíquica como objeto y comprender cómo esa alteración transforma el mundo vivido de quien la padece.
No es lo mismo describir clínicamente:
«El paciente presenta anhedonia, retraimiento social, alteraciones del sueño y sentimientos de inutilidad».
que intentar comprender:
«¿Cómo ha cambiado para esta persona la experiencia del tiempo, de su propio cuerpo, de los otros y de las posibilidades futuras de su existencia?».
La primera descripción es indispensable.
La segunda también.
Y precisamente en este segundo ámbito la fenomenología conserva una extraordinaria actualidad.
La fenomenología permite desplazar parcialmente la pregunta desde:
«¿Qué enfermedad tiene esta persona?»
hacia:
«¿Cómo se configura su experiencia del mundo, de sí misma, de los otros y de su propio cuerpo?»
Este desplazamiento no pretende sustituir la medicina por la filosofía. Pretende impedir que el paciente desaparezca detrás de su diagnóstico.
1. ¿Qué entendemos por fenomenología?
La fenomenología nace fundamentalmente con Edmund Husserl a comienzos del siglo XX.
Su proyecto parte de una exigencia metodológica:
volver a las cosas mismas (zu den Sachen selbst).
Esto significa, simplificando pero sin deformar demasiado su pensamiento, prestar atención a cómo los fenómenos se dan a la conciencia antes de reducirlos inmediatamente a explicaciones causales.
Husserl introduce aquí una distinción decisiva entre la experiencia vivida y la explicación objetiva de esa experiencia.
Si una persona tiene miedo, podemos estudiar neurobiológicamente qué ocurre en su cerebro, qué neurotransmisores participan o qué respuestas fisiológicas aparecen.
Todo ello es legítimo.
Pero existe otra pregunta:
¿cómo se experimenta ese miedo?
El miedo puede hacer que una habitación parezca amenazante, que determinados sonidos adquieran una intensidad extraordinaria y que el futuro aparezca como peligro.
La fenomenología estudia precisamente esta configuración de la experiencia.
2. La conciencia como intencionalidad
Una de las categorías fundamentales de Husserl es la intencionalidad.
La conciencia no es simplemente una especie de recipiente interior donde se almacenan representaciones.
La conciencia es siempre conciencia de algo.
Percibir es percibir algo.
Recordar es recordar algo.
Temer es temer algo.
Desear es desear algo.
Amar es amar a alguien o algo.
Esperar es esperar algo.
La conciencia se encuentra estructuralmente orientada hacia un mundo.
Esto tendrá consecuencias enormes para la psiquiatría.
Una alteración mental no afecta solamente a determinados contenidos internos.
Puede modificar la manera en que el sujeto está abierto al mundo.
3. Del cerebro al mundo vivido
Imaginemos dos personas caminando por una calle.
Para una, la calle es un espacio cotidiano.
Para otra, debido a una experiencia psicótica grave, puede convertirse en un espacio cargado de significados amenazantes.
Las personas que pasan pueden parecerle observadores.
Una conversación distante puede adquirir una significación personal.
Un automóvil puede ser interpretado como una señal.
Desde fuera podemos decir:
«Eso es un delirio».
Pero la fenomenología pregunta algo adicional:
¿cómo se ha constituido ese mundo en el que esa interpretación resulta posible para el sujeto?
Esta pregunta es extraordinariamente importante.
No significa aceptar como verdadera la interpretación delirante.
Significa intentar comprender su estructura experiencial.
4. Karl Jaspers: comprender y explicar
Aquí debemos introducir a Karl Jaspers, figura fundamental de la psicopatología fenomenológica.
Su obra Allgemeine Psychopathologie (Psicopatología general, 1913) constituye uno de los grandes hitos de la psiquiatría del siglo XX.
Jaspers distingue, con diferentes matices, entre explicar (Erklären) y comprender (Verstehen).
Explicar busca relaciones causales.
Comprender intenta captar conexiones de sentido dentro de la experiencia vivida.
Por ejemplo, podemos explicar fisiológicamente determinados síntomas.
Pero también podemos comprender cómo una experiencia traumática transforma la relación de una persona con el mundo.
Jaspers no pretendía eliminar la explicación científica.
Su propuesta era evitar que la psiquiatría se redujera exclusivamente a ella.
Esta distinción continúa siendo extraordinariamente actual.
5. La fenomenología no es introspección
Hay que hacer aquí una precisión importante.
La fenomenología clínica no consiste simplemente en preguntar al paciente:
«¿Cómo te sientes?»
y tomar su respuesta como una descripción completa de la realidad.
La fenomenología exige una descripción rigurosa de las estructuras de la experiencia.
Interesa, por ejemplo:
cómo aparece el tiempo;
cómo se experimenta el cuerpo;
cómo se constituye el espacio;
cómo aparecen los otros;
cómo se experimenta el yo;
cómo se relacionan percepción, memoria, afectividad y acción;
cómo se modifican las posibilidades futuras.
Por tanto, la fenomenología clínica no es sentimentalismo.
Es una disciplina descriptiva.
6. Minkowski y la experiencia del tiempo
Eugène Minkowski desarrolló algunas de las aplicaciones más interesantes de la fenomenología a la psicopatología.
Su trabajo sobre la esquizofrenia y la experiencia temporal es especialmente importante.
Para una persona deprimida, por ejemplo, el futuro puede dejar de aparecer como un horizonte abierto de posibilidades.
El futuro se vuelve pesado.
La acción pierde sentido.
El presente puede convertirse en una repetición interminable.
En una experiencia maníaca, por el contrario, el futuro puede aparecer excesivamente abierto, acelerado y lleno de posibilidades.
No se trata simplemente de que el paciente «piense demasiado rápido».
Es posible que se haya transformado su propia experiencia temporal.
Esta es una de las grandes aportaciones de la fenomenología:
el tiempo psicológico no es simplemente el tiempo del reloj.
7. Binswanger y la existencia
Ludwig Binswanger incorporó elementos de Husserl y Heidegger a la psiquiatría.
Con él aparece una concepción más existencial de la enfermedad mental.
El ser humano no existe aislado.
Existe en un mundo.
Tiene relaciones.
Tiene proyectos.
Tiene posibilidades.
Tiene una historia.
Tiene un cuerpo.
Tiene una relación con la muerte.
Tiene una determinada manera de habitar el espacio y el tiempo.
Desde esta perspectiva, la psicopatología puede implicar una transformación de la estructura global del existir.
No solamente:
«algo está fallando dentro del cerebro».
Sino:
«la manera en que esta persona habita el mundo se ha transformado».
8. Heidegger: existencia y mundo
Martin Heidegger no fue psiquiatra, pero su ontología tuvo una influencia profunda en la psiquiatría fenomenológica y existencial.
Su concepto de Dasein permite pensar al ser humano no como una cosa aislada, sino como un ser situado en un mundo.
El ser humano no aparece primero como una entidad encerrada dentro de sí misma y después establece relaciones.
Desde el comienzo está siendo-en-el-mundo.
Esta idea resulta extraordinariamente fértil para la salud mental.
Porque permite comprender que la enfermedad puede modificar:
la relación con los otros;
la relación con el propio cuerpo;
la relación con el espacio;
la relación con el tiempo;
la relación con las posibilidades;
la relación con la propia existencia.
9. Merleau-Ponty y el cuerpo vivido
Aquí debemos introducir a Maurice Merleau-Ponty.
Su fenomenología del cuerpo constituye uno de los recursos más poderosos para la psiquiatría contemporánea.
Merleau-Ponty distingue implícitamente entre el cuerpo considerado como objeto biológico y el cuerpo vivido (Leib en la tradición fenomenológica).
Mi cuerpo no es únicamente:
huesos;
músculos;
órganos;
neuronas;
sangre.
Es también aquello mediante lo cual estoy presente en el mundo.
Yo no «tengo» simplemente un cuerpo.
En cierto sentido, soy corporalmente mi estar-en-el-mundo.
Esta perspectiva resulta fundamental para comprender trastornos en los que la experiencia corporal se encuentra profundamente alterada.
10. El cuerpo en la depresión
Pensemos nuevamente en la depresión.
Desde el punto de vista clínico pueden identificarse síntomas como:
fatiga;
alteración del sueño;
pérdida de interés;
disminución de energía;
alteraciones psicomotoras.
Pero fenomenológicamente puede aparecer algo mucho más profundo:
el cuerpo deja de ofrecerse como posibilidad de acción.
Levantarse de la cama puede parecer una tarea desproporcionada.
El espacio doméstico puede adquirir una densidad extraordinaria.
El futuro deja de convocar.
El cuerpo pesa.
El mundo pierde atractivo.
Esta descripción no sustituye al diagnóstico.
Lo profundiza.
11. La esquizofrenia y la alteración del sentido de sí
Uno de los campos contemporáneos donde la fenomenología ha adquirido especial relevancia es el estudio de la esquizofrenia.
Autores como Louis Sass y Josef Parnas han trabajado sobre las alteraciones de la experiencia del yo y de la subjetividad.
Algunas personas con esquizofrenia pueden experimentar fenómenos como:
una sensación de que sus pensamientos no les pertenecen;
una experiencia de pérdida de la familiaridad del mundo;
una hiperreflexividad extraordinaria;
alteraciones de la frontera entre uno mismo y los otros;
experiencias de influencia externa.
La fenomenología intenta describir estas alteraciones no solamente como una lista de síntomas, sino como modificaciones de la estructura de la subjetividad.
Esto puede aportar una comprensión más fina de determinados fenómenos psicóticos.
12. El concepto de «self» mínimo
Una línea contemporánea particularmente interesante estudia lo que algunos autores denominan minimal self, el «yo mínimo».
Antes de tener una autobiografía, una profesión, una nacionalidad o una historia personal, existe una experiencia más elemental de ser quien vive una experiencia.
Yo experimento el mundo desde «aquí».
Mis experiencias aparecen como «mías».
Mi cuerpo se presenta como mi cuerpo.
La fenomenología estudia estas estructuras pre-reflexivas de la subjetividad.
En determinadas formas de psicopatología pueden aparecer alteraciones precisamente en este nivel.
Esto permite comprender algunos síntomas psicóticos de manera diferente a la simple idea de «creencias irracionales».
13. La depresión y la pérdida de posibilidades
La fenomenología existencial también permite comprender la depresión mediante el concepto de posibilidad.
Una persona sana puede experimentar:
«Podría hacer esto».
«Podría viajar».
«Podría llamar a alguien».
«Podría comenzar un proyecto».
«Mañana puede ocurrir algo».
La depresión puede reducir radicalmente ese horizonte.
No necesariamente porque la persona haya realizado un razonamiento lógico según el cual ninguna posibilidad existe.
Puede suceder algo más profundo:
las posibilidades dejan de aparecer como posibilidades vivas.
El futuro se cierra fenomenológicamente.
Esta comprensión puede resultar clínicamente valiosa porque permite escuchar al paciente más allá de la simple enumeración de síntomas.
14. La ansiedad y el mundo amenazante
La ansiedad también puede ser estudiada fenomenológicamente.
En una ansiedad intensa, el problema no consiste simplemente en experimentar un aumento de determinadas respuestas fisiológicas.
El mundo entero puede adquirir una tonalidad amenazante.
El cuerpo se vuelve hipervigilante.
El futuro se vuelve incierto.
Las posibilidades se reducen.
El sujeto anticipa constantemente.
La fenomenología permite describir esta modificación global del horizonte experiencial.
15. Trauma y mundo vivido
El estudio fenomenológico del trauma ofrece igualmente posibilidades importantes.
Después de un acontecimiento traumático, la persona puede experimentar:
una alteración de la confianza básica;
una modificación de la experiencia corporal;
una relación diferente con determinados lugares;
una hipervigilancia constante;
una experiencia alterada del tiempo;
una dificultad para proyectarse hacia el futuro.
El trauma no es únicamente un acontecimiento ocurrido «en el pasado».
Puede reorganizar el presente y el futuro.
La fenomenología permite comprender esta dimensión temporal y existencial.
16. El otro: intersubjetividad y salud mental
Otro concepto fundamental es la intersubjetividad.
El ser humano no constituye su identidad completamente en soledad.
La experiencia del otro forma parte de nuestra propia existencia.
Aprendemos a reconocernos mediante relaciones.
El otro puede ser:
rostro;
mirada;
interlocutor;
amigo;
familia;
comunidad;
amenaza;
objeto de amor.
Cuando se altera la experiencia de los otros, puede transformarse radicalmente el mundo.
Esto resulta especialmente importante en determinados trastornos psicóticos, trastornos de personalidad, experiencias traumáticas y condiciones relacionadas con el aislamiento social.
17. La fenomenología y la relación médico-paciente
Aquí encontramos una aplicación práctica inmediata.
La medicina moderna corre permanentemente el riesgo de convertir al paciente en un «caso».
«Esquizofrenia».
«Depresión mayor».
«Trastorno bipolar».
«Trastorno de ansiedad».
El diagnóstico es necesario.
Pero el diagnóstico no es la persona.
La fenomenología puede ayudar al profesional a realizar un movimiento intelectual y clínico:
pasar del paciente como objeto de diagnóstico al paciente como sujeto de experiencia.
Esto no significa abandonar los criterios diagnósticos.
Significa complementarlos con una comprensión de la experiencia vivida.
18. Fenomenología y entrevista clínica
Una entrevista fenomenológicamente orientada puede explorar cuestiones como:
«¿Cómo experimenta usted su propio cuerpo?»
«¿Cómo ha cambiado su relación con el tiempo?»
«¿Qué significa para usted salir de casa?»
«¿Cómo experimenta la presencia de otras personas?»
«¿Siente que sus pensamientos son realmente suyos?»
«¿Cómo experimenta el futuro?»
«¿Ha cambiado la manera en que las cosas que antes eran familiares aparecen ante usted?»
Estas preguntas pueden producir información clínica que difícilmente aparece en una lista convencional de síntomas.
19. La psiquiatría de precisión necesita también precisión fenomenológica
Vivimos en una época fascinada por la medicina de precisión.
Biomarcadores.
Neuroimagen.
Genética.
Inteligencia artificial.
Big Data.
Modelos computacionales.
Todo esto posee enormes posibilidades.
Pero existe una paradoja.
Cuanto más sofisticadas se vuelven nuestras herramientas para medir el cerebro, mayor puede ser la necesidad de preguntar:
¿qué experiencia humana estamos intentando explicar?
Una resonancia magnética puede mostrar actividad cerebral.
Pero no puede, por sí sola, decirnos qué significa para una persona experimentar su propio cuerpo como extraño.
Una escala puede cuantificar la intensidad de una depresión.
Pero no agota la experiencia del tiempo vivido por quien está deprimido.
Un algoritmo puede clasificar patrones.
Pero clasificar no equivale necesariamente a comprender.
20. Fenomenología y neurociencia
Aquí aparece uno de los desarrollos contemporáneos más interesantes: el diálogo entre fenomenología y ciencias cognitivas.
La llamada cognición corporizada (embodied cognition), las aproximaciones enactiva y situada, y determinadas líneas de neurofenomenología han recuperado la importancia del cuerpo, el entorno y la experiencia.
Francisco Varela fue especialmente importante para este diálogo.
La idea fundamental es que la mente no debe comprenderse exclusivamente como un ordenador encerrado dentro del cráneo.
La cognición se encuentra relacionada con:
cerebro;
cuerpo;
entorno;
acción;
experiencia.
Esto abre posibilidades extraordinarias para el diálogo entre fenomenología y neurociencia.
21. Thomas Fuchs: cuerpo, cerebro y psiquiatría
Entre los autores contemporáneos más relevantes encontramos a Thomas Fuchs.
Fuchs ha desarrollado una fenomenología de la enfermedad mental centrada en la corporalidad, la temporalidad, la intersubjetividad y la relación entre cerebro y organismo.
Su planteamiento permite cuestionar una reducción excesivamente cerebralista de la psiquiatría.
El cerebro es fundamental.
Pero la persona no es simplemente «un cerebro».
El cerebro pertenece a un organismo.
El organismo pertenece a un mundo.
Y la persona existe dentro de relaciones.
Esta perspectiva puede expresarse mediante una cadena:
cerebro → organismo → cuerpo vivido → mundo → relaciones → persona.
No son niveles independientes.
Están profundamente entrelazados.
22. La persona no es reducible al diagnóstico
Aquí aparece una conclusión antropológica importante.
Una persona diagnosticada con esquizofrenia sigue siendo:
persona;
sujeto;
ser corporal;
ser relacional;
ser histórico;
ser abierto al futuro.
El diagnóstico describe una condición.
No define ontológicamente a la persona.
Esta distinción tiene consecuencias éticas enormes.
Porque si confundimos:
«tiene una enfermedad mental»
con:
«es su enfermedad mental»,
hemos reducido la persona a una categoría clínica.
La fenomenología constituye una defensa filosófica contra esa reducción.
23. Fenomenología y dignidad
La dignidad humana no depende de la capacidad cognitiva intacta.
Esto adquiere especial importancia en psiquiatría.
Una persona en estado psicótico no deja de ser persona.
Una persona con demencia no deja de ser persona.
Una persona profundamente deprimida no deja de ser persona.
Una persona con discapacidad intelectual no deja de ser persona.
La fenomenología, al insistir en la experiencia subjetiva y en la estructura del ser-en-el-mundo, contribuye a una antropología clínica que no reduce al individuo a sus capacidades funcionales.
24. Un límite necesario: la fenomenología no cura por sí sola
Aquí debemos ser intelectualmente rigurosos.
Sería un error afirmar:
«La fenomenología demuestra que los medicamentos no sirven».
No.
Tampoco demuestra que:
«la enfermedad mental sea únicamente una construcción social».
Tampoco permite sustituir la farmacología, la neurología, la psicoterapia o la medicina basada en evidencia.
La fenomenología cumple otra función.
Describe y analiza la experiencia.
Puede contribuir al diagnóstico diferencial.
Puede mejorar la entrevista clínica.
Puede enriquecer la formulación del caso.
Puede ayudar a comprender la experiencia del paciente.
Puede contribuir a una relación clínica más humana.
Pero no constituye por sí misma una terapia universal.
25. El problema del reduccionismo
La verdadera oposición no debería formularse como
biología contra fenomenología.
La cuestión más profunda es:
reduccionismo contra integración.
Una persona puede experimentar una enfermedad mental debido a una compleja interacción de:
genética;
neurobiología;
historia personal;
trauma;
relaciones;
contexto social;
cultura;
hábitos;
condiciones materiales;
experiencia subjetiva.
Una psiquiatría verdaderamente integral necesita mantener abiertos estos niveles.
La fenomenología puede contribuir especialmente a impedir que el nivel subjetivo sea eliminado.
26. Fenomenología y psicoterapia
La influencia fenomenológica también aparece indirectamente en diversas corrientes psicoterapéuticas, especialmente en las aproximaciones existenciales y humanistas.
La terapia centrada en la persona de Carl Rogers, aunque no sea simplemente una aplicación directa de Husserl, comparte con la fenomenología una preocupación por la experiencia subjetiva del paciente.
La psicoterapia existencial también se encuentra profundamente vinculada a cuestiones fenomenológicas:
libertad;
responsabilidad;
muerte;
aislamiento;
sentido;
relación;
autenticidad;
posibilidad.
La psicoterapia deja entonces de preguntar exclusivamente:
«¿Qué mecanismo produce este síntoma?»
y puede preguntar también:
«¿Qué significa este síntoma dentro de la existencia concreta de esta persona?»
27. El sentido y Viktor Frankl
Aquí merece una mención Viktor Frankl.
Frankl no puede identificarse sin más con Husserl, Heidegger o la fenomenología académica, pero su logoterapia pertenece al amplio horizonte de las psicoterapias existenciales.
Su concepto de sentido adquiere especial importancia.
El sufrimiento humano no se reduce a un problema de eliminación del dolor.
La persona también pregunta:
«¿Para qué seguir viviendo?»
Esta pregunta no puede responderse mediante una analítica de laboratorio.
Requiere una comprensión de la existencia.
Aquí vuelve a aparecer una de las grandes preguntas que ya encontramos en Wittgenstein:
el sentido de la vida no es un hecho más dentro del mundo.
28. Una nueva concepción de la salud mental
Desde una perspectiva fenomenológica, la salud mental podría entenderse no únicamente como ausencia de síntomas.
Implica también una determinada capacidad de:
habitar el mundo;
relacionarse con otros;
experimentar continuidad del yo;
proyectarse hacia el futuro;
sentir el cuerpo como propio;
actuar sobre el entorno;
reconocer posibilidades;
establecer relaciones significativas.
Esto no pretende reemplazar las definiciones clínicas.
Es una ampliación antropológica.
29. El futuro de la fenomenología psiquiátrica
La fenomenología puede tener especial importancia en varios campos contemporáneos.
Primero, en la evaluación de experiencias psicóticas, especialmente en la comprensión de alteraciones del sentido de sí y de la percepción del mundo.
Segundo, en la depresión, mediante el estudio de temporalidad, corporalidad y pérdida de posibilidades.
Tercero, en el trauma, mediante el análisis de memoria, corporalidad, temporalidad y confianza básica.
Cuarto, en los trastornos de la experiencia corporal, donde resulta esencial comprender la diferencia entre cuerpo objetivo y cuerpo vivido.
Quinto, en la relación médico-paciente, favoreciendo una medicina centrada en la persona.
Sexto, en el diálogo entre psiquiatría, neurociencia y ciencias cognitivas.
Séptimo, en la discusión sobre inteligencia artificial y subjetividad, porque obliga a preguntar qué significa realmente tener una experiencia.
30. Una cuestión especialmente contemporánea: ¿puede una IA tener experiencia?
Aquí la fenomenología adquiere una relevancia inesperada.
Podemos construir sistemas capaces de:
hablar;
razonar;
reconocer imágenes;
generar textos;
imitar emociones;
describir estados psicológicos.
Pero la fenomenología obliga a formular una pregunta mucho más difícil:
¿existe experiencia vivida?
Una máquina puede afirmar:
«Estoy triste».
Pero ¿hay tristeza vivida?
Puede describir el color rojo.
Pero ¿existe una experiencia del rojo?
Puede utilizar correctamente la palabra «dolor».
Pero ¿hay dolor?
Estas preguntas nos conducen directamente al problema fenomenológico de la conciencia.
Y demuestran que la fenomenología no pertenece únicamente al siglo XX.
Está entrando en uno de los debates filosóficos más importantes del siglo XXI.
Conclusión: volver al sujeto sin abandonar la ciencia
La gran aportación de la fenomenología a la salud mental no consiste en proporcionar una medicina alternativa.
Su contribución es más profunda.
Nos recuerda que antes de ser:
un diagnóstico,
una puntuación,
una imagen cerebral,
un neurotransmisor,
un patrón estadístico,
un expediente clínico,
el paciente es alguien que experimenta.
Tiene un cuerpo.
Tiene una historia.
Tiene relaciones.
Tiene memoria.
Tiene expectativas.
Tiene miedo.
Tiene deseos.
Tiene un horizonte de posibilidades.
Tiene una determinada manera de habitar el mundo.
Y cuando aparece la enfermedad mental, no necesariamente se rompe solamente una función determinada.
Puede transformarse la arquitectura misma de la experiencia.
El tiempo puede hacerse insoportable.
El espacio puede volverse amenazante.
El cuerpo puede dejar de sentirse propio.
Los otros pueden adquirir significados nuevos.
El futuro puede cerrarse.
El mundo puede perder familiaridad.
El yo puede fragmentarse.
Comprender estas transformaciones constituye una tarea fundamental de la psicopatología fenomenológica.
Por eso, la pregunta decisiva para una psiquiatría del futuro no debería ser:
«¿Fenomenología o neurociencia?»
Esa es una falsa disyuntiva.
La cuestión debería ser:
¿cómo podemos integrar la explicación científica de la enfermedad con la comprensión rigurosa de la experiencia de la persona enferma?
La neurociencia puede ayudarnos a comprender qué ocurre en el cerebro.
La farmacología puede modificar determinados procesos.
La psicoterapia puede intervenir sobre determinadas estructuras de experiencia y relación.
La medicina puede tratar el organismo.
Pero la fenomenología recuerda algo que ninguna tecnología debería permitirnos olvidar:
el objeto de la psiquiatría no es solamente el cerebro enfermo; es la persona que vive una existencia transformada por la enfermedad.
Y quizá esta sea su vigencia más radical.
En una época que dispone de instrumentos cada vez más poderosos para observar, medir, clasificar y predecir, la fenomenología nos obliga a recuperar una pregunta elemental:
¿qué significa estar ahí, siendo alguien, viviendo este mundo, desde este cuerpo y desde esta historia?
Mientras exista un ser humano que pueda sufrir y preguntarse por el sentido de aquello que está viviendo, la fenomenología seguirá teniendo algo que decir.
Y, fiel a su propia tradición, quizá su primera obligación sea enseñarnos a escuchar antes de explicar.