Génesis 1–2: Creación, humanidad y alianza
Una exégesis teológica, literaria y filológica de los relatos de los orígenes
Introducción
Los dos primeros capítulos del Génesis constituyen el gran prólogo de toda la revelación bíblica. No son simplemente una narración sobre el origen material del universo, sino una profunda reflexión teológica acerca de Dios, del ser humano, de la creación y del sentido de la existencia.
Desde finales del siglo XIX, la exégesis ha reconocido que Génesis 1 y Génesis 2 pertenecen a tradiciones literarias distintas que fueron integradas por el redactor final del Pentateuco. Sin embargo, lejos de contradecirse, ambos textos se complementan y ofrecen perspectivas diferentes sobre una misma realidad.
Génesis 1 responde a la pregunta:
¿Quién creó el universo y cuál es su estructura?
Génesis 2 responde a otra pregunta:
¿Quién es el ser humano y cuál es su lugar en la creación?
El primero presenta una visión cósmica; el segundo, una visión antropológica.
I. Génesis 1: El cosmos ordenado por Elohim
El nombre divino: אֱלֹהִים (Elohim)
El primer capítulo comienza:
בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים
Bereshit bara Elohim
"En el principio creó Dios..." (Gn 1,1)
El nombre utilizado es:
אֱלֹהִים (Elohim)
Formalmente es un plural, pero funciona gramaticalmente como singular cuando designa al Dios de Israel.
En este capítulo Dios aparece como el soberano trascendente del universo.
No dialoga.
No toca.
No modela.
Simplemente habla.
Y la realidad surge.
El verbo ברא (bara)
La primera palabra teológicamente importante es:
בָּרָא (bara)
Este verbo aparece exclusivamente con Dios como sujeto.
Nunca se emplea para la acción humana.
Su significado fundamental es:
crear mediante una acción divina soberana.
Aunque la expresión "crear de la nada" (creatio ex nihilo) será desarrollada plenamente por la teología posterior, el verbo bara ya sugiere una acción creadora única que pertenece exclusivamente a Dios.
Por ello:
Dios no lucha contra otros dioses.
Dios no nace del cosmos.
Dios no emerge de una materia divina.
Dios es anterior a todo.
La creación por la palabra
La fórmula repetida es:
וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים
"Y dijo Dios"
Aparece diez veces.
La creación surge mediante la palabra divina.
Aquí encontramos una idea fundamental que llegará hasta el Evangelio de Juan:
La Palabra de Dios es eficaz.
Dios habla y la realidad responde.
Ruah y el caos primordial
Antes de la creación encontramos:
וְרוּחַ אֱלֹהִים מְרַחֶפֶת
"El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas" (Gn 1,2)
La palabra:
רוּחַ (ruah)
Puede significar:
espíritu;
viento;
aliento.
La imagen evoca una presencia divina activa sobre el caos primordial.
La creación no surge de una guerra cósmica, como en muchos mitos del antiguo Oriente.
Surge de la acción ordenadora de Dios.
El ser humano: imagen de Dios
En Génesis 1,26 aparece:
נַעֲשֶׂה אָדָם
"Hagamos al ser humano"
La palabra:
אָדָם (adam)
Aquí no significa todavía un individuo llamado Adán.
Designa a la humanidad.
Es un término colectivo.
Imagen y semejanza
בְּצַלְמֵנוּ כִּדְמוּתֵנוּ
"A nuestra imagen y semejanza"
La expresión no se refiere principalmente a rasgos físicos.
En el antiguo Oriente la imagen del rey representaba la autoridad del soberano.
El ser humano aparece como representante de Dios dentro de la creación.
II. Génesis 2: El Dios cercano y el jardín
A partir de Génesis 2,4 cambia radicalmente el estilo.
El nuevo nombre divino
Ya no aparece solamente Elohim.
Ahora leemos:
יְהוָה אֱלֹהִים
YHWH Elohim
Traducido habitualmente:
"El Señor Dios"
Aquí encontramos al Dios de la alianza.
Ya no es únicamente el creador cósmico.
Es el Dios que entra en relación personal con el hombre.
Del crear al modelar
En Génesis 2,7 ya no aparece bara.
Aparece:
יָצַר (yatsar)
"Modeló el Señor Dios al hombre"
El verbo yatsar describe el trabajo del alfarero.
La imagen cambia completamente.
En Génesis 1:
Dios habla.
En Génesis 2:
Dios trabaja con sus manos.
Adán y la tierra
Leemos:
וַיִּיצֶר יְהוָה אֱלֹהִים אֶת־הָאָדָם עָפָר מִן־הָאֲדָמָה
Existe aquí un juego de palabras:
אדם (adam)
אדמה (adamah)
Adán procede de la tierra.
El ser humano pertenece al suelo.
No es un dios.
No es un ángel.
No es autosuficiente.
Es criatura.
El polvo
La palabra:
עָפָר (afar)
Significa:
polvo
El polvo simboliza:
fragilidad;
mortalidad;
dependencia.
La teología bíblica recuerda constantemente esta verdad:
"Polvo eres y al polvo volverás" (Gn 3,19).
El aliento de vida
Dios insufla:
נִשְׁמַת חַיִּים
"Aliento de vida"
El hombre se convierte en:
נֶפֶשׁ חַיָּה
"ser viviente"
La vida humana procede directamente del don divino.
III. El Jardín del Edén
¿Qué significa Edén?
La palabra:
עֵדֶן (eden)
Probablemente significa:
delicia;
placer;
abundancia.
No se describe simplemente un lugar geográfico.
Representa la comunión originaria entre Dios, la humanidad y la creación.
El trabajo humano
Antes del pecado aparece el trabajo.
Dios coloca al hombre en el jardín para:
לְעָבְדָהּ וּלְשָׁמְרָהּ
"cultivarlo y guardarlo"
Por tanto, el trabajo no es consecuencia del pecado.
Lo que será consecuencia del pecado es la fatiga.
IV. Ish e Ishah
Llegamos a uno de los textos más bellos de toda la Biblia.
El hombre y la mujer
Cuando aparece la mujer, Adán exclama:
זֹאת הַפַּעַם
"Esta sí"
Y añade:
אִישׁ (ish)
varón
אִשָּׁה (ishah)
mujer
Existe un juego literario.
La mujer es reconocida como semejante al hombre.
No surge de la tierra como los animales.
Surge de su propio costado.
Significado teológico
La narración enseña:
igualdad fundamental;
misma naturaleza;
misma dignidad.
La mujer no aparece como subordinada.
Aparece como:
עֵזֶר כְּנֶגְדּוֹ
"ayuda correspondiente"
La expresión hebrea indica una contraparte adecuada, no una asistente inferior.
V. La serpiente
Aunque aparece formalmente en Génesis 3, su comprensión comienza en el marco de Génesis 2.
La palabra hebrea es:
נָחָשׁ (nahash)
Significa:
serpiente
En el texto original no es identificada explícitamente con Satanás.
Esa identificación será desarrollada progresivamente en la tradición bíblica posterior.
Simbolismo antiguo
En el antiguo Oriente la serpiente simbolizaba:
sabiduría;
fertilidad;
inmortalidad;
poderes ocultos.
El relato bíblico transforma ese simbolismo.
La serpiente representa la tentación de la autonomía absoluta frente a Dios.
VI. Semejanzas entre Génesis 1 y Génesis 2
Ambos relatos afirman:
Existe un único Dios creador.
La creación es buena.
El ser humano ocupa un lugar especial.
La humanidad depende de Dios.
La creación posee un orden y una finalidad.
Hombre y mujer participan de la dignidad humana.
VII. Diferencias entre Génesis 1 y Génesis 2
Génesis 1 / Génesis 2
Elohim/ YHWH Elohim
Perspectiva cósmica/ Perspectiva antropológica
Dios habla/ Dios modela
Bara (crear)/ Yatsar (formar)
Universo completo/ Jardín del Edén
Humanidad colectiva/ Adán y Eva individuales
Orden litúrgico/ Relato narrativo
VIII. Relación con el resto del Génesis
Los capítulos 1 y 2 constituyen la clave de lectura de todo el libro.
Las grandes preguntas del Génesis nacen aquí:
Creación
Génesis 1–2
Caída
Génesis 3
Violencia
Caín y Abel (Gn 4)
Corrupción universal
Diluvio (Gn 6–9)
Orgullo humano
Babel (Gn 11)
Restauración
Abraham (Gn 12)
De Adán a Abraham
Todo el Génesis puede leerse como una respuesta al problema planteado en los capítulos iniciales.
La humanidad creada para la comunión rompe progresivamente esa comunión.
Por ello Dios inicia una historia de salvación mediante Abraham y su descendencia.
Conclusión
Génesis 1 y 2 no son dos relatos rivales, sino dos perspectivas complementarias sobre el misterio de los orígenes. El primero proclama que el universo entero procede del poder soberano de Elohim; el segundo revela que el ser humano es una criatura modelada amorosamente por YHWH Elohim.
El hombre (adam) surge de la tierra (adamah), pero recibe el aliento de Dios. La mujer (ishah) aparece como compañera del hombre (ish), compartiendo su misma dignidad. El jardín del Edén simboliza la armonía original, mientras que la serpiente anticipa la ruptura de esa comunión.
Estos capítulos no pretenden ofrecer una explicación científica de los orígenes, sino una confesión teológica fundamental: el mundo es creación de Dios, el ser humano posee una dignidad singular y toda la historia bíblica será la historia de la restauración de la comunión perdida entre Dios y la humanidad.

