sábado, 22 de agosto de 2026

Historia de la creación del Estado Moderno de Israel



Tipos de judíos, historia de Palestina, historia de la creación del Estado Moderno de Israel y enumerar los principales conflictos


Introducción: antes de hablar de Israel hay que hablar de judaísmo y de los judíos

Hablar del conflicto entre Israel y Palestina exige comenzar desmontando una primera confusión: judío, israelí y sionista no son sinónimos.

Un judío es, dependiendo del contexto, una persona perteneciente al pueblo judío, a la religión judía, a una tradición cultural e histórica o a una combinación de estas dimensiones. Un israelí es un ciudadano del Estado de Israel, y entre los ciudadanos israelíes existen judíos, musulmanes, cristianos, drusos y otras comunidades. Finalmente, un sionista es una persona que sostiene alguna forma de nacionalismo judío vinculado al establecimiento y/o mantenimiento de un hogar nacional o Estado judío en la tierra histórica de Israel.

Por tanto, es perfectamente posible ser judío y no ser sionista; ser judío y ser crítico del Estado de Israel; ser sionista y no ser judío; ser israelí y no ser judío; e incluso ser judío antisionista.

Esta distinción es fundamental porque, cuando se confunden estas categorías, la crítica legítima a determinadas políticas del Estado de Israel puede convertirse injustamente en hostilidad hacia los judíos, mientras que la defensa del Estado de Israel puede confundirse erróneamente con una defensa de todas sus políticas.

La cuestión que debemos estudiar es mucho más compleja.

¿Cómo se formó históricamente el pueblo judío? ¿Qué ocurrió con él después de la destrucción de los antiguos reinos israelitas? ¿Qué era Palestina antes de la creación de Israel? ¿Por qué surgió el sionismo en la Europa del siglo XIX? ¿Cómo intervino el Imperio otomano y posteriormente Gran Bretaña? ¿Qué ocurrió entre la Declaración Balfour y 1948? ¿Por qué la creación de Israel produjo una guerra? ¿Y por qué el conflicto continúa hasta nuestros días?

Para responder tenemos que recorrer varios milenios.


I. Los principales grupos e identidades dentro del pueblo judío

1. Judíos asquenazíes

Los asquenazíes constituyeron históricamente las comunidades judías de Europa central y oriental.

La palabra «Ashkenaz» procede de una denominación hebrea medieval asociada a Alemania y, posteriormente, al espacio judío europeo.

Durante siglos desarrollaron una cultura propia, caracterizada entre otras cosas por el uso del yidis, una lengua germánica con elementos hebreos, arameos y eslavos.

Las comunidades asquenazíes sufrieron persecuciones, expulsiones y pogromos, particularmente en Europa oriental. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, una parte importante de la emigración judía hacia Palestina y, sobre todo, hacia Estados Unidos, Argentina y otros países, procedía de este mundo.

Muchos de los protagonistas del sionismo político europeo procedían de ambientes asquenazíes.

Pero debemos evitar una simplificación: los asquenazíes no constituyen «los judíos europeos» en sentido absoluto, ni todos los judíos europeos compartían las mismas posiciones políticas.


2. Judíos sefardíes

Los sefardíes son los descendientes de las comunidades judías de la península Ibérica, especialmente después de las expulsiones de 1492 en Castilla y Aragón y de 1497 en Portugal.

La palabra «Sefarad» significa «España» en la tradición bíblica y posteriormente pasó a designar la tradición judía hispánica.

Los sefardíes se dispersaron por el norte de África, el Imperio otomano, Italia, los Países Bajos y otros territorios.

Desarrollaron una extraordinaria tradición intelectual y cultural.

Su lengua tradicional, el judeoespañol o ladino, constituye uno de los testimonios más interesantes de la supervivencia de una cultura hispanojudía después de la expulsión.

Es importante señalar que el mundo sefardí tampoco fue homogéneo. Las comunidades judías de Salónica, Sarajevo, Estambul, Marruecos o Jerusalén tuvieron historias diferentes.


3. Judíos mizrajíes

El término mizrají hace referencia principalmente a comunidades judías originarias de Oriente Medio y otras regiones de Asia.

Existieron comunidades judías en Babilonia, Persia, Yemen, Siria, Irak y otros lugares durante muchos siglos.

De hecho, existe aquí una paradoja histórica importante.

Cuando se habla de «los judíos» se tiende a pensar inmediatamente en Europa. Sin embargo, una parte considerable de la historia judía se desarrolló fuera de Europa.

La comunidad judía de Babilonia, por ejemplo, tuvo una importancia extraordinaria para la formación del judaísmo rabínico.

El Talmud de Babilonia constituye una de las grandes obras de la tradición judía.


4. Judíos religiosos y judíos seculares

Otra clasificación fundamental no es étnica, sino religiosa.

Existen judíos ortodoxos, ultraortodoxos, conservadores, reformistas, reconstruccionistas, movimientos religiosos liberales y personas culturalmente judías pero no religiosas.

También existen judíos completamente seculares.

Esto resulta particularmente importante cuando hablamos de sionismo.

El sionismo no nació simplemente como una consecuencia de la religión judía.

Nació principalmente como un movimiento nacional moderno del siglo XIX, aunque pudo apoyarse en una antigua memoria religiosa y cultural de retorno a Sion.


II. Judaísmo, tierra de Israel y memoria histórica

Para comprender el problema debemos retroceder mucho antes del nacimiento del sionismo.

La tradición bíblica sitúa en Canaán la formación de los antiguos pueblos israelitas.

Durante la Edad del Hierro aparecieron estructuras políticas que conocemos como los reinos de Israel y Judá.

El reino de Israel, en el norte, fue conquistado por el Imperio asirio en el siglo VIII a. C.

El reino de Judá sobrevivió hasta la conquista babilónica en el siglo VI a. C.

Jerusalén fue destruida y una parte importante de la población fue deportada a Babilonia.

Posteriormente, el Imperio persa permitió el retorno de parte de la población y la reconstrucción del templo de Jerusalén.

La historia posterior incluye la dominación helenística, la revuelta de los Macabeos, el período asmoneo y finalmente la incorporación del territorio al Imperio romano.

En el año 70 d. C., después de la gran rebelión judía contra Roma, el Segundo Templo de Jerusalén fue destruido.

En el año 132–135 d. C. tuvo lugar la rebelión de Bar Kojba.

Después de su derrota, Roma intensificó la reorganización de la provincia y utilizó el nombre «Syria Palaestina» para la provincia romana.

Esto no significa que en 135 desaparecieran los judíos de la región.

Eso sería históricamente falso.

Continuaron existiendo comunidades judías en Palestina durante siglos, especialmente en Galilea y Jerusalén, aunque la mayoría del pueblo judío terminó viviendo fuera de la región.


III. La diáspora judía

La palabra diáspora procede del griego y significa dispersión.

Pero tampoco debemos entender la diáspora como una desaparición completa de los judíos de Palestina.

La realidad histórica fue más compleja.

Existió una combinación de presencia judía permanente en la tierra de Israel y dispersión por distintas regiones.

Surgieron comunidades judías importantes en Babilonia, Persia, el norte de África, la península Ibérica y posteriormente Europa.

Durante la Edad Media, las comunidades judías desarrollaron formas extraordinariamente sofisticadas de organización religiosa, comercial e intelectual.

Pero también sufrieron persecuciones.

Hubo expulsiones, conversiones forzadas, pogromos, acusaciones de asesinato ritual, discriminaciones legales y violencia periódica.

La historia europea de los judíos no fue exclusivamente una historia de persecución, pero la persecución constituye un componente decisivo para comprender el surgimiento del sionismo moderno.


IV. La cuestión palestina antes del sionismo

Aquí debemos corregir otra idea frecuente.

Palestina no era un «Estado palestino» moderno antes de 1948.

Durante siglos estuvo integrada en diferentes estructuras imperiales.

Después de las conquistas árabes del siglo VII, el territorio pasó a formar parte del mundo islámico.

Posteriormente estuvo bajo diferentes poderes, incluidos los cruzados, los ayubíes, los mamelucos y finalmente el Imperio otomano.

Desde el siglo XVI hasta la Primera Guerra Mundial, Palestina formó parte del Imperio otomano.

La población era mayoritariamente árabe, principalmente musulmana, con importantes comunidades cristianas y judías.

Por tanto, en vísperas del siglo XX existía una población árabe palestina con una historia local considerable, pero todavía no existía un Estado-nación palestino independiente en el sentido moderno.

También existían comunidades judías históricas en Jerusalén, Hebrón, Safed y Tiberíades.

Esto es importante: la presencia histórica de los judíos y la presencia histórica de los árabes palestinos no se excluyen mutuamente.

Ambas forman parte de la historia de la región.


V. El nacimiento del nacionalismo moderno

Aquí aparece el verdadero punto de inflexión.

Durante el siglo XIX Europa experimentó el desarrollo de los nacionalismos.

Italianos, alemanes, húngaros, polacos y otros pueblos comenzaron a formular proyectos políticos basados en la idea de nación.

Los judíos también comenzaron a preguntarse:

¿Somos simplemente una comunidad religiosa dispersa o somos también un pueblo?

La respuesta varió enormemente.

Algunos judíos consideraron que la emancipación política y la integración en los Estados europeos eran suficientes.

Otros desarrollaron movimientos socialistas.

Otros defendieron formas de autonomía cultural.

Y otros comenzaron a defender el establecimiento de un hogar nacional judío.

De esta última corriente surgiría el sionismo moderno.


VI. ¿Qué es el sionismo?

El término Sion procede de Sion, nombre asociado tradicionalmente a Jerusalén.

El sionismo moderno surgió en Europa durante el siglo XIX.

Uno de sus principales representantes fue Theodor Herzl.

Herzl, periodista austrohúngaro de origen judío, publicó en 1896 «Der Judenstaat», traducido habitualmente como «El Estado judío».

Herzl sostenía que el antisemitismo europeo no podía resolverse simplemente mediante la asimilación.

Su propuesta era política:

crear un hogar nacional seguro para los judíos.

En 1897 se celebró en Basilea el Primer Congreso Sionista.

El movimiento comenzó entonces a adquirir una estructura política internacional.

Pero debemos hacer otra distinción.

No existe un único sionismo.

Hubo sionismo político, sionismo socialista, sionismo revisionista, sionismo religioso y otras corrientes.

El sionismo socialista tuvo gran importancia en la construcción de instituciones colectivas y posteriormente en la sociedad israelí.

El sionismo revisionista, asociado a Vladimir Jabotinsky, defendió una concepción más nacionalista y territorial.

El sionismo religioso combinó el nacionalismo judío con interpretaciones religiosas de la relación entre el pueblo judío y la tierra de Israel.

Por tanto, decir simplemente «el sionismo» puede ser tan impreciso como hablar de «el socialismo» sin distinguir sus corrientes.


VII. El problema fundamental: la tierra no estaba vacía

Aquí aparece uno de los puntos más delicados.

El movimiento sionista buscaba establecer un hogar nacional judío en una tierra que ya estaba habitada.

La inmigración judía aumentó especialmente desde finales del siglo XIX.

Llegaron diferentes oleadas de inmigrantes, conocidas como aliyot.

Compraron tierras, fundaron asentamientos, desarrollaron instituciones agrícolas, educativas, económicas y políticas.

Desde la perspectiva sionista, se trataba de reconstruir una vida nacional judía.

Desde la perspectiva de muchos habitantes árabes, se estaba produciendo una transformación demográfica y política de su territorio sin que ellos hubieran aceptado convertirse en una minoría dentro de un proyecto nacional ajeno.

Aquí aparece el núcleo moderno del conflicto.

Dos movimientos nacionales comenzaron a reivindicar el mismo territorio.


VIII. La Primera Guerra Mundial y la Declaración Balfour

La Primera Guerra Mundial destruyó el Imperio otomano.

Gran Bretaña pasó a controlar Palestina bajo el sistema de Mandatos de la Sociedad de Naciones.

En 1917 se produjo un acontecimiento decisivo: la Declaración Balfour.

El Gobierno británico manifestó su apoyo al establecimiento en Palestina de un «hogar nacional para el pueblo judío», aclarando que no debían perjudicarse los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes.

Pero apareció inmediatamente un problema.

Los árabes palestinos constituían la mayoría de la población.

La declaración no establecía un Estado judío, pero sí respaldaba un proyecto nacional judío en Palestina.

La tensión aumentó durante el Mandato británico.


IX. El Mandato británico

Entre 1920 y 1948 Palestina estuvo bajo administración británica.

Durante ese período aumentó la inmigración judía.

Al mismo tiempo, aumentó la oposición árabe.

Se produjeron episodios de violencia intercomunitaria.

Hubo disturbios en 1920, 1921 y 1929.

En 1936 comenzó la gran revuelta árabe palestina, dirigida contra el Mandato británico y contra la creciente inmigración y adquisición de tierras por parte de organizaciones judías.

Gran Bretaña respondió militarmente y mediante diversas propuestas políticas.

Mientras tanto, las instituciones judías desarrollaron una estructura política y militar cada vez más organizada.

La principal organización militar del movimiento sionista fue la Haganá.

También existieron organizaciones más radicales, como el Irgún y el Lehi.


X. El Holocausto cambia la dimensión del problema

Entre 1933 y 1945, la Alemania nazi y sus colaboradores asesinaron sistemáticamente a aproximadamente seis millones de judíos europeos.

El Holocausto constituye uno de los acontecimientos centrales de la historia contemporánea.

No fue la causa única del sionismo.

El sionismo ya existía desde hacía décadas.

Pero el Holocausto transformó radicalmente la percepción internacional de la cuestión judía.

Millones de supervivientes quedaron desplazados.

Muchos países restringieron la inmigración judía durante el período de persecución nazi y también después.

Para muchos judíos, la conclusión fue terrible pero aparentemente evidente:

si los judíos dependían exclusivamente de la protección de otros Estados, podían volver a quedar indefensos.

La idea de un Estado judío adquirió una legitimidad y una urgencia nuevas.


XI. El final del Mandato y el Plan de Partición

Después de la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña se mostró incapaz de resolver el conflicto.

La cuestión fue trasladada a las Naciones Unidas.

En 1947 la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 181, conocida como Plan de Partición.

Proponía dividir el territorio en un Estado árabe y un Estado judío, con un régimen internacional especial para Jerusalén.

La dirigencia sionista aceptó el plan como base para la creación del Estado.

La dirigencia árabe palestina y los Estados árabes lo rechazaron.

El rechazo se explica, entre otras razones, por la percepción de que la propuesta concedía una parte considerable del territorio a una población judía que todavía constituía una minoría.

Pero el conflicto ya había comenzado antes de la proclamación de Israel.


XII. 1948: nacimiento del Estado de Israel

El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión proclamó el establecimiento del Estado de Israel.

Al día siguiente terminó formalmente el Mandato británico.

Los Estados árabes vecinos intervinieron militarmente.

Comenzó la primera guerra árabe-israelí.

Israel consiguió sobrevivir y ampliar el territorio que le había asignado el Plan de Partición.

Al finalizar la guerra, Israel controlaba aproximadamente el 78 % de la Palestina bajo Mandato.

Jordania controló Cisjordania y Jerusalén Oriental.

Egipto controló la Franja de Gaza.

El Estado árabe palestino previsto por la ONU no llegó a establecerse.


XIII. La Nakba

Para los palestinos, 1948 recibe el nombre de Nakba, «catástrofe».

Durante la guerra, aproximadamente 700.000 palestinos huyeron o fueron expulsados de sus lugares de residencia. 

Centenares de localidades palestinas quedaron despobladas o fueron destruidas.

La cuestión de los refugiados se convirtió desde entonces en uno de los problemas centrales del conflicto.

Israel sostiene una narrativa histórica en la que la guerra fue provocada por el rechazo árabe a la partición y la invasión de los Estados árabes.

La narrativa palestina enfatiza la expulsión, la pérdida de tierras y la destrucción de comunidades.

Las dos narrativas contienen elementos históricos reales, pero ninguna debería utilizarse para borrar la experiencia histórica de la otra.


XIV. Los principales conflictos

1. Guerra árabe-israelí de 1948

Es la guerra asociada al nacimiento del Estado de Israel.

Consecuencias:

creación y consolidación del Estado de Israel;

desplazamiento masivo de población palestina;

ausencia de un Estado palestino;

establecimiento de las fronteras del armisticio de 1949;

nacimiento del problema de los refugiados palestinos.


2. Crisis de Suez de 1956

Israel, Gran Bretaña y Francia intervinieron militarmente contra Egipto después de la nacionalización del canal de Suez por Gamal Abdel Nasser.

La presión internacional, especialmente de Estados Unidos y la Unión Soviética, obligó finalmente a retirarse.

El episodio demostró que el conflicto regional estaba vinculado a la política internacional de la Guerra Fría.


3. Guerra de los Seis Días de 1967

Es probablemente el acontecimiento más importante para comprender el conflicto contemporáneo.

En junio de 1967 Israel derrotó a Egipto, Jordania y Siria.

Israel ocupó:

Cisjordania;

Jerusalén Oriental;

Franja de Gaza;

Península del Sinaí;

Altos del Golán.

El Sinaí fue posteriormente devuelto a Egipto.

Pero Cisjordania, Jerusalén Oriental y los Altos del Golán adquirieron una importancia decisiva en el conflicto territorial.

La ocupación de Cisjordania y la expansión de asentamientos israelíes constituyen desde entonces uno de los principales puntos de disputa.


4. Guerra de Yom Kippur de 1973

Egipto y Siria atacaron Israel en octubre de 1973.

Inicialmente consiguieron avances militares, pero Israel terminó recuperándose.

La guerra condujo posteriormente a un proceso diplomático que culminaría en los Acuerdos de Camp David y el tratado de paz entre Egipto e Israel de 1979.


5. Primera Guerra del Líbano, 1982

Israel invadió Líbano con el objetivo de combatir a la Organización para la Liberación de Palestina.

El conflicto produjo una importante crisis regional.

Durante esta guerra tuvo lugar la masacre de Sabra y Chatila, perpetrada por milicias falangistas libanesas en campos de refugiados palestinos, mientras fuerzas israelíes controlaban el área.

Una comisión israelí posterior, la Comisión Kahan, estableció responsabilidad indirecta y consideró al entonces ministro de Defensa Ariel Sharon responsable por no impedirla.


XV. La Primera Intifada

En 1987 comenzó la Primera Intifada palestina.

La palabra «intifada» significa aproximadamente «levantamiento» o «sacudida».

Fue una rebelión palestina principalmente popular contra la ocupación israelí.

El movimiento transformó la percepción internacional del conflicto.

También contribuyó a la aparición y consolidación de Hamás como actor político y religioso.


XVI. Los Acuerdos de Oslo

En 1993 Israel y la Organización para la Liberación de Palestina alcanzaron los Acuerdos de Oslo.

Yitzhak Rabin y Yasser Arafat se reconocieron mutuamente.

Se creó la Autoridad Palestina.

La idea era avanzar progresivamente hacia una solución negociada.

Pero el proceso fracasó.

Uno de los acontecimientos más traumáticos fue el asesinato de Yitzhak Rabin en 1995 por un extremista judío israelí contrario a los acuerdos.

El proceso de paz quedó posteriormente debilitado por nuevos atentados, expansión de asentamientos, conflictos políticos y falta de acuerdo sobre las cuestiones fundamentales.


XVII. La Segunda Intifada

Entre 2000 y aproximadamente 2005 tuvo lugar la Segunda Intifada.

Fue mucho más violenta que la primera.

Hubo atentados suicidas palestinos contra población israelí y operaciones militares israelíes en los territorios palestinos.

Israel comenzó además la construcción de la barrera de separación en Cisjordania.

El Tribunal Internacional de Justicia consideró en 2004 que determinados tramos de la barrera y el régimen asociado eran contrarios al derecho internacional, aunque Israel ha defendido la barrera como una medida de seguridad frente a los atentados.


XVIII. Gaza, Hamás y el conflicto contemporáneo

En 2005 Israel retiró sus asentamientos y fuerzas permanentes del interior de la Franja de Gaza.

En 2006 Hamás obtuvo una importante victoria electoral en las elecciones legislativas palestinas.

En 2007 Hamás tomó el control de Gaza después de enfrentamientos con Fatah.

Desde entonces el territorio palestino quedó políticamente dividido:

Cisjordania bajo predominio de la Autoridad Palestina/Fatah.

Gaza bajo control de Hamás.

Israel, junto con Egipto en su frontera, estableció un régimen de bloqueo sobre Gaza con distintos niveles de intensidad.

Desde 2008 se produjeron sucesivas guerras y operaciones militares entre Israel y Hamás y otros grupos armados palestinos.


XIX. El 7 de octubre de 2023

El 7 de octubre de 2023 Hamás y otros grupos armados palestinos lanzaron un ataque masivo contra Israel.

Murieron aproximadamente 1.200 personas, en su mayoría civiles, y fueron tomados como rehenes alrededor de 250.

El ataque incluyó asesinatos de civiles y otras graves violaciones del derecho internacional humanitario.

Israel respondió con una campaña militar de enorme magnitud sobre Gaza.

La guerra produjo una devastación extraordinaria en la Franja y un número muy elevado de muertos, heridos y desplazados palestinos.

La situación humanitaria se convirtió en una de las mayores preocupaciones internacionales.

Al mismo tiempo, continuaron los lanzamientos de cohetes, la cuestión de los rehenes, los enfrentamientos regionales y la expansión de la violencia en otros frentes.

Por tanto, el 7 de octubre no constituye el comienzo histórico del conflicto.

Es un nuevo capítulo, extremadamente grave, dentro de un conflicto que comenzó mucho antes.


XX. ¿Cuáles son realmente los problemas que impiden la paz?

Después de recorrer la historia, podemos reducir el conflicto contemporáneo a varias cuestiones fundamentales.

1. Territorio

¿Dónde deben estar las fronteras de Israel y de un eventual Estado palestino?


2. Jerusalén

Israel considera Jerusalén su capital.

Los palestinos reivindican Jerusalén Oriental como capital de su futuro Estado.

La ciudad posee además una importancia religiosa excepcional para judíos, cristianos y musulmanes.


3. Asentamientos israelíes

La expansión de asentamientos israelíes en Cisjordania constituye uno de los principales obstáculos para una solución territorial.

La comunidad internacional, en términos generales, considera ilegales los asentamientos israelíes establecidos en territorio ocupado desde 1967.

Israel mantiene posiciones jurídicas y políticas diferentes sobre esta cuestión.


4. Refugiados palestinos

Existen millones de refugiados palestinos registrados por UNRWA y sus descendientes.

La cuestión fundamental es:

¿Tienen derecho a regresar a sus antiguos lugares de residencia dentro del actual Israel?

Israel considera que un retorno masivo amenazaría el carácter judío del Estado.

Los palestinos consideran el derecho al retorno una cuestión fundamental de justicia histórica.


5. Seguridad de Israel

Israel sostiene que su principal preocupación es la seguridad.

Después del Holocausto, las guerras árabe-israelíes, los atentados y especialmente el 7 de octubre de 2023, esta cuestión posee un enorme peso en la sociedad israelí.

La pregunta es:

¿cómo puede garantizarse la seguridad israelí sin mantener indefinidamente una estructura de ocupación o de control sobre millones de palestinos?


6. Estado palestino

Los palestinos reivindican soberanía nacional.

La solución de dos Estados intenta resolver precisamente esta cuestión:

un Estado de Israel y un Estado palestino coexistiendo.

Sin embargo, la expansión territorial de los asentamientos, la fragmentación de Cisjordania, Jerusalén, Gaza y las cuestiones de seguridad hacen cada vez más complicada esa posibilidad.


7. Hamás

Hamás constituye otro elemento fundamental.

Es simultáneamente un movimiento político, social, religioso y armado.

Estados Unidos, la Unión Europea y otros actores consideran a Hamás una organización terrorista.

Hamás ha utilizado atentados y ataques contra civiles y ha defendido históricamente posiciones incompatibles con la existencia de Israel en sus formulaciones fundacionales.

Pero también es necesario distinguir entre Hamás y la población palestina.

No todo palestino es miembro de Hamás.

Del mismo modo, las acciones de Hamás no pueden utilizarse para convertir a toda la población palestina en responsable de sus actos.


XXI. El problema religioso

A primera vista podría parecer que estamos ante una guerra religiosa.

No es exactamente así.

El conflicto contemporáneo es fundamentalmente nacional, territorial y político, aunque utiliza símbolos religiosos extraordinariamente poderosos.

Jerusalén constituye el ejemplo perfecto.

Para el judaísmo, Jerusalén está vinculada al Templo y al centro espiritual de Israel.

Para el cristianismo, es el lugar de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Para el islam, alberga la mezquita de al-Aqsa y el Domo de la Roca y constituye uno de sus lugares sagrados fundamentales.

La religión no creó por sí sola el conflicto contemporáneo.

Pero proporciona una profundidad simbólica que hace mucho más difícil el compromiso.


XXII. Una cuestión particularmente delicada: ¿es el sionismo colonialismo?

Aquí debemos ser rigurosos.

Existen autores que interpretan el sionismo como una forma de colonialismo de asentamiento.

El argumento sostiene que un movimiento procedente principalmente de Europa se trasladó a un territorio habitado, desarrolló instituciones propias, adquirió tierras y finalmente creó un Estado que produjo el desplazamiento de buena parte de la población autóctona.

Otros historiadores rechazan esta explicación como insuficiente.

Argumentan que el pueblo judío posee una relación histórica milenaria con esa tierra, que los judíos no eran simplemente extranjeros europeos y que el sionismo fue también una respuesta a la persecución, al antisemitismo y finalmente al genocidio.

La discusión académica continúa.

Lo intelectualmente honesto es reconocer que ambas perspectivas intentan explicar dimensiones reales de la historia.

Reducir todo el sionismo a «colonialismo europeo» elimina la historia judía.

Reducir toda crítica al sionismo a «antisemitismo» elimina la historia palestina.

Ambas reducciones son intelectualmente pobres.


XXIII. ¿Es Israel un Estado colonial?

La respuesta depende del marco teórico utilizado.

Desde determinados enfoques poscoloniales, Israel puede analizarse mediante el concepto de colonialismo de asentamiento.

Desde otros enfoques históricos, Israel debe entenderse como un Estado nacional surgido de un pueblo perseguido y desplazado, con una relación histórica anterior con el territorio.

Además, existe una diferencia entre afirmar que determinadas políticas israelíes poseen características coloniales y afirmar que todos los judíos israelíes son colonizadores.

La segunda afirmación sería una generalización históricamente insostenible.


XXIV. La gran paradoja histórica

Aquí encontramos una de las tragedias fundamentales de esta historia.

El pueblo judío fue víctima durante siglos de persecución, discriminación y finalmente genocidio.

La creación de Israel pretendió proporcionar seguridad y autodeterminación nacional a ese pueblo.

Pero la creación de ese Estado produjo también el desplazamiento de cientos de miles de palestinos y dio lugar a un conflicto nacional que todavía continúa.

Es decir:

la solución de un problema histórico judío contribuyó a generar otro problema histórico palestino.

Esta afirmación no pretende establecer una relación moral de culpabilidad colectiva.

Describe una paradoja histórica.

Y precisamente por eso el conflicto es tan difícil.


XXV. Lo que no debemos decir

No debemos decir:

«Los judíos expulsaron a los palestinos simplemente porque son judíos».

Eso convierte un proceso histórico complejo en una explicación racial o religiosa.

Tampoco debemos decir:

«Los palestinos atacan a Israel simplemente porque odian a los judíos».

Eso ignora la cuestión territorial, la ocupación, los refugiados y el nacionalismo palestino.

Tampoco debemos decir:

«Israel apareció de la nada en 1948».

Existía una historia judía milenaria relacionada con la región y décadas de organización sionista previa a la fundación del Estado.

Tampoco debemos afirmar:

«Palestina era un Estado independiente que fue destruido en 1948».

No existía un Estado palestino soberano moderno antes de esa fecha.

Pero tampoco debemos afirmar:

«Como no existía un Estado palestino, los palestinos no tenían una historia ni derechos».

Eso sería igualmente falso.

Los palestinos constituían una población autóctona con vínculos familiares, económicos, culturales y religiosos con el territorio.


XXVI. La cuestión ética

Llegamos finalmente a una cuestión que trasciende la historia.

Un análisis histórico no debe convertirse en propaganda.

Podemos reconocer simultáneamente:

el derecho del pueblo judío a existir y vivir con seguridad;

el derecho del pueblo palestino a existir y vivir con dignidad y autodeterminación;

la gravedad del antisemitismo;

la gravedad de la islamofobia y del racismo antipalestino;

la ilegitimidad de atacar deliberadamente a civiles;

la ilegitimidad de utilizar el sufrimiento de una población civil como instrumento de guerra;

la necesidad de proteger a los civiles independientemente de su nacionalidad;

y la obligación de distinguir entre responsabilidad individual, responsabilidad política y responsabilidad colectiva.

Desde una perspectiva ética, un niño israelí no es responsable de las decisiones de su Gobierno.

Un niño palestino tampoco es responsable de las decisiones de Hamás.

La dignidad humana no puede depender de la bandera que uno tenga encima.


XXVII. Una lectura antropológica

Desde la antropología cultural podemos observar que Israel-Palestina constituye un conflicto de memoria.

Cada comunidad posee sus propios acontecimientos fundacionales.

Para muchos judíos:

Éxodo.

Tierra prometida.

Jerusalén.

Exilio.

Persecución.

Holocausto.

Sionismo.

Independencia de Israel.

Para los palestinos:

Arabidad histórica.

Vida en las ciudades y aldeas palestinas.

Fin del Imperio otomano.

Mandato británico.

Pérdida de tierras.

Nakba.

Refugio.

Ocupación.

Intifadas.

Desplazamiento.

Ambas memorias construyen identidad.

Y cuando dos comunidades consideran que su propia existencia histórica está amenazada por la existencia del otro, el conflicto deja de ser solamente territorial.

Se convierte en un conflicto ontológico:

«Si el otro tiene razón, ¿qué queda de mi propia historia?»

Esta es posiblemente una de las razones más profundas de la resistencia de ambas partes a determinadas narrativas históricas.


XXVIII. Conclusión

Después de todo este recorrido podemos formular una conclusión.

El conflicto entre israelíes y palestinos no comenzó en 1948.

Tampoco comenzó en 1967.

Ni comenzó el 7 de octubre de 2023.

1948 es el año de la creación del Estado de Israel y de la Nakba palestina.

1967 es el año que inaugura la ocupación israelí de Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza, además de otros territorios posteriormente restituidos o incorporados.

1987 marca el comienzo de la Primera Intifada.

1993 representa el gran intento de negociación mediante Oslo.

2000 inaugura la Segunda Intifada.

2007 consolida la división política palestina entre Gaza y Cisjordania.

2023 abre una nueva fase de guerra regional y humanitaria de extraordinaria gravedad.

Pero debajo de todos estos acontecimientos existen cinco preguntas que todavía no han encontrado una respuesta satisfactoria:

¿Dónde termina Israel?

¿Dónde comienza Palestina?

¿Qué ocurre con Jerusalén?

¿Qué sucede con los refugiados palestinos?

¿Cómo puede garantizarse simultáneamente la seguridad de Israel y la libertad y autodeterminación de los palestinos?

Mientras estas cuestiones permanezcan sin resolver, el conflicto continuará encontrando nuevas formas de manifestarse.

Y aquí aparece la conclusión más importante de toda la exposición:

No necesitamos elegir entre la historia judía y la historia palestina.

Necesitamos conocer ambas.

Reconocer el sufrimiento de los judíos europeos no obliga a negar el sufrimiento palestino.

Reconocer la Nakba palestina no obliga a negar el derecho de los judíos a existir y vivir seguros.

Condenar los ataques contra civiles israelíes no obliga a justificar toda política del Gobierno de Israel.

Criticar la ocupación o los asentamientos israelíes no convierte automáticamente a una persona en antisemita.

La verdadera dificultad intelectual consiste precisamente en sostener simultáneamente varias verdades históricas que resultan incómodas.

Y quizá esa sea la primera condición para hablar de paz:

que ninguna comunidad tenga que desaparecer de la memoria para que la otra pueda existir.

El problema de Israel y Palestina no es solamente quién posee una tierra.

Es también quién tiene derecho a contar su historia sobre esa tierra.

Y mientras dos pueblos consideren que reconocer la memoria del otro significa negar la propia, la historia continuará siendo utilizada no como puente, sino como arma.

viernes, 21 de agosto de 2026

Actualidad y aplicaciones de la fenomenología en la salud mental y la psiquiatría



Actualidad y aplicaciones de la fenomenología en la salud mental y la psiquiatría


Introducción: cuando la enfermedad mental no puede reducirse a un objeto

La psiquiatría contemporánea posee una extraordinaria capacidad descriptiva y terapéutica. Puede clasificar síntomas, establecer diagnósticos, estudiar correlatos neurobiológicos y administrar tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos. Sin embargo, existe una pregunta que ninguna clasificación puede eliminar:

¿Qué significa para una persona vivir aquello que nosotros llamamos «enfermedad mental»?

Esta pregunta introduce una diferencia fundamental entre estudiar una alteración psíquica como objeto y comprender cómo esa alteración transforma el mundo vivido de quien la padece.

No es lo mismo describir clínicamente:

«El paciente presenta anhedonia, retraimiento social, alteraciones del sueño y sentimientos de inutilidad».

que intentar comprender:

«¿Cómo ha cambiado para esta persona la experiencia del tiempo, de su propio cuerpo, de los otros y de las posibilidades futuras de su existencia?».

La primera descripción es indispensable.

La segunda también.

Y precisamente en este segundo ámbito la fenomenología conserva una extraordinaria actualidad.

La fenomenología permite desplazar parcialmente la pregunta desde:

«¿Qué enfermedad tiene esta persona?»

hacia:

«¿Cómo se configura su experiencia del mundo, de sí misma, de los otros y de su propio cuerpo?»

Este desplazamiento no pretende sustituir la medicina por la filosofía. Pretende impedir que el paciente desaparezca detrás de su diagnóstico.


1. ¿Qué entendemos por fenomenología?

La fenomenología nace fundamentalmente con Edmund Husserl a comienzos del siglo XX.

Su proyecto parte de una exigencia metodológica:

volver a las cosas mismas (zu den Sachen selbst).

Esto significa, simplificando pero sin deformar demasiado su pensamiento, prestar atención a cómo los fenómenos se dan a la conciencia antes de reducirlos inmediatamente a explicaciones causales.

Husserl introduce aquí una distinción decisiva entre la experiencia vivida y la explicación objetiva de esa experiencia.

Si una persona tiene miedo, podemos estudiar neurobiológicamente qué ocurre en su cerebro, qué neurotransmisores participan o qué respuestas fisiológicas aparecen.

Todo ello es legítimo.

Pero existe otra pregunta:

¿cómo se experimenta ese miedo?

El miedo puede hacer que una habitación parezca amenazante, que determinados sonidos adquieran una intensidad extraordinaria y que el futuro aparezca como peligro.

La fenomenología estudia precisamente esta configuración de la experiencia.


2. La conciencia como intencionalidad

Una de las categorías fundamentales de Husserl es la intencionalidad.

La conciencia no es simplemente una especie de recipiente interior donde se almacenan representaciones.

La conciencia es siempre conciencia de algo.

Percibir es percibir algo.

Recordar es recordar algo.

Temer es temer algo.

Desear es desear algo.

Amar es amar a alguien o algo.

Esperar es esperar algo.

La conciencia se encuentra estructuralmente orientada hacia un mundo.

Esto tendrá consecuencias enormes para la psiquiatría.

Una alteración mental no afecta solamente a determinados contenidos internos.

Puede modificar la manera en que el sujeto está abierto al mundo.


3. Del cerebro al mundo vivido

Imaginemos dos personas caminando por una calle.

Para una, la calle es un espacio cotidiano.

Para otra, debido a una experiencia psicótica grave, puede convertirse en un espacio cargado de significados amenazantes.

Las personas que pasan pueden parecerle observadores.

Una conversación distante puede adquirir una significación personal.

Un automóvil puede ser interpretado como una señal.

Desde fuera podemos decir:

«Eso es un delirio».

Pero la fenomenología pregunta algo adicional:

¿cómo se ha constituido ese mundo en el que esa interpretación resulta posible para el sujeto?

Esta pregunta es extraordinariamente importante.

No significa aceptar como verdadera la interpretación delirante.

Significa intentar comprender su estructura experiencial.


4. Karl Jaspers: comprender y explicar

Aquí debemos introducir a Karl Jaspers, figura fundamental de la psicopatología fenomenológica.

Su obra Allgemeine Psychopathologie (Psicopatología general, 1913) constituye uno de los grandes hitos de la psiquiatría del siglo XX.

Jaspers distingue, con diferentes matices, entre explicar (Erklären) y comprender (Verstehen).

Explicar busca relaciones causales.

Comprender intenta captar conexiones de sentido dentro de la experiencia vivida.

Por ejemplo, podemos explicar fisiológicamente determinados síntomas.

Pero también podemos comprender cómo una experiencia traumática transforma la relación de una persona con el mundo.

Jaspers no pretendía eliminar la explicación científica.

Su propuesta era evitar que la psiquiatría se redujera exclusivamente a ella.

Esta distinción continúa siendo extraordinariamente actual.


5. La fenomenología no es introspección

Hay que hacer aquí una precisión importante.

La fenomenología clínica no consiste simplemente en preguntar al paciente:

«¿Cómo te sientes?»

y tomar su respuesta como una descripción completa de la realidad.

La fenomenología exige una descripción rigurosa de las estructuras de la experiencia.

Interesa, por ejemplo:

cómo aparece el tiempo;

cómo se experimenta el cuerpo;

cómo se constituye el espacio;

cómo aparecen los otros;

cómo se experimenta el yo;

cómo se relacionan percepción, memoria, afectividad y acción;

cómo se modifican las posibilidades futuras.

Por tanto, la fenomenología clínica no es sentimentalismo.

Es una disciplina descriptiva.


6. Minkowski y la experiencia del tiempo

Eugène Minkowski desarrolló algunas de las aplicaciones más interesantes de la fenomenología a la psicopatología.

Su trabajo sobre la esquizofrenia y la experiencia temporal es especialmente importante.

Para una persona deprimida, por ejemplo, el futuro puede dejar de aparecer como un horizonte abierto de posibilidades.

El futuro se vuelve pesado.

La acción pierde sentido.

El presente puede convertirse en una repetición interminable.

En una experiencia maníaca, por el contrario, el futuro puede aparecer excesivamente abierto, acelerado y lleno de posibilidades.

No se trata simplemente de que el paciente «piense demasiado rápido».

Es posible que se haya transformado su propia experiencia temporal.

Esta es una de las grandes aportaciones de la fenomenología:

el tiempo psicológico no es simplemente el tiempo del reloj.


7. Binswanger y la existencia

Ludwig Binswanger incorporó elementos de Husserl y Heidegger a la psiquiatría.

Con él aparece una concepción más existencial de la enfermedad mental.

El ser humano no existe aislado.

Existe en un mundo.

Tiene relaciones.

Tiene proyectos.

Tiene posibilidades.

Tiene una historia.

Tiene un cuerpo.

Tiene una relación con la muerte.

Tiene una determinada manera de habitar el espacio y el tiempo.

Desde esta perspectiva, la psicopatología puede implicar una transformación de la estructura global del existir.

No solamente:

«algo está fallando dentro del cerebro».

Sino:

«la manera en que esta persona habita el mundo se ha transformado».


8. Heidegger: existencia y mundo

Martin Heidegger no fue psiquiatra, pero su ontología tuvo una influencia profunda en la psiquiatría fenomenológica y existencial.

Su concepto de Dasein permite pensar al ser humano no como una cosa aislada, sino como un ser situado en un mundo.

El ser humano no aparece primero como una entidad encerrada dentro de sí misma y después establece relaciones.

Desde el comienzo está siendo-en-el-mundo.

Esta idea resulta extraordinariamente fértil para la salud mental.

Porque permite comprender que la enfermedad puede modificar:

la relación con los otros;

la relación con el propio cuerpo;

la relación con el espacio;

la relación con el tiempo;

la relación con las posibilidades;

la relación con la propia existencia.


9. Merleau-Ponty y el cuerpo vivido

Aquí debemos introducir a Maurice Merleau-Ponty.

Su fenomenología del cuerpo constituye uno de los recursos más poderosos para la psiquiatría contemporánea.

Merleau-Ponty distingue implícitamente entre el cuerpo considerado como objeto biológico y el cuerpo vivido (Leib en la tradición fenomenológica).

Mi cuerpo no es únicamente:

huesos;

músculos;

órganos;

neuronas;

sangre.

Es también aquello mediante lo cual estoy presente en el mundo.

Yo no «tengo» simplemente un cuerpo.

En cierto sentido, soy corporalmente mi estar-en-el-mundo.

Esta perspectiva resulta fundamental para comprender trastornos en los que la experiencia corporal se encuentra profundamente alterada.


10. El cuerpo en la depresión

Pensemos nuevamente en la depresión.

Desde el punto de vista clínico pueden identificarse síntomas como:

fatiga;

alteración del sueño;

pérdida de interés;

disminución de energía;

alteraciones psicomotoras.

Pero fenomenológicamente puede aparecer algo mucho más profundo:

el cuerpo deja de ofrecerse como posibilidad de acción.

Levantarse de la cama puede parecer una tarea desproporcionada.

El espacio doméstico puede adquirir una densidad extraordinaria.

El futuro deja de convocar.

El cuerpo pesa.

El mundo pierde atractivo.

Esta descripción no sustituye al diagnóstico.

Lo profundiza.


11. La esquizofrenia y la alteración del sentido de sí

Uno de los campos contemporáneos donde la fenomenología ha adquirido especial relevancia es el estudio de la esquizofrenia.

Autores como Louis Sass y Josef Parnas han trabajado sobre las alteraciones de la experiencia del yo y de la subjetividad.

Algunas personas con esquizofrenia pueden experimentar fenómenos como:

una sensación de que sus pensamientos no les pertenecen;

una experiencia de pérdida de la familiaridad del mundo;

una hiperreflexividad extraordinaria;

alteraciones de la frontera entre uno mismo y los otros;

experiencias de influencia externa.

La fenomenología intenta describir estas alteraciones no solamente como una lista de síntomas, sino como modificaciones de la estructura de la subjetividad.

Esto puede aportar una comprensión más fina de determinados fenómenos psicóticos.


12. El concepto de «self» mínimo

Una línea contemporánea particularmente interesante estudia lo que algunos autores denominan minimal self, el «yo mínimo».

Antes de tener una autobiografía, una profesión, una nacionalidad o una historia personal, existe una experiencia más elemental de ser quien vive una experiencia.

Yo experimento el mundo desde «aquí».

Mis experiencias aparecen como «mías».

Mi cuerpo se presenta como mi cuerpo.

La fenomenología estudia estas estructuras pre-reflexivas de la subjetividad.

En determinadas formas de psicopatología pueden aparecer alteraciones precisamente en este nivel.

Esto permite comprender algunos síntomas psicóticos de manera diferente a la simple idea de «creencias irracionales».


13. La depresión y la pérdida de posibilidades

La fenomenología existencial también permite comprender la depresión mediante el concepto de posibilidad.

Una persona sana puede experimentar:

«Podría hacer esto».

«Podría viajar».

«Podría llamar a alguien».

«Podría comenzar un proyecto».

«Mañana puede ocurrir algo».

La depresión puede reducir radicalmente ese horizonte.

No necesariamente porque la persona haya realizado un razonamiento lógico según el cual ninguna posibilidad existe.

Puede suceder algo más profundo:

las posibilidades dejan de aparecer como posibilidades vivas.

El futuro se cierra fenomenológicamente.

Esta comprensión puede resultar clínicamente valiosa porque permite escuchar al paciente más allá de la simple enumeración de síntomas.


14. La ansiedad y el mundo amenazante

La ansiedad también puede ser estudiada fenomenológicamente.

En una ansiedad intensa, el problema no consiste simplemente en experimentar un aumento de determinadas respuestas fisiológicas.

El mundo entero puede adquirir una tonalidad amenazante.

El cuerpo se vuelve hipervigilante.

El futuro se vuelve incierto.

Las posibilidades se reducen.

El sujeto anticipa constantemente.

La fenomenología permite describir esta modificación global del horizonte experiencial.


15. Trauma y mundo vivido

El estudio fenomenológico del trauma ofrece igualmente posibilidades importantes.

Después de un acontecimiento traumático, la persona puede experimentar:

una alteración de la confianza básica;

una modificación de la experiencia corporal;

una relación diferente con determinados lugares;

una hipervigilancia constante;

una experiencia alterada del tiempo;

una dificultad para proyectarse hacia el futuro.

El trauma no es únicamente un acontecimiento ocurrido «en el pasado».

Puede reorganizar el presente y el futuro.

La fenomenología permite comprender esta dimensión temporal y existencial.


16. El otro: intersubjetividad y salud mental

Otro concepto fundamental es la intersubjetividad.

El ser humano no constituye su identidad completamente en soledad.

La experiencia del otro forma parte de nuestra propia existencia.

Aprendemos a reconocernos mediante relaciones.

El otro puede ser:

rostro;

mirada;

interlocutor;

amigo;

familia;

comunidad;

amenaza;

objeto de amor.

Cuando se altera la experiencia de los otros, puede transformarse radicalmente el mundo.

Esto resulta especialmente importante en determinados trastornos psicóticos, trastornos de personalidad, experiencias traumáticas y condiciones relacionadas con el aislamiento social.

17. La fenomenología y la relación médico-paciente

Aquí encontramos una aplicación práctica inmediata.

La medicina moderna corre permanentemente el riesgo de convertir al paciente en un «caso».

«Esquizofrenia».

«Depresión mayor».

«Trastorno bipolar».

«Trastorno de ansiedad».

El diagnóstico es necesario.

Pero el diagnóstico no es la persona.

La fenomenología puede ayudar al profesional a realizar un movimiento intelectual y clínico:

pasar del paciente como objeto de diagnóstico al paciente como sujeto de experiencia.

Esto no significa abandonar los criterios diagnósticos.

Significa complementarlos con una comprensión de la experiencia vivida.


18. Fenomenología y entrevista clínica

Una entrevista fenomenológicamente orientada puede explorar cuestiones como:

«¿Cómo experimenta usted su propio cuerpo?»

«¿Cómo ha cambiado su relación con el tiempo?»

«¿Qué significa para usted salir de casa?»

«¿Cómo experimenta la presencia de otras personas?»

«¿Siente que sus pensamientos son realmente suyos?»

«¿Cómo experimenta el futuro?»

«¿Ha cambiado la manera en que las cosas que antes eran familiares aparecen ante usted?»

Estas preguntas pueden producir información clínica que difícilmente aparece en una lista convencional de síntomas.


19. La psiquiatría de precisión necesita también precisión fenomenológica

Vivimos en una época fascinada por la medicina de precisión.

Biomarcadores.

Neuroimagen.

Genética.

Inteligencia artificial.

Big Data.

Modelos computacionales.

Todo esto posee enormes posibilidades.

Pero existe una paradoja.

Cuanto más sofisticadas se vuelven nuestras herramientas para medir el cerebro, mayor puede ser la necesidad de preguntar:

¿qué experiencia humana estamos intentando explicar?

Una resonancia magnética puede mostrar actividad cerebral.

Pero no puede, por sí sola, decirnos qué significa para una persona experimentar su propio cuerpo como extraño.

Una escala puede cuantificar la intensidad de una depresión.

Pero no agota la experiencia del tiempo vivido por quien está deprimido.

Un algoritmo puede clasificar patrones.

Pero clasificar no equivale necesariamente a comprender.


20. Fenomenología y neurociencia

Aquí aparece uno de los desarrollos contemporáneos más interesantes: el diálogo entre fenomenología y ciencias cognitivas.

La llamada cognición corporizada (embodied cognition), las aproximaciones enactiva y situada, y determinadas líneas de neurofenomenología han recuperado la importancia del cuerpo, el entorno y la experiencia.

Francisco Varela fue especialmente importante para este diálogo.

La idea fundamental es que la mente no debe comprenderse exclusivamente como un ordenador encerrado dentro del cráneo.

La cognición se encuentra relacionada con:

cerebro;

cuerpo;

entorno;

acción;

experiencia.

Esto abre posibilidades extraordinarias para el diálogo entre fenomenología y neurociencia.


21. Thomas Fuchs: cuerpo, cerebro y psiquiatría

Entre los autores contemporáneos más relevantes encontramos a Thomas Fuchs.

Fuchs ha desarrollado una fenomenología de la enfermedad mental centrada en la corporalidad, la temporalidad, la intersubjetividad y la relación entre cerebro y organismo.

Su planteamiento permite cuestionar una reducción excesivamente cerebralista de la psiquiatría.

El cerebro es fundamental.

Pero la persona no es simplemente «un cerebro».

El cerebro pertenece a un organismo.

El organismo pertenece a un mundo.

Y la persona existe dentro de relaciones.

Esta perspectiva puede expresarse mediante una cadena:

cerebro → organismo → cuerpo vivido → mundo → relaciones → persona.

No son niveles independientes.

Están profundamente entrelazados.


22. La persona no es reducible al diagnóstico

Aquí aparece una conclusión antropológica importante.

Una persona diagnosticada con esquizofrenia sigue siendo:

persona;

sujeto;

ser corporal;

ser relacional;

ser histórico;

ser abierto al futuro.

El diagnóstico describe una condición.

No define ontológicamente a la persona.

Esta distinción tiene consecuencias éticas enormes.

Porque si confundimos:

«tiene una enfermedad mental»

con:

«es su enfermedad mental»,

hemos reducido la persona a una categoría clínica.

La fenomenología constituye una defensa filosófica contra esa reducción.


23. Fenomenología y dignidad

La dignidad humana no depende de la capacidad cognitiva intacta.

Esto adquiere especial importancia en psiquiatría.

Una persona en estado psicótico no deja de ser persona.

Una persona con demencia no deja de ser persona.

Una persona profundamente deprimida no deja de ser persona.

Una persona con discapacidad intelectual no deja de ser persona.

La fenomenología, al insistir en la experiencia subjetiva y en la estructura del ser-en-el-mundo, contribuye a una antropología clínica que no reduce al individuo a sus capacidades funcionales.


24. Un límite necesario: la fenomenología no cura por sí sola

Aquí debemos ser intelectualmente rigurosos.

Sería un error afirmar:

«La fenomenología demuestra que los medicamentos no sirven».

No.

Tampoco demuestra que:

«la enfermedad mental sea únicamente una construcción social».

Tampoco permite sustituir la farmacología, la neurología, la psicoterapia o la medicina basada en evidencia.

La fenomenología cumple otra función.

Describe y analiza la experiencia.

Puede contribuir al diagnóstico diferencial.

Puede mejorar la entrevista clínica.

Puede enriquecer la formulación del caso.

Puede ayudar a comprender la experiencia del paciente.

Puede contribuir a una relación clínica más humana.

Pero no constituye por sí misma una terapia universal.


25. El problema del reduccionismo

La verdadera oposición no debería formularse como

biología contra fenomenología.

La cuestión más profunda es:

reduccionismo contra integración.

Una persona puede experimentar una enfermedad mental debido a una compleja interacción de:

genética;

neurobiología;

historia personal;

trauma;

relaciones;

contexto social;

cultura;

hábitos;

condiciones materiales;

experiencia subjetiva.

Una psiquiatría verdaderamente integral necesita mantener abiertos estos niveles.

La fenomenología puede contribuir especialmente a impedir que el nivel subjetivo sea eliminado.


26. Fenomenología y psicoterapia

La influencia fenomenológica también aparece indirectamente en diversas corrientes psicoterapéuticas, especialmente en las aproximaciones existenciales y humanistas.

La terapia centrada en la persona de Carl Rogers, aunque no sea simplemente una aplicación directa de Husserl, comparte con la fenomenología una preocupación por la experiencia subjetiva del paciente.

La psicoterapia existencial también se encuentra profundamente vinculada a cuestiones fenomenológicas:

libertad;

responsabilidad;

muerte;

aislamiento;

sentido;

relación;

autenticidad;

posibilidad.

La psicoterapia deja entonces de preguntar exclusivamente:

«¿Qué mecanismo produce este síntoma?»

y puede preguntar también:

«¿Qué significa este síntoma dentro de la existencia concreta de esta persona?»


27. El sentido y Viktor Frankl

Aquí merece una mención Viktor Frankl.

Frankl no puede identificarse sin más con Husserl, Heidegger o la fenomenología académica, pero su logoterapia pertenece al amplio horizonte de las psicoterapias existenciales.

Su concepto de sentido adquiere especial importancia.

El sufrimiento humano no se reduce a un problema de eliminación del dolor.

La persona también pregunta:

«¿Para qué seguir viviendo?»

Esta pregunta no puede responderse mediante una analítica de laboratorio.

Requiere una comprensión de la existencia.

Aquí vuelve a aparecer una de las grandes preguntas que ya encontramos en Wittgenstein:

el sentido de la vida no es un hecho más dentro del mundo.


28. Una nueva concepción de la salud mental

Desde una perspectiva fenomenológica, la salud mental podría entenderse no únicamente como ausencia de síntomas.

Implica también una determinada capacidad de:

habitar el mundo;

relacionarse con otros;

experimentar continuidad del yo;

proyectarse hacia el futuro;

sentir el cuerpo como propio;

actuar sobre el entorno;

reconocer posibilidades;

establecer relaciones significativas.

Esto no pretende reemplazar las definiciones clínicas.

Es una ampliación antropológica.


29. El futuro de la fenomenología psiquiátrica

La fenomenología puede tener especial importancia en varios campos contemporáneos.

Primero, en la evaluación de experiencias psicóticas, especialmente en la comprensión de alteraciones del sentido de sí y de la percepción del mundo.

Segundo, en la depresión, mediante el estudio de temporalidad, corporalidad y pérdida de posibilidades.

Tercero, en el trauma, mediante el análisis de memoria, corporalidad, temporalidad y confianza básica.

Cuarto, en los trastornos de la experiencia corporal, donde resulta esencial comprender la diferencia entre cuerpo objetivo y cuerpo vivido.

Quinto, en la relación médico-paciente, favoreciendo una medicina centrada en la persona.

Sexto, en el diálogo entre psiquiatría, neurociencia y ciencias cognitivas.

Séptimo, en la discusión sobre inteligencia artificial y subjetividad, porque obliga a preguntar qué significa realmente tener una experiencia.


30. Una cuestión especialmente contemporánea: ¿puede una IA tener experiencia?

Aquí la fenomenología adquiere una relevancia inesperada.

Podemos construir sistemas capaces de:

hablar;

razonar;

reconocer imágenes;

generar textos;

imitar emociones;

describir estados psicológicos.

Pero la fenomenología obliga a formular una pregunta mucho más difícil:

¿existe experiencia vivida?

Una máquina puede afirmar:

«Estoy triste».

Pero ¿hay tristeza vivida?

Puede describir el color rojo.

Pero ¿existe una experiencia del rojo?

Puede utilizar correctamente la palabra «dolor».

Pero ¿hay dolor?

Estas preguntas nos conducen directamente al problema fenomenológico de la conciencia.

Y demuestran que la fenomenología no pertenece únicamente al siglo XX.

Está entrando en uno de los debates filosóficos más importantes del siglo XXI.

Conclusión: volver al sujeto sin abandonar la ciencia

La gran aportación de la fenomenología a la salud mental no consiste en proporcionar una medicina alternativa.

Su contribución es más profunda.

Nos recuerda que antes de ser:

un diagnóstico,

una puntuación,

una imagen cerebral,

un neurotransmisor,

un patrón estadístico,

un expediente clínico,

el paciente es alguien que experimenta.

Tiene un cuerpo.

Tiene una historia.

Tiene relaciones.

Tiene memoria.

Tiene expectativas.

Tiene miedo.

Tiene deseos.

Tiene un horizonte de posibilidades.

Tiene una determinada manera de habitar el mundo.

Y cuando aparece la enfermedad mental, no necesariamente se rompe solamente una función determinada.

Puede transformarse la arquitectura misma de la experiencia.

El tiempo puede hacerse insoportable.

El espacio puede volverse amenazante.

El cuerpo puede dejar de sentirse propio.

Los otros pueden adquirir significados nuevos.

El futuro puede cerrarse.

El mundo puede perder familiaridad.

El yo puede fragmentarse.

Comprender estas transformaciones constituye una tarea fundamental de la psicopatología fenomenológica.

Por eso, la pregunta decisiva para una psiquiatría del futuro no debería ser:

«¿Fenomenología o neurociencia?»

Esa es una falsa disyuntiva.

La cuestión debería ser:

¿cómo podemos integrar la explicación científica de la enfermedad con la comprensión rigurosa de la experiencia de la persona enferma?

La neurociencia puede ayudarnos a comprender qué ocurre en el cerebro.

La farmacología puede modificar determinados procesos.

La psicoterapia puede intervenir sobre determinadas estructuras de experiencia y relación.

La medicina puede tratar el organismo.

Pero la fenomenología recuerda algo que ninguna tecnología debería permitirnos olvidar:

el objeto de la psiquiatría no es solamente el cerebro enfermo; es la persona que vive una existencia transformada por la enfermedad.

Y quizá esta sea su vigencia más radical.

En una época que dispone de instrumentos cada vez más poderosos para observar, medir, clasificar y predecir, la fenomenología nos obliga a recuperar una pregunta elemental:

¿qué significa estar ahí, siendo alguien, viviendo este mundo, desde este cuerpo y desde esta historia?

Mientras exista un ser humano que pueda sufrir y preguntarse por el sentido de aquello que está viviendo, la fenomenología seguirá teniendo algo que decir.

Y, fiel a su propia tradición, quizá su primera obligación sea enseñarnos a escuchar antes de explicar.