sábado, 27 de diciembre de 2025

Bonhöffer: Carta de Navidad desde a cárcel



BONHÖFFER: CARTA DE NAVIDAD DESDE LA CÁRCEL

[Tegel] 17 de diciembre 1943

No me queda más remedio que escribiros ya una carta navideña en previsión de lo que pueda pasar. Aunque supera mi capacidad de comprensión el que posiblemente quieran retenerme aquí hasta después de navidad, en los ocho meses y medio pasados he aprendido a tener por verosímil lo inverosímil y a soportar con un sacrificium intellectus lo que no me es posible cambiar. Aunque ciertamente este «sacrificium» no es completo y el «intellectus» prosigue en silencio sus propios caminos.

Ante todo, no os vayáis a imaginar que me deje abatir por estas navidades que pasaré en solitario; ocuparán para siempre un lugar especial en la serie de variadas navidades que he celebrado en España, en América y en Inglaterra. Y no quiero recordar en el futuro con vergüenza estos días, sino evocarlos con cierto orgullo. Es lo único que nadie podrá quitarme.

Pero el hecho de que nadie os ahorre a vosotros, a María y a mis hermanos y amigos la tristeza de saberme en la cárcel estas navidades, y de que por esta causa una sombra se cierna sobre las escasas horas de alegría que aún podéis disfrutar en estos tiempos, sólo lo podré soportar porque creo y sé que vosotros no pensaréis de modo distinto que yo, y que estamos de acuerdo sobre nuestra actitud ante estas fiestas de navidad. Y no puede ser de otra manera, porque dicha actitud no es sino una herencia espiritual vuestra. No es preciso que os diga cuán grande es mi anhelo de libertad y de todos vosotros. Pero durante tantas décadas nos habéis deparado unas navidades tan incomparablemente hermosas, que su grato recuerdo es lo suficientemente fuerte como para poder iluminar incluso unas navidades más oscuras. En unos tiempos como éstos, es cuando realmente queda patente lo que significa poseer un pasado y una herencia interior independiente del cambio de los tiempos y de las contingencias. La conciencia de estar sostenido por una tradición espiritual que se remonta a varios siglos nos da una sensación de cobijo frente a todas las pesadumbres pasajeras. Creo que quien se sabe en posesión de tales reservas de fuerza, no debe avergonzarse de sentirse embargado por unos sentimientos más tiernos, que a mi parecer son los más nobles y mejores del hombre, si los suscita el recuerdo de un pasado bueno y rico. Tales sentimientos no dominarán a quien mantiene firme unos valores que ningún hombre puede quitarle.

Desde el punto de vista cristiano, unas navidades pasadas en la celda de una prisión no plantean ningún problema especial. En esta casa habrá posiblemente muchos que celebren unas navidades más auténticas y llenas de sentido que allí donde sólo se conserva el nombre de esta fiesta. El que la miseria, el sufrimiento, la pobreza, la soledad, el desamparo y la culpa tienen un significado muy diferente ante los ojos de Dios que en el juicio de los hombres; el que Dios se vuelve precisamente hacia el lugar de donde acostumbra a apartarse el hombre; el que Cristo nació en un establo, porque no hubo sitio para él en la hospedería, esto lo comprende un preso mucho mejor que cualquier otra persona, y para él significa una auténtica buena nueva. Al creer esto, el recluso sabe que participa en la comunión de los cristianos, que rebasa todos los límites temporales y espaciales, y los muros de la cárcel dejan de tener importancia para él.

Pensaré mucho en vosotros en la nochebuena, y quisiera que creyeseis que también yo pasaré unas horas verdaderamente hermosas, y que la aflicción ciertamente no se apoderará de mí. Quien lo pasará peor será María. Sería agradable saber que está con vosotros. Pero para ella será mejor quedarse en casa. Si pensamos en el terror que en estos últimos tiempos se ha apoderado de tantas personas en Berlín, nos damos cuenta de todo lo que tenemos que agradecer. Estas navidades serán en todas partes muy tranquilas, y más tarde los niños las recordarán durante largo tiempo. Pero quizás alguno comprenderá con esto por vez primera el verdadero sentido de la navidad.

Saludad de mi parte a todos los hermanos, a los chicos y a todos los amigos. Que Dios nos proteja a todos.

Os saluda con gran agradecimiento y amor, vuestro

Dietrich

martes, 23 de diciembre de 2025

Navidad (Misa de Medianoche)



Navidad (Misa de Medianoche)


Hoy, nos ha nacido el Salvador. Ésta es la buena noticia de esta noche de Navidad. Como en cada Navidad, Jesús vuelve a nacer en el mundo, en cada casa, en nuestro corazón.

Pero, a diferencia de lo que celebra nuestra sociedad consumista, Jesús no nace en un ambiente de derroche, de compras, de comodidades, de caprichos y de grandes comidas. Jesús nace con la humildad de un portal y de un pesebre.

Y lo hace de esta manera porque es rechazado por los hombres: nadie había querido darles hospedaje, ni en las casas ni en las posadas. María y José, y el mismo Jesús recién nacido, sintieron lo que significa el rechazo, la falta de generosidad y de solidaridad.

Después, las cosas cambiarán y, con el anuncio del Ángel —«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo» (Lc 2,10)— todos correrán hacia el portal para adorar al Hijo de Dios. Un poco como nuestra sociedad que margina y rechaza a muchas personas porque son pobres, extranjeros o sencillamente distintos a nosotros, y después celebra la Navidad hablando de paz, solidaridad y amor.

Hoy los cristianos estamos llenos de alegría, y con razón. Como afirma san León Magno: «Hoy no sienta bien que haya lugar para la tristeza en el momento en que ha nacido la vida». Pero no podemos olvidar que este nacimiento nos pide un compromiso: vivir la Navidad del modo más parecido posible a como lo vivió la Sagrada Familia. Es decir, sin ostentaciones, sin gastos innecesarios, sin lanzar la casa por la ventana. Celebrar y hacer fiesta es compatible con austeridad e, incluso, con la pobreza.

Por otro lado, si nosotros durante estos días no tenemos verdaderos sentimientos de solidaridad hacia los rechazados, forasteros, sin techo, es que en el fondo somos como los habitantes de Belén: no acogemos a nuestro Niño Jesús.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Demos gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo, puesto que se apiadó de nosotros a causa de la inmensa misericordia con que nos amó. Estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a él fuésemos una nueva criatura» (San León Magno)


«En este día ha nacido, de la Virgen María, Jesús el Salvador. Adoremos la Bondad de Dios hecha carne, y dejemos que las lágrimas del arrepentimiento llenen nuestros ojos y laven nuestro corazón. Todos lo necesitamos» (Francisco)


«Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre. Unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo. La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche: ‘La Virgen da hoy a luz al Eterno. Y la tierra ofrece una gruta al Inaccesible. Los ángeles y los pastores le alaban. Y los magos avanzan con la estrella. Porque Tú has nacido para nosotros, Niño pequeño, ¡Dios eterno!’» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 525)

domingo, 21 de diciembre de 2025

Música y Satanismo



Existen composiciones musicales creadas explícitamente para contextos rituales dentro de corrientes satánicas u ocultistas, aunque conviene introducir de inmediato una distinción clave: no todas esas obras fueron concebidas para “rituales criminales” ni para invocar entidades reales, sino para rituales simbólicos, psicodramáticos o mágicos en sentido esotérico, muchas veces entendidos por sus propios autores como actos de voluntad, catarsis o teatralización del mito satánico.


1. Música ritual en el satanismo organizado (siglo XX)

Anton Szandor LaVey – The Satanic Mass (1968, EE. UU.)

Contexto: Iglesia de Satán

Finalidad: Ritual explícito

Este es el caso más claro y documentado. LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, grabó The Satanic Mass como acompañamiento sonoro para rituales satánicos tal como los concebía su sistema: ceremonias simbólicas, teatrales y psicológicas, no teístas.

La música es deliberadamente minimalista, sombría y repetitiva. Incluye:

Fragmentos de la Missa Solemnis de Beethoven reproducidos al revés.

Lecturas rituales con voz grave y cadencia litúrgica invertida.

Ausencia de melodía convencional: la música sirve para inducir atmósfera, no placer estético.

Clave interpretativa:

No busca invocar demonios, sino provocar un estado mental de transgresión y autoafirmación. Es música ritual en sentido estricto, pero no “mágica” en sentido sobrenatural.


Michael Aquino / Temple of Set – Música ritual setiana (1975–1990, EE. UU.)

Contexto: Templo de Set

Finalidad: Ritual iniciático y ceremonial

El Templo de Set desarrolló materiales rituales donde la música —generalmente electrónica, drones o percusión lenta— cumple una función estructural en ceremonias internas. No existe un “álbum canónico” popular, pero sí grabaciones internas y composiciones diseñadas para rituales de grado.

La música setiana:

Evita lo emocional.

Busca generar sensación de distancia, lucidez y poder personal.

Se concibe como tecnología ritual, no como arte para el público.

Clave interpretativa:

Aquí la música es herramienta cognitiva. No hay espectáculo, hay ingeniería simbólica.


2. Black metal y música “ritualizada” (no litúrgica)

Aquí entramos en terreno resbaladizo: música que se autodefine como satánica, pero que no está pensada para rituales formales, sino para construir identidad, choque y mitología.

Burzum – Filosofem (1996, Noruega)

Autor: Varg Vikernes

Relación con ritualidad: Ambigua, no litúrgica

Este álbum ha sido descrito por seguidores como “hipnótico” o “trance-like”. Sus estructuras repetitivas y atmósferas densas recuerdan estados alterados de conciencia, pero no fue compuesto como música ritual formal.

Importancia:

Contribuyó a la idea de que cierta música extrema podía “funcionar” como experiencia cuasi-ritual, aunque sin reglas, sin liturgia y sin finalidad ceremonial clara.


Dissection – Storm of the Light’s Bane (1995, Suecia)

Contexto: Black metal teísta

Relación con satanismo: Ideológica, no ritual

Jon Nödtveidt estaba vinculado a la Misanthropic Luciferian Order. Las letras y la estética expresan una cosmovisión luciferina coherente, pero la música no fue concebida como acompañamiento ritual, sino como expresión artística de esa ideología.

Clave:

Satanismo doctrinal, no música ritual funcional.


3. Música ceremonial ocultista (zona gris)

Aleister Crowley – Himnos y música para rituales thelémicos (1904–1947, Reino Unido)

Contexto: Thelema

Relación con satanismo: Indirecta

Crowley no fue satánico en sentido estricto, pero su obra influyó profundamente en corrientes satanistas posteriores. Existen himnos y cantos rituales usados en ceremonias thelémicas, con estructura repetitiva y función litúrgica.

Importancia:

Muchos grupos satanistas posteriores imitaron esta lógica musical, aunque cambiando el marco doctrinal.


Current 93 / Coil (Reino Unido, años 80–90)

Contexto: Industrial / occult music

Finalidad: Pseudo-ritual, performativa

Estas bandas exploraron conscientemente la música como acto ritual estético, no religioso. Algunas composiciones fueron interpretadas en contextos que imitaban ceremonias mágicas, pero sin adscripción satánica formal.

Clave:

Ritualidad performativa, no liturgia satánica.


4. Lo que NO es música ritual satánica (pero suele afirmarse)

Aquí conviene ser tajante.

No existe evidencia académica sólida de que bandas de rock, pop o metal mainstream hayan compuesto canciones para rituales satánicos reales.

Casos como Led Zeppelin, Black Sabbath, Judas Priest o Iron Maiden no produjeron música ritual, aunque usaran imaginería oscura.

Las acusaciones durante el Satanic Panic carecen de pruebas documentales.


👉 Estética oscura no equivale a función ritual.


Conclusión

Podemos afirmar, sin exagerar ni negar la realidad, lo siguiente:

Sí existen composiciones creadas explícitamente para rituales satánicos, principalmente en contextos organizados y minoritarios (LaVey, Temple of Set).

Estas obras no pertenecen al circuito comercial ni a la cultura pop.

La mayoría de la música acusada de satanismo no es ritual, sino estética, ideológica o provocadora.

El mito de “canciones ocultas para invocar demonios” pertenece más a la imaginación colectiva y al pánico moral que a los hechos verificables.

En suma:

La música ritual satánica existe, pero es discreta, funcional y marginal.

El resto es espectáculo, proyección cultural o miedo mal digerido.

Domingo 4 (A) de Adviento



Domingo 4 (A) de Adviento


Hoy, la liturgia de Adviento nos presenta a José, que recibirá de Dios una misión: el Verbo de Dios, que nacerá de la Virgen, quedará también bajo sus cuidados paternos. El profeta Isaías había anunciado unos 700 años antes: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo» (Is 7,14). Perplejo y movido por la incomprensión ante tan gran misterio, José, temeroso de Dios y hombre “justo y bueno”, había decidido en secreto dejar a María con sus padres. Y encuentra en las palabras del mensajero las razones para desistir de su decisión y aceptar el misterio y los planes de Dios: «¡No tengas miedo de recibir a María, tu esposa!» (Mt 1,20). El Espíritu Santo, que en María engendró al Verbo encarnado, da sentido y confirma lo que el ángel dijo a José, que recibe la gran misión de dar nombre y cuidar del Niño-Dios engendrado en el seno virginal de una joven de Nazaret (cf. Mt 1,20-21).


San Bernardino de Siena dice que «cuando la Providencia divina elige a alguien para una gracia particular o un estado superior, también da a la persona así escogida todos los carismas necesarios para el ejercicio de su misión». Y así José, libre de miedos y temores, se hizo colaborador en la obra de la encarnación, capacitado para asumir esta honrosa y desafiante misión.


Hoy vivimos en medio de miedos e inseguridades, en situaciones que a veces nos desaniman y nos llevan a abandonar el barco, buscando en la huida soluciones para las realidades difíciles. Pero en medio de la oración silenciosa y contemplativa, el Señor también nos dice: «¡No tengáis miedo!» (cf. Mt 14,27), y nos anima a aceptar, confiados y decididos, sus designios.


En nuestros días, el Papa León XIV nos alienta: «Dios nos ama a todos y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios y, sin miedo, todos unidos a la mano de Dios y unos a los otros, sigamos adelante».


Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Él, que había tenido el poder de crearlo todo a partir de la nada, se negó a rehacer lo que había sido profanado si no concurría María» (San Anselmo)


«San José es modelo del hombre “justo” que, en perfecta sintonía con su esposa, acoge al Hijo de Dios hecho hombre con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina» (Benedicto XVI)


«‘Dios envió a su Hijo’ (Ga 4,4), pero para “formarle un cuerpo” quiso la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a ‘una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María’ (Lc 1,26-27). El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 488)


sábado, 20 de diciembre de 2025

Reflexión de los cuatro domingos de Adviento Ciclo A



El Adviento, en el ciclo A, está estructurado como un itinerario pedagógico: vigilancia, conversión, discernimiento mesiánico y acogida del misterio de la Encarnación. El Evangelio según san Mateo vertebra todo el recorrido y conduce, con lógica interna, hacia la Navidad no como un recuerdo sentimental, sino como un acontecimiento teológico que irrumpe en la historia.


Primer Domingo de Adviento – La vigilancia escatológica

Evangelio: Mateo 24, 37-44


Jesús remite a los días de Noé: la gente comía, bebía, se casaba… y el diluvio llegó. No hay condena de lo cotidiano, sino denuncia de la inconsciencia espiritual. La exégesis es clara: el Hijo del Hombre vendrá de forma imprevisible, y solo la vigilancia salva del autoengaño. El verbo clave es gregoreîn (velar): estar despierto interiormente.


Relación con la Navidad: antes de celebrar el nacimiento de Cristo, la Iglesia purifica la mirada. La Navidad no es evasión, es irrupción. El Niño que nace es el Juez que viene. Adviento comienza recordando que Dios entra en la historia, pero no pide permiso.


Segundo Domingo de Adviento – Conversión y juicio

Evangelio: Mateo 3, 1-12


Juan el Bautista aparece como figura profética radical. No endulza el mensaje: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca”. La exégesis subraya la ruptura con una religión heredada: no basta ser “hijos de Abraham”. El hacha está puesta a la raíz. El Mesías que viene bautizará con Espíritu Santo y fuego, imagen de purificación y juicio.


Relación con la Navidad: el pesebre no se entiende sin la llamada a la conversión. El Niño es fuego contenido. Celebrar su nacimiento sin cambiar de vida es traicionar el texto. Adviento recuerda que Dios no viene a confirmar estructuras, sino a transformarlas.


Tercer Domingo de Adviento – El Mesías esperado y discernido

Evangelio: Mateo 11, 2-11


Juan, encarcelado, duda. Pregunta si Jesús es realmente “el que ha de venir”. Jesús responde con hechos, no con teoría: los ciegos ven, los cojos andan, los pobres reciben la Buena Noticia. La exégesis revela un Mesías que no coincide con las expectativas de poder o castigo inmediato. Aquí nace el verdadero discernimiento: Dios actúa desde la misericordia.


Relación con la Navidad: el Mesías no llega con estruendo, sino con signos humildes. El Adviento madura: aprender a reconocer a Dios donde no parece grandioso. El pesebre es coherente con este estilo divino desconcertante.


Cuarto Domingo de Adviento – La Encarnación acogida en obediencia

Evangelio: Mateo 1, 18-24


José ocupa el centro. Hombre justo, decide obedecer a Dios incluso cuando no entiende. El texto es teológicamente denso: Jesús es concebido por obra del Espíritu Santo; se cumple Isaías 7,14; el nombre “Emmanuel” define toda la cristología: Dios con nosotros. La exégesis destaca que la Encarnación no es mito, sino intervención real de Dios en la historia humana.


Relación con la Navidad: aquí se cruza el umbral. Adviento culmina en la aceptación concreta del misterio. La Navidad no sucede sin un “sí” humano. José representa a la Iglesia que cree, acoge y custodia el misterio sin poseerlo.


Síntesis final

El ciclo A del Adviento no prepara una fiesta, prepara una fe adulta. De la vigilancia pasamos a la conversión, de la conversión al discernimiento, y del discernimiento a la acogida obediente del Dios hecho carne. La Navidad, así entendida, deja de ser folklore y se convierte en acontecimiento que juzga, salva y transforma. El Dios que nace es el Dios que reclama una humanidad despierta.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Domingo 3 (A) de Adviento



Hoy, como el domingo anterior, la Iglesia nos presenta la figura de Juan el Bautista. Él tenía muchos discípulos y una doctrina clara y diferenciada: para los publicanos, para los soldados, para los fariseos y saduceos... Su empeño es preparar la vida pública del Mesías. Primero envió a Juan y Andrés, hoy envía a otros a que le conozcan. Van con una pregunta: «Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» (Mt 11,3). Bien sabía Juan quién era Jesús. Él mismo lo testimonia: «Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo’» (Jn 1,33). Jesús contesta con hechos: los ciegos ven y los cojos andan...

Juan era de carácter firme en su modo de vivir y en mantenerse en la Verdad, lo cual le costó su encarcelamiento y martirio. Aún en la cárcel habla eficazmente con Herodes. Juan nos enseña a compaginar la firmeza de carácter con la humildad: «No soy digno de desatarle las sandalias» (Jn 1,27); «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30); se alegra de que Jesucristo bautice más que él, pues se considera sólo “amigo del esposo” (cf. Jn 3,26).

En una palabra: Juan nos enseña a tomar en serio nuestra misión en la tierra: ser cristianos coherentes, que se saben y actúan como hijos de Dios. Debemos preguntarnos: —¿Cómo se prepararían María y José para el nacimiento de Jesucristo? ¿Cómo preparó Juan las enseñanzas de Jesús? ¿Cómo nos preparamos nosotros para conmemorarlo y para la segunda venida del Señor al final de los tiempos? Pues, como decía san Cirilo de Jerusalén: «Nosotros anunciamos la venida de Cristo, no sólo la primera, sino también la segunda, mucho más gloriosa que aquélla. Pues aquélla estuvo impregnada por el sufrimiento, pero la segunda traerá la diadema de la divina gloria».


Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Juan era una voz provisional. Y cuando le preguntaron: ‘¿Quién eres?’ respondió: ‘Yo soy la voz que grita en el desierto: ¡Allanad el camino del Señor!’. ¿Qué quiere decir: ‘Allanad el camino’, sino: ‘Pensad con humildad’?» (San Agustín)

«La Iglesia, este domingo, anticipa un poco la alegría de la Navidad, y por esto se llama “el domingo de la alegría”. Y la alegría de la Navidad es una alegría especial. Es una alegría serena, tranquila, una alegría que acompaña siempre al cristiano. Incluso en los momentos difíciles. El cristiano, cuando es auténtico cristiano, nunca pierde la paz» (Francisco)

«‘Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’ (Mc 1,15). Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos. Pues bien, la voluntad del Padre es elevar a los hombres a la participación de la vida divina. Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 541)

viernes, 12 de diciembre de 2025

Principales textos y autores de la masonería



Sinopsis de los principales textos:


James Anderson – Constituciones de 1723

La carta de nacimiento de la Masonería moderna. Un documento híbrido entre estatuto, sermón moral y tratado político. Establece la ética de la tolerancia, regula el comportamiento del masón y fija la arquitectura de las logias especulativas. Su importancia no reside en su exactitud histórica —a veces imaginativa—, sino en que organiza el espíritu de una fraternidad universal. Es el primer espejo donde la Masonería se contempla a sí misma.


Albert G. Mackey – Encyclopedia of Freemasonry

Diccionario, archivo y museo en un solo volumen. Mackey construyó la primera gran síntesis del simbolismo, historia y terminología masónica. Su autoridad es enorme porque recoge la tradición norteamericana del siglo XIX, cuando las logias hervían en actividad y debates doctrinales. Imprescindible para no hablar tonterías al citar símbolos, grados o estructura ritual.


Albert Pike – Morals and Dogma (1871)

El Everest del pensamiento masónico escocés. Un tratado filosófico que mezcla Kabbalá cristiana, hermetismo, pitagorismo, mitología y derecho moral. Pike no explica el rito: lo eleva a la altura de una cosmogonía simbólica. Denso como una caverna llena de manuscritos y brillante como un fragmento de ámbar. Hay que leerlo con disciplina y lápiz en mano.


William Preston – Illustrations of Masonry (1772)

Manual pedagógico del siglo XVIII que ordena el pensamiento iniciático en un sistema didáctico claro. Preston convierte el rito en discurso moral y filosófico, anticipando la Masonería moderna como escuela de carácter y ciudadanía. Su tono ilustrado revela lo que la institución aspiraba a ser: un taller de virtud racional.


Éliphas Lévi – Dogma y Ritual de la Alta Magia

El libro que conectó el esoterismo del siglo XIX con la Masonería simbólica. Lévi mezcla Cábala, alquimia y tarot con una visión cristiana del hermetismo. No es un texto masónico, pero sin él la comprensión del imaginario ocultista sería coja. Revela cómo la magia operó como matriz simbólica en muchos cuerpos iniciáticos.


FILOSOFÍA Y HERMETISMO

Platón – La República

Una crítica inclemente a la ignorancia humana y a la manipulación del poder. La alegoría de la caverna es el arquetipo iniciático: el tránsito de la sombra a la luz, del prejuicio al conocimiento. Todo masón vive ahí: entre la oscuridad que abandona y la claridad que persigue.


Corpus Hermeticum (Hermes Trismegisto)

Tratado fundacional del pensamiento hermético. Explica la unidad entre lo humano y lo divino, y la capacidad de elevarse mediante conocimiento interior. Su influencia llega a la alquimia, la Kabbalá cristiana y la Masonería especulativa. Es el esqueleto espiritual de gran parte de la tradición iniciática occidental.


Giordano Bruno – De la causa, el principio y el uno

Filosofía incendiaria que derriba dogmas. Bruno presenta un universo infinito, dinámico, habitado por la chispa divina en todas las cosas. Su visión del cosmos y del pensamiento libre inspiró a generaciones de hermetistas, y su muerte en la hoguera lo convirtió en símbolo de resistencia intelectual.


Francis Bacon – Novum Organum

Fundamento del método científico. Un ataque frontal a los “ídolos de la mente”, es decir, a los prejuicios y trampas del pensamiento. Para el masón, es el manual del discernimiento racional: aprender a pensar sin superstición.


HISTORIA DE LA MASONERÍA

Margaret C. Jacob – The Origins of Freemasonry

Una investigación fría, exacta, histórica. Jacob desmonta mitologías románticas y sitúa la Masonería en el corazón de la Ilustración europea. Es la obra que devuelve a la institución su contexto político: burguesía, ciencia, sociabilidad y secularización.


David Stevenson – The Origins of Freemasonry: Scotland’s Century, 1590–1710

El análisis más serio sobre cómo los gremios operativos escoceses se transformaron en fraternidades especulativas. Stevenson muestra el proceso paso a paso, con archivos, nombres y estructuras. Es un puente entre la Masonería de la piedra y la Masonería del espíritu.


Arturo de Hoyos – Scottish Rite Ritual Monitor and Guide

Guía técnica, histórica y ritual del Rito Escocés. De Hoyos es meticuloso, crítico y profundamente documentado. Su manual es clave para entender la anatomía interna de los grados filosóficos y su evolución en EE. UU.


ESOTERISMO, OCULTISMO Y TEXTOS INCÓMODOS

Aleister Crowley – Magick in Theory and Practice

La mente más polémica del ocultismo del siglo XX. Manual de magia ceremonial que combina psicología, simbolismo y voluntad. Su lectura no es para imitadores: sirve para comprender la frontera entre misticismo y delirio. El masón instruido debe conocerlo para no confundir ruido con tradición.


Helena Blavatsky – La Doctrina Secreta

Un caos brillante lleno de intuiciones y disparates. Mezcla hinduismo, Kabbalá, hermetismo y evolucionismo espiritual. Aunque poco fiable en detalles, es esencial para entender la teosofía y su impacto en movimientos iniciáticos modernos.


Papus – Tratado Elemental de Ciencia Oculta

Manual estructurado del ocultismo europeo: tarot, numerología, magnetismo, cábala occidental. Obra de síntesis pedagógica que influenció a logias esotéricas y sociedades iniciáticas.


Manly P. Hall – The Secret Teachings of All Ages

Enciclopedia monumental del simbolismo universal. Desde mitologías antiguas hasta arquitectura sagrada. Su fuerza reside en la amplitud y la claridad expositiva. Es un mapa para interpretar el lenguaje simbólico que la Masonería hereda del mundo antiguo.


A. E. Waite – The Holy Kabbalah

La Kabbalá cristiana explicada con rigor histórico. Waite distingue mito de doctrina, simbolismo de creencia. Es la columna vertebral para quienes estudian el árbol de la vida desde la tradición occidental.


ÉTICA, POLÍTICA Y ANTROPOLOGÍA

Immanuel Kant – Crítica de la razón práctica

Base de la ética autónoma: la moral no como obediencia, sino como responsabilidad interior. El deber kantiano es la versión filosófica de la rectitud masónica.


Hannah Arendt – La condición humana

Una disección sin anestesia de la acción, el poder, la libertad y la banalidad del mal. Arendt observa la fragilidad de la civilización como pocos. Su lectura despierta conciencia crítica.


Mircea Eliade – Lo Sagrado y lo Profano

Fundamento de la antropología religiosa. Explica cómo el ser humano estructura su vida a través de ritos, símbolos y espacios consagrados. Indispensable para entender cualquier tradición iniciática.


René Girard – La violencia y lo sagrado

Una teoría incómoda y brillante: la violencia es la madre de los rituales. El sacrificio, el chivo expiatorio y la mímesis revelan los mecanismos profundos del orden social. Lectura dura pero iluminadora.


RELIGIÓN COMPARADA Y MÍSTICA

Gershom Scholem – Las grandes corrientes de la mística judía

La historia más sólida sobre la Cabalá. Scholem depura supersticiones y devuelve la Kabbalá a su contexto judío original. Fundamental para evitar lecturas fantasiosas.


Evelyn Underhill – Mysticism

Una exploración amplia y clara de la experiencia mística. Underhill distingue etapas, dinámicas y tipologías con precisión clínica.


Thomas Merton – Nuevas semillas de contemplación

Una inmersión en la dimensión interior humana. Merton combina teología, psicología y espiritualidad para explicar cómo se forma un centro estable del ser.


TEXTOS “PROHIBIDOS” O MORALMENTE CONFLICTIVOS

Marquis de Sade – Filosofía en el tocador

La razón sin freno, la libertad llevada al extremo de la crueldad. Sade funciona como advertencia: la inteligencia sin ética se convierte en monstruo.


Protocolo de los Sabios de Sion

Falsificación infame. Su lectura es necesaria para estudiar cómo se construyen mitologías paranoicas y sistemas de odio. El masón instruido debe saber cómo se fabrican estos venenos.


Julius Evola – La Tradición Hermética

Intelectualmente brillante, políticamente peligroso. Su visión elitista del espíritu lo vuelve seductor y tóxico a la vez. Hay que leerlo, pero sin beberlo.


Kenneth Grant – Nightside of Eden

Exploración oscura de la Qliphoth. Interesante para analizar la degeneración de lo simbólico en obsesión ritualista.


Michael Aquino – The Book of Coming Forth by Night

Acta fundacional del Templo de Set. Un ejemplo útil para entender cómo nacen movimientos esotéricos extremos y cómo se reconfigura lo simbólico en clave modernista.


LITERATURA SIMBÓLICA Y NARRATIVA INICIÁTICA

Dante Alighieri – La Divina Comedia

Un viaje iniciático desde la confusión hasta la visión. Poesía, teología y mística en estado puro. Todo masón debería leerlo como mapa del alma.


Goethe – Fausto

El drama del conocedor insaciable. Fausto encarna la tentación espiritual del hombre moderno: querer saberlo todo sin asumir el costo moral.


Umberto Eco – El péndulo de Foucault

Un espejo sarcástico de las obsesiones conspirativas. Eco desenmascara el delirio hermético cuando pierde contacto con la razón.


Hermann Hesse – El juego de los abalorios

Una utopía intelectual donde la cultura se convierte en liturgia. El ideal iniciático llevado al extremo contemplativo.


II Parte: Lista de los principales textos


1. Textos fundacionales y clásicos masónicos


– James Anderson – Constituciones de 1723 (Reino Unido)

Origen jurídico y moral del masonismo moderno. Imprescindible para comprender la arquitectura institucional.


– Albert G. Mackey – Encyclopedia of Freemasonry (EE. UU.)

El vocabulario y la historia masónica sistematizada. Base para cualquier estudio serio.


– Albert Pike – Morals and Dogma (1871, EE. UU.)

El tratado filosófico más influyente del Rito Escocés. Denso, erudito, polémico. Un monumento del pensamiento simbólico.


– William Preston – Illustrations of Masonry (1772, Reino Unido)

Estructura y pedagogía de los grados. Orden y método.


– Éliphas Lévi – Dogma y Ritual de la Alta Magia (Francia)

El puente histórico entre el simbolismo masónico y la tradición esotérica europea. Influyente y peligroso para quien no sabe filtrar metáforas.


2. Filosofía y hermetismo


– Platón – La República

El arquetipo de la iniciación intelectual: la salida de la caverna es la metáfora más masónica jamás escrita.


– Hermes Trismegisto – Corpus Hermeticum

El fundamento del pensamiento iniciático occidental. Sobre la unidad del cosmos y la divinización del conocimiento.


– Giordano Bruno – De la causa, el principio y el uno

El fuego intelectual que incomodó a toda estructura dogmática. Para un masón, un espejo.


– Francis Bacon – Novum Organum

El método inductivo como herramienta de liberación mental.


3. Historia de la Masonería


– Margaret C. Jacob – The Origins of Freemasonry (EE. UU.)

Investigación sólida, rigurosa y sin romanticismos.


– David Stevenson – The Origins of Freemasonry: Scotland’s Century, 1590–1710

Clave para entender el vínculo entre la masonería operativa y la especulativa.


– Arturo de Hoyos – Scottish Rite Ritual Monitor and Guide

Uno de los estudios más precisos sobre el Rito Escocés moderno.


4. Esoterismo, ocultismo y textos “incómodos”


No porque la Masonería los practique, sino porque debe comprenderlos para juzgarlos con lucidez.


– Aleister Crowley – Magick in Theory and Practice (Reino Unido)

Provocador, transgresor y desbordado. Comprenderlo evita confundir luz con sombra.


– Helena Blavatsky – La Doctrina Secreta (Rusia/EE. UU.)

Gigantesco compendio teosófico. Errático pero influyente.


– Papus (Gérard Encausse) – Tratado Elemental de Ciencia Oculta

Una sistematización del ocultismo europeo útil para contextualizar el esoterismo moderno.


– Manly P. Hall – The Secret Teachings of All Ages

Hermetismo, alquimia, simbolismo universal. Una obra monumental, imprescindible.


– A. E. Waite – The Holy Kabbalah

La Cabalá cristiana como arquitectura simbólica.


5. Ética, política y antropología


– Immanuel Kant – Crítica de la razón práctica

La moral autónoma como pilar del masón libre.


– Hannah Arendt – La condición humana

Un análisis crudo del poder, la acción y la responsabilidad.


– Mircea Eliade – Lo Sagrado y lo Profano

El rito como estructura de la conciencia humana.


– René Girard – La violencia y lo sagrado

Para comprender la raíz antropológica del sacrificio, del chivo expiatorio y de la violencia ritual.


6. Religión comparada y mística


– Gershom Scholem – Las grandes corrientes de la mística judía

La Cabalá desde el rigor histórico.


– Evelyn Underhill – Mysticism

El mapa más claro del proceso místico en Occidente.


– Thomas Merton – Nuevas semillas de contemplación

La introspección como disciplina iniciática.


7. Textos considerados “prohibidos” o moralmente conflictivos


Leídos con madurez crítica, ayudan a comprender la psicología del poder oculto y sus desviaciones. No son para imitar; son para conocer los abismos.


– Marquis de Sade – Filosofía en el tocador

El extremo de la razón sin moral. Un recordatorio de lo que ocurre cuando la libertad se vuelve tiranía.


– El Protocolo de los Sabios de Sion

Falso, infame y antisemita, pero necesario para estudiar cómo se construyen mitologías conspirativas peligrosas.


– Julius Evola – La Tradición Hermética

Brillante en algunos aspectos, tóxico en otros. un ejemplar a leer con guantes.


– Kenneth Grant – Nightside of Eden

Una deriva oscura de la tradición ocultista. Interesante para detectar cómo lo simbólico puede convertirse en obsesión.


– Michael Aquino – The Book of Coming Forth by Night

Clave para entender la escisión del Templo de Set y la lógica interna de un esoterismo extremo.


8. Literatura simbólica y narrativa iniciática


– Dante Alighieri – La Divina Comedia

Una iniciación en verso. Del caos a la inteligencia divina.


– Goethe – Fausto

El drama del conocimiento sin límites.


– Umberto Eco – El péndulo de Foucault

Una crítica inteligente al ocultismo delirante.


– Hermann Hesse – El juego de los abalorios

Un manifiesto sobre la vida contemplativa y el servicio intelectual.

Cultura POP, Cine y Satanismo



En el fondo, la cultura pop lleva décadas jugando a disfrazarse de satánica, aunque casi siempre lo hace sin comprender del todo el universo simbólico que intenta imitar. Lo que sigue es una sinopsis afilada —sin concesiones— de las películas que más han moldeado la imagen del satanismo contemporáneo y que, directa o indirectamente, siguen alimentando su estética, sus gestos y sus malentendidos. Esto es anatomía cultural con bisturí.


“Rosemary’s Baby” (1968, Roman Polanski)

La madre fundacional del satanismo pop. Esta película convirtió la gestación en un campo de batalla entre el deseo humano y la manipulación demoníaca. El satanismo que presenta es más doméstico que ritual: vecinos amables, té caliente, conspiración suburbana. Influenció para siempre la idea del “culto infiltrado” y la obsesión con el cuerpo femenino como territorio de lo oscuro. Los círculos satanistas reales la adoptaron de forma ambivalente: les fascinaba la imagen del aquelarre urbano, pero rechazaban el tono victimista. Aun así, su impacto es total: cimentó la estética del “Satanás como invasor silencioso”.


“The Exorcist” (1973, William Friedkin)

Aunque no es una película “satánica” en sentido estricto —el demonio no es un aliado sino un enemigo—, su sombra es tan vasta que acabó definiendo el imaginario de posesión y el combate espiritual. En ambientes satanistas se la cita como la gran distorsión: convirtió el rito en espectáculo y la figura demoníaca en una caricatura grotesca y ruidosa. Pero incluso quienes se burlan de ella aceptan que su aura siniestra inspiró a generaciones de ocultistas a entrar en el juego de lo prohibido. Un ejemplo puro de cómo la ficción moldea el ritual real.


“The Omen” (1976, Richard Donner)

Aquí nace el Anticristo pop: niño bien vestido, mirada vacía, perro negro a su lado. Demonología en versión ejecutiva. El satanismo contemporáneo absorbió de esta película el gusto por la simbología elegante y el discurso apocalíptico envuelto en terciopelo. El film también alimentó la peligrosa idea de una “élite satánica global”, concepto que años después sería reciclado con fervor paranoico por movimientos conspiracionistas. Su influencia sigue activa en videoclips, moda y narrativa de “linajes oscuros”.


“The Ninth Gate” (1999, Roman Polanski)

Una pieza de culto para círculos esotéricos. Sustituye el satanismo sangriento por un satanismo intelectualizado: manuscritos enigmáticos, coleccionistas obsesivos, y un Lucifer que actúa más como idea que como presencia. A los practicantes reales les fascinó porque mostraba un sendero de búsqueda interior, cercano a ciertas corrientes luciferinas. Aquí el diablo no necesita gritar; se insinúa en la obsesión humana por el conocimiento prohibido. Este matiz filosófico dejó huella en el satanismo postmoderno que prefiere bibliotecas a calderos.


“Hereditary” (2018, Ari Aster)

Una disección contemporánea del culto demoníaco, brutal en su sutileza. Presenta el satanismo como una red transgeneracional y absolutamente pragmática: sacrifican lo que haga falta para “ascender”. Los satanistas reales suelen dividirse con esta película: unos la acusan de reforzar el estigma, otros la celebran por su visión fría, casi burocrática, del mal. En la cultura pop, sin embargo, marcó un giro hacia lo ritualista sin maquillaje: símbolos auténticos, liturgias sobrias y un tono clínico que recuerda que el horror puede ser metódico.


“The Witch” (2015, Robert Eggers)

Aunque se sitúa en el siglo XVII, hoy es un tótem para quienes coquetean con el satanismo folk. Aquí el diablo es libertad pura, ruptura radical con la moral opresiva. Es una seducción silenciosa que se pasea por el bosque. Su influencia es enorme en grupos neopaganos, círculos luciferinos y la estética “witchy” contemporánea. Presenta la tentación no como monstruo, sino como emancipación. Esto la volvió icono de la contracultura moderna.


“Lords of Chaos” (2018, Jonas Åkerlund)

La brutal y turbia historia del black metal noruego. No es satanismo en sentido estricto, pero explica cómo una estética pretendidamente demoníaca puede degenerar en violencia real cuando adolescentes con delirios de grandeza juegan a invocar lo que no entienden. Su tono crudo ayuda a separar la pirotecnia simbólica del satanismo auténtico de la teatralidad nihilista que marcó a una generación. Muestra el daño que puede causar la idea infantil de que “todo vale en nombre del mal”.


“The House of the Devil” (2009, Ti West)

Un homenaje a las cintas satánicas de los 70, donde el culto opera como engranaje oculto en la vida cotidiana. Aquí el satanismo se presenta como algo desapasionado, casi administrativo, que ejecuta su agenda con precisión. Es un recordatorio de por qué la figura del culto clandestino sigue siendo magnéticamente poderosa en el imaginario colectivo. Su influencia actual se nota en la narrativa de series como True Detective o Archive 81.


La cultura pop nunca representó al satanismo tal como es, pero sí lo convirtió en un espejo deformante que influyó —para bien o para mal— a movimientos reales, a estéticas enteras y a generaciones que encontraron en el diablo un símbolo para expresar rebeldía, deseo, frustración o fascinación metafísica. Estas películas, cada una a su manera, siguen vivas porque no hablan solo del demonio, sino del hambre humana por aquello que le dice que existe algo más allá del límite… incluso si ese “más allá” quema.


II Parte: Órdenes Secretas

La cultura pop lleva medio siglo seducida por el olor a incienso rancio de las sociedades secretas y los ritos clandestinos. Cuando el satanismo no basta, el cine recurre a hermandades ocultas que mezclan poder, transgresión moral y liturgias que jamás pasarían el filtro de una sacristía. Aquí tienes un suplemento incisivo —fiable y sin maquillaje— de películas que han moldeado este imaginario de lo prohibido.


“Eyes Wide Shut” (1999, Stanley Kubrick)

La joya incómoda del cine moderno sobre rituales elitistas. Kubrick retrata una sociedad secreta donde el sexo y el poder se mezclan con una liturgia que parece sacada de un grimorio veneciano. No es satanismo, pero su atmósfera de culto hermético ha influido en infinidad de teorías conspirativas. El film expone la fragilidad moral del individuo ante la fascinación por lo oculto y lo prohibido. Elegante y sórdida a la vez.


“Kill List” (2011, Ben Wheatley)

Una historia que empieza como thriller criminal y termina sumergida en un culto clandestino que opera con una frialdad casi quirúrgica. Su visión del ritual es brutal, despojada de cualquier romanticismo. Aquí lo secreto no es glamuroso, sino profundamente deshumanizador. Esta película es estudiada por especialistas porque representa con precisión la lógica interna de ciertos grupos destructivos: aislamiento, obediencia, sacrificio.


“The Skulls” (2000, Rob Cohen)

Con estética de thriller universitario, explora las fraternidades secretas de las élites. Aunque no entra en rituales demoníacos, muestra cómo las estructuras de poder cerradas funcionan a base de juramentos, coerción y lealtades fértiles en corrupción. Su legado cultural está en haber popularizado la idea de que la universidad puede ser un semillero de pequeños cultos seculares.


“The Wicker Man” (1973, Robin Hardy)

Una comunidad insular, aislada del mundo, vive según un sistema ritual ajeno al cristianismo. La película expone un paganismo feroz, sin filtros, que se enfrenta a la moral tradicional con una sonrisa inquietante. No hay demonios, pero sí un choque entre cosmovisiones. Es un retrato quirúrgico de los mecanismos psicológicos que sostienen un culto cerrado.


“Suspiria” (1977, Dario Argento; y la versión de 2018, Luca Guadagnino)

Brujería organizada en forma de academia de danza. Argento creó un culto matriarcal que mezcla arte, disciplina y magia prohibida. La versión moderna añade capas de política, poder y transformación corporal. Ambas muestran cómo un ritual puede infiltrarse en la vida cotidiana y convertirse en una estructura total.


“Midsommar” (2019, Ari Aster)

El folk horror llevado al extremo. Una comunidad nórdica que convierte cada gesto humano en parte de un rito ancestral. Lo prohibido aquí no es el satanismo, sino la ruptura total con la moral occidental. Su estética hipnótica atrae y repugna a la vez. Una obra que explica por qué las sociedades secretas son tan seductoras: prometen pertenencia absoluta, aunque el precio sea la identidad.


“The Invitation” (2015, Karyn Kusama)

Un ejemplo afinado de cómo una secta puede camuflarse bajo la apariencia de un grupo terapéutico. Ritual minimalista, pero devastador. Muestra la seducción emocional que ejercen los cultos cuando prometen alivio a un sufrimiento profundo. Lo prohibido aquí no es lo ritual, sino la manipulación psicológica.


“The Ritual” (2017, David Bruckner)

Un grupo de amigos se interna en un bosque sueco y se topa con una sociedad adoradora de una entidad pagana. La película mezcla mitología nórdica con la lógica brutal de un culto: selección, ofrenda, obediencia. Es un buen ejemplo de cómo lo “secreto” puede ser también lo “ancestral”.


“The Believers” (1987, John Schlesinger)

Policías neoyorquinos descubren un culto que practica rituales sincretistas con sacrificios humanos. Aunque estereotipada en algunos aspectos, sigue siendo un clásico al explorar el choque entre modernidad y creencias ocultas, y cómo lo “prohibido” se infiltra en el tejido urbano.


“A Cure for Wellness” (2016, Gore Verbinski)

Una institución sanitaria que funciona como fachada para un sistema ritual siniestro. La película presenta un culto donde la ciencia enferma, no sana, y donde la estética de lo “limpio” esconde un núcleo corrupto. Es un recordatorio de que las sociedades secretas más eficaces son las que se disfrazan de instituciones respetables.


Estas películas amplían el mapa del satanismo pop para incluir algo más vasto: la fascinación humana por lo clandestino, lo ritual y lo moralmente inaceptable. El público las consume porque responden a una pulsión básica: la intuición de que, bajo la superficie civilizada, hay estructuras simbólicas que siguen latiendo, esperando ser descubiertas.


III Parte: Órdenes Secretas con rituales sexuales

“La Historia de O” (1975, Just Jaeckin)

La película fundacional del erotismo ritual moderno. Adaptada de la novela de Pauline Réage, narra el itinerario de O, una mujer que es introducida en una sociedad secreta de dominación conocida como Roissy. No se trata de simple sadomasoquismo: es un sistema jerárquico cerrado, una hermandad elitista donde el cuerpo femenino se convierte en símbolo de obediencia absoluta y moneda de intercambio. Cada acto —las marcas, los sometimientos, las entregas— es un rito con reglas estrictas, códigos internos y una estética que mezcla aristocracia decadente y liturgia profana.

Roissy funciona como un culto discreto: juramentos, grados de iniciación, ceremonias de posesión y un lenguaje simbólico que recuerda más a una logia que a una relación erótica. Su núcleo es la transformación de la identidad de O en algo maleable, moldeado por la voluntad de otros. Y eso es lo que la hace decisiva: transforma el deseo en estructura de poder, el sexo en ritual y la sumisión en sacramento laico.

Lejos de ser una simple fantasía, La Historia de O definió un imaginario entero de sociedades secretas eróticas donde lo prohibido no es el placer, sino la renuncia voluntaria al yo. Por eso sigue apareciendo en debates sobre representación, ritualidad y límites psicológicos: es pura alquimia entre cuerpo, mito y jerarquía.


“The Night Porter” (1974, Liliana Cavani)

Una relación sadomasoquista entre víctima y verdugo que resucita años después del horror nazi. No es una sociedad secreta en sentido clásico, pero gira alrededor de un círculo de antiguos oficiales que operan como una hermandad clandestina. Su ritualismo es perverso, cargado de memoria traumática y obediencias enfermizas. El film muestra cómo el poder puede fosilizarse en el deseo.


“The Story of Sin” (1975, Walerian Borowczyk)

Borowczyk —hermano estético de Jaeckin en el cine erótico de arte— presenta un descenso moral cargado de ritualidad emocional. No hay una hermandad explícita, pero sí un sistema de poder y sumisión donde la protagonista atraviesa espacios sociales que funcionan como microcultos degradantes. Su atmósfera densa y su erotismo simbólico la emparentan con La historia de O.


“The Duke of Burgundy” (2014, Peter Strickland)

Una de las películas más elegantes sobre relaciones ritualizadas de dominación y sumisión. Aquí la sociedad secreta parece una cofradía velada de entomólogas que practican una liturgia BDSM codificada, casi monástica. Strickland muestra cómo una relación privada puede convertirse en un ritual secreto con jerarquías, normas, símbolos y pruebas.


“Salò o le 120 giornate di Sodoma” (1975, Pier Paolo Pasolini)

No es apta para estómagos sensibles, pero es posiblemente la versión más extrema de una sociedad secreta que usa el cuerpo como instrumento político. Los señores fascistas del film forman una hermandad de poder absoluto donde cada acto es un rito de dominación. El film está construido como un grimorio del abuso sistemático. Brutal, necesaria, insoportable.


“L’Image” (1975, Radley Metzger)

Adaptada de la novela de Jean de Berg (Catherine Robbe-Grillet), contemporánea de O, muestra un sistema de iniciación erótica en el que la protagonista es guiada a través de rituales privados, con reglas y jerarquías. Es una “sociedad secreta de dos”, pero con una estructura tan formalizada que se asemeja a un culto íntimo.


“9½ Weeks” (1986, Adrian Lyne)

Más comercial, menos ritual, pero mantiene el elemento iniciático: un proceso donde una persona es introducida en un mundo erótico con reglas implícitas y límites que se van evaporando. No hay secta, pero sí la dinámica de un culto privado donde el poder emocional funciona como rito.


“Secretary” (2002, Steven Shainberg)

Un BDSM amable, pero con una estructura ritual clara: pruebas, obediencias, gestos codificados. Aunque más luminosa que O, comparte la idea de que el erotismo puede convertirse en una microinstitución secreta, con lógicas propias y un sistema ético paralelo.


“The Servant” (1963, Joseph Losey)

No es erótica en el sentido clásico, pero aborda una relación de dominación que opera como un culto psicológico privado. Una casa que funciona como templo, roles que se invierten y una atmósfera de manipulación ritual. La hermandad aquí es de dos, pero la perversión es sistemática.


“In the Realm of the Senses” (1976, Nagisa Oshima)

La historia real llevada al extremo: dos amantes que convierten su relación en un culto cerrado, masturbado por rituales obsesivos. Su intensidad insostenible la emparenta con las dinámicas espiraladas de los cultos destructivos: aislamiento, dependencia total, sacramento del cuerpo.


“The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover” (1989, Peter Greenaway)

Un festín de violencia ritualizada. La banda del protagonista funciona como una sociedad secreta regida por un tirano grotesco; el restaurante es un templo y cada gesto está cargado de simbolismo. No es erótica en el sentido BDSM, pero sí en el sentido del poder corporal como espectáculo.


“The Housemaid” (2010, Im Sang-soo)

Una familia rica que opera como secta doméstica. Secreto, humillación ritual y un sistema de sumisión codificado. La película no necesita velas negras: la estructura social es el culto.

Satanic Panic (1980–1990)



Deseo ahondar en el fenómeno conocido como Satanic Panic, que marcó a fuego la cultura occidental entre 1980 y 1990. Y quiero hacerlo con claridad, porque se suelen mezclar dos mundos que deben distinguirse: la histeria social y el satanismo real; la imaginación enferma y la perversión concreta; la ignorancia religiosa y la experiencia espiritual auténtica.


Hablaré desde dentro y desde fuera. Desde la sombra y desde la luz.


1. El caldo de cultivo: una sociedad herida, vulnerable y fascinada por lo oscuro


Para entender el Satanic Panic hay que situarse en la cultura estadounidense de fines de los años setenta. Venían de la resaca del Vietnam, del Watergate, del desencanto institucional. Una nación que se creía fuerte descubrió su propia fragilidad. Y donde hay grieta espiritual, suele entrar cualquier cosa: miedos, mitos, conspiraciones.

El final de los setenta coincidió con la explosión de lo paranormal en televisión, el auge de películas como El Exorcista o La Profecía, y el renacimiento del interés por el ocultismo. A esto se sumó un deterioro de las estructuras familiares, miedo al abuso infantil y creciente desconfianza hacia escuelas y guarderías.

El cóctel perfecto.

Así apareció la idea de que existían cadenas organizadas de rituales satánicos, operando en secreto, abusando de niños, infiltradas en instituciones, protegidas por redes de poder.

Les digo algo que tal vez incomoda: aunque el Templo de Seth jamás practicó rituales criminales —al menos durante mis años allí—, el satanismo real sí existía. No como en las películas, pero existía. Sectas menores, grupos dispersos, individuos obsesionados con la magia ritual. Nada que justificara una conspiración nacional, pero lo suficiente para encender miedos.

Y a veces, para que arda un bosque basta una chispa.


2. El caso McMartin: el incendio que se salió de control

El Satanic Panic tiene un epicentro: el caso McMartin Preschool (1983). Un pequeño centro preescolar en California se convirtió en el punto rojo del mapa cuando una madre denunció que su hijo había sufrido abusos sexuales por parte de maestros involucrados en rituales satánicos.

La investigación se infló como globo de feria. Entrevistas sesgadas, interrogatorios manipulados a niños, terapeutas convencidos de que los críos escondían traumas rituales. Todo se desbordó.

Se hablaba de túneles secretos, sacrificios de animales, vuelos en helicóptero para rituales nocturnos, incluso de profesores que podían “volar”.

Nada se comprobó. Ningún túnel. Ningún cadáver. Ningún ritual.

El juicio duró siete años y se gastaron quince millones de dólares. Fue el proceso penal más largo de la historia de Estados Unidos en ese momento… para terminar en nada.

Pero el daño ya estaba hecho. McMartin abrió un portal: ahora todos veían demonios en la sombra.


3. Libros que encendieron la histeria: De Michelle Remembers a los “supervivientes rituales”

En 1980, un libro de apariencia terapéutica se convirtió en dinamita cultural: Michelle Remembers, escrito por la paciente Michelle Smith y su psiquiatra —luego esposo— Lawrence Pazder. El libro narraba supuestos recuerdos recuperados mediante hipnosis: torturas, rituales, sectas, demonios, abusos.

Hoy sabemos que el libro es falso. Ni un solo hecho pudo ser verificado. Pero en 1980 nadie pedía evidencia; solo querían horror.

A partir de ahí empezaron a surgir “supervivientes” del satanismo ritual. Sus relatos eran absurdamente idénticos entre sí, como si hubiesen sido moldeados por terapeutas que ya sabían las respuestas antes de formular las preguntas. El mecanismo es conocido ahora: memoria implantada, sugestión, contaminación emocional.

Pero en los ochenta sonaba a revelación. Y la sociedad se tragó el cuento entero.


4. Casi todo fue mentira… pero algo era verdad

Desde la teología y desde mi experiencia investigativa sobre el satanismo, debo decir:

El Satanic Panic fue, en un 95 %, histeria colectiva.

Pero el otro 5 % no fue inventado.

Hubo grupos satánicos reales, aunque no organizados a nivel nacional. Hubo crímenes inspirados en símbolos satánicos: vandalismo, profanación, violencia esporádica. Hubo psicópatas que usaron imaginería satánica para justificar atrocidades.

Richard Ramirez, el “Night Stalker”, es un ejemplo grotesco: un asesino serial que dejó frases satánicas en las paredes de sus escenas del crimen, no por devoción ritual, sino por una mezcla de sadismo, nihilismo y delirio.

Y hubo jóvenes que, fascinados por el ocultismo, terminaron en prácticas peligrosas, no tanto por el demonio como por su propia fragilidad psicológica.

El problema es que la sociedad mezcló todo en un mismo saco: los satanistas filosóficos, los ocultistas amateur, los psicópatas, los rockeros con estética oscura, los jugadores de Dungeons & Dragons, y hasta niños que escuchaban heavy metal.

Ese caos conceptual fue el gran triunfo del Satanic Panic.


5. Cuando el miedo se vuelve industria

La televisión encontró oro en el pánico. Programas de investigación sensacionalistas, pastores evangélicos que vendían “manuales de guerra espiritual”, policías que asistían a cursos para reconocer “signos de ritual satánico”.

Recuerdo ver algunos de esos manuales cuando investigaba sobre el Templo de Seth. Me reía. No porque no existiera el mal, sino porque lo que describían era una fantasía grotesca, una caricatura infantil. Mientras ellos buscaban pentagramas trazados con sangre, el verdadero satanismo —al menos el de Aquino— no necesitaba sangre ni animales sacrificados. Bastaba con una idea: la exaltación del yo por encima de Dios, la voluntad como principio absoluto, la ruptura con toda forma de humildad.

El error de la sociedad fue mirar lo espectacular y no lo esencial.


6. El punto más oscuro: acusaciones en masa, familias destruidas, vidas arruinadas

Miles de personas fueron acusadas falsamente. Hubo maestros encarcelados sin pruebas, familias separadas, reputaciones devastadas. Cualquier adulto que trabajara con niños podía despertar sospechas.

El Diablo —el real— no necesitó aparecer en ritual alguno. Actuó desde el odio, desde la mentira, desde la justicia convertida en arma. Lo demoníaco no se manifestó en sótanos ni túneles ocultos, sino en tribunales contaminados por la paranoia.

A veces lo más demoníaco no lleva cuernos. Lleva traje y trabaja en instituciones respetadas.


7. ¿Qué quedó después? Una herida cultural… y una advertencia espiritual

Cuando finalmente terminó el decenio, lo que quedó fue un largo silencio. Se demostró que los casos rituales eran falsos, que los niños habían sido inducidos, que terapeutas habían creado traumas inexistentes. Pero el miedo dejó cicatrices.

Quedaron tres aprendizajes.


Primero: el mal existe, pero no actúa como Hollywood cree. Su acción es más sutil, más interior, más psicológica que ritual.

Segundo: la ignorancia religiosa fabrica monstruos imaginarios. Cuando una sociedad pierde su lenguaje espiritual, lo reemplaza con mitos deformados.

Tercero: la verdad necesita discernimiento. Sin él, el demonio puede manipular tanto a los satanistas como a quienes creen combatirlos.


8. La mirada del converso: Testimonio de un ex satanista.

"Cuando vivía en el Templo de Seth, nunca vi sacrificios ni rituales sangrientos. Lo que sí vi fue a personas hambrientas de sentido, fascinadas por la sensación de poder, intentando llenar con símbolos oscuros lo que solo Dios puede llenar.

Esa es la verdadera puerta de entrada al mal: el vacío interior.

Después de mi investigación y mis estudios en teología, comprendí que el Satanic Panic fue el síntoma de dos enfermedades simultáneas: una sociedad espiritualmente debilitada y una cultura teológicamente analfabeta. Sin formación, sin criterio, sin discernimiento, bastó una chispa para incendiar un país entero.

Y sin embargo, lo repito: el mal es real. El demonio existe. Pero su campo de batalla no son las guarderías californianas ni los túneles imaginarios. Su terreno favorito es el corazón humano desorientado. Allí trabaja, con sutileza. Allí susurra. Allí divide.

El gran engaño del Satanic Panic no fue exagerar la presencia del mal, sino confundir su forma.

Mientras la sociedad perseguía cultos invisibles, el enemigo actuaba de modo más sencillo: sembrando miedo, polarización, sospecha, credulidad morbosa, desprestigio del prójimo. Y lo logró durante una década entera."

Hoy, ustedes tienen una responsabilidad: no caer en pánicos morales ni negar lo demoníaco. Deben aprender a reconocer al enemigo sin convertirlo en mito; a denunciar su acción sin alimentar histerias; a exorcizarlo cuando es necesario y a desenmascararlo cuando se oculta bajo ropajes ideológicos o psicológicos.

El Satanic Panic fue una advertencia histórica:

cuando la fe se debilita, el miedo toma su lugar.

Y donde manda el miedo, el demonio sonríe.