Vamos a hablar de los libros proféticos los libros proféticos representan la cuarta parte del Antiguo Testamento si fuesen 1000 páginas serían 250 páginas. Para la Iglesia primitiva son los libros más importantes, para un judío lo importante es el Pentateuco. Sin embargo para un cristiano de la primera época los libros importantes son los libros proféticos porque ven en ellos un anuncio del Mesías. Sin embargo el hecho de que sean los más importantes no significa que sean los más fáciles, al contrario son los más difíciles de todo el Antiguo Testamento, por un motivo muy sencillo, son libros que responden a problemas de la actualidad de aquel tiempo y entonces requiere conocer la historia y no solo la historia de Israel sino a veces también la historia de Asiria, de Babilonia, de Egipto, del Antiguo Oriente en general.
Por otra parte es importante tener en cuenta que los libros proféticos no son obra de un solo autor. Por ejemplo, el libro de Isaías no lo escribió Isaías, ni el de Jeremías lo escribió Jeremías, ni siquiera un libro tan pequeño como el de Abdías procede exclusivamente de él, porque en la Biblia no hay el derecho de propiedad intelectual. Por ejemplo, hoy día si alguien quiere editar las obras de García Lorca no puede meter entre los poemas algo que a él se le ocurre ni lo de otro autor, a lo sumo puede poner una nota a pie de página o puede escribir una introducción pero desde luego no puede cambiar lo que ha escrito el autor. En cambio en la Biblia los transmisores de su mensaje iban añadiendo continuamente nuevos poemas, nuevas composiciones, a lo que ya había escrito el maestro.
El libro de Isaías es fruto de 500 años de profecía no es de obra de un único autor del siglo VIII antes de Cristo, sino que es fruto de 500 años de actividad literaria y profética.
Desde un punto de vista antropológico,
el profeta forma parte de los mediadores, en el ámbito religioso se piensa que el hombre normal no tiene acceso directo a lo divino sino que necesita de alguien que haga de mediador entre él y Dios. Los mediadores de los pueblos antiguos son muy distintos están por ejemplo: los chamanes, los adivinos, los astrólogos, están los sacerdotes y están los profetas.
Pero lo típico del profeta del Antiguo Oriente es que a diferencia del adivino no recurre a medios técnicos. El adivino, por ejemplo, inspecciona las vísceras de un animal, el hígado, los riñones... sobre todo el hígado era muy frecuente. Eso lo hacían los babilonios, los asirios, lo hicieron también los romanos, pero un profeta nunca hace eso. Nunca recurre a un medio técnico.
Los profetas en Mesopotamia pueden ser dioses o diosas. Por eso en Babilonia y en Asiria hay muchas profetisas.
El mensaje del profeta,
generalmente es muy breve, no es un gran discurso, sino que es una cosa tremendamente práctica y concreta. Por ejemplo, que se abra la puerta en el templo una puerta en el templo, que se ofrezca un sacrificio...
El profetismo en Israel no es un fenómeno exclusivo del pueblo de Israel.
La profecía de Israel forma parte de un fenómeno común, pero llegó a alcanzar en Israel una importancia que no tiene ningún otro pueblo del Antiguo Oriente. Por ejemplo, en la Biblia existe unas 250 páginas de escritos proféticos, esto no ocurre ni en Asiria, ni en Mesopotamia, ni en Siria, ni en el Líbano.
Diferencias con otros pueblos de Oriente:
La primera diferencia que encontramos entre los profetas es en el tiempo que dedican a la actividad. Los profetas dedican toda su vida a esa actividad.
La segunda diferencia, Dios busca comunicarse y no al revés. El profeta Amós dice que él era un pastor y un cultivador de sicomoros y se convierte en profeta por una acción de Dios.
El contacto con Dios se establece por visiones. Isaías cuenta una visión impresionante que tiene lugar en el templo de Jerusalén y ve una escena grandiosa. El señor rodeado de de serafines.
Ezequiel describe una visión todavía mucho más impresionante que la de Isaías, la de los huesos secos que cobran vida.
Otra forma de entrar en contacto con Dios que es por medio de la audición. Algo que escuchan. Por ejemplo, la vocación de Jeremías comienza diciendo: el Señor me dijo.
Otra forma es a través de la música y de la danza. Lo que acontece es el trance profético. Prácticamente se pierde la conciencia. Pero no es lo más usual.
El modo de transmitir más común es la palabra hablada y escrita. Es parecido a lo que hace un cantautor.
Pero el profeta no se limita a transmitir su mensaje con la palabra sino que muchas veces utiliza la acción simbólica.
Por ejemplo en Isaías hay un momento en el que está tremendamente preocupado por la situación política y está convencido de que si la situación sigue así van a venir los asirios y los van a deportar. Entonces se desnuda, se quita las sandalias, se ponde un taparrabo y comienza a recorrer Jerusalén de punta a punta. Isaías es un personaje muy conocido en Jerusalén y cuando la gente lo ve recorriendo la ciudad desnudo, pues se burlan de él o escandalizan, o se interrogan, desde luego se cuestionan. Isaias no dice nada, sino que continúa con su acción simbólica hasta que ya por fin dice que eso le va a ocurrir al pueblo si continúan con su política.
Jeremías quiere expresar la desgracia que va a caer sobre Jerusalén. Y en vez de soltar un discurso pues lo que hace es comprar un cacharro de losa y se presenta ante el pueblo. Cuando toda la gente se reúne allí sacerdotes y seglares a ver qué hace Jeremías con ese cacharro de losa, este lo estrella contra el suelo y dice: de esa manera tratará el señor a Jerusalén si no se convierten.
Hay dos tipos fundamentales de profecía: la profecía central y la profecía periférica.
La imagen del profeta más antigua es también la más actual: La de adivino.
Esta imagen del profeta como adivino tiene un fundamento bíblico enorme. Por ejemplo el de Samuel a Saúl. Al padre de Saúl se le pierden unas asnas. Entonces manda a su hijo a buscar las asnas, las están buscando un día, dos días, tres días... Dice Saul: llevamos ya mucho tiempo y mi papá se va a preocupar por nosotros, más vale volver allí aunque no encontremos las asnas... El criado le dice: Mira hay aquí un hombre de Dios (es el título que se utiliza para el profeta) que la gente va a consultar y que seguro que nos dice dónde están las asnas. El hombre al que van es Samuel y Samuel les dice no os preocupéis por las asnas porque ya han aparecido. Y entonces es cuando unge Rey a Saúl.
El profeta y es un hombre capaz de adivinar cosas ocultas.
En el Nuevo Testamento
se mantiene esta idea de que el profeta es un adivino. Por ejemplo: El diálogo de Jesús con la samaritana. La mujer responde: veo señor que eres un profeta tú no me conoces de nada, es la primera vez que pasas por el pueblo y sin embargo sabes lo que es mi vida pasada. Eres un profeta.
Pero el profeta habla muchas veces del futuro, pero habla del futuro para avisar de que hay que cambiar en el presente.
El profeta habla del futuro Pero porque está en relación con el presente. O muchas veces los profetas hablan del futuro para consolar en el presente.
El profeta denuncia las injusticias y las desigualdades, pero también consuela a esa gente.
El profeta por tanto también anuncia la esperanza del Mesías.
La figura del profeta como anunciador del mesías fue creada por los evangelistas. Por ejemplo, el evangelio de Mateo comienza el relato de la infancia de Jesús, cuando el Ángel le anuncia a José que María está embarazada va a dar a luz un hijo y dice y así se cumplió lo anunciado por el profeta por Isaías: de que la virgen dará luz un hijo. Luego vienen los magos de Oriente y cuando preguntan dónde tenía que nacer El Mesías le responden inmediatamente que en Belén de Judá porque así está escrito en el profeta Miqueas. Más tarde la familia tiene que huir a Egipto. Y esa huida servirá para que al volver de Egipto se cumpla lo dicho por el profeta Oseas: de Egipto llamé a mí hijo. Pero antes de que vuelvan de Egipto, Herodes ha mandado matar a los niños inocentes de Belén y se cumple lo que dijo el profeta Jeremías de que Raquel está llorando a sus hijos porque ya no existen... y todo el relato de la infancia termina diciendo que la familia se traslada a Nazaret para que se cumpliese lo dicho por los profetas: que se llamaría Nazareno.
Es decir que en los dos capítulos de la infancia del Evangelio de Mateo tenemos cinco alusiones a los profetas en la vida de Jesús.
¿Qué es un profeta para las primeras comunidades cristianas? El que anunciaba la venida del mesías. Cuando uno sigue leyendo el evangelio de Mateo y se encuentra la figura de Juan Bautista resulta que también comienza a predicar por eso mismo porque se cumple lo dicho por Isaías: de la voz que clama en el desierto ... y cuando Jesús actúa en Galilea también se cumple lo anunciado por Isaías: el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz... es decir que todo el evangelio, toda la vida de Jesús, prácticamente está construida por ese cumplimiento de lo dicho en los profetas.
En el evangelio de Lucas ocurre algo por el estilo. San Lucas da importancia a los profetas en determinados momentos. Para S. Lucas el gran problema es el de la muerte y resurrección de Jesús, o sea aceptar que el asesinato de Jesús tenga un sentido, que esa muerte no sea una muerte absurda, que sirva para algo y entonces a la hora de explicar ese misterio de la muerte y de la resurrección de Jesús al final del Evangelio, Lucas recurre expresamente a los profetas y dice que Jesús cuando se aparece a los 11, a partir de los Profetas le fue explicando ese misterio, de que Él tenía que morir y resucitar. Y al comienzo del libro de los Hechos repite exactamente lo mismo. Jesús vuelve a acudir a los profetas para explicar el misterio de su muerte y resurrección. Después de la ascención de Jesús ocurre el gran fenómeno que para Lucas es fundamental: Pentecostés. La venida del Espíritu es lo que va a poner en marcha a toda la Iglesia. Eso es algo capital y en esa venida del Espíritu se cumple lo anunciado por el profeta Joel: de que al final de los tiempos derramaré mi Espíritu sobre todos mis siervos y siervas...
Para la Iglesia primitiva, los profetas son los que anuncian al Mesías. Pero esta imagen del profeta también tiene sus fallos sus fallos. Porque si aquí tuviésemos 250 páginas no encontraríamos más de cinco páginas proféticas referidas al Mesías, que se pudiesen aplicar a Jesús.
Por consiguiente no podemos decir el profeta es simplemente el anunciador del mesías, es una imagen que para los cristianos resulta muy agradable pero no es toda la verdad. El profeta es algo más. Pero esta imagen del profeta como anunciador del mesías va a durar en la Iglesia Católica y protestante hasta que llegamos al siglo XVIII y en el siglo XIX, el siglo del romanticismo se va a imponer una imagen del profeta como individuo solitario
En el siglo XIX el individuo solitario se ve también en relación con la teoría darwiniana. El que llega a esa meta más alta es un Solitario, desde el punto de vista religioso y profético. Por ejemplo, Jeremías en un momento determinado de su vida cuando está en crisis le dice a Dios: no me senté a disfrutar con los que se divertían forzado por tu me senté Solitario. Él se refiere al momento de su vocación cuando era muy joven todavía. Elías en el Monte Carmelo está completamente rodeado de gente, está el rey, están 450 sacerdotes de baal, están el pueblo y sin embargo él se siente completamente solo.
El romanticismo entra en crisis en el siglo XX. No se puede decir que el profeta sea un individuo que solo en la soledad con Dios descubre todos los valores. Los protestantes se darán cuenta que el profeta tiene un influjo enorme de las tradiciones del norte y del sur, según se mueve en Israel o en Judá. Tiene un influjo enorme del culto, tiene un influjo enorme de la sabiduría popular, porque sus padres desde pequeñitos le están inculcando una serie de valores: Los mandamientos de la Ley mosaica. Eso no lo descubre el profeta en la soledad con Dios, eso se lo dicen Desde niño. Entonces no se puede considerar al profeta un individuo aislado de la sociedad. Sin duda Dios se le comunica y Dios le revela cosas importantísimas, pero tiene un sustrato, una base totalmente social.
En el siglo XX surge con fuerza la imagen del profeta como un reformador social o como un revolucionario social y de nuevo la base bíblica es enorme. Por ejemplo, todo el libro de Amós.
Otro ejemplo es el profeta Natán que se enfrenta a rey David por haber cometido adulterio y asesinado al marido de la adultera, Urías. Lo mismo ocurre cuando Elías acusa a Jezabel de mandar a ejecutar un asesinato, para apoderarse de una finca.
Por consiguiente esta imagen del profeta como reformador social o como revolucionario social, tiene una base muy grande pero hay que reconocer también que a veces esta imagen está motivada por la expansión de las obras de Marx.
También la imagen del profeta como reformador social y crítico, sirve a los protestantes para criticar a la institución religiosa católica. Diciendo que solo se preocupan del culto y no se preocupan de la justicia. Eso mismo van a hacer también muchos Católicos en el siglo XX, van a recoger esa idea y van a utilizar a los profetas como los portavoces de que lo fundamental es la justicia no el culto.
Por consiguiente, esta imagen del profeta tiene una base muy seria. Pero no se puede interpretar al profeta simplemente como un reformador social o como un revolucionario social, porque cabe un peligro: el de silenciar la profunda experiencia religiosa de los profetas y como uno se descuide está hablando de los profetas igual que puede hablar de un periodista, de un novelista, de un director de cine que hace una película de crítica social. No se trata de que simplemente que eso está mal, sino que también ofende a Dios
Surge una imagen del profeta entre el siglo XX y el siglo XXI. El profeta es un funcionario. Es un funcionario del culto. Esta imagen la propuso la Iglesia protestante de Noruega, que analizando los salmos se dió cuenta de que en los salmos hay oraciones que recita la persona que ayuda al templo. Entonces entona la mayor parte del salmo, que es una especie como de súplica de petición a Dios, esperando una respuesta. Se desarrolla la idea que en el templo de Jerusalén había profetas, pero muchos profetas, y que los que nosotros consideramos los grandes profetas Isaías, Miqueas, Jeremías... estaban en confrontación con esos Profetas del culto del templo. Algunos han llevado esta idea al extremo y terminan diciendo que todos los profetas eran funcionarios del culto. Se establece una relación del profeta con el culto, como funcionarios del culto.
Algo interesante es que los protestantes terminan asimilando lo que siempre han criticado a los católicos, la unidad del culto a la denuncia social.
Características de un profeta del Antiguo Testamento
Se considera el portavoz de Dios: él habla en nombre de Dios y en esto se diferencia del historiador.
Habla en nombre de Dios.
La palabra de Dios es clara y no son complicados como los oráculos de delfos.
Siempre se refieren en la siguiente manera: Así dice el Señor Dios. Porque es el portavoz de Dios.
El profeta vive la vida la vida de la gente, pero también de la corte y por eso sabe las tramas de los políticos.
El profeta es incómodo y muchas veces asesinado.
La profecía rompe todas las barreras, por ejeñplo, rompe la barrera del género. Porque hay profetas y profetisas. No hay sacerdotisas hay sacerdotes pero no hay sacerdotisas y sin embargo sí hay profetisas.
Se rompe la barrera de la cultura, no hacen falta estudios especiales para ser profeta. Un sacerdote tiene que estudiar las prácticas rituales, el profeta no tiene que estudiar nada. Puede ser un campesino inculto o puede ser una persona de mucha cultura.
El profeta rompe la barrera de las clases sociales. Porque puede ser muy pobre y puede ser muy rico, no hay obstáculo ninguno.
Rompe la Barrera religiosa.Pporque no hay que ser sacerdote la tribu de Leví.
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