Jabad-Lubavitch: mística, mesianismo y poder religioso transnacional
Jabad-Lubavitch —חב״ד ליובאוויטש— pertenece al jasidismo y tiene sus raíces en la Rusia imperial de finales del siglo XVIII. Su nombre, Jabad (Chabad), procede de las iniciales hebreas de tres facultades intelectuales: jojmá (sabiduría), biná (entendimiento) y daat (conocimiento). Esto ya permite distinguirlo de una concepción puramente emocional del jasidismo: Jabad concede una importancia extraordinaria a la comprensión intelectual de Dios, de la Torá y de la experiencia religiosa.
Su fundador fue Shneur Zalman de Liadí (1745-1812), discípulo de Dov Ber de Mezeritch, uno de los grandes continuadores de Israel ben Eliezer, el Baal Shem Tov. Shneur Zalman elaboró una síntesis particularmente sofisticada entre el jasidismo y la tradición cabalística, especialmente la recepción de la Cábala de Isaac Luria.
Aquí aparece el primer elemento importante para nuestra investigación: Jabad no es simplemente una organización religiosa; es una forma de interpretar la realidad mediante categorías cabalísticas.
En el pensamiento de Jabad, la existencia posee una dimensión oculta. Dios no está simplemente “en algún lugar” trascendente, sino que la creación depende continuamente de la acción divina. El mundo visible constituye, por tanto, una realidad que debe ser elevada hacia su origen.
La finalidad religiosa no consiste únicamente en escapar del mundo, sino en transformar el mundo en un lugar capaz de revelar la presencia divina.
Esta idea resulta fundamental para comprender la extraordinaria actividad misionera de Jabad.
1. De la Cábala a la acción
En la tradición cabalística luriana aparece el concepto de tikkun, la reparación o restauración. La creación contiene una dimensión de ruptura, dispersión y ocultamiento. El ser humano participa en el proceso de reparación mediante el cumplimiento de los mandamientos (mitzvot).
Jabad convierte esta estructura mística en una praxis.
Un judío que coloca los tefilín, enciende las velas de Shabat, observa las leyes alimentarias o estudia Torá no está realizando simplemente una actividad ritual. Está participando, desde la perspectiva cabalístico-jasídica, en una transformación de la realidad.
Aquí encontramos algo intelectualmente interesante: la acción cotidiana adquiere una dimensión cosmológica.
La frontera entre el acto religioso y la transformación del mundo se vuelve extremadamente estrecha.
Esto explica en parte la estrategia contemporánea de Jabad: localizar comunidades judías allí donde existan judíos, incluso cuando sean pocos, y proporcionarles infraestructura religiosa.
El famoso principio práctico de enviar shluchim —emisarios— constituye uno de los mecanismos más eficaces de expansión.
2. El fenómeno del Rebe de Lubavitch
La figura decisiva del Jabad contemporáneo fue Menachem Mendel Schneerson (1902-1994), conocido simplemente como el Rebe.
Su importancia supera considerablemente la de un dirigente religioso ordinario.
Schneerson convirtió Jabad en una estructura global extraordinariamente organizada.
Durante su liderazgo se multiplicaron los emisarios enviados a ciudades de todo el mundo. Estos emisarios establecieron sinagogas, escuelas, centros comunitarios, restaurantes kosher, programas educativos y actividades para jóvenes.
El resultado fue una especie de infraestructura religiosa transnacional.
En términos sociológicos, Jabad desarrolló algo extraordinariamente eficiente:
una red mundial basada en pequeños nodos locales conectados a una identidad espiritual común.
No necesita necesariamente conquistar instituciones existentes. Puede crear una institución nueva.
Por eso encontramos casas de Jabad en lugares tan diversos como Madrid, París, Buenos Aires, Bangkok, Nueva York, Tenerife, São Paulo, Mumbai o pequeñas comunidades universitarias.
La estrategia es notable: el movimiento no depende exclusivamente de grandes templos.
Depende de personas capaces de crear comunidad allí donde se encuentren judíos.
3. La cuestión mesiánica
Aquí entramos en el aspecto más delicado.
Schneerson desarrolló una intensa conciencia mesiánica. Para una parte importante de sus seguidores, el Rebe llegó a ser considerado potencialmente el Mashíaj —Mesías—.
Después de su muerte en 1994 surgió una división dentro de Jabad.
Algunos seguidores sostuvieron que Schneerson era el Mesías y que su muerte no anulaba su condición mesiánica. Otros rechazaron esa identificación o evitaron pronunciarse.
Este fenómeno produjo una situación extraordinaria en el judaísmo contemporáneo.
Un movimiento puede funcionar simultáneamente como:
una comunidad religiosa,
una red educativa,
una estructura misionera,
una organización internacional
y un movimiento con fuertes componentes mesiánicos.
Eso merece atención porque el mesianismo modifica la percepción histórica del presente.
Si se considera que la historia se encuentra próxima a una culminación redentora, entonces las acciones presentes adquieren una importancia escatológica.
4. Jabad y el Estado de Israel
Hay que evitar aquí una simplificación frecuente.
Jabad no es simplemente equivalente al sionismo.
Históricamente, el movimiento jasídico y particularmente sectores de Jabad mantuvieron posiciones complejas frente al sionismo político.
La razón es teológica.
El sionismo político sostiene, en términos generales, que el pueblo judío puede construir una soberanía nacional en la Tierra de Israel mediante procesos históricos y políticos.
La tradición mesiánica clásica plantea otra cuestión: ¿puede el ser humano producir políticamente la redención que corresponde al Mesías?
Por eso encontramos una tensión interesante:
Israel puede ser considerado central para la identidad judía sin que ello implique aceptar toda la teología política del sionismo.
Schneerson, sin embargo, mostró una preocupación extraordinaria por la seguridad territorial de Israel y mantuvo relaciones con numerosos políticos israelíes.
Su posición respecto de territorios como Judea y Samaria fue particularmente firme: consideraba que determinadas concesiones territoriales podían poner en peligro vidas humanas.
Esto hizo que sus enseñanzas fueran enormemente influyentes en sectores religiosos y políticos de la derecha israelí.
Pero Jabad no puede reducirse a un partido político.
Su proyecto es mucho más amplio.
5. Jabad y la diáspora
Aquí aparece quizá la dimensión más poderosa de su influencia.
El sionismo tiende a pensar la concentración del pueblo judío en Israel como una solución histórica.
Jabad, en cambio, ha demostrado que la diáspora puede convertirse en un campo extraordinariamente fértil para la expansión religiosa.
El shaliach —emisario— no necesita abandonar la identidad judía para integrarse en la sociedad donde vive.
Hace precisamente lo contrario:
lleva una microestructura judía al interior de la sociedad.
Esto produce una geografía religiosa peculiar.
Una persona puede encontrarse en una ciudad europea, africana, asiática o americana y descubrir que existe una Casa de Jabad.
La red produce continuidad.
Y esa continuidad tiene consecuencias culturales, económicas y políticas.
6. Jabad y las élites
También es importante estudiar la relación de Jabad con empresarios, políticos, intelectuales y grandes donantes.
El movimiento ha desarrollado históricamente relaciones con personas de enorme capacidad económica.
Esto no constituye por sí mismo algo sospechoso. Es habitual que las instituciones religiosas dependan de donaciones privadas.
Pero sociológicamente resulta significativo porque Jabad combina dos niveles aparentemente contradictorios:
una presencia extremadamente popular y cotidiana
y
una capacidad de relacionarse con individuos pertenecientes a las élites económicas y políticas.
El mismo movimiento puede estar presente en una pequeña comunidad judía y, simultáneamente, mantener relaciones con empresarios multimillonarios o dirigentes políticos.
Esa elasticidad institucional explica parte de su eficacia.
7. ¿Existe relación entre Jabad, Cábala, masonería y rosacrucismo?
Aquí debemos ser muy rigurosos.
La relación entre Jabad y la Cábala es directa y documentable.
Jabad nace dentro del jasidismo y desarrolla una teología profundamente influida por la tradición cabalística.
La relación con el rosacrucismo y la masonería es completamente diferente.
Existen históricamente numerosos contactos entre intelectuales europeos interesados en la Cábala, el ocultismo cristiano, el hermetismo, la masonería y el rosacrucismo. La llamada Cabala cristiana del Renacimiento —Pico della Mirandola, Johannes Reuchlin y posteriormente diversos autores esotéricos— produjo una circulación real de conceptos cabalísticos en ambientes cristianos y ocultistas.
Pero de ahí no se deduce que Jabad sea una continuación de los rosacruces o de la masonería.
Sería una confusión histórica importante.
Podemos representar mejor las relaciones así:
Cábala judía → jasidismo → Jabad
y, paralelamente:
Cábala judía → recepción cristiana → hermetismo/ocultismo → determinados ambientes rosacruces y masónicos
Hay zonas de contacto intelectual, pero no una línea institucional continua demostrada.
8. ¿Y la “hechicería judía”?
Aquí también conviene distinguir.
La tradición judía posee literatura sobre magia, amuletos, exorcismos, nombres divinos, ángeles, demonios y prácticas apotropaicas. Existen testimonios antiguos y medievales de magia judía.
Pero Cábala no significa hechicería.
La Cábala es fundamentalmente una tradición mística y teosófica. Algunas corrientes cabalísticas incorporaron prácticas que hoy podrían clasificarse como mágicas, pero sería anacrónico convertir toda la Cábala en magia.
Jabad, además, tiende a interpretar la Cábala en un marco teológico y espiritual, no como un sistema de hechicería.
Por tanto, si queremos construir nuestra investigación anterior sobre Dan, Cábala, esoterismo y masonería, debemos separar cuidadosamente tres fenómenos:
mística judía; magia judía; ocultismo occidental.
Son fenómenos relacionados históricamente en algunos puntos, pero no equivalentes.
9. La gran paradoja de Jabad
A mi juicio, esta es la cuestión más interesante.
Jabad parece simultáneamente tradicionalista y extremadamente moderno.
Es profundamente tradicional porque reivindica:
Torá,
Halajá,
Mitzvot,
Cábala,
mesianismo,
identidad judía.
Pero utiliza instrumentos extraordinariamente modernos:
comunicación internacional,
redes sociales,
publicidad,
educación global,
organización empresarial,
tecnología,
logística transnacional.
Podríamos decir que Jabad realiza una operación histórica muy sofisticada:
utiliza la modernidad para conservar una forma radical de tradición.
Y aquí reside buena parte de su fuerza.
No intenta secularizar la tradición para hacerla atractiva al mundo moderno.
Hace algo diferente:
moderniza los medios sin modernizar necesariamente el contenido.
Ese fenómeno merece ser estudiado con mucha más atención de la que habitualmente recibe.
10. Jabad como fenómeno de poder blando
Si utilizamos una categoría de ciencia política, podríamos hablar de soft power religioso.
Jabad no posee un Estado.
No posee un ejército.
No necesita controlar territorialmente una población.
Su influencia se produce mediante:
educación,
identidad,
relaciones personales,
asistencia comunitaria,
ritual,
información,
redes económicas,
liderazgo religioso
y presencia internacional.
Es una forma de poder cultural descentralizado.
Y precisamente por eso puede resultar más resistente que una estructura jerárquica convencional.
Conclusión
Si retomamos nuestra investigación sobre sionismo, Cábala, mesianismo, masonería y rosacrucismo, yo situaría a Jabad-Lubavitch en un lugar específico: no como una supuesta “organización secreta” heredera del ocultismo occidental, sino como uno de los grandes laboratorios contemporáneos donde mística judía, mesianismo, identidad, organización transnacional y política se encuentran.
Su importancia histórica es real y suficientemente grande como para no necesitar teorías conspirativas.
Y hay una cuestión todavía más profunda que podríamos investigar: la transformación del concepto cabalístico de tikkun en una estrategia mundial de presencia religiosa.
Ahí encontramos un puente muy interesante entre Isaac Luria, Shneur Zalman, Schneerson y la actual red mundial de shluchim. Ese recorrido permitiría estudiar cómo una idea mística del siglo XVI terminó convirtiéndose, cuatro siglos después, en una de las redes religiosas judías más eficientes del planeta.
Gracias por el artículo. Muy detallado y bastante de acuerdo. Creo que hace falta difundir la verdad sobre la condición de Atracción/Proyección al Mismo Sexo (AMS/PMS) porque hay mucha mentira e ignorancia que da cabida al relativismo, la confusión y la imposición de ideologías lgbtiq+ que están dañando la persona, la familia, la sociedad y la misma Iglesia.
ResponderEliminarTengo observación relacionada a que, si bien la homosexualidad no es enfermedad, si es una consecuencia de un fuertísimo intento de llenar o sanar los vacíos o heridas homo emocionales generados en la infancia, adolescencia y juventud (que todos tenemos, pero las personas con AMS tratan de llenarlos inconscientemente con pensamientos y senitimientos homo afectivo-eróticos). Los mayores sufrimientos son de egoísmo, frustración, soledad, tristeza, ira, decepción, depresión; y más que los derivados de la discriminación como proclama el lobby gay.
El abordaje y pastoral de apoyo adecuado efectivamente no es para "salir de la homosexualidad", sino un acompañamiento de Reintegración en el Amor, para ir reprocesando los sucesos vitales e ir gradualmente llenando las necesidades homo emocionales primarias de Aceptación, Afecto y Atención, esenciales para la madurez