Ludmila Javorová: la mujer detrás de una ordenación clandestina
1. Introducción: una vida situada en el subsuelo de la Iglesia
Hay vidas que se desarrollan en los márgenes de la historia oficial. Ludmila Javorová pertenece a esa categoría.
Su nombre quedó asociado a uno de los episodios más singulares de la historia reciente del catolicismo: la afirmación de que una mujer había recibido clandestinamente la ordenación sacerdotal dentro de la Iglesia católica durante el régimen comunista de Checoslovaquia.
Pero reducir a Javorová a la expresión «la primera mujer sacerdote» sería históricamente pobre.
Javorová no apareció de repente como protagonista de un movimiento contemporáneo de reivindicación femenina. Su historia nació en circunstancias completamente distintas: una Iglesia sometida a vigilancia estatal, sacerdotes encarcelados, comunidades clandestinas y una estructura eclesial paralela que intentaba mantener la vida sacramental bajo un régimen ateo.
Su historia, por tanto, no comienza con la cuestión de la mujer.
Comienza con la persecución.
Y precisamente por eso resulta teológicamente mucho más compleja.
2. La Checoslovaquia comunista y la Iglesia clandestina
Después del golpe comunista de 1948, Checoslovaquia quedó integrada en el sistema político socialista bajo una fuerte influencia soviética.
El régimen ejerció un control considerable sobre las Iglesias. La formación de sacerdotes, los nombramientos eclesiásticos, la actividad pastoral y la relación de los obispos con sus comunidades fueron sometidos a diversas formas de vigilancia y regulación.
La situación se agravó especialmente después de la llamada «Primavera de Praga» de 1968 y la posterior invasión soviética.
En este contexto surgió y se desarrolló lo que posteriormente se denominaría la Iglesia clandestina.
No se trataba simplemente de una Iglesia «secreta» en sentido conspirativo. Era una red de personas que intentaban conservar la vida cristiana cuando las estructuras ordinarias no podían funcionar con libertad.
Aquí aparece una figura fundamental:
Felix Maria Davídek.
3. Felix Maria Davídek: el hombre detrás de la historia
Davídek era sacerdote y posteriormente fue consagrado obispo en circunstancias clandestinas.
Su actividad estuvo marcada por una preocupación concreta: ¿cómo mantener una estructura sacramental y pastoral cuando el Estado controla o bloquea la estructura pública de la Iglesia?
La respuesta de Davídek fue extraordinariamente audaz.
Participó en la construcción de una estructura eclesial clandestina mediante la formación de personas, la ordenación de sacerdotes y la creación de redes destinadas a sobrevivir a una eventual persecución.
Pero Davídek tenía además una preocupación pastoral específica.
Existían mujeres que se encontraban en situaciones en las que el acceso ordinario de sacerdotes varones era extremadamente difícil o incluso imposible. Las cárceles femeninas son un ejemplo particularmente importante.
Y es dentro de este contexto donde aparece Ludmila Javorová.
4. ¿Quién era Ludmila Javorová?
Ludmila Javorová nació en Brno, en 1932, en una familia católica.
No comenzó su vida pensando en convertirse en una figura histórica.
Participó activamente en ambientes católicos durante el período comunista y estuvo vinculada a la red clandestina que rodeaba a Davídek.
Javorová tenía una relación de confianza con él y desempeñó distintas funciones pastorales dentro de ese entorno.
Su formación y actividad religiosa se desarrollaron, por tanto, en una situación radicalmente distinta de la que conocemos en una Iglesia institucional funcionando públicamente.
La clandestinidad transformaba las categorías ordinarias.
Sacerdotes que oficialmente no podían ejercer, obispos cuya existencia episcopal no podía ser reconocida públicamente y comunidades que tenían que funcionar discretamente constituían una realidad paralela.
En este contexto, según el propio testimonio de Javorová, Davídek decidió conferirle la ordenación sacerdotal.
5. La ordenación de Ludmila
Aquí debemos detenernos.
La cuestión históricamente controvertida no es simplemente si Javorová «quería ser sacerdote».
La cuestión es que ella afirmó haber sido ordenada sacerdote por Felix Davídek.
La fecha generalmente asociada con su ordenación es 1970.
Según su propio testimonio, la decisión estuvo relacionada con necesidades pastorales concretas, particularmente con el ministerio hacia mujeres que se encontraban bajo condiciones de especial vulnerabilidad.
Javorová recibió la ordenación en un contexto clandestino.
Durante años, prácticamente nadie fuera del círculo correspondiente conoció públicamente su situación.
Esto es fundamental.
La figura pública de Javorová es posterior a la propia experiencia.
Su historia salió a la luz décadas después, cuando el régimen comunista ya había desaparecido.
6. Un problema fundamental: ¿qué quiso hacer Davídek?
Aquí comienza la verdadera cuestión teológica.
Hay dos maneras muy diferentes de interpretar el acontecimiento.
La primera sería convertirlo en un antecedente directo del movimiento contemporáneo por la ordenación de mujeres.
La segunda consiste en situarlo dentro de la lógica excepcional de la Iglesia clandestina de Checoslovaquia.
La segunda interpretación es históricamente más prudente.
Davídek estaba intentando resolver problemas concretos de supervivencia eclesial.
No tenemos que imaginar necesariamente una especie de programa moderno de emancipación femenina.
Su pensamiento era más complejo.
La situación política había llevado a la Iglesia clandestina a experimentar con formas extraordinarias de organización, formación y ministerio.
Y dentro de ese mundo aparece la decisión respecto a Javorová.
7. El elemento femenino adquiere una importancia particular
Aquí aparece una cuestión que me parece especialmente interesante desde la antropología teológica.
La Iglesia clandestina descubrió algo que las estructuras institucionales ordinarias habían mantenido relativamente oculto: determinados espacios pastorales eran inaccesibles para los hombres.
Las mujeres encarceladas, por ejemplo, podían encontrarse en una situación pastoral completamente diferente de la de los hombres.
Una mujer que pudiera ejercer funciones sacerdotales habría podido acceder a determinados espacios sin producir las mismas sospechas o resistencias.
De esta manera, la cuestión de Javorová no puede comprenderse solamente mediante la categoría «igualdad entre hombres y mujeres».
Hay también una cuestión de acceso sacramental, pastoral y antropológico.
El cuerpo femenino aparece aquí como una condición concreta de presencia pastoral.
Y esto introduce una pregunta teológica mucho más profunda:
¿Hasta qué punto la estructura ministerial de la Iglesia depende de la naturaleza sacramental del ministerio y hasta qué punto depende de circunstancias históricas, culturales y pastorales?
La historia de Javorová coloca esta pregunta sobre la mesa, aunque no la resuelva.
8. ¿Fue realmente «sacerdote» según la Iglesia católica?
Aquí debemos ser muy precisos.
Desde el punto de vista de la doctrina católica oficial, la Iglesia no reconoce la ordenación sacerdotal de mujeres como válida.
La enseñanza contemporánea está expresada de manera especialmente clara en Ordinatio sacerdotalis de san Juan Pablo II, de 1994:
«Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar a los hermanos, declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia.»
Por tanto, desde la perspectiva magisterial católica, no podemos presentar simplemente a Javorová como «sacerdote católica reconocida por Roma».
No lo fue.
Y aquí conviene distinguir dos cuestiones:
una cosa es que se haya realizado físicamente un rito de ordenación;
otra cosa es que la Iglesia reconozca que ese rito produjo sacramentalmente el efecto pretendido.
Son cuestiones diferentes.
9. La cuestión de la validez sacramental
Aquí entramos en una cuestión clásica de teología sacramental.
En la tradición católica, un sacramento no depende exclusivamente de que alguien pronuncie determinadas palabras y realice determinados gestos.
Existe una cuestión relacionada con el ministro, la materia, la forma y las condiciones requeridas por la Iglesia.
En el caso de Javorová, la cuestión fundamental no es simplemente si Davídek pronunció la fórmula ritual.
La cuestión es si una mujer puede recibir válidamente el sacramento del Orden.
La posición doctrinal católica contemporánea responde negativamente.
Por ello, desde la perspectiva oficial de la Iglesia católica, la ordenación de Javorová no constituye una ordenación sacerdotal válida reconocida por la Iglesia.
Esto no elimina el interés histórico del acontecimiento.
Al contrario.
Lo hace más interesante.
10. Pero existe otra cuestión: ¿qué pensaba Davídek?
Aquí debemos evitar un error frecuente.
No debemos proyectar automáticamente sobre Davídek las categorías actuales.
Davídek no fue simplemente un precursor contemporáneo de la ordenación femenina.
Su pensamiento estaba condicionado por una situación excepcional.
La Iglesia clandestina estaba intentando garantizar la continuidad sacramental frente a una estructura política que pretendía controlar la vida religiosa.
En ese contexto, Davídek desarrolló posiciones que fueron extraordinariamente innovadoras y, en algunos casos, conflictivas con otros miembros de la jerarquía clandestina.
La propia organización de aquella Iglesia clandestina fue objeto de tensiones.
Esto es importante porque demuestra que la Iglesia clandestina no era una estructura homogénea.
Existían diferentes concepciones sobre autoridad, jurisdicción, ordenación y relación con Roma.
11. Ludmila y el silencio
Quizá uno de los aspectos más humanos de la historia de Javorová sea el silencio.
Durante años no ocupó un espacio público equivalente al que posteriormente adquiriría.
La clandestinidad exigía silencio.
Pero hay una dimensión todavía más profunda.
Cuando una persona recibe una identidad ministerial que no puede ejercer públicamente, aparece una paradoja existencial.
Ser sacerdote y no poder decirlo.
Recibir una misión y no poder ejercerla abiertamente.
Pertenecer a una estructura religiosa que oficialmente no puede reconocer públicamente la propia situación.
Aquí la historia de Javorová deja de ser únicamente una cuestión canónica.
Se convierte en una cuestión fenomenológica.
¿Qué significa recibir una identidad que permanece invisible?
12. El cuerpo, el ministerio y la identidad
Y aquí creo que la historia de Javorová puede dialogar muy bien con algunos de los temas que hemos trabajado anteriormente.
La identidad ministerial no es simplemente una etiqueta administrativa.
En la teología católica, el sacramento del Orden pretende producir una transformación ontológica mediante el carácter sacramental.
Pero justamente por eso el caso Javorová es tan complejo.
Si la Iglesia considera que no existe ordenación válida, entonces la cuestión del «carácter sacerdotal» no puede resolverse simplemente apelando a la experiencia subjetiva de la persona.
Tenemos aquí un conflicto entre tres niveles:
la identidad subjetiva;
el reconocimiento eclesial;
y la realidad sacramental tal como la entiende la teología católica.
Esto nos conduce a una pregunta filosófica muy poderosa:
¿puede una identidad religiosa existir plenamente cuando la institución que define sacramentalmente esa identidad no la reconoce?
La respuesta no es sencilla.
Una persona puede experimentar una determinada vocación.
Puede haber realizado actos religiosos.
Puede haber sido públicamente considerada ministro por una comunidad.
Pero eso no significa necesariamente que la Iglesia reconozca que ha recibido sacramentalmente aquello que afirma haber recibido.
13. El caso Javorová y la autoridad de la Iglesia
Existe además una segunda tensión.
La Iglesia clandestina fue precisamente una respuesta a la imposibilidad de ejercer normalmente la autoridad eclesial.
Esto plantea un problema casi paradójico:
para sobrevivir, la Iglesia clandestina necesitaba tomar decisiones extraordinarias;
pero esas decisiones extraordinarias podían entrar posteriormente en conflicto con la autoridad institucional de la Iglesia universal.
Por eso el caso Javorová constituye una especie de laboratorio histórico de la relación entre:
autoridad;
jurisdicción;
sacramento;
conciencia;
necesidad pastoral;
y obediencia eclesial.
La clandestinidad obliga a formular preguntas que una Iglesia funcionando normalmente puede mantener latentes.
14. Javorová después de la caída del comunismo
Después de la Revolución de Terciopelo de 1989, Checoslovaquia dejó atrás el régimen comunista.
La Iglesia pudo recuperar progresivamente una existencia pública.
Y entonces apareció un problema inevitable:
¿qué hacer con las personas que habían participado en las estructuras clandestinas?
Algunos sacerdotes fueron reconocidos.
Otros casos fueron examinados de diferentes maneras.
Pero el caso de Javorová era particularmente delicado porque tocaba directamente la cuestión de la ordenación femenina.
Roma no reconoció su ordenación como sacerdotal.
Javorová, sin embargo, continuó siendo una figura vinculada a la historia de la Iglesia clandestina checa.
15. La historia de una mujer, no solamente «la primera mujer sacerdote»
Aquí quisiera hacer una precisión conceptual.
Cuando los medios presentan a Javorová como «la primera mujer sacerdote católica», están utilizando una formulación periodística que puede resultar atractiva, pero teológicamente es problemática.
Una formulación históricamente más rigurosa sería:
«Ludmila Javorová fue una mujer católica checa que afirmó haber recibido clandestinamente la ordenación sacerdotal de Felix Maria Davídek alrededor de 1970, en el contexto de la Iglesia clandestina durante el régimen comunista.»
Esta formulación tiene una ventaja enorme.
No decide previamente la cuestión sacramental.
Describe el acontecimiento.
Después podemos estudiar su interpretación.
Eso es historia.
16. El caso desde la teología católica
Desde el punto de vista católico, hay que incorporar además Inter insigniores de 1976 y Ordinatio sacerdotalis de 1994, junto con la posterior recepción doctrinal de esta enseñanza.
La argumentación católica no se reduce a decir:
«Jesús eligió hombres, por tanto las mujeres no pueden ser sacerdotes».
La cuestión es mucho más compleja.
La teología católica relaciona el ministerio sacerdotal con la representación sacramental de Cristo y con la continuidad de la praxis apostólica.
Aquí entra también la comprensión sacramental del cuerpo.
El sacerdote actúa in persona Christi Capitis.
La cuestión, por tanto, no es simplemente quién puede realizar determinadas funciones.
Es una cuestión sobre qué significa sacramentalmente representar a Cristo en el ministerio ordenado.
Naturalmente, esta argumentación ha sido ampliamente discutida en la teología contemporánea.
Pero para comprender a Javorová debemos exponer primero correctamente la posición católica antes de criticarla o defenderla.
17. Una lectura desde la historia de las mujeres
Desde la historia de las mujeres, Javorová presenta otro problema.
Durante siglos, muchas mujeres realizaron funciones fundamentales para la supervivencia del cristianismo sin ocupar posiciones institucionales equivalentes a las masculinas.
Catequesis.
Educación.
Cuidado de enfermos.
Vida monástica.
Misión.
Espiritualidad.
Dirección de comunidades.
Escritura teológica y mística.
Pero el acceso al sacerdocio sacramental permaneció reservado a los varones dentro de la tradición católica.
Javorová introduce una anomalía dentro de esa historia.
No fue simplemente una mujer que deseaba ocupar una función.
Fue una mujer a la que un obispo clandestino decidió conferir un ministerio que la Iglesia universal no reconocería como sacramentalmente posible.
Por eso su figura posee un enorme valor histórico.
18. La paradoja de Javorová
Y aquí encontramos la paradoja central.
Ludmila Javorová puede ser simultáneamente:
una mujer profundamente vinculada al catolicismo;
una participante de la Iglesia clandestina;
una persona que afirmó haber recibido la ordenación;
una figura histórica relevante para la cuestión del sacerdocio femenino;
y, al mismo tiempo, alguien cuya ordenación no es reconocida como válida por la Iglesia católica.
Estas afirmaciones no se contradicen necesariamente porque pertenecen a niveles diferentes.
La historia pregunta:
¿Qué ocurrió?
La biografía pregunta:
¿Qué experimentó Javorová?
La antropología pregunta:
¿Qué significó para ella aquella identidad?
El derecho canónico pregunta:
¿Qué efectos jurídicos tuvo?
La teología sacramental pregunta:
¿se produjo realmente el sacramento?
El magisterio pregunta:
¿puede la Iglesia conferir el Orden a una mujer?
Son preguntas distintas.
19. La dimensión trágica
Hay también algo profundamente trágico en esta historia.
La clandestinidad creó una situación en la que personas concretas tuvieron que tomar decisiones extraordinarias.
Cuando desapareció la persecución, algunas de esas decisiones quedaron expuestas a la luz pública.
Y entonces apareció la institución.
La institución tuvo que distinguir entre aquello que podía integrar y aquello que no podía reconocer.
Javorová quedó precisamente en ese límite.
No es simplemente una heroína feminista.
Tampoco es simplemente una infractora de la disciplina eclesial.
Es una mujer situada en una zona fronteriza de la historia de la Iglesia.
Y las zonas fronterizas son siempre las más incómodas.
20. Javorová como símbolo
Si abandonamos momentáneamente la valoración jurídica y observamos su figura simbólicamente, Javorová puede representar algo mucho más amplio.
Representa la tensión entre la Iglesia visible y la Iglesia oculta.
Entre institución y carisma.
Entre norma y necesidad.
Entre cuerpo femenino y autoridad sacramental.
Entre experiencia personal y reconocimiento institucional.
Entre memoria y silencio.
Y, sobre todo, entre lo que una comunidad cree haber recibido y aquello que la institución universal está dispuesta a reconocer como recibido.
En este sentido, Ludmila Javorová pertenece a una genealogía mucho más antigua que la discusión contemporánea sobre sacerdocio femenino.
Es la genealogía de las personas que aparecen en las fronteras de las instituciones religiosas.
21. Una conclusión teológica
Yo no definiría a Ludmila Javorová simplemente como «la primera mujer sacerdote».
Esa expresión simplifica demasiado su historia.
La definiría más bien como una figura liminal de la Iglesia del siglo XX: una mujer católica que, en el contexto excepcional de la persecución comunista y de la Iglesia clandestina checoslovaca, recibió de Felix Maria Davídek una ordenación que ella consideró sacerdotal, pero que no fue reconocida como válida por la Iglesia católica.
Y precisamente ahí está la fuerza de su historia.
Javorová obliga a la teología a enfrentarse con una pregunta que no puede resolverse mediante consignas:
¿qué ocurre cuando una experiencia religiosa, una conciencia vocacional, una necesidad pastoral y una decisión de autoridad eclesial entran en conflicto con la comprensión sacramental y doctrinal de la Iglesia universal?
La respuesta católica oficial está clara respecto a la ordenación sacerdotal de mujeres.
Pero la existencia de esa respuesta no hace desaparecer el acontecimiento histórico.
Javorová sigue siendo un testimonio de una época en la que la Iglesia tuvo que vivir en la clandestinidad, cuando la necesidad pastoral llevó a algunos de sus miembros a experimentar soluciones extraordinarias.
Por eso su historia merece ser estudiada no solamente desde la controversia sobre las mujeres sacerdotes.
Merece ser estudiada desde una pregunta mucho más profunda:
¿Dónde termina la institución y dónde comienza el misterio de la Iglesia cuando la Iglesia se ve obligada a vivir oculta?
Y quizá esa sea la verdadera importancia histórica de Ludmila Javorová.
No solamente porque una mujer afirmara haber recibido el sacerdocio.
Sino porque su existencia revela hasta qué punto, bajo condiciones extremas, la Iglesia puede convertirse en un territorio de tensión entre sacramento, autoridad, conciencia, clandestinidad y necesidad pastoral.
Una tensión que todavía no ha terminado de ser pensada.