1914 — Las reflexiones sobre Dios, el sentido de la vida y el yo.
Aquí comienza a aparecer una dimensión que será decisiva: la preocupación por el sentido de la existencia no es simplemente una cuestión lógica.
1915 — Las reflexiones sobre la voluntad.
Son fundamentales para comprender su distinción entre lo que ocurre en el mundo y la actitud del sujeto frente al mundo.
1916 — La transformación del yo.
Este año es especialmente importante. Wittgenstein se encuentra en una intensa búsqueda espiritual y aparecen reflexiones sobre Dios, la muerte, el pecado y el sentido de la vida.
Diario, 11 de junio de 1916.
Es célebre la reflexión sobre Dios y el sentido de la vida. Wittgenstein relaciona la solución del problema de la vida con la desaparición del problema mismo, anticipando la orientación de las proposiciones finales del Tractatus.
Diario, 1 de julio de 1916.
Aparece la célebre reflexión sobre que «Dios» no es una hipótesis explicativa dentro del mundo, sino algo relacionado con el sentido de la existencia.
Diario, 8 de julio de 1916.
Especialmente interesante por la relación entre felicidad, buena conciencia y voluntad. Es uno de los mejores textos para mostrar que la preocupación de Wittgenstein no era meramente lógica.
Diario, 29 de julio de 1916.
Importante para la cuestión del yo y de la voluntad.
Diario, 2 de agosto de 1916.
Muy relevante para comprender su concepción ética: el mundo no cambia simplemente porque formulemos juicios morales sobre él; la transformación fundamental tiene que ver con nuestra actitud ante el mundo.
Diario, 5 de julio de 1916, junto con los pasajes próximos, merece también atención por la relación entre Dios, miedo, esperanza y sentido.
Diario secreto: 11 de junio de 1916; 1, 5 y 8 de julio de 1916; 29 de julio y 2 de agosto de 1916.
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