sábado, 6 de octubre de 2012

Novela: El Viaje Capítulo VI. Autor: Ronald Rivera


 MUERTE VI


Un aliento de vida trae el amanecer de este nuevo día en que ha de efectuarse la lucha definitiva del amor. Es hoy cuando se definirá mi vida o mi muerte, vivir para amarla o morir amándola, cualquiera que sea mi suerte el amor será el resultado. Aún así el día está enrarecido, y junto la alegría de saberme con ella pronto no deja de rondar el temor y la tiniebla en este barco maldito causante de mi mayor amor.

Todavía es muy temprano, pero me incomoda seguir acostado por lo que me he levantado para dirigirme al baño. En eso le doy una patada a mi reloj que debió caerse de entre las sábanas al piso. Lo recojo y veo que marca las 4:55AM. Lo coloco en una pequeña mesa de noche y continúo, apresurando el paso, al baño para orinar. Después de haber satisfecho mi necesidad y tras un largo suspiro subo la bragueta del short, cuando de pronto escucho algunas voces que vienen de afuera. Salgo rápidamente y observo por la rendija inferior de la puerta de mi camarote algunas sombras pasearse... Me acerco a la puerta y a pocos metros de llegar a ella, escucho una voz que en tono imperativo exige que le abra. Reconocí la voz inmediatamente y me percaté de que se trataba de uno de los hombres que trabajan para el capitán del barco. Intentando mantenerme en calma le respondí que estaba enfermo y no deseaba atenderlo. Muchas cosas pasaron en ese momento por mi mente, pero no tenía muchas opciones para escapar de ese problema.

¡Tunc! ... ¡Tunc!... Dos patadas fueron suficiente para abrir la puerta. Entraron seis hombres, reconociendo entre ellos a Yasata. Intenté preguntarle que ocurría, pero no hubo tiempo, pues, antes de poder pronunciar palabra alguna ya mi cuerpo estaba en el piso por efecto de un golpe en mi rostro. Intenté levantarme pero fue imposible tras recibir varias patadas de parte de ellos. Casi inconsciente me llevaron a rastra a un sótano que servía de depósito. Era un cuarto bastante reducido, oscuro y mal oliente... Lanzándome al piso sin medir palabras cerraron la puerta con llave y se marcharon.

Dentro de tal oscuridad y de olor casi asfixiante, me encontraba muy confundido. Lo que deducía era que el capitán de alguna forma se había enterado de que su sexta esposa era más mía que de él. En ese momento me entró un gran frío en los huesos al pensar que a mi amada le pudieran haber hecho algún daño, sensación espantosa y frustrante. Intenté levantarme lográndolo con dificultad, todas las formas posibles para intentar un escape han sido agotadas y fallidas. La única solución es el de pensar algo efectivo y rezar.

Pasado algunos minutos veo que una sombra se acerca a la puerta, pero se queda quieta... Era uno de los hombres del capitán que aparentemente montaba guardia. Empecé a plantearle varias preguntas, pero a ninguna respondía.

Sentado, observando alguna que otra rata escurrirse,  han pasado ya varias horas, aunque no tengo precisión del tiempo.  La sombra del que monta guardia desaparece apareciendo otra... Y una nota pasa por la rendija de la puerta. La tomo y leo en ella:

 “Drug, el capitán ha dado la orden de matarte al atardecer, antes de desembarcar en Grecia... Se ha enterado que te has acostado con su esposa por un comentario hecho por Alicia la cocinera, quien según ella es testigo de haber visto salir a Asha tarde de tu camarote. Es inútil que lo niegues ya que el capitán en su borrachera dice que ayer notó a su mujer sin ropa interior y que ésta al negarse a responder la causa de tan extraño incidente, éste, aunque todavía con la duda,  intentó acostarse con ella como otras veces. Pero Asha se opuso dando lugar a una fuerte discusión donde después de un fuerte hostigamiento ella confesó que no lo quería y que sí lo engañaba, contigo. Ella se encuentra golpeada al haber sido tomada por la fuerza, y tu veredicto es la muerte... Pero no te desanimes, pues, tengo un plan para sacarte... Yasata”.

            Leer la nota de Yasata ha suscitado en mí distintas reacciones, entre tranquilidad y rabia... Sobre todo una gran impotencia de no poder salir y matar con mis manos al maldito capitán, por atreverse colocar sus sucias manos sobre mi amada.  Elevo mis plegarias al Buen Dios para que mi amada se vea fuera de todo peligro... Pero hay otra cosa que es mi propia suerte, no siento ánimos de morir en manos de ese perro, ojalá Yasata piense en algo bueno...

            Tengo una sed insoportable acompañado de una fuerte acidez por falta de alimento... El aire viciado me provoca nauseas y las ratas algo más que asco. Me entra gran temor al pensar sobre mi muerte, siempre la había deseado sobre una dama sin prestar atención al motivo, ya que una mujer por naturaleza convierte los momentos más desagradables en deseados y en los buenos en casos inoportunos, como lo es en este momento. Siempre imaginé que el motivo de morir sobre una mujer fuera por exceso físico o paro cardíaco, más no por celos de un hombre que además de mi amada tiene a cinco más.

            Con mi visión borrosa, me mantengo por inercia... Se abre la puerta, entra una persona, ya cerca de mí distingo que es Yasata que me trae algo de pan y agua... Sin decir palabra me da la espalda y se aleja. Ya apunto de salir se detiene, voltea y me dice: Prepárate, en cinco minutos se cumple la hora fijada... Se retira, provocándome una exaltación sus palabras dejando no solo miedo sino un hipo.

            Efectivamente la puerta vuelve abrirse y entra de nuevo los seis hombres. Cuando el primero se acerca a mí le doy un golpe por la nariz dejándola ensangrentada.. Eso provocó una nueva serie de patadas y golpes a mí ya desaliñado cuerpo, dos me levantan del piso y veo que uno saca un revolver y apunta en mi cabeza... Cerré mis ojos, cuando de pronto Yasata dice: “No, aquí no, llamarán la atención de los demás tripulantes... Lo haré yo solo en el sitio más prudente del barco, ustedes vigilen que nadie se acerque.” Tras las palabras de Yasata, me dio tiempo de tomar aire y expirar. Se acerca Yasata y tomándome por los cabellos me saca del  sótano casi a rastra no sin antes recibir algunas patadas más departe de los otros cinco.

            Ya fuera del sótano, Yasata me indica  que camine. Le dije que lo de los cabellos era una exageración, me contestó con un golpe en el rostro por lo que decidí no preguntar más. “Es para que todo salga bien” Responde él en voz baja. Bajo la mirada y cuanto es mi sorpresa que detrás de Yasata está el maldito perro Iblis moviendo su cola como si nada estuviera ocurriendo. “Estúpido perro” Digo en voz alta a Iblis. Yasata mirándome me dice que deje al perro tranquilo, pues más estúpido soy yo y que además últimamente el pobre animal ha sufrido de asfixia por haberse atragantado con un pedazo de tela blanca de pepas negras.

            Yasata me ha conducido a uno de los extremos del barco, irónicamente el mismo sitio donde había estado con Asha por vez primera. Era posible ver las costas griegas desde allí, solo distanciábamos de ellas algunos metros significativos. Trataba de un puerto poco movido y famoso por los contrabandistas que vienen de Asia a Europa. Yasata hablando con un poco más de serenidad, me ha dicho que Asha se encuentra estable y que su única preocupación era la de mi suerte y que fue ella misma quien le confió la misión de mantenerme con vida.

            El tiempo se mantiene claro aunque ya la noche no tarda en aparecer con sus alas de cuervo negro extendidas sobre nosotros. El plan establecido con Asha se mantiene excepto en el hecho de que para todos yo he de estar muerto. Es así como apareceré en las afueras de la casa, donde el capitán celebrará su conmemoración nupcial con Asha, esperándola a ella para irnos lejos a un lugar donde podamos hacer el amor en todo momento.

            Yasata después de conocer las instrucciones saca de su chaleco de cuero un revolver. Nada más de verlo me tiembla todo el cuerpo... Me dice que tiene que disparar y lanzar  mi cuerpo al mar; es decir tendré que esperar el momento oportuno para saltar del barco y llegar a las costas a nado, es la única solución... “Hay un problema” Dice Yasata, “¿Cuál?” Pregunto Yo. “Debo dejar una marca de sangre, esa será la prueba de tu muerte” Pensando un poco y viendo al animal rascándose al lado de Yasata sin pensarlo le quité el arma a Yasata y disparé al perro. A la hora de la verdad es Iblis el culpable principal. La idea no gustó mucho a Yasata pero lo entendió al verlo ya muerto. Iblis dejó buen rastro de sangre... “No habrá problema por que los dos son de la misma sangre de perro” Dijo Yasata... Después de reírme un poco, lanzamos a Iblis al mar, y luego me lancé yo en un ángulo poco visible a la tripulación.

Novela: El Viaje Capítulo V. Autor: Ronald Rivera


El Bikini V

  La calidez y suavidad de su cuerpo se une al mío en un encuentro de brazos y ávidos labios mientras siento la forma de sus senos estrecharse en mí.

Ha llegado tres minutos tardes según el tiempo concordado, al sitio preestablecido, pero eso no importa mientras la tenga siempre así, pues, ahogado en su cuerpo no existe para mí tiempo ni espacio.

Es inevitable cambiar las palabras por besos estando frente a ella. Haciendo un esfuerzo sobrenatural  para dejar de morder sus labios me dispongo a explicarle el plan que he establecido para escaparnos y romper las cadenas de opresión que frenan nuestro amar. El plan es muy sencillo y la sonrisa dibujada en sus provocativos labios expresa su conformidad.

Aprisionándola en mi cuerpo vuelvo a besarla...  Saco de mi bolsillo un duplicado de la llave de mi camarote y la coloco en sus delicadas manos. Subiendo mi boca por su cuello le susurro: “Toma esta llave, no es confiable seguir viéndonos en este sitio, te espero en mi camarote a las 8:00PM, según lo hicimos ayer”. Ella como paloma sin inocencia afirma con su cabeza. El reloj marca las 2:45PM.

-Es mejor que te vallas, pues, ya no es prudente tu tardanza.-
-Tienes razón amado, pero antes de irme deseo saber algo más de ti. Apenas sé que te amo muchísimo, que vienes de costas causantes de un gran dolor y que tu nombre supuestamente es Drug.-

-Tuya es mi vida y mi corazón, no es mi intención ocultarte nada. Mi nombre efectivamente es Drug, Drug Cobain. Aparte del inmenso amor que siento por ti, no tengo nada más, excepto,  un hermano sacerdote que vive cerca de las costas donde desembarcaremos mañana... Y donde nos refugiaremos al escapar... Y una casa bastante amplia de la época románica ubicada en una zona boscosa de Turquía donde los dos viviremos felices para siempre, ya que esta me ha sido heredada por mis padres, que murieron en un accidente, junto a su fortuna, de la que mi hermano ha dispuesto que sea yo quien la administrase.-

-Siento mucho lo de tus padres.-

-Sí, yo también lo siento mucho... Me a marcado profundamente su ausencia, pero he podido superarlo.-

-¿Se debe a ello el dolor de aquellas costas?-

-En parte... El dolor de aquellas costas tiene su causa en una mujer a quien aprecio con toda mi alma, su nombre es Elena. Crecimos juntos en el hogar de mis padres, tras la muerte de ellos su presencia me ayudó mucho. Su atención llenó el vacío que ellos habían dejado. Me hice dependiente de su afecto. Ella hace un año partió a aquellas costas para continuar sus estudios. Con un amor ciego he ido a buscarla... Pero... Ya estaba comprometida con otro. Preferí no intervenir en su relación, pues, a pesar de su cariño profeso a mí, a quien quería era a él. Así después de una noche de pasión junto a ella en la playa tomé este barco donde pude conocer el verdadero amor. Me enamoré como nunca lo había hecho antes, de la perla más hermosa y fina. Me enamoré de ti... Junto a ti he sentido por vez primera el amor y no un capricho pueril-

-Gracias por confiar en mí y amarme tanto como yo te amo a ti-.

-Siempre, preciosa-.

-Me voy amado, se me ha hecho tarde-.

Nos besamos intensamente. Me dio la espalada y contemplando sus caderas, se fue.

Ya sin poder tener su cuerpo ante mis ojos me dispongo a disfrutar del colorido paisaje. A ver el cielo en el espejo del mar con su caudal de nubes y reflejos de viva luz. Doy gracias a Dios que me ha dado la oportunidad de amar.

Solo deseo ahora ver cada rincón del universo hasta donde alcance la mirada. Verlo todo y mirarlo con el alma es el milagro de la luz para la vida y para el amor que ahora habita en nosotros.
Mi cuerpo un poco agotado exige un descanso. Marcho al camarote a disponer de un reposo. El reloj marca las 3:15PM, mi mente solo piensa una cosa y es en ella. Tanto que el único sentido de descansar está  en recuperar fuerzas para tomarla, besarla y amarla con vigor esta noche. 

Pasadas las horas y encontrándome en mi habitación durmiendo, apenas con un short como de costumbre, he tenido un gran sobresalto e impresión al tropezar  en mi cama con otro cuerpo. De pies tras un salto frente a la cama, sorprendido y sin creerlo, veo el cuerpo de mi amada Asha extendida desnuda en mi lecho. Me pellizco y estrujo los ojos para ver si es un sueño o espejismo lo que estoy viendo pero compruebo la realidad al escuchar su voz tras algunas risas de ella, diciéndome que me tranquilice y agradeciéndome la ocurrencia de entregarle la llave de mi cuarto.

-Es que no puedo vivir sin ti-.

-Yo tampoco, pero es una locura, vamos a salir muertos de este barco.-

-No te preocupes por mi esposo, se puso a tomar con Yasata y está tan ebrio que dudo se levante antes del amanecer.-

-Creo que vale la pena arriesgarse.-

-Sí, ya lo creo... -
Es imposible negarle mi ser cuando insistentemente ella me lo pide. Mirando sus ojos me interno en sus pensamientos hasta embriagarme con los néctares de su presencia en mí. Deseo vivir siempre entre sus labios bebiéndome sus besos. Deseo morder sus senos y tocar su vientre con mi cuerpo hasta hundirme en el remolino femenino de sus encantos. Ven amor, ven conmigo, quiero mirarte con la luz de mis ojos ahora que puedo verte. Quiero sentirte en mis brazos ahora que puedo amarte.

Tu mirada como arquero lanza flechas doradas desde tus brillantes ojos verdes que hacen vibrar mi corazón y mis sentidos con entereza. Preciosa, estoy herido por tu cuerpo que golpea mi pecho, indefenso y sin aliento entre tanta euforia y avidez. Más soy valiente y aguerrido y tengo el corcel más veloz de la tierra. Concédeme tu mano, tu alma y tu vida para llevarte cabalgando por los mejores caminos hasta el éxtasis.

Espero en la otra vida recibir tus manos y tu cuerpo, manos que ahora me acarician, cuerpo que ahora vibra con el mío en nuestro lecho.

Palpo tus pechos como rosas blancas, que quieren salirse del seno como dos palomas. Tomas mi cuerpo como arcilla para moldearlo y saciar en él los instintos naturales de la carne, tú sexto sentido de mujer.

No hay palabras, solo lenguas desarticuladas. Hablan en cambio los sueños, de los que apenas se les logra oír: “Por favor no te vayas nunca amor mientras yo viva”.

Los dos desnudos, después de tan maravilloso acto, no nos habíamos dado cuenta que, en medio de tanta movedera, habíamos tirado la ropa al piso. Iblis que siempre se metía debajo de mi cama, como perro al fin, le dio por comerse su bikini  blanco de lunares negros. A mí me mató la risa, ella se disgustó, gritó y maldijo al pobre animal. Su cara de enojo le daba una belleza  particular. Su bikini en mis manos dejaba ver con tales destrozos que ya no tenía ninguna utilidad. Intentando ofrecer alguna solución al problema, no encontraba ninguna, fuera de darle ropa interior mía y eso es bastante absurdo y riesgoso.

Ella al respecto decidió vestirse sin su apreciada prenda, hecho que se dejaba entrever desde afuera de su falda creando cierta preocupación en mí al pensar que pueda ser vista. A pesar de ello, Asha, después de un suave beso en mi boca me dice que no hay que temer ya que ha anochecido y es bastante oscuro, y su esposo debe estar pasando su embriaguez.

Tranquilizándome entre sus brazos o por lo menos intentándolo la acompaño a la puerta. Salgo para asegurarme que no hay nadie cerca, al ver todo en orden ella sale y más atrás Iblis, causante de tales angustias.

Cierro mi puerta, intento ver la hora pero con tal desorden de sábanas e imaginar que entre ellas está mi reloj de mano desisto de la idea. Vuelvo acostarme sobre sábanas desordenadas, donde retozó el amor y mi cuerpo, con la extraña sensación de una noche intranquila y temores como de muerte.

Novela: El Viaje, Capítulo IV. Autor: Ronald Rivera


EL ALMUERZO
IV

¡Toc- toc- toc! , ¡Toc-toc-toc! Alguien toca mi puerta... Veo mi reloj que indica las 10:15 AM. ¡toc-toc-toc¡ “Un momento, no soy sordo”. ¿ Quién podría ser?. Me levanto y coloco un short que pende de una silla. Me acerco a la puerta, ahora con cierto temor al pensar que el capitán se halla enterado lo de anoche. Abro la puerta y mi temor se afianza al ver a Yasata, un colaborador cercano del capitán que se encarga del buen funcionamiento del barco; sin embargo su aspecto gracioso y noble me daba de cierto modo tranquilidad.

- Buenos días Drug (Así me conocían en el barco), disculpa si te he molestado pero el capitán te envió un recado y como no te vi en el desayuno vine a tu camarote.-

-No te preocupes Yasata, tu visita no es molestia. Como ves acabo de levantarme debido a que me costo tomar el sueño-.

-Y eso... ¿ Algún problema?

-No, todo lo contrario no pude dormir de felicidad, de pensar en el amor.-

-¿Alguien en particular?-
-Sí, alguien muy especial.-

-¿Quién?-

-Ya lo sabrás. Creo que ya está bien de preguntas ¿No?

-Sí, claro. Voy al motivo de mi visita; el capitán a mandado ha decirte que te invita almorzar con él y su esposa en el comedor de costumbre.

-¿Te lo dijo molesto?-

-No, ¿Tiene motivo para estarlo?... Al contrario hablaba de ti con cierto gusto... Más de una vez me ha confesado su aprecio por ti. Le gusta escuchar tus cuentos y aventuras.-

-En eso exagera.-

-Pienso igual... Me retiro para que te alistes, pues ya no son horas de dormir.

            Saber el motivo de la visita de Yasata ha descartado la duda que tenía de haber sido descubierto... Me anima asistir al almuerzo, no por la generosidad del capitán sino por que ella va a estar allí, aunque sea al lado de él, y en la mesa del jefe siempre se come mejor.

            Entra en mí nuevos aires al recordar el momento extasiante que viví con ella. Ha sido imposible quitar la imagen de su cuerpo desnudo en mis pensamientos y desaparecer el sabor de su piel. Esperando ansiosamente verla me dirijo al baño donde me afeito y tomo una ducha. Mientras me digo: “Es sin duda una hermosa mañana, un nuevo día esperado desde mucho tiempo”.

            Con ropa acorde al caso me dispongo a esperar la hora del almuerzo, paseando por los corredores del barco. Me uno a un grupo de jóvenes que comparten la vista al mar. Entre ellos  se encuentra Yasata que acaricia a “iblis” un cachorro pequinés de tres meses que acompaña en todo momento a Yasata y a veces tiene la desagradable ocurrencia de colarse a mi camarote y dormir debajo de mi cama. Todos me dan un caluroso saludo. Saco una cajetilla de cigarrillos y les ofrezco a cada uno de los presentes. Entre bromas y chistes machistas nos ponemos a conversar sobre: Lo próximo que se encuentran ya nuevas costas, cosas referentes al clima  y si es posible que exista la mujer perfecta. En cuanto a este último tema pensaba para mí que no solo es posible sino que ya la he encontrado.

            El sol brilla muy fuerte en lo alto del cielo trayendo consigo brisas cálidas y pasajeras. El mediodía se acerca y con ella el apetito. Es así como todos nos dirigimos al comedor del barco, un salón amplio con dos filas de mesas que suman veinticuatro en total presididas por una mesa central donde comía siempre el capitán con su esposa de turno; en este viaje con Asha ya que era la única de sus esposas que lo acompañaba en este viaje.

            El comedor empieza a llenarse y las mesas con manteles color salmón a ocuparse. Un grupo de amigos me invitan a sentarme, pero les respondí negativamente, pues ya el capitán y su esposa (Más mía que de él) me esperaban en su mesa.

            La mesa estaba servida para seis personas, pero los únicos presentes era el capitán, Asha y yo. La mesa cumplía todos los requisitos para un almuerzo solemne incluyendo servilletas de tela que hacían juego con el color salmón del mantel. La comida era variada y vistosa; como me suponía mucho mejor que la de las otras mesas. Estábamos atendidos por dos mesoneros y un tercero que retiraba los platos. Sin embargo ante toda esta atención, todo era secundario. Lo único principal era verla, mirarle los ojos y decirnos entre miradas y risas cuanto nos amábamos.

Vestía espléndidamente con una blusa que dejaba desnudos sus hombros y mostraban perfectamente sus bondades naturales. La blusa era acompañada con una falda larga que dejaba entrever sus blancos y definidos muslos a través de un pequeño escote.  Muslos que ahora son míos y de nadie más... Mi éxtasis despertó bruscamente cuando el capitán abraza a mi amada. Entró en mí una rabia como nunca antes había experimentado, no quería que la tocara. Intentó besarla pero ella lo esquivó dándole la mejilla y dirigiendo su mirada a mí. Mirada que gritaba su inocencia y desdicha de estar con alguien que no amaba. Mis huesos se retorcían por la impotencia pero respiré e intenté controlarme...

-Buen provecho Drug, gracias por aceptar mi invitación. Siempre es un gusto poder compartir contigo.-

-El gusto es mío señor capitán, exagera en su estima.-

 -Tus ocurrencias y aventuras la han ganado. Aparte de la sinceridad que admiro en ti... ¿Has tenido el gusto de conocer a mi hermosa esposa?-

-Solo de vista... –

-Es un placer, mi nombre es Asha-

-El placer es mío, tienes un hermoso nombre... El mío es Drug.-

-Simpático nombre.-

-Gracias señora, en la cultura iraní significa “mentira”. -

-Espero, amigo Drug, que te guste la comida.-

-Seguro capitán.-

-El motivo de mi invitación es debido a que mañana llegaremos a las costas de Grecia donde tengo entendido te quedarás para seguir tu camino a nuevas aventuras... Más tanto mi esposa y yo queremos pedirte que nos acompañes en una fiesta que haremos cerca de la playa para renovar nuestro compromiso nupcial. ¿No es así amada?-

  -Sí, es mi deseo que vayas en nombre del amor.-

En el momento que ella respondía sus ojos trémulos me gritaban que le diera la seguridad de que nunca la dejaría.

-Por supuesto que acepto, para mí es un gran gusto conmemorar fiesta tan importante.-

Mi respuesta dio alivio a mi pequeña flor que no dejaba de mirarme. Las palabras del capitán y su invitación era un plan indirecto de ella para que fuera pensando como podíamos escapar los dos apenas lleguemos a  tierra.

El almuerzo terminó como de costumbre. Después de despedirme del capitán y agradecerle una vez más su generosidad solo deseaba encontrar el momento oportuno para poder hablar con ella. Era difícil teniendo en cuenta que él no la soltaba para nada, más al pasar ella a un lado de mí hizo que tropezaba y dejó caer una nota frente a mis pies. Al ellos salir yo la recojo y leo: “En cinco minutos donde nos vimos por última vez”.

Novela: El Viaje, Capítulo III . Autor: Ronald Rivera

DOS COPAS 

            La tarde ha transcurrido calurosamente, y el clima se ha mantenido animado y en alegría. Ahora con más razón en mí, por la bondad de Mahoma en disponer a una de sus devotas ha salvar el amor.

                El atardecer de rayas naranjas anuncia el agonizar del día. La brisa fría a su llegada trae la proximidad de la noche y con ella el “acto consumado”. Para hacer la espera más llevadera he aceptado la invitación del capitán a tomar el café en el estar del barco.

            Después de una hora de haber compartido el café y  temas, como por ejemplo: Lo hipócrita que a veces se presenta la vida o el cómo mantener en pies una cama con seis esposas, he decidido despedirme del respetado capitán agradeciendo afectuosamente su invitación y aludiendo cansancio. El muy cortésmente ha aceptado no antes sin hacerme prometer una nueva conversación.

            Ya fuera del estar del barco me dirijo al lugar establecido para la cita.
            Mi reloj marca las 7:45PM. Tomo un cigarrillo, lo enciendo y llevo a mi boca... La noche se presenta más oscura de lo acostumbrado, ausente de estrellas, nublada con luna tenue. Mi alma percibe su perfume. Boto el cigarrillo. Olor de sol, olor de playa, olor de puertos, olor a mujer. Mi paladar reacciona y saborea en mi boca memorias ansiosas. Mis ojos la ven presente, fiel según el pacto, no conmigo sino con el amor.

            Trae el cabello suelto, descalza y descubiertos sus hombros. Cabelleras de ámbar, largas y suaves, ahora se pasean por mis manos.

            -Preciosa, mi corazón me indica el amarte... Romper las cadenas que privan tu libertad.-

            -A mí también me indica el amarte, para hacerte creer en él y demostrar que si es posible el enamorarse.-

            -Entonces dejemos a nuestros corazones actuar, aprovechemos la oportunidad que el amor hoy nos ofrece.-

            Sin tener ya  voz ni palabras  para expresar lo que siento, la llevo a un sitio seguro de los ojos de los tripulantes, no por casualidad el sitio más oscuro del barco. A pesar de sus tímidas risas en ningún momento muestra miedo y su cuerpo y entrega expresan seguridad y dominio.

            Sobre nosotros ese cielo divino y cruel de los viajes. Sus manos sin anillos, sutiles y desnudas corren a las mías que esperan, temblorosas. Sus senos bien definidos se dibujan en la seda blanca de su bata. Piernas y labios se unen en un mismo destino.

            Vuelve el amor como los ríos por sus antiguos cauces.
            Vuelve el despertar de las lluvias de sus dormidos sueños estaciónales. Mis besos pueblan un nuevo vientre y el amor florece en los corazones de los dos.
            Tiene color la vida.
Tiene sabor la noche. Cuando los sueños no se desean sino que se hacen realidad.
            Vuelve el amor ante las azules horas de la noche y vuelven a oírse de nuevo en nuestros lechos risas libres.

            Gloriosa gota de rocío hecha mariposa has venido desde los jardines del Profeta a colorear mi soledad y mis sueños de esperanzas.

            Tomándola de la mano la llevé a mi mundo de fantasía cabalgando con la brisa y las estrellas hacia la savia del amor y la fragancia hasta satisfacer los sueños.

            Que alegría y que contento viven nuestros ojos al mirarnos en este casual encuentro donde la luz vuelve y enciende la lámpara que tanto tiempo vivió apagada entre nosotros.

            Hoy me siento despierto ante ti después de tantos sueños y siento que mi espíritu quiere salir de mi pecho para besarte y celebrar contigo este encuentro. Quiero gritarle a Mahoma lo bello de mujer que me ha brindado al momento de ser en ella el bosque de sus verdes ojos y el brillo de sus pupilas.

            Quiero besarte y morderte sin herirte, librar el néctar de tus raíces hasta saciar mi sed. Solo deseo continuar escuchando la alegría de tu risa y la libertad en tus palabras.

            Mientras admiro su cuerpo desnudo saco una botella de vino y dos copas que había mantenido a escondidas.

            -Un poco de vino, como te había prometido, aunque no hay mejor licor que tus besos, ni mejor copa que tus pechos.-

            -Que bien... Y ¿Dónde conseguistes el vino y las copas?.-

            -Las tomé del estar del barco, cuando tomaba el café.-

            -Estás completamente loco.-

            -No más que tú... Sabes, deseo confesarte algo:

            -Quisiera mantenerme siempre así, junto a ti... Aunque sé que es difícil de creer, nunca había sentido algo así por una persona. Es como si siempre nos hubiésemos conocido, como si desde siempre nos hubiéramos amado... Que dices al respecto, mi hermosa venus.-

            -Mi amor por ti nunca lo había experimentado con ningún otro hombre... Tienes algo especial que me hipnotiza y provoca estar siempre contigo. Es algo que no sé explicar... Deseo escuchar de ti que me amas y aún más creerte.¿ Puedo creer en ti?.-

-Deseo que lo hagas y te doy mi palabra que lucharé por lo que en este momento siento... No deseo ser ya egoísta. Deseo dar entrada al amor en mi corazón. Lo que siento por ti está por encima de lo que antes he sentido por otra mujer. Veo que he sido un idiota en cuanto siempre he pensado en mí y no en lo hermoso que hay en los otros... Gracias por devolverme la vida y el amor, gracias por  estar.-

-Gracias a ti por demostrarme que el amor también existe para mí. Has roto las cadenas que tenía para amar, en la obligación de entregarme a un hombre que no amo ni escogí. Te amo y creo en ti-.

-Me he enamorado de ti, nunca había experimentado esto...

-Yo también me he enamorado de ti... Ahora sin querer debo irme, pues se hace tarde y no quiero despertar sospecha en mi esposo.-

-Tampoco esa sería mi intención... Deseo que sepas que te amo mucho... Y que el amor nos guarda una dulce mañana, un eterno futuro, yo entre tus piernas y tú entre las mías. Ahora vístete y corre, que se te hace tarde...  Prefiero que estemos vivos los dos  para repetir tal acto.-

-Si mi esposo no se da cuenta créeme que así será.-

            Cubriendo su desnudez se aleja de mi presencia... Nunca había amado de aquella forma. Me sirvo un poco más de vino y brindo con la noche quien ha sido testigo del plácido acto. Al terminar lanzo las copas y la botella al mar para que también él se embriague y doy una última mirada al lugar del fiel barco, que me sirvió de tálamo, donde floreció el amor.

            Ya vestido, extasiado y complacido dirijo mis pasos a mi camarote al momento que mi reloj marca las 10:00PM  y mi paladar sigue degustando el sabor de su cuerpo.

martes, 11 de septiembre de 2012

Venezuela Misionera se Revitalizó en el IV Congreso Nacional Misionero (Ronald Rivera)



Venezuela Misionera se Revitalizó en el
IV Congreso Nacional Misionero

            La Iglesia venezolana se prepara al gran evento continental: la celebración del Congreso Americano Misionero (CAM 4), COMLA 9 a realizarse en noviembre del año 2013 en Maracaibo y dentro de este itinerario hemos podido celebrar en nuestra Arquidiócesis de Valencia el IV Congreso Nacional Misionero (CONAMI 4). Del 05 al 09 de septiembre  el Campus universitario de la Universidad de Carabobo dio escenario a misioneros venidos de todas partes del país para profundizar el anuncio profético del Evangelio de Jesucristo en Venezuela, siguiendo el llamado ya propuesto por el primer documento emanado del Concilio Plenario de Venezuela al encontrarnos con el reto de una Iglesia que o es misionera o no es Iglesia.

            El CONAMI estableció una respuesta concreta para revitalizar nuestro andar; imprimiendo en el cristiano su identidad misionera y por consiguiente hacer que todos los miembros de la comunidad sean discípulos misioneros del Señor como no los recuerda el documento de Aparecida en su numeral 144. Esta respuesta nació tras la participación atenta de los misioneros a la explicación de los ponentes: Mons. Diego Padrón con el tema Discípulos Misioneros y Conversión Pastoral; Mons. Jesús A. Guerrero con el tema Misión Continental/ Misión Permanente; Mons. Reinaldo Del Prette con el tema Pluriculturalidad; Dr. Enrique Alí González con el tema Secularidad; y el Pbro. Oscar A. Martínez con el tema Pequeñas Comunidades Eclesiales. Luego estos temas eran estudiados concienzudamente a través de 20 mesas de trabajo a cargo de 20 ponentes y 20 secretarios en 20 salones en las instalaciones del edificio de Ciencias Biomédicas y Tecnológicas del Alma Mater.

            Este Espíritu Conciliar que nos recuerdan las primeras comunidades cristianas encendidas con el Fuego de Pentecostés se vio también enriquecido con el intercambio y compartir familiar donde gran parte de los misioneros fueron hospedados amablemente en hogares de las familias cristianas de la Arquidiócesis de Valencia.

            El domingo 09 de septiembre a las 10:00 am se celebró la Eucaristía de Clausura y Envío a la Misión Permanente presidida por el Arzobispo de Valencia Mons. Reinaldo Del Prette, en la Capilla Universitaria, donde la alegría se mantuvo hasta el final, cuando se le entregó el testigo misionero a la Arquidiócesis de San Cristóbal como próxima sede del CONAMI 5.

            Gracias al organizado trabajo del Departamento de Misión de la Arquidiócesis de  Valencia dirigido por el Pbro. Oscar A. Martínez se logró animar a las Iglesias Locales en su responsabilidad misionera desde la originalidad de la experiencia eclesial para que respondan a los desafíos de la Misión Permanente en un mundo secularizado y pluricultural. Todo esto en marco de los 90 años de la Arquidiócesis de Valencia, donde quedó evidenciado que Venezuela Misionera comparte su fe.

Ronald Rivera

sábado, 16 de junio de 2012