martes, 23 de agosto de 2016

Personajes: Entrevista a la Teóloga Olga Consuelo Vélez Caro




1.- ¿Quién es Olga Consuelo Vélez Caro?

Una creyente que llegó al camino teológico por responder a una llamada que el Señor me regaló desde muy joven y que he podido vivir y disfrutar a lo largo de mi vida. Soy Colombiana, docente de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, mi especialidad es la teología sistemática y doy clases sobre diversos tópicos de esta. También me gusta escribir tanto en revistas académicas como pastorales y colabora con cursos y conferencias a diversos grupos que me lo solicitan.


2.- ¿Cómo asume su papel de teóloga y cuántos años lleva dedicada a esa profesión?

 Mi papel de teóloga lo asumo como una vocación que me concentra todos mis pensamientos y acciones y a la que le entrego mis días y horas, siempre con el ánimo de anunciar al Señor, de que más gente pueda conocerlo a través de una formación teológica sólida y que lleve al compromiso. Diría que tengo como dos preocupaciones grandes: que el mensaje sea liberador, especialmente, para los más pobres y promueva la inclusión de la mujer. Por eso los estudiantes, muchas veces me clasifican como teóloga de la liberación y feminista. Podría decir que si estoy comprometida con esas reflexiones, sabiendo que cualquier perspectiva tiene límites pero que si proporcionan un horizonte que da más sentido a lo que se reflexiona y enfatiza aquello que se ve más urgente transformar. Llevo más de 28 años trabajando en la Facultad de Teología de la Pontificia universidad Javeriana y 17 años de haber recibido el Doctorado en Teología, doctorado que estudié en Brasil, en la Universidad Pontificia Católica de Rio de Janeiro.


3.- A su opinión ¿Siente que en la historia de la Teología se ha marginado el papel de la mujer?

 Por supuesto. No sólo en la historia de la teología sino en la historia de la Iglesia. Pero estamos en un momento de transformación de esa realidad y cada día aumenta el número de teólogas, lo cual hace posible cambiar el rostro de la teología y volverlo, también más femenino. No obstante, no es tan fácil moverse en este ambiente porque aún hoy, en algunos lugares se niega el título eclesiástico (título que dan las universidades pontificias, diferente al título civil) a todos los que no son clérigos y, por supuesto, a las mujeres y, de igual manera, no es fácil que se contrate a mujeres en dichas facultades como profesoras. Casi siempre se abre el camino porque no hay un sacerdote para dictar una asignatura pero, si pueden evitarlo, todavía hoy, lo hacen. Por parte de los estudiantes también depende del ambiente del que provienen. Si se les ha formado en una visión muy clerical, son reticentes, en primera instancia, a una profesora mujer. Hay que esperar que pase el tiempo y sean los hechos los que muestren que se es buena profesora. Esto significa que a la mujer le toca esforzarse el doble o tiene que validar su competencia, cosa que no les ocurre, normalmente, a los clérigos.


4.- ¿Cómo definiría la teología feminista? 

En primer lugar hay que aclarar que la palabra “feminista” causa rechazo en los ambientes eclesiales. Por lo tanto, parece políticamente más correcto, no hablar de feminismo sino de femenino. Por eso toca aclarar, casi siempre, qué se entiende por cada uno de estos términos y por qué, actualmente, la mayoría de teólogas interesadas en el tema de la mujer, si nos definimos como teólogas feministas. Hemos dejado de asumir el término “femenino” porque tradicionalmente se identifica con los roles asignados culturalmente a la mujer: ser más tierna, más detallista, más dedicada al hogar, más intuitiva, más sentimental y muchos otros estereotipos que nos llevan a ocuparnos de las cosas en un segundo plano y que impide un protagonismo social y eclesial en iguales condiciones que los varones. Si femenino no significara todo esto en el imaginario general, se podría usar ese término. Pero como eso no es así, se prefiere el término “feminista” en el sentido de un reconocimiento de la dignidad de la mujer en igualdad de condiciones que los varones y en la exigencia de transformación de todos aquellos límites que ponen a la mujer en un segundo lugar. La teología feminista es un punto de llegada de la conciencia de las mujeres de irse incorporando a la teología. En primer lugar se llamó “teología de la mujer” porque suponía reflexionar sobre las mujeres y su presencia en la Biblia, por ejemplo. En un segundo momento se llamó “teología de la feminidad” buscando con esto que los roles asignados a las mujeres –de los que acabamos de hablar- fueran valorados y se pudieran incorporar a la teología como formas femeninas de hacer teología. Pero, actualmente, se va asumiendo más el término teología feminista porque lleva a que las mujeres hagan teología no sólo aportando lo asignado a la mujer, sino reflexionando en igualdad de condiciones con los varones, revisando y sistematizando, todas las áreas de la teología, con todos los métodos adecuados para ello, preguntándose muy a fondo, de qué manera tales reflexiones pueden promover a las mujeres, rechazando todos aquellos estereotipos que las hacen estar en un segundo lugar, en la sociedad y en la iglesia. Lógicamente el feminismo se ha identificado con el aborto, o con derechos sexuales o con lesbianismo y por eso tanto rechazo. Pero sin necesidad de identificarse con estos aspectos –propios de la pluralidad de feminismos- no se puede perder lo esencial de este que ha sido la posibilidad de que las mujeres ganarán la ciudadanía y pudieran ser consideradas seres humanos con la misma dignidad que los varones y con la posibilidad de participar de todos los escenarios.


5.- A su opinión ¿Es posible que podamos ver  la Ordenación de Diaconisas, en la Iglesia Católica, a corto plazo? 

En mi opinión creo que no. Pero con el Papa Francisco hemos visto actitudes que no esperábamos y, por eso, todo es posible. Digo que no creo que lo veamos pronto porque por ahora es una comisión para estudiar si hubo diaconas en los orígenes del cristianismo y en qué consistía su ministerio. Aunque en esa comisión hay algunas personas que explícitamente, en sus escritos, han respondido afirmativamente, falta ver qué argumentan los otros miembros de la comisión. Y una vez den sus resultados, no quiere decir que esto sea obligante para abrir la puerta al diaconado de mujeres. Ya hemos tenido otras comisiones que han respondido afirmativamente a una consulta y luego se han tomado decisiones distintas. Además hay un sector muy conservador en la iglesia que se opondrán decididamente a un cambio en ese sentido. De todas maneras, espero que las puertas se sigan abriendo y pronto veamos cambios sustanciales en la Iglesia.


6.- ¿Qué enfoque y aplicación debe tener el Método Teológico en el quehacer actual de la Iglesia Católica? 

Tal vez me haces esta pregunta porque conoces que mi tesis doctoral fue sobre el método teológico. No hay un único método ni la iglesia puede alinearse a una sola perspectiva. Pero, lo que está claro es que la teología tiene métodos que la validan y por eso la iglesia jerárquica puede acoger más rápido y con más confianza los aportes de la teología. A veces hay desconocimiento de los avances teológicos o resistencia por los cambios que implican. Lógicamente el método latinoamericano que la Conferencia de Aparecida valora profundamente (n.19), del ver-juzgar-actuar, es muy pertinente porque nos hace fijarnos en los signos de los tiempos, reflexionar teológicamente sobre ellos y volver a la vida para poner en práctica las consecuencias que de esa reflexión se derivan.


7.- ¿Qué piensa en relación con la teología desarrollada por los laicos? 

Estamos en un momento de más apertura el laicado y de que muchos ya tienen título de doctorado en teología. Esto es bien importante porque se tocan temas más extra eclesiales y de alguna manera la teología y la iglesia se enriquece mucho más. Falta que puedan tener más presencia en las facultades y más divulgación de sus trabajos, lo cual no es tan fácil, para que sus reflexiones sean más conocidas y se pueda visibilizar este rostro laical de la teología y de la iglesia.


8.- Dentro de su formación académica puede hablarnos de su trabajo investigativo en el Boston College. 

La mayor relación que he tenido es por el “Lonergan Institute” que tiene el Boston College y mi interés por las obras de Bernard Lonergan. Como dije antes, mi tesis doctoral sobre el método, se basó principalmente en este autor (y la relación con la teología de la liberación, en la persona de Clodovis Boff). Por eso he podido participar varias veces del seminario que sobre este autor se programa cada verano, con diferentes temáticas, y he podido conocer a muchas personas y familiarizarme con su producción. Con ese contacto mi investigación sobre el método ha seguido actualizándose y ha sido una riqueza mantener ese contacto.


9.- Pudiera hablarnos de sus próximos proyectos.

 En este momento estoy escribiendo sobre “Cristología feminista”, quiero publicar un pequeño libro sobre esa temática. Quiero seguir investigando en esa línea abarcando más aspectos. Tengo un blog en el que escribo mis reflexiones, a partir del cual se puede conocer mi pensamiento (http://blogs.periodistadigital.com/fe-y-vida.php) ), como también los artículos que van apareciendo en diversas revistas teológicas y pastorales y que algunos de ellos están disponibles en (https://javeriana.academia.edu/OlgaConsueloV%C3%A9lezC).


10.- ¿Qué piensa de Temas Teológicos y Filosóficos http://temasteologicosyfilosoficos.blogspot.com/, como página de difusión de la Teología? 

Me parece muy importante que se fomenten este tipo de blogs para que la teología y la filosofía tengan un rostro más público y puedan divulgarse sus contribuciones. Te felicito por esta iniciativa y deseo que sigas teniendo muchos seguidores. Y gracias por interesarte por mi trabajo y publicar esta entrevista.

jueves, 18 de agosto de 2016

Personajes: Entrevista al Teólogo Rafael Luciani


1.- ¿Quién es Rafael Luciani?

Rafael Luciani es Doctor en Teología por la Pontificia Università Gregoriana de Roma, donde también estudió la Licenciatura en Teología Dogmática. Es Licenciado en Educación, mención Filosofía, por la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, y tiene estudios en Filosofía por la Università Pontificia Salesiana de Roma. Estuvo, finalmente, varios años en la Julius Maximilians Universität de la ciudad de Würzburg, realizando investigaciones académicas. Ha sido Director de los Estudios de Teología de la UCAB y Coordinador para la Creación del Área de Teología de los Estudios Generales de Postgrados de la UCAB ante el CNU. Ha dedicado años de trabajo a la promoción y apertura de los estudios de Teología para laicos. Es profesor de Cristología Bíblica y Dogmática, con muchas publicaciones, en inglés y español, en el área. También ha enseñado cursos sobre los Orígenes del Cristianismo, Misterio de Dios, Pneumatología y otros relacionados con la fe y la política. Actualmente es profesor Titular por la UCAB, Straordinario por la UPS de acuerdo al sistema URBE (Roma) y Asociado por el Boston College (Boston, USA).



2.- ¿Cómo asume su papel de teólogo y cuantos años lleva dedicado a esa profesión?

La teología es una vocación, un servicio que trasciende a la academia, porque uno reflexiona y conceptualiza desde la experiencia y las relaciones con las personas. Desde ahí voy haciendo teología partiendo de una lectura del Evangelio y siempre preguntándome qué haría Jesús en nuestra época hoy. Hace más de 15 años estoy dedicado de lleno a la enseñanza teológica. Durante los primeros años trabajando en la UCAB, me confiaron presidir la comisión encargada de diseñar y montar las maestrías en teología que hoy en día tenemos. Pero, a la par de eso, abrí un Diploma a nivel de postgrados para que los laicos profesionales pudieran estudiar teología con un buen nivel académico y con una orientación social y pastoral, que permitiera conectar lo que hacían, en sus distintas profesiones, con la reflexión teológica. A partir de ahí gran parte de mi tiempo lo dedico a abrir la teología al laicado. Creo que esto es una deuda de la Iglesia, especialmente donde el ambiente clerical sigue muy vigente.


3.- A su opinión  ¿Cuál es el desempeño que debe tener el teólogo venezolano, en función a la realidad de su país?

El teólogo en cualquier lado debe contribuir a los procesos de humanización que se deban generar en una sociedad. Por ejemplo, apoyar siempre a la democracia y los derechos humanos como bienes alcanzados por la humanidad y que no pueden ser derogados. También optar, tanto con el acompañamiento como con la reflexión, por los más pobres de la sociedad, especialmente las víctimas de la exclusión y todos aquellos que hoy viven sin posibilidad de tener posibilidades. En Venezuela, la reflexión teológica debe necesariamente contribuir a formar esta conciencia por una auténtica democracia y el reconocimiento de los procesos de inclusión sociocultural. Aquí podemos recordar al Papa Francisco cuando dice que si los problemas de los pobres no se resuelven, los problemas de nadie encontrarán solución. Esto es muy válido para Venezuela hoy. Y en esto puede contribuir el teólogo venezolano.


4.- ¿Cómo definiría la teología latinoamericana?

Es una teología de los signos de los tiempos. Es decir, parte del análisis de la época, sus características, sus retos y problemas. Para ello aplica el método del discernimiento de la realidad. Es una teología de la encarnación, porque no podemos hacer teología de escritorio o como ejecutivos de grandes corporaciones que trabajan sólo en espacios cerrados. El estar con las personas, en su realidad, compartiendo su cotidianidad, es fundamental para el teólogo latinoamericano. Y de ahí ir reflexionando, conceptualizando, a la luz de la Escritura y en coherencia con la Tradición y el Magisterio. Pero siempre teniendo como centro a la praxis de Jesús. Por eso la teología latinoamericana es siempre una teología que parte de los Evangelios, porque se nutre del seguimiento de Jesús.


5.- ¿Qué relación tiene la religiosidad popular con la teología?

La religiosidad popular o religión popular es la manera en la que los pueblos expresan su fe, mediante ritos, gestos y oraciones que hablan de lo que viven cada día, de sus problemas, de sus esperanzas, de sus necesidades. No podemos quedarnos en lo externo de ella, como pueden ser las procesiones o los ritos. Tenemos que descubrir lo que realmente mueve a las personas a practicar la religiosidad popular. Lo que el Papa Francisco llama el "alma" o la mística que se encuentra detrás. Al descubrir eso, encontraremos que lo que esta forma de vivir la fe expresa es una profunda conexión entre la fe y la vida cotidiana vivida en conjunto, en relaciones, en comunidad. Esto es algo que nos puede enseñar mucho cuando la tendencia actual, cada vez más dominante en la Iglesia, es la de propiciar una religión privada, la de sólo asistir a la misa los domingos y confesarse individualmente, pero en ningún caso se entiende que la religión significa religación, relación, estar con el otro, vincularme a aquél que no conozco o me cae mal, para construir un camino de fraternidad y llegar, algún día, a llamarlo hermano.


6.- ¿La teología siempre  va asociada a una disciplina?

La teología académica o profesional está dividida en disciplinas, como toda ciencia. Estas pueden ser la dogmática, la espiritualidad, la pastoral, la fundamental, la bíblica y otras más que ayudan a comprender el misterio de la revelación desde perspectivas distintas. Sin embargo, esta división por disciplinas comienza hacia el siglo XI y ha hecho que perdamos esa noción tan importante que es la visión sistemática que debe tener todo teólogo. No podemos pensar por apartados. La realidad se ve siempre en conjunto y se aborda de forma interdisciplinar. Este camino de diálogo con otras ciencias es algo que se está recuperando después del Vaticano II y que tiene que ser profundizado. Especialmente si queremos comprender y responder a los signos de los tiempos actuales.

7.- ¿Qué piensa en relación con la teología desarrollada por los laicos?

Como decía anteriormente es una deuda de la Iglesia en la mayoría de los países. Muchos presbíteros creen que la teología es sólo para los curas y que los laicos debemos tener una formación religiosa pero no una formación teológica seria. Hay realmente pocos laicos teólogos profesionales en América Latina. Para ello, las Universidades deben apostar por abrir los programas de teología a los laicos y la Iglesia debe abrir sus puertas, como lo ha hecho en algunos otros lugares, para que estos laicos teólogos puedan trabajar. Que la teología no sea un accesorio simplemente, sino que se vaya convirtiendo en vocación y servicio cristiano. Esto es tan importante que no es lo mismo la perspectiva teológica de un cura que de un laico, porque no vive los mismos problemas que uno a todo nivel. Además recordemos que la mayoría de los clérigos y religiosos no estudian teología como tal, sino un básico de 3 ó 4 años, más o menos, que es el Bachillerato o Diploma de teología que se les exige para ser ordenados. Pero luego no siguen un estudio académico que les permita dar un aporte teológica en la Iglesia. Esto también es una deuda de la Iglesia en América Latina, el de poder ofrecer una mejor formación al clero, de mayor calidad y con más posibilidades para que podamos contar con homilías bien preparadas, por ejemplo. Cosa que la gente critica mucho porque la mayoría de las homilías que uno escucha son muy vagas e improvisadas, y con poca fundamentación teológica y bíblica. En fin, el laicado puede aquí ejercer una presión importante y colaborar en este sentido al prepararse teológicamente.


8.- Pudiera hablarnos de sus próximos proyectos

Estoy montando en Boston College una proyecto de formación en línea de teología, pastoral y espiritualidad completamente gratuito para toda América Latina. Son programas de formación continua que permitirán acceder a una formación de nivel mediante una plataforma en línea que cualquier persona puede acceder. Culminan en certificados de extensión, lo que permite que cualquier persona puede inscribirse y cursarlo. No necesita tener una carrera universitaria previa. La idea es hacer llegar la reflexión teológica y el impulso que nos trajo el pontificado de Francisco a todos los rincones de América Latina. El proyecto se inauguar en Octubre con el primer curso que daré sobre los "Aspectos teológicos y sociales del pontificado de Francisco". Un tema actual no sólo para comprender a Francisco y las reformas en la Iglesia, sino también para acercarnos a temas de actualidad que afectan nuestra vida cristiana cada día. Para tener más información me pueden contactar (lucianir@bc.edu) o ingresar a la página de la Escuela de Teología del Boston College y buscar el Programa de Formación continua en español.


9.- ¿Qué piensa de Temas Teológicos y Filosóficos http://temasteologicosyfilosoficos.blogspot.com/, como página de difusión de la Teología?

Desde hace algún tiempo la sigo y creo que hay que apoyar todas las iniciativas virtuales que permitan difundir, más allá de los lugares donde vivimos, temas de actualidad pero abordados desde una perspectiva teológica. Es lo que el jesuita Antonio Spadaro llama la Cyberteologia. Creo que este es el valor y el reto de esta web y los proyectos que de ahí de puedan derivar. Hay que pensar cómo orientar estos proyectos hacia la formación para no quedarnos sólo en los artículos de opinión y análisis. Este creo que es un reto pendiente del mundo teológico virtual.


miércoles, 7 de enero de 2015

V Parte ¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos / Ronald Rivera. Ecumenismo y Sacramentos


V Parte ¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos / Ronald Rivera.  Ecumenismo y Sacramentos


Sacramentos y Ecumenismo

Tomando como punto de partida los estudios del Rev. Gregory D. Gaston (de  Manila, Filipinas) podemos decir:

El Catecismo de la Iglesia católica enseña que los discípulos de Cristo están vinculados entre sí, en primer lugar, por la caridad. Pero la unidad de quienes estamos aún sobre la tierra, la Iglesia peregrina, "está asegurada por vínculos visibles de comunión: la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles; la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos; la sucesión apostólica por el sacramento del orden" (n° 815). Si en la Iglesia católica los sacramentos son signos visibles de comunión, ¿qué consecuencias tiene para la Iglesia católica que va camino hacia la comunión con otras Iglesias cristianas? ¿Qué consideraciones se pueden hacer sobre los sacramentos en el diálogo ecuménico?

El Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, en su documento La dimensión ecuménica en la formación de quienes trabajan en la pastoral, incluye, entre los problemas actuales del ecumenismo, el estudio de los principios católicos que rigen la participación común en lo espiritual y lo sacramental. El mismo documento, en la sección referida a los "Fines y Métodos del Ecumenismo", dice que "El concepto católico de unidad la considera un don por medio del cual Dios hace a los cristianos partícipes de su misma comunión. Sus elementos centrales son: la unidad en la fe, la unidad en la vida sacramental y la unidad en el ministerio". Siendo, pues, los sacramentos un signo visible de comunión en la Iglesia católica, no pueden ser descuidados en el diálogo para la comunión con otras Iglesias cristianas. El bautismo constituye un vínculo fundamental de comunión entre cristianos. Las heridas de la unidad que han hecho surgir las distintas Iglesias no han modificado el hecho de que "todos los que han sido justificados por la fe en el bautismo se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor" (Unitatis Redintegratio 3 § 1).

Asimismo, el Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, en suDirectorio para la aplicación de los principios y las normas sobre ecumenismo del 25 de marzo de 1993, discute sobre "la comunión que existe con otros cristianos basada en el vínculo sacramental del Bautismo y las normas para la participación conjunta en la oración y en otras actividades espirituales, incluyendo algunos casos especiales en que se comparten los sacramentos". La administración de los sacramentos de la Eucaristía, la Penitencia y la Unción de los enfermos a cristianos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales ha de ser "permitida, o, es más, recomendada", aunque "sólo a quienes participan de su unidad en la fe, el culto y la vida eclesial", y sólo "en ciertas circunstancias, de manera excepcional, y bajo ciertas condiciones". Con estas referencias, "además de ser signos, los sacramentos -en especial, la Eucaristía- son fuentes de unidad de la comunidad cristiana y de vida espiritual, y son medios para edificarlas". El ecumenismo es una misión que trasciende las fuerzas humanas. Por eso es necesario imitar a Cristo en la oración por la unidad: "Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21).

Referencias

1. Vaticano II, Unitatis Redintegratio.

2. Catecismo de la Iglesia católica 813-822.

3. Código de derecho canónico de las Iglesias Orientales, can. 671, §§ 2-3.

4. Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, Directorio para la aplicación de los principios y las normas sobre ecumenismo.

5. Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, Directivas para la admisión a la Eucaristía entre la Iglesia Caldea y la Iglesia Asiria de Oriente, Roma, 20 de julio de 2001.

Lic. Ronald Rivera

@ronaldriver

miércoles, 10 de diciembre de 2014

IV Parte ¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos / Ronald Rivera. Antropología en los sacramentos: Sujeto y Ministro


IV Parte ¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos  


Antropología en los sacramentos: Sujeto y Ministro


Ministro de Cristo y de la Iglesia 

Hemos reiterado que los sacramentos son acciones de Cristo y de la Iglesia. Son acciones de Cristo no sólo porque Él los ha isntituido, como si sólo fuera su autor hace más de dos mil años, sino también porque en ellos actúa Cristo mismo (CEC 1127), ya sea en cuanto Dios que en cuanto hombre, Sólo la Trinidad puede causar los efectos salvadores de los sacramentos, y lo hace mediante la humanidad santísima de Jesucristo. El contacto entre las acciones de Cristo, confluyen en el misterio pascual, y los hombres se realiza por la fe y los sacramentos, que prolongan la eficacia salvadora de las acciones de Jesucristo, hasta el punto de que los sacramentos son acciones de Cristo, que los administra por medio de los hombres (Pablo VI, Enc. Mysterium fidei).

Los sacramentos son, pues, acciones humanas, gestos y palabras realizados por hombres, que sirven a Cristo, para comunicar la salvación que brota de su misterio pascual. Aun siendo acciones que se atribuyen con razón a los que las realizan, sin embargo son más que nada acciones de la Iglesia.

En la liturgia de los sacramentos se pone de manifiesto que la Iglesia actúa en los sacramentos como comunidad sacerdotal, orgánicamente estructurada (LG 11) (CEC 1119). No se trata de algo privado.

El que realiza la acción propiamente sacramental se llama "ministro" del sacramento, porque se pone al servicio de Cristo y de la Iglesia; no es el dueño, sino el servidor.

La validez y eficacia de los sacramentos son independientes de la fe y santidad del ministro. Ex opere operato. Aún así se ha de velar por la importancia de las buenas disposiciones morales del ministro del sacramento, como de su vida espiritual. 

La recta conducta moral del ministro se pone de manifiesto no sólo en la disponibilidad generosa para ejercer el ministerio sacramental, sino también en la denegación de los sacramentos a los que no pueden recibirlos. "Está prohibida por ley divina, la comunicación en las cosas sagradas que ofenda la unidad de la Iglesia o que lleve consigo adhesión formal al error o peligro de errar en la fe, de escándalo o de indeferentismo" (OE 26).


El sujeto de los sacramentos

Sujeto del sacramento es aquel que lo recibe, y a este propósito conviene distinguir entre la recepción válida del sacramento y la recepción fructuosa, puestoque hay sacramentos, como los tres que imprimen carácter y el matrimonio, que pueden realizarse válidamente pero sin fruto espiritual, es decir, el sacramento, porque el sujeto está mal preparado, no le da la gracia, pero sin que resulte completamente vacío de sentido y eficacia, sino al contrario sifnificando y comunicando un cierto efecto espiritual, como lo son el carácter sacramental y el vínculo conyugal.


Las condiciones en el sujeto para recibir válidamente los sacramentos son:

1. Estar vivo y bautizado (Quien no ha recibido el bautismo, no puede ser admitido válidamente a los demás sacramentos (CIC, can. 842 n. 1).

2. Tener la intención libre de recibir el sacramento. En caso de moribundos o personas de no completa conciencia (como los niños) La intención de la Iglesia como comunidad suple.

3. Recepción fructuosa del sacramento, es decir estar preparado para recibir con dignidad la gracia contenida.

4. Debe comprometerse a una conducta bien determinada de vida cristiana.

5. Debe estar en el contexto celebrativo de la comunión de la Iglesia.


Lic. Ronald Rivera


Bibliografía: MIRALLES, Antonio "LOS SACRAMENTOS CRISTIANOS" Palabra. Madrid, 2000.








 

miércoles, 29 de octubre de 2014

III Parte ¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos / Ronald Rivera

Tratado General de los Sacramentos Parte III

Doctrina de los sacramentos para el Luteranismo: La Reforma Protestante

El luteranismo mantiene la consideración de los sacramentos como signos salvíficos. Su eficacia proviene, independientemente de la fe, de la Palabra de Dios que los instituyó. Sin embargo son eficaces para la salvación sólo cuando se los recibe con fe.

Lutero encuentra sólo en el Bautismo y en la Cena las características esenciales del sacramento: el signo visible y la institución por Jesucristo; por eso, rechaza los demás sacramentos. En la Penitencia echa de menos el signo. Para Melanchton no se necesita, sin embargo, un elemento material, sino que basta una acción que haga oficio de signo. Por esto, acepta tres sacramentos.

El Bautismo es considerado como necesario para la salvación. Es cierto que el Bautismo no sirve sin feb(BSLK 696,40) sin embargo, la fe no hace el Bautismo. Se defiende el Bautismo de los niños, pues el mandamiento de Dios y la promesa que se refiere al Bautismo son universales. "Es necesario bautizar a los niños para procurarles la promesa de salvación" (BSLK 247,12).

En la doctrina de la Cena se defiende rigurosamente la presencia real del Cuerpo y la Sangre de Cristo; la negación de esta presencia o su espiritualización es considerada cismática.Ésta es la causa por la quelas comunidades luteranas rechacen la intercomunión con la mayoría de las restantes comunidades protestantes. Se rechaza, sin embargo, la doctrina de la transubstanciación: se confiensa la presencia substancial del cuerpo y de la sangre en, con y bajo el pan y el vino, pero se quiere examinar el cómo de esa unio sacramentalis. Por otra parte, el luteranismo afirma que la presencia del cuerpo y de la sangre se realiza en virtud de las palabras de la institución con vistas a la recepción, y esta presencia permanece solamente durante la celebración (in actu).

También los indignos reciben el cuerpo y la sangre, pero para su condenación y no para su salvación. Por entender las palabras de Cristo "Bebed todos de él" como un mandamiento estricto dirigido a toda la comunidad, se consideró la negación de la comunión del cáliz como una usurpación clerical de la Iglesia Latina y como un abuso contrario a la Sagrada Escritura. Actualmente se ha suavizado esta cuestión, pues la misma exégesis protestante ha señalado el hecho de que la celebración sub una en el tiempo más primitivo no sólo era frecuente, sino que la regla (cfr. J. Jeremías).

En lo que se refiere a la Confesión el luteranismo está dividido. Lutero la consideró útil, aunque no como un sacramento; para Melanchton es un sacramento en el propio sentido de la palabra (BSLK 292, 24 ss). En las ordenaciones eclesiásticas luternanas se da la confesión privada una gran importancia. En la práctica, sin embargo, está fuera de uso, y los repetidos intentos no han tenido un éxito eficaz y permanente. La iglesia luterana alemana admite la confesión privada.

La Confirmación y la Unción de los Enfermos son para la apología ritos heredados de los Padres que deben ser distinguidos de los sacramentos. Fue clásica la manera de entender la confirmación de M. Bucero. Según él es una repetición de la confesión del Bautismo, bendición impetratoria, imposición de manos, admisión para la Cena, ofrenda de uno mismo en la obediencia de la Iglesia cristiana. En el siglo XX hay algunos intentos de comprender la confirmación como consagración y ordenación de los miembros de la comunidad al servicio en la Iglesia.

El Matrimonio es para lutero un asunto mundano y ni para él ni para la Apología era un sacramento. Con Lutero y Calvino, la disciplina de las Iglesias reformadas del siglo XVI considera como causas del divorcio el adulterio y el abandono malévolo. Posteriormente aumentaron las causas de separación y en determinadas circunstancias hasta se dio por bueno el nuevo casamiento del cónyugue culpable que se había separado.


Bibliografía: GER. Tomo XIV. Voz: Lutero. Rialp. Madrid.


Lic. Ronald Rivera


miércoles, 22 de octubre de 2014

II Parte ¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos / Ronald Rivera




¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos 

1. Escolástica

En siglo XI las controversias en torno a la Eucaristía, suscitadas por Berengario, obligaron a un progresivo y más depurado análisis del concepto de signo, eje de la definición de sacramento. Se operó así una delimitación decisiva. Sacrae rei signum, signo de una cosa sagrada, será la noción vigente en aquella época.

Pero Hugo de San Víctor señaló que no es del todo satisfactoria porque hay signos de cosas sagradas que no tienen un poder santificante. Los sacramentos no sólo significan, sino que contienen la gracia, afirmaron Hugo y su escuela; de esta forma su teología contribuyó a precisar la noción de sacramento, distinguiendo entre los signos estrictamente santificadores y los demás, dando así a la palabra sacramento una mayor concreción frente al uso amplio que antes prevalecía.

En la segunda mitad del siglo XII se entiende ya por sacramento sólo y exclusivamente el signo que causa la gracia. Pedro Lombardo es testigo cualificado de esta convicción. Con S. Tomás de Aquino la noción de sacramento alcanza la más honda iluminación: El sacramento es signo de una realidad sagrada que santifica a los hombres (Sum. th. III q. 60 a2); es un instrumento separado a través del cual nos llega la virtud salvífica de la divinidad, comunicada a la humanidad de Cristo. La elaboración teológica de santo Tomás ha determinado el pensamiento teológico posterior, y ha influido decisivamente en las formulaciones magisteriales. El Concilio de Trento, hablando de la Eucaristía, da una definición de sacramento que resume la Tradición, pues dice de ella que tiene en común con los demás sacramentos "ser símbolo de una realidad  sagrada y forma visible de la gracia invisible" (Denz.Sch, 1639).

Los sacramentos, en resumen, pertenecen al género del signo y concretamente del símbolo, ya que no sólo tienen una función cognocitiva e indicadora sino además que existencial e integradora, y de símbolo práctico, porque realizan lo que significan. pueden ser definidos como "signos visibles de la gracia invisible, instituidos para nuestra justificación" (Catecismo Romano, 2, c. 1, nº 7). De ahí que quepa hablar de su constitución metafísica, consistente en el rito sensible y la referencia simbólica de la gracia que produce; y de su constitución física, en los elementos que integran el rito. Estos elementos son las cosas usadas (con la acción de utilizarlas) y las palabras que se dicen; la relación entre ambas fue expresada por los teólogos escolásticos mediante las expresiones materia y forma; nociones que provienen de la filosofía aristotélica y que fueron utilizados por Hugo de San Víctor e implícitamente Pedro Lombardo y luego por S. Tomás de Aquino.

La utilización de signos sensibles, de realidades materiales (cosas) como vehículos de la gracia es una condescendencia de Dios con el hombre y se relaciona con todo realismo en la Encarnación. Primeramente porque los caminos del conocimiento humano pasan a través de los sentidos. Además porque son como prolongaciones de Cristo, del Dios encarnado, que asumió en su carne corporal la realidad material. Y, finalmente, porque la naturaleza misma del hombre necesita de signos salvíficos que se adecuen a su naturaleza visible. También son signos que prolongan la naturaleza de la Iglesia, como componente visible de Cristo en la creación.

La palabra sacramento no es una palabra cualquiera: Es la palabra de Jesús, que continúa siendo dicha por la Iglesia, dando a los ritos sensibles el poder de santificar. La palabra de la Iglesia es la palabra personal de Cristo en forma eclesial. Por eso es una palabra eficaz, que obra lo que significa, pues es la todopoderosa palabra de Dios.

Cfr. Bibliografía: GER. Tomo XX. Voz: Sacramento. Por: J. M. Lecea Yabar. Rialp. Madrid, 1979 (Págs 622-623)

Lic. Ronald Rivera

viernes, 3 de octubre de 2014

¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos / Ronald Rivera





Teología Fundamental de los Sacramentos

INTRODUCCIÓN

TERMINOLOGÍA
Sacramentum. El uso que dentro de la tradición cristiana se la ha dado a este término deriva de las antiguas versiones latinas de la Biblia, como traducción del término griego mysterion.

Etimológicamente sacramentum viene de sacrare, constituir a una persona o cosa en algo sagrado (Consagración). La noción lleva consigo la intervención de un poder público como único capaz de realizar semejante acto. En el uso romano se aplicaba especialmente en el campo civil y militar. En el civil se llamaba sacramentum al depósito pecuniario de los litigantes que entregaban en un lugar sagrado, y que pasaba finalmente a poder del que ganaba el litigio. En el terreno militar era el juramento por el que los soldados, invocando el testimonio de los dioses, se obligaban a sujeción y fidelidad al ejército. El que juraba verazmente recibía el auxilio de los dioses, el que lo hacía falsamente atraía sobre sí la ira divina.[1]

Tertuliano es el autor latino que usa primeramente este vocablo en el lenguaje cristiano. Se aplica a la economía de la Salvación en la Encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo. También llama así a la religión, a la regla de fe y a los ritos de iniciación cristiana. Más adelante se ve el uso en los Padres Latinos la aplicación para explicar los ritos eficaces instituidos por Cristo para la santificación de los hombres. Así S. Agustín usa el vocablo para designar los ritos del AT, como el sábado, la circuncisión, los sacrificios, la unción, la pascua, el templo… Llama también sacramento al bautismo, la eucaristía, la ordenación… Una serie de textos del obispo de Hipona llaman mysteria a la Trinidad y a la Encarnación y en general al misterio de Cristo del que toda la Escritura habla. En pocas palabras podemos decir que el uso del término sacramentum era diverso en los primeros cristianos, pudiéndose decir que todos los sacramentos pertenecen al gran Mysterium-Sacramentum que son Cristo y la Iglesia.

Mysterion, esta palabra griega se empleaba en los ambientes precristianos con un valor cultual. Se llamaban mysteria, en el griego precristiano, a cultos que estuvieron en vigor desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo IV d. C. Están constituidos por solemnes ceremonias en las que la muerte de algún dios mitológico se representaba ante los iniciados, de tal manera que estos participaran de la vida misma del dios. El secreto sagrado está en la unión entre la divinidad y el iniciado, unión que se realiza de modo simbólico y variado en los diversos cultos mistéricos.

En la Biblia el uso del vocablo Mysterion tiene un sentido distinto: el de plan divino sobre la salvación. A partir de Clemente de Alejandría y Orígenes, usan los primeros cristianos la palabra para referirse a los ritos santificadores.

ACERCAMIENTO TEOLÓGICO DE LOS SACRAMENTOS

¿Dónde habita Dios? ¿Dónde le encontraremos para ver su amor? ¿Dónde nos dejaremos alcanzar por Él?

La Fe de la Iglesia responde a estas preguntas a través de los sacramentos como puntos de encuentro con Dios. Por eso es muy importante conocer y vivir los sacramentos y tener de ese modo experiencia del amor revelado y donado en Jesucristo.

El “misterio-sacramento” expresa así el encuentro de la alianza, que se realiza en la historia entre la iniciativa divina y la aceptación del hombre. El sacramento es el acontecimiento, hecho de gestos sensibles y palabras, del encuentro con Dios, que no duda en intervenir con nuestra cotidianidad y nuestros límites porque nos ama y desea encontrarse con nosotros[2].

Una forma de visualizar los sacramentos desde su contenido teológico es tomar los sacramentos como prolongación del único sacramento que es Cristo. ¿Cómo? Tomando los sacramentos como acciones anamnéticas y como acciones de suprasentido, realizadas por, con y en Jesucristo.

Los Sacramentos como acciones anamnéticas[3]:

1.      Sacramentos de Prolongación Profética de Jesús:
1.1 El Bautismo y Confirmación: Acto profético de esperanza.
1.2 La Reconciliación: Acto profético de paz.
1.3 La Unción: Acto profético de compasión.

2. Sacramentos de Autodonación de Jesús:
2.1 La Eucaristía: como acto autodonante de Jesús y símbolo real de su cuerpo y de su sangre.
2.2 El Orden: Acto profético de servicio.
2.3 El Matrimonio: Acto profético de fidelidad.

Los Sacramentos como acciones de suprasentido:

La persona humana se encuentra en una constante búsqueda de sentido como parte de su realidad existencial. Los sacramentos por ser medios eficaces de trascendencia se presentan como signos sensibles que nos comunica directamente con un sentido último que termina otorgándole significado a todos los sentidos particulares, que denominaremos suprasentido. Este suprasentido lo definimos como el orden que dentro de nuestra realidad temporal  establecemos entre nuestras acciones y el mundo de los valores (trascendencia).

Ese suprasentido, no es captable en su totalidad por el hombre porque lo supera. Es más que captable. El hombre sólo puede llegar a percibirlo o descubrirlo, por vía de la fe o por una captación intuitiva. Pascal decía, la rama nunca llegará a comprender el sentido del árbol en su totalidad[4].

Los sacramentos al referirlo direccionalmente al suprasentido podemos imaginarlo dentro de las etapas de la vida, partiendo de fundamentos antropológicos[5]:

1.      Situación de generación y nacimiento: Bautismo.
2.      Situación de crecimiento: Confirmación.
3.      Situación de adultez: Orden y Matrimonio.
4.      Situación de casamiento: Matrimonio.
5.      Situación familiar: Eucaristía.
6.      Situación de enfermedad y dependencia: Penitencia y Unción de enfermos.

El hombre  como “homo sacramentalis”

El hombre es un ser sacramental en cuanto que el sacramento es ese encuentro con lo divino trascendente (para nosotros personificado en el Dios de Jesucristo), que se expresa y celebra en ritos eclesiales. Por tanto podemos afirmar[6]:

1.      Que los sacramentos cristianos están en continuidad con la sacramentalidad existencial.
2.      Que existe una coherencia entre la realidad sacramental existencial y la oferta sacramental de la Iglesia.
3.      Que entre lo que se demanda “desde abajo” (proceso de la vida) y lo que se ofrece “desde arriba” (ritos sacramentales) hay una correspondencia básica o fundamental.
4.      Que los sacramentos no son añadiduras extrañas, o simples ceremonias accidentales a la vida humana.
5.      Que toda explicación y configuración formal de los sacramentos deberá fundarse y tener en cuenta también aquello que constituye la misma raíz antropológica sacramental.

Los sacramentos desarrollan dos aspectos fundamentales de la existencia humana, que realizan al hombre: El primero es su carácter memorial (mítico), en relación con el ideal genuino o primordial al que orienta su vida, lo que le lleva a renovar su sentido de vida. De ahí la densidad “pedagógica-didascálica-moral” de los sacramentos. El segundo es un carácter celebrativo-festivo, por el que se expresa y celebra la alegría de vivir, de compartir, la exuberancia y el exceso, afirmando así el sentido positivo de la existencia, la irrupción de lo extraordinario en lo cotidiano.

Siempre que se dan estos aspectos o se cumplen estas dimensiones, podemos decir que el hombre se auto-realiza, se encuentra a sí mismo en su ser pluridimensional, redescubre el sentido de su vida, pacifica su cuerpo y su espíritu, anima su esperanza… De ahí que los sacramentos hayan sido llamados “signos de sanación”, “signos de liberación”, “signos de esperanza”, “signos de renovación  y comunión”.

Lic. Ronald Rivera


[1] Cfr. Diccionario RIALP. Tomo XX, voz: Sacramento. Pág. 619-620. Madrid, 1979.
[2] Cfr. FORTE, Bruno. “Introducción a los sacramentos”. Paulinas. Madrid, 1996. Pág. 07-11.
[3] Revisar estructura del libro: ROSATO, Philip “INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA DE LOS SACRAMENTOS”. Verbo Divino. Navarra, 1994.
[4] Cfr. GARCÍA, Claudio “Cita a ciegas”. San Pablo. Buenos Aires, 2006. Pág. 141-148.
[5] Revisar estructura del libro: BOROBIO, Dionisio “SACRAMENTOS Y ETAPAS DE LA VIDA”. Sígueme. Salamanca, 2000.
[6] Cfr. BOROBIO, Dionisio “SACRAMENTOS Y ETAPAS DE LA VIDA”. Sígueme. Salamanca, 2000. Pág. 18-21


 Teología Fundamental de los Sacramentos

PROBLEMÁTICA ACTUAL EN EL TRATADO DE LOS SACRAMENTOS

1.Localización del tratado de sacramentos:

Los sacramentos dentro del entramado teológico están acompañados de una doble dimensión: Cristológica y Eclesiológica, siendo desde su propia naturaleza acciones salvíficas y eclesiales[1].

Según Santo Tomás, el lugar propio de los sacramentos en el conjunto del plan teológico es el que sigue a la cristología (Suma Teológica, III, q. 60, introducción).

El Concilio Vaticano II, vincula los sacramentos a la Iglesia (LG 07, SC 06, SC 26).

Teólogos como Vorgrimler, H. ubican los sacramentos como parte integrante de la teología litúrgica (Vorgrimler, H. Teología de los sacramentos. Barcelona, 1989).

Más recientemente teólogos como Philip J. Rosato colocan a los sacramentos como acciones epicléticas realizadas en la unidad del Espíritu Santo (Philip R. Introducción a la Teología de los sacramentos. Verbo Divino. Navarra, 1994). Dándole un lugar en la pneumología.

A partir de esta confluente operatividad cristológica, pneumológica y eclesiológica ha de ser tomado el tratado de los sacramentos como un prisma, cuya imagen geométrica pueda servir para aquilatar el justo equilibrio que ha de guardarse en la consideración sobre los sacramentos. Lo importante es destacar que su doble configuración cristológica y eclesiológica son irrenunciables y ninguna de ellas dos debe ni desplazar ni suplantar a la otra. Repetimos que después del Concilio Vaticano II ya no es posible concebir el tratado de los sacramentos al margen de la eclesiología, pues los sacramentos son acciones de Cristo en la Iglesia y para la Iglesia.

Rahner con formulación más tajante, y en lógica consecuencia con su manera de concebir los sacramentos, ha propuesto que la sacramentología en general forma parte integrante de la eclesiología. Tanto que para Rahner, el único sacramento, en términos absolutos, es la Iglesia y que los siete sacramentos participan de su sacramentalidad (Rahner, K. La Iglesia y los sacramentos. Barcelona, 1967).

2.      Cultura actual y signo sagrado

Con reiterada frecuencia se viene afirmando de la cultura contemporánea que está regida por postulados pertenecientes al mundo físico-matemático, y que por ende es positivista y poco apta para apreciar los signos y, en consecuencia, los sacramentos[2]. Así se lee en Mysterium Salutis: “La mentalidad de nuestra época está influida decisivamente por la técnica moderna y, de suyo, es más bien contraria a una interpretación personal-sacramental de la realidad” (Schulte, R. en MyS IV/2, p.57).

FUENTES DE LA TEOLOGÍA SACRAMENTAL

         La reflexión teológica es siempre posterior a la realidad, a la praxis y a las experiencias de la fe. La teología de los sacramentos es, por eso mismo, posterior a la praxis sacramental de la Iglesia. El teólogo es aquel carismático que aporta a las comunidades cristianas claves y perspectivas para comprender la experiencia de la gracia en el contexto de la experiencia humana de su época y ayuda a los creyentes a dar razón de su fe en cada momento histórico[3].

Empezaremos nuestro estudio de los sacramentos fijando nuestra mirada en el primer milenio de la iglesia. Como punto de partida, conviene resaltar la extrañeza que la Iglesia católica empezó a hablar de “los siete sacramentos” y elaboró su noción teológica en una época relativamente tardía dentro de su larga y secular historia de veintiuno siglos: en el siglo XII; y sancionó esta perspectiva más tarde aún, en siglo XV, con el concilio de Trento. A pesar de la larga espera definitoria, el primer milenio de la cristiandad nos ofrece un marco excelente para encontrar respuesta a nuestras cuestiones: en primer lugar, en los escritos del Nuevo Testamento, después en los escritos de los padres griegos y latinos.

1.      Fuente Bíblica:
Nuevo Testamento: En la predicación de Jesucristo sólo se usa una vez la palabra Mysterion: es en Mc 4,11 y lugares paralelos. Los discípulos preguntan sobre el significado de la parábola del sembrador; Cristo le responde: “A ustedes les ha sido dado el conocer el misterio del reino de Dios (tò mysterion…) pero a los otros de fuera todo se les dice en parábolas”. Jesús es el sacramento del Padre y ante Él la humanidad se divide en dos grupos definitivos, los que aceptan su revelación del misterio y los que, cegados, la rechazan. Hay que notar también que el término, usado en labios de Jesús, tiene una relación con el Reino de Dios, la ekklesia de Cristo.

En S. Pablo, la palabra alcanza un valor cada vez mayor. También en él hay que tener en cuenta la perspectiva de la tradición judía-sacramento tiene clara resonancia escatológica, aplicándose a las etapas sucesivas a través de las que el mysterion se realiza en la historia de los hombres. Engloba, pues, toda la historia de la salvación desde la venida de Cristo en Belén hasta la Parusía.

S. Pablo no aplica la palabra sacramentum a los sacramentos de la tradición cristiana posterior, es decir, a los siete que ya fueron definidos y delimitados solemnemente en el Concilio de Trento. Sólo hay un pasaje en el que muchos autores ven una referencia explícita al sacramento del matrimonio (Ef 5,32); parece ser que más que al matrimonio como sacramento, se refiere al matrimonio como tipo de la unión de Cristo con su Iglesia, el misterio-sacramento escondido y revelado. Lo cual no quiere decir que los sacramentos no existieran en el momento de escribir S. Pablo. Existían y con un fundamento que se extiende hasta el mismo Cristo. Lo que sucede es que la terminología no estaba fraguada[4].

2. Fuente Patrística:

2.1. Padres Griegos[5]:

2.1. 1. Los Padres Apostólicos:

            Aunque fueron parcos a la hora de usar el término mysterion, la verdad es que San Ignacio de Antioquía lo emplea ya en tres lugares distintos. Son éstos. En la carta de Efeso, cuando dice la virginidad de María, de su parto y de la muerte del Señor que permanecen ocultos para el príncipe de este mundo por tratarse de tres misterios clamorosos que el Señor obró en silencio.

2.1.2         Los Padres Apologistas:
En los Padres apologistas el uso de la palabra misterio fue algo más frecuente y el significado que le otorgaron más variado. Estos son los diversos sentidos: a) Para designar los misterios paganos b) A las acciones salvíficas obradas por Jesucristo, tales como el nacimiento o la muerte en la cruz c) Se aplica a las figuras del AT en relación con el NT, según el principio establecido por el mismo San Pablo al proponer que todo cuanto en el desierto les había ocurrido a los padres había sido en figura y para utilidad de cuantos las comprendieran cuando llegara la plenitud de los tiempos. Así, en no pocos pasajes de San Justino mysterion es traducible por parábola, símbolo o tipo (JUSTINO, Diálogo, 68, en Padres Apologistas (BAC 116), p. 435 y 464).

2.1.3        Los Padres Alejandrinos:
Fueron ellos quienes aplicaron la terminología gnóstica-neoplatónica a la teología cristiana. Así, San Clemente de Alejandría emplea el término “misterio” hasta noventa y una veces, aunque no siempre en el mismo sentido. La aportación más significativa de Clemente, al asumir el término “misterio” en su teología, sea la división que establece entre misterios menores, los que han sido revelados a todos, y los misterios mayores, aquellos que tan sólo han sido comunicados a los gnósticos.

Orígenes del siglo tercero, perfiló de un modo muy particular la teoría sobre la imagen y sentó las bases para la reflexión sistemática que establece la íntima relación entre el signo y la realidad. Toda realidad sensible tiene una función de mysterion, por cuanto es una imagen o símbolo que revela la realidad verdadera, que es la espiritual.

El planteamiento de Orígenes, lejos de restringirse a la temática meramente sacramental, abarcó de un modo general la consideración de las imágenes bíblicas y, por ello, a partir de las veterotestamentarias, estableció una relación con la doctrina del Nuevo Testamento. Sin embargo, hay que tener presente que fue él quien comenzó a formular de manera técnica la noción del signo como principio operativo, como medio a través del cual se consigue la gracia como efecto. Por tanto se están sentando las bases para la comprensión de los sacramentos como signos a través de los cuales se hace presente entre los hombres el misterio de Dios en Jesucristo. Para Orígenes el “gran Misterio” consiste en la triple revelación del Verbo mediante la Encarnación, en la Iglesia y por la Escritura. Por otra parte, los ritos de la religión cristiana, tales como bautismo y la Eucaristía, son misterios derivados del Misterio Fundamental por el procedimiento de participación.

2.2.  Padres Latinos[6]:

2. 2.1. Tertuliano:

Tertuliano usa el término en un doble sentido. El que usa mayoritariamente equivale a juramento. Y el otro sentido es la traducción en latín del mysterion griego. De esta manera se fue utilizando el término hasta significar aquellas acciones a través de las cuales el misterio sagrado se hace operativamente presente en los hombres.

2.2.2.  San Cipriano:

Inmediatamente después de Tertuliano se ha de recordar a San Cipriano, pues son los dos autores que desde el norte de África más influyeron en el siglo III para que fuese acogido por el lenguaje teológico el término “sacramento”. El primer empleo de S. Cipriano del término sacramento es la acepción de juramento, y el segundo a aquellos otros en los que traduce directamente del griego el sustantivo “misterio”. Este último grupo cabrá subdividirlo en dos secciones, la que contempla el misterio como tal y la que lo considera desde la figura y el símbolo o, si se quiere, desde el signo. Se trata de apreciaciones fundamentales de la palabra y a su través de valoraciones conceptuales del sacramento.

S. Cipriano da un paso más que Tertuliano al afirmar que considera el sacramento como expresión directa del misterio de Dios.

2.2.3. San Agustín

San Agustín reflexionó sobre los sacramentos en general indirectamente, es decir, al tener que tomar postura ante determinada cuestiones a partir de la consideración de un sacramento particular. Así, por ejemplo, al tratar sobre el bautismo administrado por los herejes formuló su preciosa doctrina sobre la eficacia cristológica de los sacramentos, y al preguntarse acerca del efecto del sacramento de la eucaristía, escribió sus definitivas páginas sobre la dimensión eclesial de la celebración eucarística.

San Agustín le da a los sacramentos una entidad sagrada (res sacra). Lo sagrado, el ser signo de una realidad sagrada, es la nota fundamental desde la cual San Agustín propone al sacramento y que le permite definirlo como signo de la gracia invisible (San Agustín, Quaetiones in Hepteteucum III. 84. PL 34, col. 712).

Lic. Ronald Rivera

[1] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 10-11
[2] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 14-15
[3] GARCÍA, José. Teología Fundamental de los Sacramentos. Paulinas. Madrid, 1991. Págs. 19-21
[4] Cfr. Diccionario RIALP. Tomo XX, voz: Sacramento. Pág. 619-620. Madrid, 1979.
[5] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 48-61
[6] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 62-79