lunes, 27 de marzo de 2023

Habilidades de Juicio en el diseño Sinodal




El pensamiento crítico conlleva proponer diversas hipótesis, observar un problema desde interpretaciones alternativas, plantear nuevas preguntas, ofrecer posibles soluciones, y diseñar un plan que contenga estrategias para la investigación. Todas estas afirmaciones encuentran un espacio en el reto eclesial que nos invita a transformar todo en clave sinodal.


Las habilidades de juicio que deben estar presentes en el diseño eclesial sinodal son: 


 El análisis de los argumentos recibidos por los líderes de la comunidad eclesial.

 El juzgar la credibilidad de las fuentes (basado en el depósito de la fe) de lo que se enseña.

 El identificar el foco del asunto.

 El preguntar dudas y responderlas.

 El poner en entredicho las cuestiones que se alejan del espíritu evangélico.


Las actitudes de juicio que deben estar presentes en el diseño eclesial sinodal son:


 Mostrar interés por plantear preguntas y por llegar a conclusiones.

 Detentar un conocimiento global del contexto.

 Tener disposición de buscar y dar razones ante los problemas.

 Estar siempre bien informado, buscando fuentes veraces y alternativas (depósito de la fe).

 Tender a juzgar si las evidencias y razones aportadas son insuficientes.


Las habilidades de juicio y las actitudes de juicio en el proceso de construcción sinodal nos ayudan a la comprensión de la complejidad eclesial que debe asumir la comunidad. Los bautizados asumen la tarea de una estructura eclesial más evangélica y fraterna no desde la rigidez fáctica, autoritaria y normativa, sino con una mirada personal y en su contexto social, cultural, espiritual, fraterno y económico. El método teológico desde la sinodalidad facilita al bautizado poder analizar la información que le da sus pastores y el conocimiento que aporta la reflexión de la Palabra de Dios desde su perspectiva histórica, lo discute y propone alternativas, con la seguridad de que será escuchado. Para la elaboración de una interpretación objetiva, el bautizado realiza inferencias pragmáticas o proyectivas, desde los lineamientos diocesanos o parroquiales.

Podemos definir inferencia como el proceso por el cual se derivan conclusiones a partir de premisas. En la lectura bíblica crítica las inferencias deben ser parte de la acción cognitiva del bautizado y deben estar asociadas a la lógica doctrinal enseñada por la Iglesia. Estas deben ser conscientes y deben surgir de forma natural en el proceso de oración y no forzosamente.


¿Cómo enseñar a leer la Palabra de Dios críticamente?


Para poder leer críticamente la Palabra de Dios se necesita una profunda actitud orante y una integración de las habilidades y actitudes del pensamiento crítico de la comunidad eclesial, que vinculan en la memoria los distintos conocimientos que la Iglesia a través de su Magisterio y Tradición nos ha enseñado. Dentro de un texto bíblico encontramos un mapa de situaciones y distintos caminos en el cual debemos seguir las líneas y señalizaciones correctas para lograr alcanzar nuestro “tesoro”, que es una interpretación objetiva en consonancia con la Revelación aprobada por la Iglesia.


Este proceso de despertar lógico va acompañado de señales claras que conocemos como las inferencias evangélicas, estas nos permiten evaluar y aprender, desde el espíritu del Evangelio, estableciendo una relación entre lo que conocemos, lo que nos invita a vivir la Palabra de Dios y las nuevas ideas que surgen en seno de la comunidad. Sin el pensamiento crítico, personal y comunitario, nos colocamos frente a dos peligros. El de vaciar la lectura bíblica de sentido; y que el sentido que le dé el lector al texto bíblico no posibilita una conexión real con el epíritu del Evangelio.


La pedagogía eclesiológica debe deslizarse en un aprendizaje crítico desde el contexto sinodal como lugar de saberes bien articulados y priorizados. Es un error limitar la lectura bíblica a la memorización de conocimientos aislados y peor aún confusos. La pedagogía eclesiástica debe enseñar a leer la Palabra de Dios desde una dimensión mística en un proceso interactivo con la realidad de la comunidad y constructivista en función de la salvación de las almas. El programa pedagógico eclesial inspirado desde la Sinodalidad, destaca el pensamiento crítico como un proceso consciente de la acción del Espíritu Santo a través de la lectura y en medio de la comunidad. Para hacerlo posible debemos construir desde la invitación de “caminar juntos” un método que sostenga el sentir de la comunidad eclesial desde en el contexto de la lectura bíblica orada y leída, en otras palabras,  ser “luz y sal del mundo” en medio de las situaciones o problemas de la vida cotidiana. Los hechos del presente, del día a día, son para el proceso de la vida de fe para el cristiano, motivaciones al aprendizaje, sin ellos no puede promoverse la comunidad eclesial, ni el pensamiento crítico personal, ni el camino sinodal.


Un factor importante en la enseñanza de la lectura crítica de la Biblia es la unidad mística del creyente al Cuerpo de Cristo como Pueblo de Dios. Dentro del camino sinodal la meditación de la Palabra de Dios no debe perderse en ideologías, ramas, discíplinas o ciencias, sino debe estar en consonancia con el Magisterio y la Tradición. Sólo desde la unidad con la enseñanza de la santa Iglesia católica caminaremos en un suelo seguro para la vida de fe. La interdisciplinariedad es un valor del pensamiento crítico, pero debe estar sujeta al Magisterio y no a una o varias opiniones personales. La Sinodalidad valora la interdisciplinariedad porque sin ella es difícil poder pensar de forma crítica, pero es más fácil no perderse en el camino si usamos la brújula de la Revelación.


Al enseñar sobre la lectura bíblica crítica hay que resaltar que no es suficiente leer y comprender el texto, sino  que es necesario tener la habilidad de inferir el sentir del Pueblo de Dios y el discernimiento que sólo puede provenir del Espíritu Santo. Desde esta idea, el ejercicio de leer la Palabra de Dios supone reconocer que el texto es un instrumento místico que Dios a confiado a su Iglesia. La Sagrada Escritura es ante todo un don del Espíritu Santo que ha sido otorgado al Cuerpo místico de Cristo, y sus valores son de naturaleza espiritual situados en un tiempo y un espacio (con dimensión histórica). Esto implica que el autor absoluto de la Biblia es Dios uno y trino y no una persona neutra o ente metafísico despersonificado. El Cuerpo místico de Cristo no es un sofismo sino que es un cuerpo vivo, y tiene sus propios conocimientos, y propias intenciones que se plasman en la historia y de forma gráfica en la Sagrada Escritura. La Palabra de Dios es una realidad epifánica que el lector tiene que llegar a vivir. Para ello el lector bíblico debe tener la astucia de escapar de las trampas ideológicas, del razonamiento positivista científico, afirmaciones arbitrarias, hipótesis privadas, especulaciones separadas de la Revelación, predicciones proféticas o alarmistas... El método teológico en el contexto sinodal propone tener presente los criterios del Magisterio y se apoya en el aprendizaje cooperativo dentro de la comunidad eclesial.


El párroco debe crear un ambiente de oración en base a las necesidades de la comunidad, invitando a que los fieles conversen de sus ideas y puntos de vista, estimulando al debate entre ellos, la vida de oración, sin desconectarlos de los problemas de su cotidianidad y escuchando sus posibles soluciones. El párroco debe invitar a sus fieles a que planteen tareas para que construyan sus ideas y den forma a sus interpretaciones en beneficio a la comunidad eclesial. A su vez, el párroco  debe dar especial atención a los conocimientos que los fieles manejan previamente y a las emociones que despiertan en ellos el hecho de leer la Palabra de Dios. Pues, los valores, los sentimientos y las emociones forman parte de la experiencia de la lectura y también han de ser objeto de análisis y reflexión.


El lector de la Palabra de Dios debe comprender que leer reflexivamente es el resultado de una actividad en comunidad compartida. La experiencia afirma que los fieles entienden mejor un texto bíblico y acceden mejor a la información cuando éste se ha analizado en seno de la comunidad eclesial que cuando el texto se ha interpretado únicamente desde una lectura individual. Es por ello que el método teológico en el contexto sinodal plantea como estrategia la lectura en comunidad, como herramienta útil para estimular el ejercicio espiritual de la meditación de la Palabra de Dios. Y formar en ellos al mismo tiempo la capacidad de hacerlo de forma crítica.


La estrategia de la lectura bíblica en comunidad, promueve la reflexión metacognitiva, que consiste en crear consciencia en los fieles de sus procesos de formación, de forma tal que sea el bautizado el más interesado en obtener de manera eficaz el conocimiento de la fe y su vivencia comunitaria. La reflexión bíblica facilita a los fieles activar los procesos de aprendizaje a través de pensamientos no sólo cognitivos sino espirituales. Estos pensamientos auto-generados a través de la experiencia del encuentro con el Jesús bíblico van acompañados de emociones y acciones que están planificadas y adaptadas pastoralmente para lograr la obtención de los dones espirituales propios del Pueblo de Dios. Dones espirituales que se alcanzan a través de la oración activa de la comunidad eclesial al lograr la madurez de la vida espiritual de los fieles. La participación de aprendizaje bíblico, vincula al bautizado con la propia comunidad y con sus prácticas sociales. La participación en el aprendizaje bíblico es una estrategia clave asociada al pensamiento crítico y a la invitación sinodal que la Iglesia nos invita hoy.  El método teológico debe ofrecer los medios para que los bautizados puedan comprender la dimensión sinodal que necesita el Pueblo de Dios y puedan vivirla y generarlas, así como reflexionar sobre ellas. 


Atendiendo a estas estrategias podemos afirmar que el método teológico debe ser una herramienta no tanto académica como pastoral, de naturaleza crítica y dinámica. Es el método teológico el que nos permite avanzar en la relación comunidad eclesial- bautizado- texto bíblico. El texto bíblico se  comprende desde la comunidad y el amor de su autor. Si se ignora la Palabra de Dios se ignora la Sinodalidad del Pueblo de Dios. Para lograr una interpretación objetiva del contexto de escucha de la Palabra de Dios, esta debe ser comprendida y escogida por la comunidad eclesial, unida a su Obispo,  para que de forma natural surjan las tomas de decisiones y las muestras de responsabilidad.


martes, 21 de marzo de 2023

¿Qué se entiende leer la Palabra de Dios críticamente? Sinodalidad y Método

 



¿Qué se entiende leer la Palabra de Dios críticamente?


Desde la eclesiología tradicional el ejercicio pastoral en las parroquias se ha centrado en la metodología expositiva del párroco o de algún coordinador de grupos de apostolados, centrando los resultados en la calificación memorística del fiel. Esta metodología memorística, o unidireccional, relega a un segundo plano el aprecio a la lectura meditativa de la Palabra de Dios, considerando la comprensión de lo leído como un simple accesorio del que se puede omitir, si los resultados operativos del funcionamiento parroquial no se ven alterados. A pesar de ese oscuro historial de la lectura de la Palabra de Dios en la eclesiología, donde hasta hace poco todos los bautizados católicos pudieron tener acceso a ella en su propio idioma y sin persecución inquisitoria,  ha sobrevivido la acción del Espíritu Santo sobre mujeres y hombres en el seno de la comunidad cristiana. Y continúa siendo la lectura de la Palabra de Dios un vehículo fiable de los dones del Espíritu Santo, indispensable para el proceso de la fe.


El primer paso para dar un justo valor y escala a la lectura crítica de la Palabra de Dios es identificar

los errores históricos que se han asido a través de la historia de la Iglesia, sin caer en anacronismos o juicios morales de hechos ocurridos en tiempos ya remotos. Entre los principales hemos de destacar:


A. Mala construcción del concepto de la lectura bíblica: Durante mucho tiempo se pensó en el ámbito teológico que leer e interpretar la Palabra de Dios era repetir literalmente lo que la dogmática del momento señalaba. Cuando en realidad es un proceso de profunda oración personal y comunitaria, cuya comprensión y elaboración de nuevos conocimientos para la fe no precisaban de una opinión única, exclusiva y excluyente, pero sí de un acompañamiento y enseñanza oyente del magisterio.


B. Mal uso del ejercicio de la lectura bíblica: Ha sido y es un error teológico pensar que el ejercicio de la lectura bíblica es una herramienta que sirve sólo para almacenar y transmitir conocimiento de manera unidireccional, olvidándonos y no poniendo en valor las interacciones que se producen en el proceso lector, orante, y comunitario de todos los bautizados.


C. Creerse un buen lector bíblico cuando no se es: Es un problema de soberbia pensar que el proceso de acercamiento a un texto bíblico tiene por finalidad localizar datos cognitivos, para memorizarlos y luego recordarlos, con el afán de demostrar la razón sobre situaciones personales. Es un error peligroso considerar la mera reducción memorística como un signo de los buenos lectores bíblicos, en especial cuando lo realizan sin una debida formación oficial y cualificada por el magisterio. ¿Cómo hablar de buenos lectores bíblicos cuando solamente pueden leer y memorizar el texto pero no pueden hacerlo oración ni meditación para el bien personal y comunitario? Cuando no pueden  analizarlo, sintetizarlo, clasificarlo ni interpretarlo desde sus propias impresiones y atendiendo a los criterios enseñados por el magisterio como parte de la Revelación.


D. Pensar que la lectura bíblica es un proceso lineal cognitivo: Es un error acercarse al texto bíblico pensando que mi vivencia de oración personal y comunitaria del texto no es lo más importante. La lectura bíblica es un aprendizaje constructivo que establece una relación entre Dios (su autor), el texto (escrito por mujeres y hombres inspirados por el Espíritu Santo) y el lector del texto bíblico (que tiene sed de la verdad). Es decir, la información y gracia contenida en el libro sagrado es una combinación entre la sabiduría infinita de Dios como autor  y los propios conocimientos humanos o inspirados por el Espíritu Santo del que lee. Cada lectura bíblica crea una nueva información y una nueva gracia que va más allá de la comprensión humana y de la inteligencia de sus escritores.


 E. Creer que leer la Palabra de Dios es reconocer símbolos gráficos o localizar un archivo de datos: La lectura bíblica no es un contenedor de información, es ante todo la Palabra de Dios. Y el Evangelio es el mismo Cristo. La lectura bíblica es la construcción activa de nuevos conocimientos, no por méritos humanos sino por puro don de Dios. La lectura bíblica es una construcción discursiva porque depende de las ideas previas del lector y este necesita experimentar la gracia santificante de su autor.


F. Pensar que todas las interpretaciones del texto bíblico son iguales, válidas o buenas: Es vital saber que dentro del texto bíblico hay una concepción ética del escritor inspirado por el Espíritu Santo, y que el lector antes de leer el texto bíblico trae consigo expectativas y sus propias ideas (y conducta) . Esto conlleva a distintos enfoques o conocimientos tantos como lectores hayan. Por lo tanto todas las conclusiones no son necesariamente válidas o universales, pues estas dependen de las creencias cognitivas y de las emociones que son concebidas antes de leer un texto bíblico. Es necesario por tal motivo que la interpretación del texto sagrado sea según la enseñanza del magisterio, a quien le compete el resguardo de la doctrina de la fe, revelada una vez y para siempre en la persona de Jesucristo. 


Valorar la lectura orante de la Palabra de Dios en medio de la vida comunitaria es la posición correcta ante nuestro deseo de construir un mundo más evangélico. Un mundo que comprende el texto bíblico y no ve como utopía, la construcción de una sociedad más agradable a la imagen del mismo Jesús.


La comprensión del texto bíblico pasa por la comprensión de nuestra propia realidad. Los bautizados pueden tomar distintas posiciones hermenéuticas, incluso ante un mismo texto bíblico. Por tal motivo la garantía del magisterio para el resguardo de la Revelación por ningún motivo debe estar amenazada por cambios o modificaciones.  Posición peligrosa al momento hermenéutico de leer los libros sagrados es la que toma el lector cuando se acerca al texto bíblico con ideas previas que modifican la intención original de la lectura bíblica, en una tensión interpretativa que no es coherente con el contenido del Evangelio. Y es doblemente peligroso cuando la falsa interpretación se ejecuta desde la autoridad eclesial o desde una mal denominada teología. De la misma manera es peligrosa para la fe la posición sumisa cuando el lector se acerca al texto bíblico sin ideas fijas ni previas, sin hacer oración previamente o sin un mínimo de respeto al misterio sagrado, permitiendo que la lectura bíblica condicione sus construcciones cognitivas y de fe e incluso le haga descartar su experiencia vivencial de la Palabra, si esta va en contra de intereses externos. Posición mixta es la que toma el lector cuando se acerca al texto bíblico  y permite que la lectura condicione sus ideas previas pero mantiene interpretaciones distintas a las enseñada por el magisterio. Posición negociada se produce si el lector se acerca al texto bíblico y adopta una postura crítica y empieza una negociación empática entre la lectura y sus propios controles éticos, pudiendo crear una interpretación falsa a la medida que su ética no sea compatible con la moral cristiana enseñada desde el magisterio. Esta posición permite la formulación de opiniones y la selección de la interpretación más consistente o completa, pero siempre y cuando se mantenga dentro de la enseñanza oficial de la Iglesia católica. Esta posición negociada, también permite tener presente las ideas previas sin quitar mérito al contenido del texto bíblico. Sería la base para la construcción sinodal.


Para valorar el proceso hermenéutico propio de la reflexión bíblica se invita el establecer puentes entre el entorno epistemológico del texto (propuesto por los biblistas) y el entorno sociocultural del lector (según la esencia propia de la comunidad). 


Desde el método teológico la reflexión a la luz del depósito revelado de la fe, comprender el entorno social es el resultado de conocer desde la oración lo que nos pide el Evangelio. Esta afirmación implica que la teología bíblica debe aprender a ser una herramienta no solo académica sino pastoral, que facilite a la comunidad de bautizados construir puentes entre estos dos mundos, el mundo hermenéutico propuesto por los biblistas y el mundo del entorno pastoral sociocultural del fiel.


El contenido de cualquier texto bíblico se encuentra vinculado naturalmente a un contexto, y puede modificar la realidad social según la construcción del lector a través de la interpretación personal desde su comunidad eclesial y en función de su cultura. El contenido de un texto bíblico será útil en la medida que sea capaz de traspasar las barreras de la literalidad o simple memorización a la posición negociada o crítica desde el contexto comunitario, eclesial y de fe. Una lectura bíblica crítica y reflexiva no es ajena a una lectura orante, meditada y en unión a lo que la Iglesia cree. Una lectura crítica del texto sagrado debe contener seis tareas: Orar, santificar, comprender, interpretar, analizar y evaluar su efecto. Estas seis tareas permiten una interpretación acorazada por la lógica racional y la fe vivida.Todo este desarrollo aunque sea de índole religioso requiere del pensamiento crítico como fundamento de un evento real e histórico, esta es la tarea de la teología bíblica.  Para promover el pensamiento crítico en el ambiente teológico se debe tener especial atención al desarrollo de las expectativas de la comunidad eclesial ante su vivencia con el texto bíblico y el proceso de enseñanza como tarea de la Iglesia. La mejor manera de promover el propio juicio epistemológico, sin caer en herejía, es facilitar un aprendizaje cooperativo y activo desde el seno de la comunidad eclesial, como por ejemplo la parroquia liderada por su párroco. Desde la teología se pretende un aprendizaje conectado a los distintos problemas de la vida real, con la finalidad de crear interacciones entre la comunidad que posibiliten el debate sobre las distintas formas de ver y analizar un mismo hecho.


El pensamiento crítico conlleva proponer diversas hipótesis, observar un problema desde interpretaciones alternativas, plantear nuevas preguntas, ofrecer posibles soluciones, y diseñar un plan que contenga estrategias para la investigación. Todas estas afirmaciones encuentran un espacio en el reto eclesial que nos invita a transformar todo en clave sinodal.


domingo, 12 de marzo de 2023

Promover el discernimiento de la Palabra de Dios es promover la Sinodalidad en la Iglesia




Promover el discernimiento de la Palabra de Dios es promover la Sinodalidad en la Iglesia


Toda comprensión Sinodal parte de un texto (o situación) del Evangelio que uno lee, sea para orar o discernir el propio proyecto de vida. Por lo general un bautizado se acerca a la lectura bíblica para poder escuchar lo que Dios espera de él y lograr tener éxito en su desempeño como seguidor de Jesucristo. No obstante, el propósito de la lectura bíblica está íntimamente conectada con la motivación de amar y sentirse amado por Dios y la comunidad. Es decir, la motivación emocional es esencial para el éxito en el proceso de evangelización del mismo Evangelio, y esto sólo se logra con el calor de hermandad entre todos los cristianos. En otras palabras, el Evangelio actúa a través de la fraternidad abierta.  Esto se debe a que la comprensión del texto bíblico sin motivación está anulado de todos sus beneficios al no tener aplicación posible, ni siquiera si sólo fuera para efectos académicos. Los fieles ordenados sacramentalmente deben ayudar a los fieles a descubrir por ellos mismos el valor de la lectura bíblica y aplicar sus beneficios en su día a día. El mayor beneficio de la lectura bíblica es ver y actuar como Jesús durante su vida vió y actuó. Conocer el Evangelio es indispensable para encontrar el sentido de vivir. 


La Palabra de Dios en clave sinodal es dentro del proceso metodológico la argumentación. El Evangelio es el mismo Cristo, el Logos que puede no sólo comerse sino también leer, por tanto es el Evangelio una condición intrínseca del discurso cristiano que le aporta solidez a la fe y la santidad a quien lo lee y practica. Para llegar a ser santo se necesita desarrollar, nutrir y promover el hábito de la oración con el Evangelio y evangelizar es la argumentación de nuestra fe. Es tarea de la teología facilitar los medios para que los bautizados puedan leer más de forma orante la Palabra de Dios. 


La teología  está constituida por diversas actividades académicas, técnicas, cognitivas, pastorales, humanas, sociales y espirituales. Todas esas dinámicas exigen de los teólogos enfrentar situaciones y tareas que involucran la lectura bíblica, como aplicación de la Buena Nueva en el día a día de todos los fieles. No debe ser ajeno de los teólogos la lectura bíblica expresada en la escritura analítica, el desarrollo del pensamiento crítico y la argumentación. Estas tareas son esenciales para resolver problemas eclesiológicos, no sólo de manera académica de forma, sino de manera humana de fondo, es decir para dar respuestas a las demandas reales que aquejan al Pueblo de Dios.


La teología está llamada a tener un dominio progresivo, formal y coherente en sus distintos campos disciplinarios para proponer programas pastorales que desarrollen la Sinodalidad como una vía real dentro de la vida eclesial. Donde los bautizados y toda la comunidad  puedan aprender a entender los textos bíblicos y poner en práctica los contenidos de la fe, como expresión máxima de su itinerario sacramental. Este proceso de aprendizaje apunta a la motivación de una vida acorde a la piedad y a la confianza providente al amor de Dios, que debe estar en todo momento en una sintonía de la alegría de quien cree. Todos los bautizados deben mantener un lugar en la liturgia, con una participación activa y visible. La liturgia como celebración del misterio pascual implica una pluralidad de talentos, tantos como cada bautizado hay en el mundo. La liturgia como evento pluricultural responde a la necesidad actual del cristiano de hoy a la incorporación mistérica  al Cuerpo de Cristo sin sacrificar sus estructuras culturales, que no dejan de ser humanas y amadas por Dios. La liturgia como la teología no sólo responden a las necesidades eurocentristas sino que deben responder a las necesidades de todos los continentes de la tierra. Los teólogos deben buscar estrategias para que la Sinodalidad sea posible para todos los cristianos, para su localización y acceso en medio de las comunidades eclesiales de base, para su uso en clave profética, para su síntesis y evaluación en base a la caridad con aquellos más pobres y necesitados.


No es posible enseñar la Sinodalidad y su aplicación bajo la luz del Evangelio en el vacío. Es decir, las habilidades cristianas deben estar presentadas como líneas claras de acción pastoral desde la supervisión del obispo desde su diócesis y a su vez en continua escucha a sus párrocos y al sumo pontífice.

jueves, 2 de marzo de 2023

Sinodalidad, lectura de la Palabra de Dios y método teológico

 


Sinodalidad, lectura de la Palabra de Dios y método teológico


La Sinodalidad es un caminar juntos en torno a la Eucaristía como compartir entre hermanos y la oración en torno a la lectura meditada de la Palabra de Dios. Esta dinámica propiamente cristiana es la puerta a una vida llena de valor evangélico y convicción del amor paterno de Dios para con su creación. La lectura orante y meditada de la Palabra de Dios en el entorno de la comunidad acentúa por la gracia de Dios la imaginación como don, la innovación y creatividad en el Espíritu, características de un cristiano que procura entregar su propia historia a lo que agrada a los ojos de Dios.


La innovavión y creatividad en el Espíritu son requerimientos de un mundo geolocalizado en constante tensión competitiva. La lectura asidua de la Palabra de Dios en todos los aspectos operativos de la pastoral parroquial es necesaria para el completo desarrollo en el conocimiento de la fe, de todos los fieles, mejora su desempeño en la vida espiritual y da calidad en todos los aspectos de la vida. El mundo de hoy es cada vez más exigente al demandar habilidades como el pensamiento crítico, pero dentro de la realidad mistérica de la eclesiología, la lectura asidua de la Palabra de Dios y la vida activa sacramental, forman un binomio de gran impacto, capaz de aportar grandes avances sociales en la comunidad, como por ejemplo el crecimiento del bienestar común, la solidaridad, la caridad dadivosa, la intervención social en las familias vulnerables, como son las familias migrantes o de refugiados de guerra.


El pensamiento crítico que necesita todo cristiano en clave sinodal, surge de la lectura de la Biblia y a su vez la lectura comprometida de la Biblia es producto del pensamiento crítico cristiano. Sabemos del impacto que se tiene cuando el Evangelio enciende en los corazones la llama del amor del Espíritu Santo. Como un nuevo Pentecostés, el Evangelio se enseña, promueve y nutre el alma sedienta de la verdad. La Sinodalidad es comprensible sólo bajo la influencia del Espíritu Santo y sus dones y frutos.


sábado, 15 de octubre de 2022

Libro: Sinodalidad y Método Teológico: ¿Cómo ser Sinodalidad? - Índice





Presentación: Sinodalidad y método teológico

¿Para qué un método teológico?

El valor de la Sinodalidad



Primera parte

Importancia de la Sinodalidad en la Eclesiología de hoy


Sinodalidad, lectura de la Palabra de Dios y método teológico

¿Cómo enseñar a leer la Palabra de Dios críticamente?



Segunda parte

Sinodalidad: Algo antiguo y algo nuevo


Las C.E.Bs.: en la línea del Concilio Vaticano II, de Medellín y Puebla

La Sinodalidad leída desde las Comunidades Eclesiales de Base

Sinodalidad como fermento y alma de la sociedad

El Método y la Pedagogía en las comunidades sinodales



Tercera Parte

Sinodalidad y Teologías


Teología feminista latinoamericana

La teología negra y la amerindia

La teología holística

La teología de las religiones

La teología inculturada



Cuarta Parte

El descubrimiento de la Sinodalidad: Congar, Rahner y Ronaldo Muñoz


Yves Congar

Karl Rahner

Ronaldo Muñoz



Quinta Parte

                Voces del Pueblo de Dios sobre la Sinodalidad 



Anotaciones sobre la sinodalidad - Conclusiones

Llamados a la Sinodalidad - Conclusiones


Anexo

PARTICIPACIÓN DE MONSEÑOR LUIS EDUARDO HENRÍQUEZ JIMÉNEZ

EN EL CONCILIO VATICANO II


Autor: Ronald Manuel Rivera

domingo, 9 de octubre de 2022

"Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa": Una lectura, una renovación eclesial.



Resumen


El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" responde a la invitación de la Iglesia a vivir la transformación del Pueblo de Dios en una sintonía sinodal. Es, sin duda, una profunda reflexión enriquecida por distintas contribuciones de diversas comunidades eclesiales de toda Hispanoamérica que desean dejar por escrito su voz profética. Se aborda desde un contexto histórico y pastoral el proceso de "Caminar Juntos" como comunidad, sin dejar a un lado los temas más problemáticos en la eclesiología actual. El libro presenta una lectura ideal para comprender el camino sinodal que se puede emprender desde la realidad personal del lector.



Su propuesta


El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" propone una reflexión que acompañe al lector en su práctica de la Sinodalidad, en el marco del Sínodo sobre la Sinodalidad que ha sido inaugurado en octubre de 2021 por el Papa Francisco y que culminará con la celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo en octubre de 2023. La lectura está llena de las experiencias del Pueblo de Dios a través de la participación del movimiento de los focolares (en la ciudad de Santiago de Compostela) y la Comunidad "Tras las Huellas de Jesús" presente en toda Hispanoamérica. Además tiene la participación de los sacerdotes venezolanos Alfonso Maldonado y Luis Manuel Díaz.



Su autor


El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" es una obra escrita durante la primera fase del Sínodo de la Sinodalidad, en un esfuerzo para recoger las experiencias de distintas comunidades eclesiales hispanoamericanas. Su autor es el teólogo venezolano Ronald Rivera, quien tiene experiencia como escritor y docente en las Arquidiócesis de Valencia y de Caracas (Venezuela), donde trabajó como gestor documental. Actualmente es investigador en la Arquidiócesis de Santiago de Compostela (España).



Su intención


La intención del presente libro es apoyar a todo el Pueblo de Dios en el acompañamiento de su formación para vivir este proceso de renovación eclesial.


El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" va dirigido a todo el Pueblo de Dios que sueña con un caminar juntos donde se pueda compartir la humanidad, con sus luces y sombras. Va dirigido a todos los que trabajan para la construcción eclesial que cobije a todos, con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.


La inspiración que llevó a la elaboración del libro fue la experiencia desde las Iglesias locales, donde es fácil palpar el deseo de una Comunidad donde no haya otro interés que el de "servir y amar". En un "nosotros" celebrativo y centrado en la Eucaristía. El autor ha sido inspirado por el anhelo sinodal de ser como una familia viva, alimentada del Evangelio y la gracia de los sacramentos.


El lector va a encontrar en el libro un momento de reflexión personal, a través de una lectura envolvente, que invita a pensar sobre los retos que todos los bautizados deben enfrentar en el mundo actual. Desde un recorrido histórico el lector se detendrá en los tesoros de la sinodalidad que han sido compartidos y se ofrecen en la Iglesia. Tesoros que urgen en la Iglesia de hoy.



Estructura del libro


El libro presenta una estructura de nueve capítulos que están acompañados con una presentación y unas conclusiones.


La presentación del libro tiene como título "Llamados a la Sinodalidad". Está redactada por el sacerdote Luis Manuel Díaz de la Arquidiócesis de Valencia (Venezuela).


Los siguientes nueve capítulos están diseñados para que sean analizados en dos partes:


Una primera parte que abarca los tres primeros capítulos tienen como finalidad de exponer los antecedentes históricos del proceso sinodal actual y estudiar su fundamento teológico.


Los capítulos de esta primera parte son:


1. Antecedentes históricos.


2. El descubrimiento de la Sinodalidad: Pueblo de Dios.


3. El descubrimiento de la Sinodalidad: Congar, Rahner y Ronaldo Muñoz.


Una segunda parte que abarca los últimos seis capítulos tienen como finalidad el explicar el proceso del Sínodo de la Sinodalidad y su relación con el pontificado del papa Francisco.


Los capítulos de esta segunda parte son:


4. El descubrimiento de la Sinodalidad: ¿Par qué?


5. ¿Qué es el Sínodo de la Sinodalidad? Te lo cuento.


6. Sínodo de la Sinodalidad: ¿Deseas conocer más? Te lo enseño.


7. Laudato Si y Sinodalidad.


8. La constitución apostólica Praedicate Evangelium: Signo Sinodal.


9. Voces del Pueblo de Dios sobre la Sinodalidad. En este capítulo se recogen los siguientes testimonios:


- Walter Ariel Ledesma, laico de Argentina.


- Roxanne Friebus, laica de Venezuela.


- Floridalia Noguera, religiosa de Guatemala.


- Monseñor Julián Barrios, Arzobispo de la Arquidiócesis de Santiago de Compostela, España.



Sus Conclusiones


Las conclusiones son desarrolladas por el sacerdote Alfonso Maldonado de la Arquidiócesis de Barquisimeto (Venezuela).



¿Qué ofrece?


El libro ofrece al lector las claves para comprender el concepto de la Sinodalidad, no de una forma academicista sino desde la experiencia del Pueblo de Dios; como dimensión constitutiva de la Iglesia desde su origen. La lectura del presente libro es un acompañamiento continuo del lector comprometido a estar en camino, atendiendo a la invitación del Señor resucitado. 



Bibliografía


RIVERA, Ronald Manuel. Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa. Editorial Círculo Rojo. España, 2022.


@RonaldMRivera


martes, 21 de junio de 2022

El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa": ¡Una lectura para tu Camino!



La editorial Círculo Rojo acaba de presentar el libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" que ha sido escrito durante la primera fase del Sínodo de la Sinodalidad, recogiendo las experiencias de distintas comunidades eclesiales hispanoamericanas. El libro propone una reflexión que acompaña al lector en su práctica de la Sinodalidad, en el marco del Sínodo sobre la Sinodalidad que ha sido inaugurado en octubre de 2021 por el Papa Francisco y que culminará con la celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo en octubre de 2023.

El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" es una obra del teólogo venezolano Ronald Rivera, quien reside en la ciudad de Santiago de Compostela, España. Allí colabora como investigador, pastoralista, desde el movimiento focolar.

"Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" posee una lectura llena de las experiencias del Pueblo de Dios a través de la participación del movimiento de los focolares (en la ciudad de Santiago de Compostela) y la Comunidad "Tras las Huellas de Jesús" presente en toda Hispanoamérica. Además tiene la participación de los sacerdotes venezolanos Alfonso Maldonado y Luis Manuel Díaz.

La intención del presente libro es apoyar a todo el Pueblo de Dios en el acompañamiento de su formación para vivir este proceso de renovación eclesial.

El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" va dirigido a todo el Pueblo de Dios que sueña con un caminar juntos donde se pueda compartir la humanidad, con sus luces y sombras. Va dirigido a todos los que trabajan para la construcción eclesial que cobije a todos, con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.

El lector va a encontrar en el libro un momento de reflexión personal, a través de una lectura envolvente, que invita a pensar sobre los retos que todos los bautizados deben enfrentar en el mundo actual. Desde un recorrido histórico el lector se detendrá en los tesoros de la sinodalidad que han sido compartidos y se ofrecen en la Iglesia. Tesoros que urgen en la Iglesia de hoy.

El libro ofrece al lector las claves para comprender el concepto de la Sinodalidad, no de una forma academicista sino desde la experiencia del Pueblo de Dios; como dimensión constitutiva de la Iglesia desde su origen. La lectura del presente libro es un acompañamiento continuo del lector comprometido a estar en camino, atendiendo a la invitación del Señor resucitado.

El libro puede ser adquirido por las redes de distribución de la editorial Círculo Rojo y las redes sociales del autor.

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sábado, 18 de junio de 2022

Libro: "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" de Ronald Rivera (Entrevista a Círculo Rojo)

 



-¿Cuánto tiempo llevas escribiendo? ¿Cuánto tiempo te ha llevado escribir esta obra?

Mi experiencia como escritor ha estado vinculada con mi trabajo de investigador y gestor documental en las Arquidiócesis de Valencia y de Caracas (Venezuela). El tiempo que llevo escribiendo de forma académica empieza desde mis estudios teológicos en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá; desde ese momento, la vocación de escritor no se ha detenido, y sigue ampliándose. 


El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" lo he escrito durante la primera fase del Sínodo de la Sinodalidad, recogiendo las experiencias de distintas comunidades eclesiales hispanoamericanas.


-¿Qué es lo que más destacarías de tu libro?

El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" propone una reflexión que acompañe al lector en su práctica de la Sinodalidad, en el marco del Sínodo sobre la Sinodalidad que ha sido inaugurado en octubre de 2021 por el Papa Francisco y que culminará con la celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo en octubre de 2023. La lectura está llena de las experiencias del Pueblo de Dios a través de la participación del movimiento de los focolares (en la ciudad de Santiago de Compostela) y la Comunidad "Tras las Huellas de Jesús" presente en toda Hispanoamérica. Además tiene la participación de los sacerdotes venezolanos Alfonso Maldonado y Luis Manuel Díaz.

La intención del presente libro es apoyar a todo el Pueblo de Dios en el acompañamiento de su formación para vivir este proceso de renovación eclesial.


- ¿A quién va dirigido?

El libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa" va dirigido a todo el Pueblo de Dios que sueña con un caminar juntos donde se pueda compartir la humanidad, con sus luces y sombras. Va dirigido a todos los que trabajan para la construcción eclesial que cobije a todos, con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.

 

-¿Qué te ha inspirado para escribirlo?

Me ha inspirado escribir este libro la experiencia desde las Iglesias locales, donde se palpa el deseo de una Comunidad donde no haya otro interés que el de "servir y amar". En un "nosotros" celebrativo y centrado en la Eucaristía. Me ha inspirado el anhelo sinodal de ser como una familia viva, alimentada del Evangelio y la gracia de los sacramentos.


-¿Qué se va a encontrar el lector en tu obra?

El lector va a encontrar en el libro un momento de reflexión personal, a través de una lectura envolvente, que invita a pensar sobre los retos que todos los bautizados deben enfrentar en el mundo actual. Desde un recorrido histórico el lector se detendrá en los tesoros de la sinodalidad que han sido compartidos y se ofrecen en la Iglesia. Tesoros que urgen en la Iglesia de hoy.


El libro ofrece al lector las claves para comprender el concepto de la Sinodalidad, no de una forma academicista sino desde la experiencia del Pueblo de Dios; como dimensión constitutiva de la Iglesia desde su origen. La lectura del presente libro es un acompañamiento continuo del lector comprometido a estar en camino, atendiendo a la invitación del Señor resucitado. 


- ¿Qué tal tu experiencia con Círculo Rojo?

La experiencia de escribir bajo la asesoría de la editorial Círculo Rojo ha sido gratificante. De manera atenta han respondido a las exigencias de la obra, logrando ser un apoyo en el proceso de redacción, diseño e impresión. Destaco su prontitud en su trabajo editorial y para responder las dudas surgidas. Recomiendo ampliamente su trabajo de gestión editorial.


La presentación del libro "Descubriendo la Sinodalidad: Escucha, discierne, actúa", a través de zoom, será el próximo sábado 6 de agosto 2022, a las 21:00, hora España. Los detalles serán publicados a través de mis redes sociales.


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lunes, 16 de mayo de 2022

Sinodalidad y el Método Teológico (II Parte)




 ¿Qué se propone este método teológico sinodal?


El diseño de este método teológico sinodal propone un programa pastoral que fomente la fraternidad propia del Pueblo de Dios, de una forma consciente y libre en todos sus fieles, a través de la lectura y oración de la Palabra de Dios.


Este objetivo se logrará a través de dos acciones metodológicas:


- Analizar las fases del Sínodo de la Sinodalidad y sus líneas de acción para construir camino al ritmo que la Iglesia, como Pueblo de Dios,  propone.


- Mejorar la fluidez del pensamiento crítico y de nuestra dimensión eclesial, según nuestra vocación dentro de la Iglesia,  a través de la lectura meditada y orante de la Palabra de Dios, respetando el proceso pedagógico que la Iglesia como Madre y Maestra ha dispuesto.


El valor de la Sinodalidad


El presente método teológico sinodal se expresa en líneas pastorales como idioma heredado del concilio Vaticano II. Este método resalta el proceso sinodal del Pueblo de Dios como un valor real y no sintáctico. La Sinodalidad es uno de los cinco valores que se desprenden de los valores morales de las relaciones sociales. Siendo estos:


Valor de la empatía: La empatía es el valor que nos da apertura en nuestra consciencia moral para

comprender los sentimientos y emociones que siente otra persona, de forma objetiva y racional. 


Valor de Igualdad de oportunidades: La igualdad de oportunidades es un valor basado en la idea de que una sociedad es justa mientras todas las personas que la conforman puedan acceder a los mismo niveles de bienestar social y sus derechos no son inferiores a los de otros grupos. Para ello, la eclesiología más allá de lo academicista, debe establecer normativas canónicas que prohíban la discriminación por motivos de raza, sexo, etnia, edad, opinión o identidad sexual.


Valor de respeto al medio ambiente: El respeto al medio ambiente se refiere a la valoración de todos los seres vivos y a todo el sistema que sustenta la posibilidad de la vida en nuestro planeta, incluyendo los minerales. Así mismo se refiere también al mantenimiento del planeta como casa común a la que debemos cuidar para resguardar la vida de todos los seres vivos. Recordamos el mensaje evangélico del Papa Francisco en su encíclica Laudato Si.


Valor del cuidado de la salud espiritual y física: El valor del cuidado de la salud es un principio ético y una competencia humana fundamental para la supervivencia humana y de las sociedades. El ser humano está proyectado fuera de sí al mundo desde el momento en que nace. Esa proyección es un lanzarse hacia adelante, en una dinámica evolutiva, que le va brindando herramientas para poder ser independiente. Es un proceso que no tiene fin hasta la hora de su muerte. Es por ello, que, mientras estamos vivos es un valor sumamente importante el de cuidar de nuestra salud, no sólo física sino también espiritual,  para disminuir las amenazas a nuestro cuerpo sano, mente sana y alma santa. Esto se logra ejercitando los hábitos adecuados e ir comprometiéndonos en una formación sanitaria que vea la espiritualidad y la vida de la gracia santificante como un hecho integral y no dicotómico. La salud biológica y la santidad son un único aspecto antropológico y que debe vivirse no sólo de forma personal sino también colectiva.


Valor de la Sinodalidad: Es el valor central de nuestra propuesta. El valor de la Sinodalidad es aquel que nos ayuda a discernir entre argumentos falsos y verdaderos dentro de nuestra vida de fe. La Sinodalidad nos invita a ver al otro como mi hermana o mi hermano, y a vivir en libertad el amor infinito de Dios para con su creación. La Sinodalidad es ver la autoridad y el poder como una oportunidad de servir y amar más a quién lo necesita. El valor de la Sinodalidad nos compromete a no caminar solos, y a separar en el andar las ideas entre una fe mediocre y una fe evangélica.  A distinguir la información de los voceros eclesiásticos, aquello lo que realmente es valioso para mi vida de fe, a desmontar prejuicios, a hallar conclusiones bien fundamentadas, a generar alternativas, a mejorar la comunicación y, en definitiva, a ser dueños de nuestro actuar evangélico y de nuestro actuar en plena consciencia.  En el Pueblo de Dios, la Sinodalidad tiene un papel de vital importancia, motivado a que es la capacidad expresada por el bautizado para distinguir y estudiar de forma experiencial la Buena Nueva de Jesús. Sólo en Sinodalidad el Pueblo de Dios puede visualizar la verdad íntima del Evangelio y alcanzar una conclusión objetiva de su propia Fe.


La Sinodalidad es un proceso que también implica una sana consciencia moral, ante la abundancia de contenido ético superficial, en el mundo de hoy, que es todo menos ético. La Sinodalidad no debe tener temor a la base cartesiana del pensamiento moderno. Aunque las personas en la actualidad dudan de todos los axiomas absolutos que continuamente interactúan en el entorno social, la realidad necesita de la teleología de lo humano que sólo la Buena Nueva de Jesucristo puede ofrecer. Al contrario, podemos usar la duda moderna como herramienta filosófica, casi socrática, para no repetir falsos presupuestos que siempre terminan creando confusión en el seno de lo eclesial. Al dudar le damos significado a aquello en que creemos. Pues lo verdad del Evangelio se transforma en los hechos más importantes para nosotros mismos. La Sinodalidad es un proceso motivador y de voluntad.


El valor de la Sinodalidad se desarrolla a través de las siguientes destrezas: La de interpretación evangélica a la luz del Espíritu Santo, que fomenta la aptitud para identificar los actos apreciados por Dios de aquellos nos alejan de él; el análisis de la Revelación custodiada por la Iglesia, que facilita la mejor capacidad de comprender los elementos importantes de nuestra fe; la evaluación  de nuestro propio papel de bautizado, que conlleva discernir mis acciones de servicio amoroso para con el otro y disponer de argumentos para indicar donde se encuentra la verdad; la inferencia que supone la identificación de los aspectos informativos por las voces autorizadas de la Iglesia, para analizar y sacar conclusiones propias; La explicación cuyo proceso sistemático y riguroso de cada bautizado se muestra en la verificación y coherencia de las conclusiones propias.  Ya por último la auto-regulación que implica evaluación de las acciones propias de cara al Jesús del Evangelio, así como la toma de conciencia para hacer las correcciones oportunas.


Importancia de la Sinodalidad en la Eclesiología de hoy


El presente siglo ha traído consigo grandes retos y oportunidades para todo aquel que desee repensar la eclesiología y la transmisión de la fe, a través de la evangelización. Estamos en un mundo donde se valora positivamente la velocidad, lo cambiante y novedoso, eso sitúa a la Iglesia en un ambiente altamente competitivo, donde la razón sin fe se impone con sus propias definiciones morales. La Iglesia actual se somete a un mundo mediático que está más interesado en señalar sus abusos y crímenes (por ejemplo los de índole sexual o financieros) que sus grandes obras espirituales y caritativas. La eclesiología de este siglo ya no tiene capacidad discursiva y recurrir a sus reflexiones dogmáticas es un acto académico pero no creíble. Su tarea pasa por la tensión de tener que atender las diversas demandas del pensamiento millennial. Es por ello que la eclesiología debe entrar en la dinámica de una constante renovación, como invita el actual pontificado del Papa Francisco. La Sinodalidad es un actualizar la razón de ser de la Iglesia.


Esta dinámica sinodal implica el desarrollo de una Iglesia menos autorreferencial y de una evangelización abierta a la escucha y al pensamiento discursivo. Sin el desarrollo de estas habilidades sinodales, la eclesiología entraría en una enfermedad del pensamiento libre y de su propia fe. La Iglesia tiene la oportunidad de vivir esta etapa sinodal para salir de su estructura monocromática que terminaría sacrificando el sano entusiasmo de las diversas comunidades cristianas en todo el mundo, cada vez más diversas y críticas


La Iglesia que vive el Sínodo de la Sinodalidad ha formulado en sus múltiples diócesis diversas preguntas, ¿Están los bautizados bien preparados para responder a los retos del futuro? ¿Son capaces los bautizados de analizar, razonar y comunicar con eficacia su fe y sus ideas? ¿Pueden los  pastores ordenados razonar, analizar y comunicar el Evangelio de Jesucristo eficazmente? ¿Han encontrado los bautizados los intereses en los que persistirán a lo largo de sus vidas, como miembros indispensables del Cuerpo Místico de Cristo?, ¿La mujer tendrá voz y voto dentro de la Iglesia como Sínodo permanente de la fe confiada? Son estas preguntas que nos ofrece la Iglesia que vive el Sínodo de la Sinodalidad  las que colocan la eclesiología como Pueblo de Dios y la lectura orante de la Palabra de Dios, como acciones prioritarias para el desarrollo sano e integral de todas las personas que hacen vida dentro de las comunidades cristianas. En el ámbito teológico, haciendo mención especial al ámbito de la teología pastoral, la importancia de un pensamiento con juicios propios de parte de los bautizados, es esencial para hacer frente a interpretaciones unidireccionales y a posibles abusos de poder dentro de la comunidad. Al hablar de pensamiento crítico en la vida eclesial se debe vincular con la importancia e impacto de la lectura orante de la Palabra de Dios como una habilidad indispensable en la actualidad de la vida de la Iglesia como Pueblo de Dios, para la formación espiritual y ministerial de los fieles y así, satisfacer las exigencias

de las demandas de mujeres y hombres que no son visibles a las líneas pastorales tradicionales, como por ejemplo: Los matrimonios mixtos, los divorciados vueltos a casar, las lesbianas y homosexuales, los transgéneros, las familias monoparentales, las trabajadoras/es sexuales... No sólo las demandas de personas no visibles, sino situaciones no confrontadas como son la masturbación,  las relaciones sexuales prematrimoniales y el uso de métodos anticonceptivos en parejas cristianas.

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viernes, 13 de mayo de 2022

Sinodalidad y Método Teológico: Para bautizados curiosos...

 



Presentación: Sinodalidad y método teológico


En nuestro actual contexto eclesiástico el papel activo del fiel bautizado debe ser entendido como el proceso de forjar una vida sólida en la fe, de un gran talante ciudadano y de un gran compromiso social que va más allá de las propias convicciones morales, y más bien abiertas a un proceso de escucha. El pontificado del Papa Francisco se resume en una invitación para lograr hacer vida a la Iglesia de Cristo, que se traduce en una Iglesia de fraternidad abierta que esté dispuesta y formada para participar de manera activa en una sociedad equitativa, que sin ser utópica brinde las posibilidades de un diálogo abierto, de una escucha activa, y de las actitudes de respeto de las diferencias. Este camino se conoce como “Sinodalidad”, un caminar juntos.


Este caminar juntos debe ofrecer estabilidad a la comunidad eclesial, pensada como Pueblo de Dios. Para ello se debe a una aptitud metodológica dinámica que permita el contacto con cualquier tipo de situación real y no en composiciones abstractas. Esta aptitud metodológica necesita no sólo de un  ejercicio espiritual sino de herramientas comunicativas, que a su vez faciliten el análisis de la Buena Nueva del único Evangelio: Jesucristo; con pensamiento crítico.


En la actualidad “conectar con la fe” de forma eficaz no es propiamente un fin en el desarrollo de las personas, pero sí lo es el desarrollar las aptitudes humanas necesarias para establecer relaciones fuertes y vinculantes. La tarea es evangelizar en tonos de Sinodalidad, aclarando que la conexión con la fe es una conexión con el hermano, con otras personas parecidas a mí. A su vez, la relación con el hermano es una conexión con Dios, que es Amor.


Una característica antropológica del ser humano es la interacción cognitiva entre la comunicación, la realidad y lo simbólico. Esta capacidad tripartita se presenta de forma activa cuando una persona se coloca frente al propio sufrimiento y ante el sufrimiento del “otro”, en la que el bautizado debe superar distintos escenarios mentales y de fe. Dentro de una Iglesia piramidal la fase de una reflexión crítica y justa es más compleja de asumir. Este es el motivo central del rechazo de la población global a confiar en una institución milenaria, más allá de dividir el problema como algo geopolítico: Occidente y no occidente.


El Sínodo de la Sinodalidad coloca entre sus primeras competencias la actitud de comunión, participación y misión de la Iglesia como Pueblo de Dios. El camino sinodal busca capacitar a los bautizados en el análisis profundo de la Palabra de Dios, como misterio del mismo Cristo revelado. Caminar juntos es ser Evangelio de carne y hueso sin dividir nuestra realidad antropológica  de nuestra naturaleza mistérica (como hijos de Dios). Sólo en Sinodalidad podemos ser creíbles ante la sociedad. Sinodalidad es ser Iglesia en salida, donde todos (hombres y mujeres) son protagonistas en una igualdad de oportunidades.


Sin embargo el desarrollo de la Sinodalidad, donde la fraternidad abierta es el vehículo para predicar el Evangelio, no se limita a la sola comprensión de las publicaciones de la Santa Sede, sino de ubicar en la realidad social, mi papel como bautizado, donde culturalmente me desenvuelvo. Para ello el Pueblo de Dios debe ser consciente de su capacidad hacedora de cultura y de sus talentos (dones del Espíritu Santo) para ver con nitidez las finalidades de la comunidad eclesial en el mundo.


El programa metodológico para vivir la Sinodalidad que propone este escrito es en base a mi propia reflexión a la  luz de la Sagrada Escritura y de la oración. Su finalidad es ofrecer un ejercicio que de forma pastoral se pueda aplicar en las distintas comunidades eclesiales de base, para influir en el  ritmo que evolucionan las comunidades eclesiales en la actualidad. 


Comprendo que es ambicioso pensar que este método propuesto pueda ser aplicable en las diversas comunidades eclesiales del mundo, pero de la misma manera espero que sea flexible y moldeable a todas las situaciones existentes. El primer obstáculo de la Sinodalidad es la visión egoísta modernista que hunde sus raíces en el Positivismo de Auguste Comte que establece la dignidad humana como una práctica social que cambia de significado a medida que la sociedad se transforma, dejando desprotegido a la persona de toda defensa metafísica. El resultado es la confusión del servicio con poder, y de la fe como un acto reflejo narcisista.  La lectura de la dignidad humana como práctica social contribuye a las falsedades ideológicas a las que la comunidad eclesial se ve bombardeada constantemente, a través de populismos eclesiales como políticos. El clericalsimo, junto a otras artrosis de la comunidad eclesial, hace que el pensamiento crítico del bautizado, se diluya en un asentimiento ciego, sordo y mudo ante la autoridad eclesial de turno.


La Sinodalidad debe tener como rieles el pensamiento crítico. Para ello debe presentar los siguientes propósitos:


El propósito fiel de la Revelación, es decir, el propósito del mismo Jesucristo, que debe ser coherente en la comunidad eclesial, como su Cuerpo Místico. El propósito de santidad de quien va dirigido el mensaje evangélico y el propósito personal de servicio de quien dirige la comunidad eclesial, dentro del plan de salvación que ha dispuesto Dios a lo largo de la historia. Este ejercicio que entra dentro de la pastoral diocesana, como responsabilidad del epíscopo, nos dará como resultado lo que la teología postmoderna llama  “comunidad discursiva”, es decir una comunidad eclesial pensante. Siempre y cuando el propósito de servicio de quien dirige la comunidad eclesial, entienda el servicio como lo refiere Cristo en el Evangelio. Además, aunque la dirección de la comunidad eclesial es una tarea del Ordinario del lugar, no significa que esta no esté delegada en cualquier bautizado, sea clérigo, religioso, religiosa, consagrado, consagrada, laico o laica.


La competencia pedagógica que el método sinodal propone es la capacidad de saber distinguir la enseñanza evangélica de Dios con la de los juicios propios de cualquier bautizado, en un ejercicio discursivo, en comunión con todo el Pueblo de Dios y acompañado de la oración. Este proceso podemos llamarlo como “descubrimiento de la Sinodalidad”, que toma forma a través de tres verbos: Escuchar, discernir y actúar. Es decir, no sólo entender las ideas que en las distintas fases del Sínodo de la Sinodalidad se enseñan sino también tener la facilidad de vivir la Sinodalidad en la vida cotidiana de la Iglesia: La Sinodalidad se debe conversar, poner en escrito, leer, orar y hasta dramatizar, en conciliación con lo que se piensa con argumentos personales. Deber ser un alimento fácil de digerir en la naturaleza eclesiológica de la “pirámide invertida”.


Podemos en este momento tener a mano grandes reflexiones y valiosos aportes sobre la Sinodalidad. Podemos acceder a una lectura crítica de forma digital (por ejemplo, la Internet) o gráfica (por ejemplo, las notas de prensa escrita), y en su producción más fiable a través del magisterio teológico oficial (por ejemplo, los artículos emitidos por la Santa Sede o de revistas especializadas e indexadas). Esta afirmación de lo “formativo” va de la mano con la idea de que todas las personas, aún no creyentes, tienen la capacidad interpretativa de lo simbólico, y están llamadas también a caminar juntos. Es decir, todos las personas pueden proyectar sus pensamientos a través de lo que leen, y creen. Esto explica porqué el método teológico de la Sinodalidad se basa en estos tres elementos: La forma de presentarse el Evangelio, el contenido de fe revelado y la capacidad interpretativa de los evangelizados. Estos tres elementos son el trípode donde se soporta el cambio de una Iglesia piramidal a una Iglesia más horizontal; como la pensaban valiosos teólogos como Congar, Rahner o Ronaldo Muñoz. 


Es por ello que la comunidad eclesial debe tener un espíritu no sólo más fraternal sino más cooperativo, debe priorizar el Amor, a través de la formación para amar, expresada grandemente en la sagrada Escritura y en la enseñanza de la Iglesia. Los bautizados deben ser personas de espíritu crítico para originar una comunidad conocedora de sus deberes y de sus derechos. La tensión intraeclesial debe estar enfocada en promover el interés de aprender a ver al otro como mi hermano, y no de dar u ofrecer normativas morales sólo por el hecho de dar u ofrecer. Evangelizar no es una simple tarea más del cristiano, sino una parte constitutiva de la fe revelada y la misión encomendada a todo el Cuerpo Místico de Cristo.


El Sínodo de la Sinodalidad presenta herramientas para una Iglesia llamada al servicio. El interés del Papa Francisco surge ante la necesidad a la que se enfrentan los bautizados, en distintas diócesis del mundo, de organizar sus comunidades con un espíritu evangélico genuino. Bautizados que ansían expresar su voz y representación del mundo real, que palpan y viven cada día, ante un clima donde la credibilidad de las instituciones están en franca decadencia. El Sínodo de la Sinodalidad al diseñar un programa de desarrollo a la luz de la Palabra de Dios, contribuye a la formación de cristianos capaces de construir y mantener el desarrollo de una Iglesia visible, más universal (católica), más misionera y más fraternal.


¿Para qué un método teológico?


Ante los cambios eclesiales que se mueven rápidamente dentro de una sociedad líquida liderada por el exceso de información y nuevos conocimientos, el proceso evangelizador no puede limitarse a la transferencia de valores tradicionales, anclados al pasado. La evangelización requiere de nuevos procesos que den respuesta a las exigencias actuales y responder a la ineludible pregunta: ¿Tener fe con qué finalidad?.


Este interrogante debe surgir durante todo el proceso metodológico de la eclesiología sinodal como una brújula que oriente las acciones y el dinamismo del conocimiento de lo que se cree. La finalidad de evangelizar es la de hacer a las personas libres, en una comunidad sinodal, pensada como Pueblo de Dios. Dicha libertad se alcanza en la medida que todos los bautizados pueden ser conscientes de sus propios juicios, es decir a través de una fe no míope sino con pensamiento crítico.


Al ser parte de la Iglesia del postconcilio del Vaticano II, he percibido como las resistencias y miedos en torno a una Iglesia sinodal más participativa e incluyente ganaron fuerza en los últimos pontificados. La tentación del poder en base a más poder encerró el papel amoroso y misericordioso de la fe en un pensamiento limitante que favoreció a la memorización y no la comprensión espiritual y emocional de la Buena Nueva de Jesús. 


Presento el diseño de un método que a través de la lectura meditada de la Sagrada Escritura, fomenta el valor metodológico de la teología. Con la finalidad de sustentar una eclesiología sinodal para el Pueblo de Dios. El peligro de todo método teológico es caer en la tentación de convertirse en un vicio academicista, por tanto para evitar esta adicción tan propia de los teólogos, debe enmarcarse en la pastoral diocesana y no desde la teología dogmática. La pastoral diocesana conlleva también múltiples peligros si es sofocada por las normativas morales. La pastoral diocesana debe ser responsanbilidad directa del Ordinario del lugar, pero no en el sentido monolítico de la autoridad, sino como cabeza representativa de todos los fieles encomendados a su pastoreo. Entiéndase fieles a todos los bautizados, hombres y mujeres, que sin descriminación social, de pensamiento, o sexual, puedan dar su voz y voto con respeto y en igualdad de fuerza transformadora. El método sinodal, que por tener base en la Sagrada Escritura es teológico, debe partir desde la pastoral parroquial como suma de las distintas comunidades eclesiales de base. El párroco debe acompañar a todas sus comunidades eclesiales de base para que la Sinodalidad  sea progresivamente mejorada e implementada y evaluada. Este acompañamiento debe realizarse en la práctica y en el desarrollo del proceso sinodal para luego poder ser transferido a las demás realidades sociales.


El Sínodo de la Sinodalidad es un esfuerzo eclesial, liderada por el Papa Francisco, para volver a la Iglesia de Jesús, más horizontal y más personal. Pretende saldar la deuda evangelizadora y formar  a los bautizados para consolidar una Iglesia donde todos caminan juntos. Un Pueblo de Dios que invierta la pirámide jerárquica actual, pero no para que predomine lo vertical, sino para que nos veamos más cerca, más horizaontal. Ser Pueblo de Dios es ser una comunidad viva más humana, oyente, espiritual, protagónica, participativa, multiétnica, pluricultural y plurilingüe. A estos efectos, se da carácter sacramental a todo el Cuerpo Místico de Cristo y se establece la persona de Jesús como único fin, no sólo de la humanidad, sino de toda la creación.


El fin de la Sinodalidad es desarrollar en la dimensión eclesiológica el potencial creativo de cada bautizado para el pleno ejercicio de su espiritualidad y cristiandad, en una comunidad fraternal basada en la Palabra de Dios, en la vida de gracia (sacramental) y en la valoración misericordiosa y amorosa del esfuerzo liberador de todas las mujeres y hombres del mundo. Sinodalidad es en sí misma un método teológico que invita a una participación activa, consciente, protagónica, responsable y solidaria, comprometida con los procesos de transformación pastoral y consustanciada con la revelación resguardada y enseñada por el Magisterio. Una enseñanza presentada como una tarea de la Iglesia, que debe respetar los principios de soberanía cultural y de autodeterminación identitaria, según la conciencia de cada persona. Cada fiel bautizado está antropológicamente formado con los valores de la identidad local, regional y nacional. Por lo tanto la visión eclesial debe ser sinónimo de una visión indígena, una visión afrodescendiente, una visión latinoamericana, una visión caribeña, una visión universal, entre otras visiones.


La Iglesia en proceso sinodal debe apartarse de la visión de una Iglesia dictatorial, que exige una obediencia no pensante o no gradual de sus fieles. La Iglesia con fe sólida y sustentada en el Evangelio de Jesucristo promueve el pensamiento crítico, donde el amor será la respuesta común que todos los bautizados en un esfuerzo sustentado por la gracia de Dios podrá llegar, no por miedo sino por convicción. La dirección unilateral de una Iglesia añeja por el clericalismo afecta a todo el Pueblo de Dios. Las injustificadas diferencias sociales y brechas normadas dentro de la vida orgánica del Cuerpo de Cristo, donde incluso la sexualidad se convierte en una variable de selección de idoneidad, han generado las asimetrías que se presentan en las comunidades eclesiales de base, y que con aciertos y desaciertos, pontificados anteriores han tratado de corregir. La inmobilidad moral que vive la Iglesia contemporánea impone irremediablemente la necesidad de que laicas y laicos se pronuncien en voz sinodal, junto a sus pastores, no por una Iglesia rígida y modélica, sino por una Iglesia que escuche el corazón humano, real e imperfecto. Pues es ese el corazón humano que ama Dios. Así la Iglesia velará por un método con estructuras flexibles y dinámicas que propicien oportunidades de aprendizaje en la fe, en distintos y desiguales ambientes. Es decir, se necesita de un método teológico que fomente el pensamiento crítico en tono sinodal y resalte la comunión, participación y misión de todos los fieles en la comunidad. La estrategia para lograrlo es a través del valioso instrumento de la meditación y oración de lectura de la Palabra de Dios y del aprendizaje cooperativo.


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