jueves, 8 de octubre de 2026

La hechicería como realidad cultural en distintas civilizaciones


Egipto

La magia egipcia se articulaba alrededor de heka, una potencia eficaz que formaba parte del funcionamiento del cosmos. No era necesariamente una actividad clandestina ni antirreligiosa. Sacerdotes, médicos y especialistas rituales podían emplear fórmulas mágicas.

Sus principales recursos fueron los encantamientos, nombres sagrados, amuletos, imágenes, fórmulas funerarias y rituales de protección y curación. El conocimiento del nombre de una divinidad o entidad podía conferir poder sobre ella. Los textos funerarios —especialmente los que conocemos como Textos de las Pirámides, Textos de los Sarcófagos y el llamado Libro de los Muertos— muestran la importancia de las fórmulas mágicas en el tránsito al más allá.

La figura de Heka es fundamental: la magia no constituye simplemente una oposición a la religión, sino una dimensión de la capacidad ritual de actuar sobre el mundo.


Mesopotamia

En Mesopotamia —Sumer, Acad, Asiria y Babilonia— encontramos una compleja combinación de adivinación, exorcismo, encantamientos, rituales de purificación, amuletos y protección contra fuerzas sobrenaturales.

Existían especialistas como el āšipu, relacionado con el exorcismo y los rituales contra enfermedades, demonios y maleficios. También encontramos al āšû, especialista médico, aunque las fronteras entre medicina y ritual podían ser diferentes de las modernas.

Los mesopotamios desarrollaron una extraordinaria demonología. Entidades como Lamaštu y Pazuzu muestran que el mundo invisible podía ser concebido como peligroso pero también susceptible de protección ritual.

La serie Maqlû es particularmente importante para la historia de la hechicería: contiene rituales contra la brujería y muestra la preocupación por el supuesto uso maléfico de prácticas rituales.


Babilonia

Babilonia pertenece al mundo mesopotámico, por lo que no debemos tratarla como una tradición completamente independiente. Sin embargo, merece una consideración específica por la enorme cantidad de documentación conservada.

La magia babilónica estuvo estrechamente vinculada a adivinación, astrología, exorcismo, medicina, rituales de purificación y protección.

Un aspecto extraordinariamente desarrollado fue la interpretación de presagios. Fenómenos celestes, sueños, acontecimientos naturales y determinadas anomalías podían considerarse signos que requerían interpretación.

Los rituales no buscaban solamente «hacer magia», sino diagnosticar una alteración del orden y restaurarlo.

Por eso, para Babilonia es especialmente útil la tríada:

presagio → diagnóstico → ritual.


Persia

La Persia antigua requiere bastante cautela porque abarca períodos y tradiciones religiosas diferentes. Para la época aqueménida, el zoroastrismo constituye el contexto fundamental.

Aquí encontramos una concepción particularmente poderosa del conflicto entre asha —verdad, orden, rectitud— y druj —mentira, desorden, engaño—.

La tradición zoroástrica desarrolló una importante angelología y demonología, con figuras como Ahura Mazda, Angra Mainyu/Ahriman y los daēvas.

Pero debemos evitar afirmar que el zoroastrismo era una religión de «magia negra». De hecho, determinadas prácticas mágicas y adivinatorias podían ser condenadas.

La importancia persa para la historia posterior es enorme porque algunas concepciones iranias sobre ángeles, demonios, juicio, conflicto cósmico y final de los tiempos entraron en contacto histórico con el judaísmo durante y después del período del exilio babilónico. Sin embargo, la influencia exacta de Persia sobre cada elemento de la demonología judía sigue siendo objeto de debate académico y no debe simplificarse.


Canaán

«Canaán» no designa una religión única, sino un conjunto de poblaciones y tradiciones del Levante.

Las religiones cananeas estaban relacionadas con divinidades como El, Baal, Anat, Asherah y otras figuras del panteón levantino.

Las prácticas rituales incluían sacrificio, culto, adivinación, prácticas de fertilidad, rituales funerarios y mecanismos de protección.

La documentación de Ugarit es particularmente importante para comprender el mundo religioso cananeo de la Edad del Bronce.

Desde el punto de vista de la historia bíblica, Canaán es fundamental porque el antiguo Israel surgió dentro de ese mismo ambiente cultural levantino. Por tanto, muchas categorías religiosas israelitas tempranas deben estudiarse en relación con su contexto cananeo.


Fenicia

Los fenicios formaban parte del mundo cultural levantino y compartían numerosas características con otras poblaciones cananeas.

Sus prácticas religiosas estaban relacionadas con divinidades como Baal, Astarté, Melqart, Eshmun y Tanit, aunque las tradiciones variaban según la ciudad.

La evidencia arqueológica muestra santuarios, estelas, amuletos, inscripciones votivas y prácticas funerarias.

Existían prácticas destinadas a obtener protección, curación, fertilidad y favor divino.

Un punto importante para tu curso es que los fenicios fueron posteriormente representados por autores grecorromanos y cristianos como practicantes de religiones «impías» o incluso demoníacas. Hay que distinguir cuidadosamente la práctica histórica fenicia de la imagen polémica que construyeron sus adversarios.


Filisteos

Los filisteos ocuparon principalmente zonas de la costa meridional del Levante durante la Edad del Hierro.

Su religión parece haber compartido elementos con el ambiente cananeo y levantino, aunque también presenta particularidades propias y posibles influencias egeas.

Las fuentes bíblicas mencionan divinidades como Dagón, Astarté y Baal-Zebub de Ecrón.

Aquí encontramos un elemento especialmente interesante para la historia posterior del demonio: Baal-Zebub será posteriormente relacionado en la tradición cristiana con Beelzebub, una figura demoníaca. Pero esto es una transformación histórica posterior.

Es decir:

Baal-Zebub no era originalmente «Satanás».


La posterior demonización de divinidades extranjeras constituye precisamente uno de los procesos que debemos estudiar para comprender la formación del imaginario demonológico occidental.


Amonitas

Los amonitas ocuparon principalmente la región situada al este del Jordán.

Su principal divinidad conocida es Milcom/Malcam, aunque la evidencia es limitada y existen debates sobre determinados nombres y funciones.

La religión amonita compartía elementos con las religiones del Levante.

La Biblia presenta determinadas prácticas amonitas como contrarias a Yahvé y menciona, entre otras cosas, sacrificios relacionados con Molec/Moloc, aunque la identificación exacta entre Moloc y una divinidad específicamente amonita es un asunto complejo y discutido por los especialistas.

Por eso conviene evitar la afirmación simplista:

«Los amonitas adoraban a Moloc mediante sacrificios humanos.»


La evidencia histórica y textual es bastante más compleja.


Moabitas

Los moabitas ocuparon la región oriental del mar Muerto.

Su divinidad nacional más importante fue Kemosh/Chemosh.

La famosa Estela de Mesha constituye una fuente extraordinariamente importante porque permite conocer directamente parte de la perspectiva moabita y su relación con Kemosh.

La religión moabita compartía elementos con el mundo levantino y estaba estrechamente relacionada con identidad política y territorial.

La Biblia presenta a Moab como pueblo extranjero y adversario de Israel en determinados contextos. La historia posterior tendió a convertir las divinidades de pueblos enemigos en símbolos de idolatría.


Hebreos / antiguos israelitas

Aquí debemos introducir una diferencia fundamental.

La religión de los antiguos israelitas no aparece históricamente como un sistema monolítico desde el principio. Se desarrolla progresivamente.

En las etapas antiguas encontramos un contexto religioso relacionado con el mundo cananeo y semítico occidental, con figuras como El, Elyón, Elohim y Yahvé.

Con el tiempo, la religión israelita desarrolla una afirmación cada vez más radical de la exclusividad de Yahvé.

En la Biblia encontramos una fuerte condena de determinadas prácticas:

adivinación, necromancia, hechicería, encantamientos y consulta de espíritus.

Un texto clásico es Deuteronomio 18:10-12, que condena prácticas como adivinación, augurios, hechicería, encantamientos, consulta de espíritus y necromancia.

Pero aquí aparece una paradoja fascinante:

Israel condena determinadas formas de magia y, al mismo tiempo, conserva prácticas rituales, oráculos, sueños, profecías, objetos sagrados, bendiciones y acciones rituales.

Por tanto, la cuestión no era simplemente:

«¿Ritual o no ritual?»


Sino:

¿De quién procede la autoridad y hacia quién se dirige la práctica?


Éste es uno de los puntos fundamentales para comprender la posterior demonología judía y cristiana.

Una comparación rápida


Podríamos resumir todo el panorama así:

Egipto: heka, amuletos, nombres, encantamientos, curación y protección.

Mesopotamia: exorcismo, adivinación, demonología, purificación y contramagia.

Babilonia: presagios, astrología, exorcismo, ritual y diagnóstico sobrenatural.

Persia: conflicto cósmico, pureza, demonología zoroástrica y oposición entre asha y druj.

Canaán: sacrificio, fertilidad, culto, adivinación y relación con dioses como El y Baal.

Fenicia: rituales votivos, protección, curación, fertilidad y culto a divinidades levantinas.

Filistea: religión levantina con divinidades como Dagón y Astarté; posterior demonización de algunas figuras.

Amonitas: culto a Milcom/Malcam y prácticas religiosas levantinas.

Moabitas: culto a Kemosh, sacrificios y religión vinculada a la identidad nacional.

Israel/hebreos: progresiva centralidad de Yahvé, rechazo de la magia y necromancia extranjera, profecía y rituales propios.

Y hay una línea histórica que resulta especialmente importante:

Mesopotamia → Canaán/Levante → Israel → judaísmo del Segundo Templo → cristianismo → demonología medieval → concepto moderno de satanismo.

Pero esa flecha no representa una evolución lineal ni significa que el satanismo proceda directamente de estas religiones. Representa la progresiva transformación de conceptos relacionados con lo sobrenatural, la adivinación, la hechicería, los espíritus, los demonios y el mal.


La gran pregunta que yo plantearía sería:

¿Cuándo una divinidad extranjera deja de ser considerada simplemente «otro dios» y comienza a convertirse en un demonio?

Esa pregunta nos lleva directamente a una de las transformaciones más fascinantes de la historia religiosa: la demonización de las divinidades de otros pueblos, desde Baal y Astarté hasta las reinterpretaciones cristianas de determinadas divinidades paganas. Ahí podemos comenzar a entender cómo se construyó históricamente el imaginario que, muchos siglos después, terminará asociado con el Diablo y el satanismo.

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