viernes, 3 de octubre de 2014

¿Dónde habita Dios? Tratado de los Sacramentos / Ronald Rivera





Teología Fundamental de los Sacramentos

INTRODUCCIÓN

TERMINOLOGÍA
Sacramentum. El uso que dentro de la tradición cristiana se la ha dado a este término deriva de las antiguas versiones latinas de la Biblia, como traducción del término griego mysterion.

Etimológicamente sacramentum viene de sacrare, constituir a una persona o cosa en algo sagrado (Consagración). La noción lleva consigo la intervención de un poder público como único capaz de realizar semejante acto. En el uso romano se aplicaba especialmente en el campo civil y militar. En el civil se llamaba sacramentum al depósito pecuniario de los litigantes que entregaban en un lugar sagrado, y que pasaba finalmente a poder del que ganaba el litigio. En el terreno militar era el juramento por el que los soldados, invocando el testimonio de los dioses, se obligaban a sujeción y fidelidad al ejército. El que juraba verazmente recibía el auxilio de los dioses, el que lo hacía falsamente atraía sobre sí la ira divina.[1]

Tertuliano es el autor latino que usa primeramente este vocablo en el lenguaje cristiano. Se aplica a la economía de la Salvación en la Encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo. También llama así a la religión, a la regla de fe y a los ritos de iniciación cristiana. Más adelante se ve el uso en los Padres Latinos la aplicación para explicar los ritos eficaces instituidos por Cristo para la santificación de los hombres. Así S. Agustín usa el vocablo para designar los ritos del AT, como el sábado, la circuncisión, los sacrificios, la unción, la pascua, el templo… Llama también sacramento al bautismo, la eucaristía, la ordenación… Una serie de textos del obispo de Hipona llaman mysteria a la Trinidad y a la Encarnación y en general al misterio de Cristo del que toda la Escritura habla. En pocas palabras podemos decir que el uso del término sacramentum era diverso en los primeros cristianos, pudiéndose decir que todos los sacramentos pertenecen al gran Mysterium-Sacramentum que son Cristo y la Iglesia.

Mysterion, esta palabra griega se empleaba en los ambientes precristianos con un valor cultual. Se llamaban mysteria, en el griego precristiano, a cultos que estuvieron en vigor desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo IV d. C. Están constituidos por solemnes ceremonias en las que la muerte de algún dios mitológico se representaba ante los iniciados, de tal manera que estos participaran de la vida misma del dios. El secreto sagrado está en la unión entre la divinidad y el iniciado, unión que se realiza de modo simbólico y variado en los diversos cultos mistéricos.

En la Biblia el uso del vocablo Mysterion tiene un sentido distinto: el de plan divino sobre la salvación. A partir de Clemente de Alejandría y Orígenes, usan los primeros cristianos la palabra para referirse a los ritos santificadores.

ACERCAMIENTO TEOLÓGICO DE LOS SACRAMENTOS

¿Dónde habita Dios? ¿Dónde le encontraremos para ver su amor? ¿Dónde nos dejaremos alcanzar por Él?

La Fe de la Iglesia responde a estas preguntas a través de los sacramentos como puntos de encuentro con Dios. Por eso es muy importante conocer y vivir los sacramentos y tener de ese modo experiencia del amor revelado y donado en Jesucristo.

El “misterio-sacramento” expresa así el encuentro de la alianza, que se realiza en la historia entre la iniciativa divina y la aceptación del hombre. El sacramento es el acontecimiento, hecho de gestos sensibles y palabras, del encuentro con Dios, que no duda en intervenir con nuestra cotidianidad y nuestros límites porque nos ama y desea encontrarse con nosotros[2].

Una forma de visualizar los sacramentos desde su contenido teológico es tomar los sacramentos como prolongación del único sacramento que es Cristo. ¿Cómo? Tomando los sacramentos como acciones anamnéticas y como acciones de suprasentido, realizadas por, con y en Jesucristo.

Los Sacramentos como acciones anamnéticas[3]:

1.      Sacramentos de Prolongación Profética de Jesús:
1.1 El Bautismo y Confirmación: Acto profético de esperanza.
1.2 La Reconciliación: Acto profético de paz.
1.3 La Unción: Acto profético de compasión.

2. Sacramentos de Autodonación de Jesús:
2.1 La Eucaristía: como acto autodonante de Jesús y símbolo real de su cuerpo y de su sangre.
2.2 El Orden: Acto profético de servicio.
2.3 El Matrimonio: Acto profético de fidelidad.

Los Sacramentos como acciones de suprasentido:

La persona humana se encuentra en una constante búsqueda de sentido como parte de su realidad existencial. Los sacramentos por ser medios eficaces de trascendencia se presentan como signos sensibles que nos comunica directamente con un sentido último que termina otorgándole significado a todos los sentidos particulares, que denominaremos suprasentido. Este suprasentido lo definimos como el orden que dentro de nuestra realidad temporal  establecemos entre nuestras acciones y el mundo de los valores (trascendencia).

Ese suprasentido, no es captable en su totalidad por el hombre porque lo supera. Es más que captable. El hombre sólo puede llegar a percibirlo o descubrirlo, por vía de la fe o por una captación intuitiva. Pascal decía, la rama nunca llegará a comprender el sentido del árbol en su totalidad[4].

Los sacramentos al referirlo direccionalmente al suprasentido podemos imaginarlo dentro de las etapas de la vida, partiendo de fundamentos antropológicos[5]:

1.      Situación de generación y nacimiento: Bautismo.
2.      Situación de crecimiento: Confirmación.
3.      Situación de adultez: Orden y Matrimonio.
4.      Situación de casamiento: Matrimonio.
5.      Situación familiar: Eucaristía.
6.      Situación de enfermedad y dependencia: Penitencia y Unción de enfermos.

El hombre  como “homo sacramentalis”

El hombre es un ser sacramental en cuanto que el sacramento es ese encuentro con lo divino trascendente (para nosotros personificado en el Dios de Jesucristo), que se expresa y celebra en ritos eclesiales. Por tanto podemos afirmar[6]:

1.      Que los sacramentos cristianos están en continuidad con la sacramentalidad existencial.
2.      Que existe una coherencia entre la realidad sacramental existencial y la oferta sacramental de la Iglesia.
3.      Que entre lo que se demanda “desde abajo” (proceso de la vida) y lo que se ofrece “desde arriba” (ritos sacramentales) hay una correspondencia básica o fundamental.
4.      Que los sacramentos no son añadiduras extrañas, o simples ceremonias accidentales a la vida humana.
5.      Que toda explicación y configuración formal de los sacramentos deberá fundarse y tener en cuenta también aquello que constituye la misma raíz antropológica sacramental.

Los sacramentos desarrollan dos aspectos fundamentales de la existencia humana, que realizan al hombre: El primero es su carácter memorial (mítico), en relación con el ideal genuino o primordial al que orienta su vida, lo que le lleva a renovar su sentido de vida. De ahí la densidad “pedagógica-didascálica-moral” de los sacramentos. El segundo es un carácter celebrativo-festivo, por el que se expresa y celebra la alegría de vivir, de compartir, la exuberancia y el exceso, afirmando así el sentido positivo de la existencia, la irrupción de lo extraordinario en lo cotidiano.

Siempre que se dan estos aspectos o se cumplen estas dimensiones, podemos decir que el hombre se auto-realiza, se encuentra a sí mismo en su ser pluridimensional, redescubre el sentido de su vida, pacifica su cuerpo y su espíritu, anima su esperanza… De ahí que los sacramentos hayan sido llamados “signos de sanación”, “signos de liberación”, “signos de esperanza”, “signos de renovación  y comunión”.

Lic. Ronald Rivera


[1] Cfr. Diccionario RIALP. Tomo XX, voz: Sacramento. Pág. 619-620. Madrid, 1979.
[2] Cfr. FORTE, Bruno. “Introducción a los sacramentos”. Paulinas. Madrid, 1996. Pág. 07-11.
[3] Revisar estructura del libro: ROSATO, Philip “INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA DE LOS SACRAMENTOS”. Verbo Divino. Navarra, 1994.
[4] Cfr. GARCÍA, Claudio “Cita a ciegas”. San Pablo. Buenos Aires, 2006. Pág. 141-148.
[5] Revisar estructura del libro: BOROBIO, Dionisio “SACRAMENTOS Y ETAPAS DE LA VIDA”. Sígueme. Salamanca, 2000.
[6] Cfr. BOROBIO, Dionisio “SACRAMENTOS Y ETAPAS DE LA VIDA”. Sígueme. Salamanca, 2000. Pág. 18-21


 Teología Fundamental de los Sacramentos

PROBLEMÁTICA ACTUAL EN EL TRATADO DE LOS SACRAMENTOS

1.Localización del tratado de sacramentos:

Los sacramentos dentro del entramado teológico están acompañados de una doble dimensión: Cristológica y Eclesiológica, siendo desde su propia naturaleza acciones salvíficas y eclesiales[1].

Según Santo Tomás, el lugar propio de los sacramentos en el conjunto del plan teológico es el que sigue a la cristología (Suma Teológica, III, q. 60, introducción).

El Concilio Vaticano II, vincula los sacramentos a la Iglesia (LG 07, SC 06, SC 26).

Teólogos como Vorgrimler, H. ubican los sacramentos como parte integrante de la teología litúrgica (Vorgrimler, H. Teología de los sacramentos. Barcelona, 1989).

Más recientemente teólogos como Philip J. Rosato colocan a los sacramentos como acciones epicléticas realizadas en la unidad del Espíritu Santo (Philip R. Introducción a la Teología de los sacramentos. Verbo Divino. Navarra, 1994). Dándole un lugar en la pneumología.

A partir de esta confluente operatividad cristológica, pneumológica y eclesiológica ha de ser tomado el tratado de los sacramentos como un prisma, cuya imagen geométrica pueda servir para aquilatar el justo equilibrio que ha de guardarse en la consideración sobre los sacramentos. Lo importante es destacar que su doble configuración cristológica y eclesiológica son irrenunciables y ninguna de ellas dos debe ni desplazar ni suplantar a la otra. Repetimos que después del Concilio Vaticano II ya no es posible concebir el tratado de los sacramentos al margen de la eclesiología, pues los sacramentos son acciones de Cristo en la Iglesia y para la Iglesia.

Rahner con formulación más tajante, y en lógica consecuencia con su manera de concebir los sacramentos, ha propuesto que la sacramentología en general forma parte integrante de la eclesiología. Tanto que para Rahner, el único sacramento, en términos absolutos, es la Iglesia y que los siete sacramentos participan de su sacramentalidad (Rahner, K. La Iglesia y los sacramentos. Barcelona, 1967).

2.      Cultura actual y signo sagrado

Con reiterada frecuencia se viene afirmando de la cultura contemporánea que está regida por postulados pertenecientes al mundo físico-matemático, y que por ende es positivista y poco apta para apreciar los signos y, en consecuencia, los sacramentos[2]. Así se lee en Mysterium Salutis: “La mentalidad de nuestra época está influida decisivamente por la técnica moderna y, de suyo, es más bien contraria a una interpretación personal-sacramental de la realidad” (Schulte, R. en MyS IV/2, p.57).

FUENTES DE LA TEOLOGÍA SACRAMENTAL

         La reflexión teológica es siempre posterior a la realidad, a la praxis y a las experiencias de la fe. La teología de los sacramentos es, por eso mismo, posterior a la praxis sacramental de la Iglesia. El teólogo es aquel carismático que aporta a las comunidades cristianas claves y perspectivas para comprender la experiencia de la gracia en el contexto de la experiencia humana de su época y ayuda a los creyentes a dar razón de su fe en cada momento histórico[3].

Empezaremos nuestro estudio de los sacramentos fijando nuestra mirada en el primer milenio de la iglesia. Como punto de partida, conviene resaltar la extrañeza que la Iglesia católica empezó a hablar de “los siete sacramentos” y elaboró su noción teológica en una época relativamente tardía dentro de su larga y secular historia de veintiuno siglos: en el siglo XII; y sancionó esta perspectiva más tarde aún, en siglo XV, con el concilio de Trento. A pesar de la larga espera definitoria, el primer milenio de la cristiandad nos ofrece un marco excelente para encontrar respuesta a nuestras cuestiones: en primer lugar, en los escritos del Nuevo Testamento, después en los escritos de los padres griegos y latinos.

1.      Fuente Bíblica:
Nuevo Testamento: En la predicación de Jesucristo sólo se usa una vez la palabra Mysterion: es en Mc 4,11 y lugares paralelos. Los discípulos preguntan sobre el significado de la parábola del sembrador; Cristo le responde: “A ustedes les ha sido dado el conocer el misterio del reino de Dios (tò mysterion…) pero a los otros de fuera todo se les dice en parábolas”. Jesús es el sacramento del Padre y ante Él la humanidad se divide en dos grupos definitivos, los que aceptan su revelación del misterio y los que, cegados, la rechazan. Hay que notar también que el término, usado en labios de Jesús, tiene una relación con el Reino de Dios, la ekklesia de Cristo.

En S. Pablo, la palabra alcanza un valor cada vez mayor. También en él hay que tener en cuenta la perspectiva de la tradición judía-sacramento tiene clara resonancia escatológica, aplicándose a las etapas sucesivas a través de las que el mysterion se realiza en la historia de los hombres. Engloba, pues, toda la historia de la salvación desde la venida de Cristo en Belén hasta la Parusía.

S. Pablo no aplica la palabra sacramentum a los sacramentos de la tradición cristiana posterior, es decir, a los siete que ya fueron definidos y delimitados solemnemente en el Concilio de Trento. Sólo hay un pasaje en el que muchos autores ven una referencia explícita al sacramento del matrimonio (Ef 5,32); parece ser que más que al matrimonio como sacramento, se refiere al matrimonio como tipo de la unión de Cristo con su Iglesia, el misterio-sacramento escondido y revelado. Lo cual no quiere decir que los sacramentos no existieran en el momento de escribir S. Pablo. Existían y con un fundamento que se extiende hasta el mismo Cristo. Lo que sucede es que la terminología no estaba fraguada[4].

2. Fuente Patrística:

2.1. Padres Griegos[5]:

2.1. 1. Los Padres Apostólicos:

            Aunque fueron parcos a la hora de usar el término mysterion, la verdad es que San Ignacio de Antioquía lo emplea ya en tres lugares distintos. Son éstos. En la carta de Efeso, cuando dice la virginidad de María, de su parto y de la muerte del Señor que permanecen ocultos para el príncipe de este mundo por tratarse de tres misterios clamorosos que el Señor obró en silencio.

2.1.2         Los Padres Apologistas:
En los Padres apologistas el uso de la palabra misterio fue algo más frecuente y el significado que le otorgaron más variado. Estos son los diversos sentidos: a) Para designar los misterios paganos b) A las acciones salvíficas obradas por Jesucristo, tales como el nacimiento o la muerte en la cruz c) Se aplica a las figuras del AT en relación con el NT, según el principio establecido por el mismo San Pablo al proponer que todo cuanto en el desierto les había ocurrido a los padres había sido en figura y para utilidad de cuantos las comprendieran cuando llegara la plenitud de los tiempos. Así, en no pocos pasajes de San Justino mysterion es traducible por parábola, símbolo o tipo (JUSTINO, Diálogo, 68, en Padres Apologistas (BAC 116), p. 435 y 464).

2.1.3        Los Padres Alejandrinos:
Fueron ellos quienes aplicaron la terminología gnóstica-neoplatónica a la teología cristiana. Así, San Clemente de Alejandría emplea el término “misterio” hasta noventa y una veces, aunque no siempre en el mismo sentido. La aportación más significativa de Clemente, al asumir el término “misterio” en su teología, sea la división que establece entre misterios menores, los que han sido revelados a todos, y los misterios mayores, aquellos que tan sólo han sido comunicados a los gnósticos.

Orígenes del siglo tercero, perfiló de un modo muy particular la teoría sobre la imagen y sentó las bases para la reflexión sistemática que establece la íntima relación entre el signo y la realidad. Toda realidad sensible tiene una función de mysterion, por cuanto es una imagen o símbolo que revela la realidad verdadera, que es la espiritual.

El planteamiento de Orígenes, lejos de restringirse a la temática meramente sacramental, abarcó de un modo general la consideración de las imágenes bíblicas y, por ello, a partir de las veterotestamentarias, estableció una relación con la doctrina del Nuevo Testamento. Sin embargo, hay que tener presente que fue él quien comenzó a formular de manera técnica la noción del signo como principio operativo, como medio a través del cual se consigue la gracia como efecto. Por tanto se están sentando las bases para la comprensión de los sacramentos como signos a través de los cuales se hace presente entre los hombres el misterio de Dios en Jesucristo. Para Orígenes el “gran Misterio” consiste en la triple revelación del Verbo mediante la Encarnación, en la Iglesia y por la Escritura. Por otra parte, los ritos de la religión cristiana, tales como bautismo y la Eucaristía, son misterios derivados del Misterio Fundamental por el procedimiento de participación.

2.2.  Padres Latinos[6]:

2. 2.1. Tertuliano:

Tertuliano usa el término en un doble sentido. El que usa mayoritariamente equivale a juramento. Y el otro sentido es la traducción en latín del mysterion griego. De esta manera se fue utilizando el término hasta significar aquellas acciones a través de las cuales el misterio sagrado se hace operativamente presente en los hombres.

2.2.2.  San Cipriano:

Inmediatamente después de Tertuliano se ha de recordar a San Cipriano, pues son los dos autores que desde el norte de África más influyeron en el siglo III para que fuese acogido por el lenguaje teológico el término “sacramento”. El primer empleo de S. Cipriano del término sacramento es la acepción de juramento, y el segundo a aquellos otros en los que traduce directamente del griego el sustantivo “misterio”. Este último grupo cabrá subdividirlo en dos secciones, la que contempla el misterio como tal y la que lo considera desde la figura y el símbolo o, si se quiere, desde el signo. Se trata de apreciaciones fundamentales de la palabra y a su través de valoraciones conceptuales del sacramento.

S. Cipriano da un paso más que Tertuliano al afirmar que considera el sacramento como expresión directa del misterio de Dios.

2.2.3. San Agustín

San Agustín reflexionó sobre los sacramentos en general indirectamente, es decir, al tener que tomar postura ante determinada cuestiones a partir de la consideración de un sacramento particular. Así, por ejemplo, al tratar sobre el bautismo administrado por los herejes formuló su preciosa doctrina sobre la eficacia cristológica de los sacramentos, y al preguntarse acerca del efecto del sacramento de la eucaristía, escribió sus definitivas páginas sobre la dimensión eclesial de la celebración eucarística.

San Agustín le da a los sacramentos una entidad sagrada (res sacra). Lo sagrado, el ser signo de una realidad sagrada, es la nota fundamental desde la cual San Agustín propone al sacramento y que le permite definirlo como signo de la gracia invisible (San Agustín, Quaetiones in Hepteteucum III. 84. PL 34, col. 712).

Lic. Ronald Rivera

[1] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 10-11
[2] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 14-15
[3] GARCÍA, José. Teología Fundamental de los Sacramentos. Paulinas. Madrid, 1991. Págs. 19-21
[4] Cfr. Diccionario RIALP. Tomo XX, voz: Sacramento. Pág. 619-620. Madrid, 1979.
[5] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 48-61
[6] ARNAU, R. Tratado General de los Sacramentos. BAC. Madrid, 1994. Págs. 62-79

sábado, 28 de diciembre de 2013

Es de cristiano el principio de la tolerancia limitada



Es de cristiano el principio de la tolerancia limitada

Como cristianos ¿Hay que tolerarlo todo? ¿Habría que tolerar la violación o los asesinatos? ¿Debemos tolerar el abandono infantil, los genocidios, las estafas o el maltrato?; si nos vamos al contexto de la ciudad de Valencia (Venezuela) ¿Debemos tolerar una ciudad llena de basura? ¿Hay que tolerar el pésimo servicio del transporte público?

Me uno a los autores que sostienen que la tolerancia universal e indiscriminada sería condenable moralmente porque ignoraríamos a las víctimas y seríamos indiferentes al dolor humano. ¿Cuántas veces hemos sido tolerante ante el abuso del inocente en nuestra comunidad? Inclusive en nuestra misma casa.

Karl Popper, citado por Sponville, habla de la paradoja de la tolerancia:
“Si somos absolutamente tolerantes, incluso con los intolerantes, y no defendemos la sociedad tolerante contra sus asaltos, los tolerantes serán aniquilados y junto con ellos la tolerancia”.

Debemos comprender como cristianos que la tolerancia generalizada termina produciendo el síndrome de la víctima permanente: “La gente siempre se aprovecha de mí”.

¿Pero cuál es ese límite de la tolerancia? Para Sponville, lo que debe determinar el límite es la peligrosidad real, efectiva, que un evento o una persona tenga para nuestra libertad.

Es decir debemos reaccionar ante cualquier acción que afecte nuestra capacidad de expresar lo que sentimos y pensamos. El criterio estaría determinado por la siguiente pregunta ¿Es peligroso para mi integridad física o psicológica ser tolerante en esta situación?

La tolerancia bien entendida no es “soportar”, se refiere a “respetar”. Tolerar no es padecer a los otros como una carga, sino aceptar y proteger el derecho a la discrepancia. Pero cuando la discrepancia está sustentada en la irracionalidad, por ejemplo el Ku Kux Klan, no podemos tolerarlo.

No tolerar a los abusivos es una manera de respetarse a sí mismo, es ejercer el derecho a la resistencia y no dejarse embaucar por el culto al sufrimiento. Nadie está obligado a subyugarse.

Ronald Rivera

Teólogo

miércoles, 12 de junio de 2013

Mi experiencia en la Conferencia del Teólogo González Faus (Colegio Mayor Cheminade, 11 junio, Madrid)


El día de ayer pude conocer personalmente al teólogo José Ignacio González Faus, en la presentación de su último libro: "El amor en tiempos de colera...económica". Para mí ha sido un regalo de Dios conocer a este teólogo seguido desde mi época de estudio, en el seminario y luego en la Universidad, a través de sus múltiples publicaciones y atención a los más necesitados. Un teólogo lúcido, firme, de voz clara como su pensamiento, a sus 80 años de edad... Un teólogo que donde se presenta crea revuelo.

Allí además, hago un paréntesis, pude reunirme con María África, pastoralista, laica, de Segovia. Enrriqueciendo más ese encuentro.

La Mesa redonda giró en estas interrogantes:

¿Pueden dialogar la economía y la teología? ¿Qué opinan sobre la libertad, la fe o los mercados un teólogo, un economista y un sindicalista? ¿Hay soluciones éticas a la crisis económica? ¿Cuáles? Vivir en mitad de "El amor en tiempos de cólera... económica" fue uno de los ejes de la presentación-debate del último libro de José Ignacio González Faus, editado por RD-Khaf.
 
"No ha sido mi vocación, pero Cristo y los pobres me metieron en economía", apuntó el autor, acompañado en la mesa por el ex secretario general de CC.OO., José María Fidalgo, y el economista y pastoralista Pedro José Gómez Serrano, profesor de mi casa de estudio. Además de los editores José Vidal y Juan Pedro Castellanos.  

Juan Pedro Castellanos, por parte de Khaf, recordó la "apuesta arriesgada y muy bien valorada" del camino emprendido entre la editorial y nuestra web, mientras que el director de Religión Digital, José Manuel Vidal, agradeció el papel de la editorial marista, "una bocanada de aire fresco en el panorama del libro religioso".

Sobre el libro, Vidal destacó que "es una gozada, por lo que dice, por cómo lo dice y por quién lo dice", un personaje que "ha permanecido en la mística de la resistencia activa durnate estos largos años de invierno" y cuyo papel, como el de tanto otros, hace posible que "estemos asistiendo a esta nueva ilusión que se abre en la Iglesia con el Papa Francisco.


Tomando el resumen de Religión Digital destaco:



Teólogos que hablan de economía

Abrió el fuego  Pedro José Gómez Serrano, quien se preguntó si los teólogos pueden hablar de economía, y destacó cómo el Concilio Vaticano II "acertó en la Gaudium et Spes" al señalar los límites del capitalismo salvaje. "En economía no vale cualquier cosa, ni solo la intención. Las acciones tienen consecuencias positivas o negativas, y por tanto merecen un juicio". 

Sobre el libro de Faus, Gómez Serrano destacó que "critica los fundamentos de la ciencia económica, el dogma del egoísmo y los mercados. Es un libro que expresa la protesta del ciudadano contra el dogmatismo y la demagogia que existe entre los economistas y los polÌticos". Y es que Faus grita por "una leal oposición, que no sea una fábrica de insultos y descalificaciones, sino de alternativas".

"El libro se hace pensando en las víctimas y sus problemas, en los que están hechos polvo, desorganizados. Y Faus expresa en voz alta, en sintonÌa con ello, protesta. El libro aporta una voz cristiana crítica y propositiva", añadió el economista, quien destacó que el jesuita "denuncia la idolatría que está obsesionada con mejorar el bienestar, y que convierte a la gente en desalmada y tramposa".

Sobre el papel de los cristianos, Gómez Serrano apuntó que "la Doctrina Social de la Iglesia es tremendamente radical, y aplicarla significaría un cambio revolucionario en el mundo socioeconómico, y ahí la Iglesia tiene mucho que aportar". Con un problema: "hay poca presencia, y la que hay aparece crispada, utilizando la condena como arma arrojadiza".

En su turno final, Gómez Serrano reclamó a "la Iglesia gorda", la institucional, pero también al resto de seguidores de Jesús, "tomar conciencia del carácter planetario de nuestro mundo; apuntar que, mientras no cambiemos el sistema, no todas las versiones del capitalismo son iguales, y que, en buena medida, el capitalismo sigue funcionando porque cuenta con nuestra complicidad". "Somos 2.000 millones de cristianos. Si nos lo tomáramos en serio, la cosa sería diferente. Por eso, la mayor contribución de la Iglesia es 'producir' gente buena. Sin buena gente no hay cambio".

Del mismo modo, insistió en la necesidad de "ser aliados de las víctimas y alentar la esperanza, la creatividad y la valentía". "No olvidemos que el Evangelio de Jesús, compartiendo 2 panes y 5 peces, creó tendencia. El Evangelio no creó soluciones, marcó tendencias".

El Amor es lo que hacen los que quieren que el mundo siga

Por su parte, José María Fidalgo, agradeció a Faus "lo bien que escribe. El libro se lee que da gusto, es un libro valiente de tesis, y creo que tiene razón". El ex secretario general de CC.OO. alabó el título, "ingenioso y atractivo", aunque sugirió otro: "El amor en San Agustín, cuando afirma aquello de que el Amor es lo que hacen los que quieren que el mundo siga".

Sobre la crisis actual, Fidalgo destacó que se trata de "una crisis macroeconómica, social, política y moral", y se mostró bastante escéptico con "nuestra capacidad de aprender de los errores". 

"El oprimido corre un riesgo de pasar a ser opresor", y de contagiarse de los "vicios del clientelismo y el sectarismo". Una crisis moral "de costumbres, Y cuando ya se ven y se escuchan en la calle cosas absolutamente abyectas y excéntricas... es que aquí pasa algo muy gordo".

Frente a ello, "hay que hacer un discurso ético, y hacerlo hacia arriba: coger a las élites y leerles la cartilla. Y hacer mucho discurso ético porque estamos en una sociedad de ciegos". Como la que hace Faus en su libro. "Faus escribe muy bien porque se cree lo que dice", dijo el líder sindicalista. "Estamos viviendo en un mundo de descreídos. Hay que dejar hablar a todo el mundo, pero las voces más altas deben ser de los que se lo creen. Hacen falta voces como ésta, que atruenen. Eso, y cooperar entre los buenos, y para ser buenos hay que ser muchos. Que nadie se quede en su casa".

Una economía del Amor

Finalmente, José Ignacio González Faus, sj, hizo suya la expresión fundante de la Gaudium et Spes, "los gozos y las esperanzas de los pobres de la Tierra son gozos y esperanzas de los discípulos de Cristo" para justificar su trabajo. Y para denunciar: "Es una pena que las angustias de los más pobres estén metidas en el congelador". ¿Cuál es la alternativa? La más sencilla, la más difícil. "Una economía del amor".

El teólogo hizo un repaso de las ocasiones en las que la Biblia habla de "economía", que no es otra cosa que "la administración de la casa. Economía es gestionar lo que hay y lo que dice la Biblia es que deberíamos gestionar la creación de Dios de modo que sirva para todos".

Faus fue especialmente crítico con la moral de la propiedad. "En el cristianismo primitivo la propiedad no es un derecho primario. Cuando has cubierto tus necesidades, todo aquello que te sobra ya no es tuyo. Dar limosna no es caridad, es un acto de justicia, le devuelves al pobre lo que es suyo". Frente a esto, "nuestro sistema económico está basado en un sistema de propiedad ilimitado".

El teólogo jesuita proclamó que "otro mundo es posible, pero sólo si lo queremos entre todos". "Este libro no quiere crear ira, pero es que se acumula por sí solo cuando la gente lo pasa tan mal", añadió Faus, quien profetizó que "nuestro sistema está creando unas diferencias que pronto no serán soportables, porque amenaza la Tierra y, sobre todo, porque no nos hace felices".

"Ojalá cambiemos este desorden imperante", culminó el autor.

Ronald Rivera
UPSAM

sábado, 8 de junio de 2013

A una Teo Simbología: Conocimiento Simbólico - Parte Final

 

Cuando nos referimos a una Teo Simbología nos referimos a un proceso teológico que resalta el desarrollo "autoimplicativo" del creyente frente a la presencia de Dios, ante el "Misterio" divino. Un proceso autoimplicativo que no es otra cosa que la comunicación a través de la admiración del creyente y la presencia de Dios mismo, que es hermosa, evocadora, y que supera nuestro ser. Para ello es necesario familiarizarnos con el término "símbolo" como aquello que se muestra y nos hace pensar, y diferenciarlo del signo que sólo indica una realidad y ya.

Diferencias entre Símbolo y Signo

En el vínculo

1. El símbolo y su destino son distintos pero inseparables: el segundo necesita del primero.
1. El signo y su significado son independientes  y el segundo se conoce antes.

En las zonas

2. Hay ámbitos humanos que sólo con símbolos son perceptibles (el tú, el yo, la belleza...)
2. Cada ámbito ya conocido por el hombre admite signos (tráfico, lenguaje...)

En la claridad

3. Cada símbolo tiene un destino variable según las personas y los momentos de cada una.
3. Cada signo debe tener un sólo significado claro y unívoco (vino de beber, o de venir)

En el origen

4. Los símbolos no se crean a voluntad, nacen, tal vez en el inconsciente colectivo...
4. Los signos son fruto de una convensión o de una costumbre o ley natural (el humo)

En la duración

5. Los símbolos se debilitan y mueren como tales, si callan o cambian su destino.
5. Un signo siempre se recupera enseñando su significado.

En la actitud

6. Por su función simbólica la mente es recptiva, acogedora, admirativa.
6. La capacidad de significar una cosa con otra (poner en señas, en-señar) es activa.

En la acción

7. Los símbolos tienen un vigor epifánico, expresivo.
7. Los signos muestran la creatividad del hombre.

En la cantidad

8. No conocemos ninguna realidad incapaz de simbolizar alguna vez.
8. Los signos se multiplican constantemente; naturales, usuales o arbitrarios...

En la transmisión

9. La pedagogía del Símbolo es iniciática, pide cuidado, ya que auto-implica al sujeto.
9. Los signos se en-señan, se traduce lo que antes se cifró así (pdf significa...)

En el uso

10. Por la fuerza cognitiva de los símbolos se busca manejarlos (en publicidad, política, etc...)
10. Los signos implican la comunicación y a veces se abusa de ellos (siglas, etc...)

En el lenguaje

11. La dimensión del símbolo originaria del lenguaje es aún muy importante (mito, poesía...)
11. Que las palabras son signos no se puede negar, pero no sólo ni siempre.

En la vitalidad

12. Las enefermedades de los símbolos y su muerte pueden tener estas causas:

a. Por suplantar su destino con su propia materia simbólica, lo que conduce a la magia, al fetichismo, idolatría, etc... (Un icono no es divino, aunque se inciense).

b. Por transformación del insconsciente colectivo o base existencial y social en que nacieron: la luz del fuego apenas dice nada en la era eléctrica.
 
c. Por suplantación del destino originario de un símbolo (el poder de Dios) por otro (la exaltación de la virginidad como puereza sexual).

d. Por asignarlos un significado concreto y reducirlos a signos. Una de las peores enfermedades litúrgicas y religiosas, en general (también de las artísticas, etc...)

12. La ignorancia de su significado enmudece a los signos, que son recuperables.

Los símbolos narrativos que se conocen como mitos 

(Relatos remotos que presencializan las acciones divinas o sobre-humanas que ordenaron el cosmos) y sus modalidades menores: las historias ejemplares (epopeyas, tragedias y comedias del teatro o del cine), las historietas, los cuentos... Los apólogos, las parábolas, las fábulas, los chistes... son formas literarias autoimplicativas; con un "esquema-narrativo-abierto, que cualquiera puede rellenar de acuerdo con los contextos para reconocer que de te fabula narratur" (U. Eco).

Sus enfermedades y muerte se producen por hermenéuticas erróneas:

1. Racionalismo, al atribuirles una veracidad literal.
2. Alegoricismo, como si fueran un ropaje de una verdad ya conocida aparte (como sucede con los signos).
3. Apropiación epocal de su destino. No sería grave que nuevas épocas logren expresar relaciones nuevas con lo indicado por los viejos mitos, pero algo siempre se pierde...
4. La "hermenéutica" fenomenológica los salvaguarda al anotar su función simbólica.



Ronald Rivera

Teólogo

Universidad Pontificia de Salamanca

viernes, 7 de junio de 2013

Mi mirada a los gestos proféticos del Papa Francisco






En este año 2013 la Iglesia católica ha vivido dos acontecimientos históricos de particular relevancia: La renuncia de Benedicto XVI y la elección de su sucesor, Francisco, un Papa no europeo. El primer caso no sucedía desde la renuncia de Celestino V en 1294. El segundo no había ocurrido desde Gregorio III, de origen sirio, que fue Papa del 731 al 741. Ambos son signos de una Iglesia viva en un momento histórico singular.

La elección del Papa Francisco tiene varias lecturas. El hecho de que sea un Papa no europeo está claramente expresando la catolicidad y la universalidad de la Iglesia. Al mismo tiempo, indica como el catolicismo se ha deslizado hacia el Nuevo Mundo. Todos estos aires de renovación hacen dirigir las miradas sobre la  madurez teológica de Latinoamérica, nos hace fijar la mirada en su testimonio martyrial, nos hace detenernos en sus fuentes  de renovación a partir del Concilio Vaticano II, de especial mención los documentos del CELAM de Medellín y Puebla... Dos documentos que han servido de rieles a la teología latinoamericana.

El Papa Francisco, su origen americano, hijo de emigrantes, es una valoración definitiva de las nuevas cristiandades de América, después de 500 años desde que comenzara la evangelización del Continente. Al mismo tiempo que habla de mestizaje del encuentro entre pueblos y culturas.

La elección de un jesuita como sucesor de Pedro expresa que la vida religiosa está en el centro de la Iglesia y que los religiosos no son sacerdotes de segunda, sino que, al igual que el clero diocesano, sirven a la causa del Reino de Dios en primera línea.

El Papa Francisco es un ejemplo de la Nueva Evangelización y de la Nueva Pastoral, sólo basta con ver como en medio de una Iglesia con tantos retos internos y externos, ha logrado revivir la Esperanza, la Fe y la Caridad, en un escenario que daba toques de monotonía y desactaualización... La fórmula del Papa Francisco, muy simple y predecible, es el Evangelio, no sólo en palabras sino y sobretodo en gestos. Una pastoral menos deductiva y más inductiva. Menos signo más símbolo... El símbolo da que pensar, el signo sólo indica algo y ya.

El nombre de Francisco - en memoria de S. Francisco de Asís, es signo evidente de su predilección por la pobreza, la sencillez y los valores que representa el santo de Asís. Es también, recordando a S. Francisco Javier, una invitación a la misión.

Los gestos del Papa Francisco nos recuerdan la lectura meditada del Evangelio y es muy significativo tres hechos vividos intensamente en España: El levantamiento de veto de los libros del teólogo José Antonio Pagola, la apertura del proceso de beatificación de Monseñor Oscar Romero (este último hecho no tocado por los anteriores Pontífices), y las recientes elecciones episcopales en España; Obispos con un perfil de Pastor (Es de resaltar que la Iglesia española espera íntimamente un cambio y ante el término del tiempo de gobierno episcopal de las sedes de Madrid y Barcelona, este cambio puede llegar pronto). Destaco personalmente un cuarto gesto, su cercanía a las mujeres, se deja abrazar y besar, rescatando un factor humano que se había perdido desde hace mucho en la figura Pontifical, y paso obligante para un rumbo más fraternal de la Barca de Pedro.

Esta Iglesia que se renueva - comenzando por el Papa-, es, para todos los cristianos, una exigencia de cambio, buscando una mayor fidelidad al mensaje de Jesucristo.

Ronald Rivera

Teólogo

Universidad Pontificia de Salamanca

domingo, 2 de junio de 2013

A una Teo Simbología: Conocimiento Simbólico - III Parte

Interpretar los símbolos sin degradarlos a signos

Tomamos para este punto un texto propuesto por el teólogo José Luis Corzo:

"Hoy somos mucho más sensibles a la fecundidad de la Biblia en la historia, a la repercusión que ha tenido, a los efectos que ha creado (Wirkungsgeschichte), a la afirmación de San Gregorio Magno, según los textos crecen con el lector, a la idea de una interpretación infinita, y de una hermenéutica inacabable (postexto). Aquí hay que situar la historia de los cuatro sentidos de la Escritura (literal, alegórico, moral, analógico), iniciado en Orígenes, formulado por primera vez por Casiano y que sintetizado en este dístico: Littera gesta docet, quid credas alegoria, quid agas moralis, quo tendas anagogia, determinó toda la exégesis medieval..." Olegario González de Cardedal, "Biblia, Iglesia, Teología. Reflexiones preliminares" en S. Guijarro - G. Hernández (coords.), Los ecos de la Escritura. Homenaje a J.M. Sánchez Caro (Evd, Estella 2011) 263-296, p. 294 - 5.

Comentario: Por lo que muestra este texto (y otros tantos), es por lo que hay una pedagogía iniciática, que conduce (gogein) al principiante hasta la puerta misma del Misterio y allí le deja sólo. Nada más y nada menos. Esto es, le acerca hasta la materia (musical, pictórica, textual, natural o como sea) que ya antes ha ejercido la función de ser símbolo para otros, y el "hierofante" desea que éste también la viva. Pero, en vez de descifrarle y comunicarle su significado (lo que equilvadría a tratar el símbolo como un signo y degradarlo, como quien suple con otra una realidad conocida), le ayuda a que traduzca a su propio lenguaje y a su propia vivencia personal esa materia simbólica (hecha de sonidos y melodías, o de relatos, mitos y estrofas, o de pigmentos y formas plásticas, etc). Es decir, les ayuda a trasvasar aquello (que fue vivido como símbolo) de una cultura arcaica, tal vez, a esta nuestra, de un modo de hacer - in illo tempore- a estos nuestros de comportarnos. Piénsese en cómo ayudaríamos a unos esquimales para que entendieran la vivencia cristano-judía expresada por esta invocación: "Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo".

Con  este preámbulo (prae-lectio, prólogo) se puede abandonar el neófito a su propia y verdadera interpretación simbólica personal de la lectio, del logos, de la melodía... Steiner advierte que "el lector u oyente individual puede convertirse en un ejecutante de significado sentido (de un símbolo vivido) cuando aprende de memoria un poema o un pasaje musical. Aprender de memoria es proporcionar al texto o a la música una claridad y una fuerza vital que habitan en ellos mismos".

Ronald Rivera
Teólogo
Universidad Pontificia  de Salamanca