1. Atención al fenómeno concreto
Guardini comienza en lo pequeño, en lo vivido. Frente a la tradición metafísica abstracta que describía al ser humano en categorías universales, él se alinea con la fenomenología husserliana: atender a la “cosa misma”, al fenómeno tal como se da en la conciencia.
Aquí la persona no se define como un “qué” (especie, sustancia), sino como un “quién” que aparece en la experiencia.
Este paso rompe con el racionalismo puro y con el idealismo, porque coloca al ser humano en la vida concreta, histórica, irrepetible.
Filosóficamente, es un giro antropológico: el hombre no es el resultado de un sistema, sino que aparece en su existencia encarnada.
Crítica y aporte: Guardini adelanta lo que después hará el existencialismo: pensar al hombre no como definición, sino como proyecto en situación. El riesgo es caer en relativismo si solo nos quedamos en lo fenoménico.
2. La trama de sentido como Gestalt
El segundo paso introduce la idea de Gestalt (forma, configuración). Guardini absorbe de la psicología de la Gestalt y de la filosofía de Dilthey la idea de que la realidad no se da en piezas aisladas, sino en estructuras significativas.
La persona y el mundo forman una trama, una totalidad de sentido donde cada parte cobra relevancia solo en relación con las demás.
Aquí el mundo deja de ser objeto de dominio para convertirse en tejido de relaciones. La persona no es un átomo aislado.
Filosóficamente, se inscribe en la ontología relacional que después profundizará Buber (“Yo-Tú”) o Levinas (el otro como revelación).
Crítica y aporte: Evita el atomismo moderno, pero corre el riesgo de disolver la singularidad en la totalidad. Guardini lo resuelve diciendo que cada figura de sentido incluye a la persona sin anular su centro único.
3. Figuras de valor (Wertfiguren)
Aquí Guardini muestra su vena más axiológica (cercana a Max Scheler).
La vida humana no es neutral: en cada etapa vital emergen formas de valor (infancia, juventud, madurez, vejez) que configuran la manera en que la persona experimenta y decide.
Estas figuras no son ideas abstractas, sino estructuras vivenciales que hacen que en cada momento de la vida el mundo aparezca distinto.
Filosóficamente, significa que el ser humano es dinámico y procesual: no existe una “esencia” estática, sino una maduración a través de valores encarnados.
Crítica y aporte: este paso le da profundidad pedagógica y ética a su filosofía: la tarea de la educación es ayudar a reconocer, discernir y ordenar los valores propios de cada etapa.
4. Persona como ente relacional y autoposeído
Este paso es el corazón del personalismo guardiniano.
La persona es un “yo” que se posee a sí mismo (autoconciencia, libertad), pero que solo se realiza plenamente en la relación con un tú.
El yo no es pura autonomía ni pura dependencia: es libertad dialógica.
Aquí Guardini se distancia tanto del colectivismo (que disuelve al individuo) como del individualismo liberal (que lo encierra en sí mismo).
La persona alcanza densidad existencial al saberse llamada por otro, en especial por el Tú divino.
Crítica y aporte: Este equilibrio es de los más ricos del siglo XX. Lo filosófico está en conjugar fenomenología, ética y teología en un concepto robusto de persona. El riesgo es que la referencia teológica (Dios como Tú absoluto) pueda sonar a presuposición no compartida por todo interlocutor.
5. Del descubrimiento en la relación al sentido trascendente
El último paso es el más decisivo. Guardini insiste en que el ser humano solo llega a plenitud al abrirse a lo que está por encima de sí mismo.
No basta con ser consciente ni con tejer valores ni con vivir en diálogo humano: la plenitud exige trascendencia.
El hombre vive “de algo más alto”: lo llama Dios, pero en clave filosófica puede entenderse como la fuente de sentido que trasciende lo finito.
Aquí está su diferencia con el existencialismo ateo (Sartre, Camus): para Guardini, la apertura al infinito no es absurda ni condena, sino plenitud de la existencia.
Crítica y aporte: Es un paso arriesgado porque no todos aceptan la trascendencia como necesaria. Pero filosóficamente aporta una salida al nihilismo contemporáneo: sin apertura a algo más grande, la persona se ahoga en la inmanencia.
Síntesis de los cinco pasos
Paso 1: el hombre es fenómeno concreto, irreductible.
Paso 2: vive en un mundo de formas significativas, no en un caos.
Paso 3: madura a través de figuras de valor que marcan cada etapa.
Paso 4: se realiza como libertad en relación dialógica.
Paso 5: encuentra su plenitud solo al abrirse a la trascendencia.
En conjunto, Guardini dibuja una antropología personalista donde la persona no es ni engranaje ni mónada, sino un ser en tensión dinámica: entre lo concreto y lo universal, lo relacional y lo autoposeído, lo temporal y lo trascendente. Su filosofía es, al mismo tiempo, fenomenológica (parte de lo vivido), axiológica (fundada en valores), relacional (el yo en diálogo), y teológica (orientada a lo superior).
Nota: El artículo “Cinco pasos hacia la plenitud. El personalismo de Romano Guardini” no está escrito por Guardini mismo, sino por Juan Gabriel Ascencio en la Revista de la Asociación Española de Personalismo (n.º 7, 2018) como reflexión sobre la evolución del pensamiento personalista guardiniano en su obra Mundo y Persona (1939)
Principales aportes de Guardini al personalismo filosófico
Fundación de una antropología fenomenológica y concreta
Guardini rompe con las definiciones abstractas de “hombre” como sustancia o animal racional, y lo describe desde su vivencia existencial.
La persona es irreductible a categorías biológicas o sociales: es un fenómeno único, histórico e irrepetible.
Visión relacional de la persona
La persona no existe como mónada aislada; se constituye en el encuentro con un Tú.
Anticipa y profundiza la filosofía dialógica (Buber, Levinas), pero añade que la relación con Dios, el “Tú absoluto”, es fuente última de identidad.
Unidad dinámica de mundo y persona (Gestalt)
El hombre vive inmerso en estructuras de sentido (Gestalten) que no son objetos dispersos, sino tramas relacionales.
Esto quiebra el dualismo moderno sujeto/objeto: el ser humano no domina un mundo extraño, sino que coexiste en un tejido de significados.
Las figuras de valor (Wertfiguren)
Cada etapa vital (niñez, juventud, madurez, vejez) está marcada por configuraciones axiológicas específicas.
Aporta una visión procesual del desarrollo humano, donde educar y acompañar implica ayudar a discernir y realizar valores adecuados a cada momento.
Ética del corazón auténtico
Frente a un moralismo de reglas externas, Guardini coloca el énfasis en la formación del corazón: la ética nace de la interioridad, no de la mera obediencia.
La autenticidad personal es condición para la plenitud ética.
Superación del individualismo y del colectivismo
Critica la soledad del liberalismo moderno y la disolución del yo en sistemas totalitarios.
Su propuesta es una persona libre y autoposeída, pero abierta al otro y a la comunidad.
Centralidad de la trascendencia
La persona no se agota en lo humano: alcanza plenitud solo al abrirse a lo que está por encima de sí misma.
Filosóficamente significa que la persona es un ser-de-relación hacia el infinito, lo cual evita tanto el nihilismo como el inmanentismo cerrado.
Influencia pedagógica y cultural
Sus reflexiones nutrieron una pedagogía personalista: la tarea del educador no es transmitir ideas, sino acompañar procesos de maduración del ser.
También aportó una visión crítica de la cultura moderna, anticipando dilemas sobre técnica, masificación y pérdida de sentido.
Síntesis
El personalismo de Guardini es un personalismo de totalidad dinámica:
fenomenológico (parte de lo concreto),
axiológico (atravesado por valores),
relacional (el yo en el tú),
y trascendente (abierto al Absoluto).
Con ello dio al personalismo una base filosófica y espiritual de gran hondura, capaz de dialogar tanto con el existencialismo como con la tradición cristiana.
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