viernes, 20 de octubre de 2023

Catequesis y Sinodalidad

 






Catequesis y Sinodalidad 


La Catequesis actual ¿Evangeliza o no evangeliza? 

En nuestra dinámica catequética, la Iglesia de hoy evidencia que no hay evangelización ni antes, ni después del proceso catequético. El Papa San Pablo VI en su Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (que pronto celebraremos el 50 aniversario en el 2025) nos plantea que la Iglesia existe para evangelizar, es decir, la esencia de la Iglesia es la evangelización. La Iglesia se justifica para evangelizar y todas sus actividades tienen valía en la medida en que se cumple esta encomienda dada por Nuestro Señor Jesucristo.  

Evangelizar es llevar la “Buena Noticia” a todos los ambientes de la humanidad y con su influjo transformar los corazones de mujeres y hombres del mundo entero. Jesús es el único Evangelio y Él hace nuevas todas las cosas, por una sola razón: Él es la Verdad. 

A través del sacramento del Bautismo, la evangelización tiene como fin: el cambio interior de los fieles, por medio de una conciencia personal formada y una conciencia colectiva madura, donde la comunidad está comprometida, y asume el reto, de transmitir su experiencia de fe en ambientes concretos. 

El objetivo de la Evangelización es la transformación de la creación en una realidad más semejante a Cristo mismo. 

Si la Iglesia no transforma los corazones de la comunidad, entonces no está realizando bien su tarea. Si una persona que entra en la catequesis sale de la catequesis igual que entró, tenemos que empezar a sospechar que nuestras catequesis no son evangelizadoras; que nuestro discurso no transforma. Por tal motivo, entra en juego la siguiente pregunta: 

¿Cuáles son las causas? 

La respuesta es simple: No estamos acercando a las personas al Evangelio. Los ritos, normas y dogmas tienen sentido sólo si hacen presente a Jesús en la vida ordinaria de la comunidad cristiana. 

Jesús es el Logos, es la Palabra del Padre y tiene por su misma persona una fuerza transformadora, una fuerza capaz de dar vida, de animar a los huesos secos por el pecado. 

La catequesis tiene su eficacia no por las dinámicas o metodologías empleadas para hacer más asequible la Fe. La eficacia está en lograr un encuentro sincero entre el neocatecúmeno y el amor de Jesús. Las catequesis deben ser transformativas o no son. El contenido de las catequesis es el mismo Cristo que convierte en la oración meditada a la luz del Evangelio. La presencia de la oración es tan importante como la presencia del Evangelio mismo, ya que el Espíritu precede toda acción de Dios. 

Es una tarea esencial del catequista presentar a los nuevos discípulos la Palabra de Dios a través de la oración, a través de la vida comunitaria, a través de las celebraciones litúrgicas... Son estas acciones las que conectan con el corazón con el Espíritu Santo que se mueve en la Iglesia. El Espíritu Santo va inquietando al Pueblo de Dios y va abriendo el oído del alma neocatecumenal a la voz del Padre. Entonces acontece la evangelización: Cuando esa persona, ese niño, ese adolescente, ese Joven, se encuentra con Jesús. 

Nuestro Señor Jesucristo tiene algo que decirle a sus hijas e hijos, porque ya el Espíritu Santo, a través del catequista, ha preparado los oídos de la Fe... entonces es cuando empieza a cambiar la conciencia personal, comienza a transformarse progresivamente de acuerdo al Logos del Evangelio.  

La gracia del Espíritu Santo se da en la libertad, porque esto no es matemático, no es automático, es sobre todo Don... De pronto se produce el encuentro y entonces se da la transformación. Esta es la clave a partir de la cual una actividad se convierte en evangelizadora: Propicia el encuentro con Jesús. 

Ronald Manuel Rivera

lunes, 16 de octubre de 2023

Sinodalidad: Un camino juntos, mirando la eternidad

 



La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Esta realidad es la fuente de donde bebe el espíritu sinodal del Pueblo de Dios. Sin embargo, esta presencia está velada (Es un misterio). Por eso celebramos la Eucaristía "Expectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri Jesu Christi" (Mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Salvador Jesucristo", Embolismo después del Padre Nuestro; Cf. Tt 2, 13), pidiendo entrar "en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor Nuestro" (MR, Plegaria Eucarística 3, 128: oración por los difuntos).

Confiemos a Jesús Eucaristía nuestros pasos en la Sinodalidad. 

Cf. Catecismo de la Iglesia Católica Nº 1404.

Ronald Rivera

domingo, 15 de octubre de 2023

Invitados a la Boda: Todos, Todos, Todos

 Invitados a la boda




Desde la libre elección podemos decidir si acudir o no a la invitación de algún evento, como por ejemplo de una boda. Eso es lo que Jesús nos cuenta en el Evangelio de la XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (2023).

Se casa el príncipe, y el rey avisa a los invitados que la boda está preparada. Los invitados andan ocupados en sus cosas, por lo que deciden no acudir a la boda. Por segunda vez el rey manda a sus criados insistiéndoles. Sin embargo, los invitados vuelven a negarse. El rey entra en cólera acabando con aquellos invitados y prendiendo fuego a la ciudad. Posteriormente envía a los criados a los cruces de caminos invitando a todos los que vean, buenos y malos.

Al entrar el rey a saludar a los convidados, descubre que uno no está bien vestido para la boda y lo arroja a aquel lugar del llanto y rechinar de dientes.

Jesús nos muestra con esta parábola, que todos somos invitados a la gran fiesta del cielo, pero que algunos se niegan acudir por estar ocupados en sus "propios negocios". En esas cosas que ocupan su corazón y llenan su tiempo.

Nos hemos atrevido a ir dejando a Dios, poco a poco, de lado en nuestras historias personales y comunitarias. Hemos quitado a Dios de nuestras escuelas, de nuestras calles, hemos quitado cualquier imagen de Jesús, de la Virgen o de cualquier santo de nuestra casa... Quizás por vergüenza, o porque ya no nos dice nada. Pero lo peor no es sólo esa actitud exterior, sino la actitud interior. Es decir, hemos  ido creando un vacío de Dios que lo hemos llenado de otras cosas. Y tal es así, que cuando Dios no está en el corazón, cuando la bondad no habita en nosotros, lo ocupará satanás con sus enredos. Dejaremos que lo habite el mal. Y así va nuestro mundo, dejado de manos de la maldad. Donde la verdad se oculta, la moral se hace desaparecer y la bondad es de risa.

Seguimos estando invitados a la gran boda, y como decía el Papa Francisco en ese encuentro de jóvenes en Lisboa, todos, todos, todos, estamos llamados a participar, a vestirnos del traje de la misericordia, de la compasión, de la caridad. Ese será nuestro vestido para poder entrar y estar en la gran fiesta del cielo.

@RonaldMRivera (Instagram)

lunes, 27 de marzo de 2023

Sinodalidad: La teología inculturada

 



La teología inculturada


La cultura envuelve la globalidad de la vida de cada grupo humano en tres niveles diferentes: El imaginario, que comprende sueños, mitos, esperanzas; el simbólico se refiere a la representación material, social o cognitiva; y el nivel real alude a la producción y utilización de objetos materiales. Tanto los tres subsistemas culturales (lo material, lo social y lo interpretativo), como los tres registros (Imaginario, simbólico, real) interactúan constantemente. La cultura se define “como el conjunto de sentidos y significaciones que informan la vida de un pueblo” (Lonergan, 1988: 9).


La inculturación, por su parte, comprende el proceso de evangelización por el cual la vida y el mensaje cristiano son asimilados por una cultura, de modo que no solamente ellos se expresen con los elementos propios de la cultura en cuestión, sino que se constituyan en un principio de inspiración, al mismo tiempo, norma y fuerza de unificación, que transforma y recrea esa cultura (Azevedo, 1991: 56 ss.).


En otras palabras, la inculturación se da en doble vía. Por una parte, los evangelizadores y su mensaje pasan por la Kénosis y purificación, acogiendo, valorando y asumiendo elementos de una cultura; y por otra, el mensaje cristiano ilumina y transforma la cultura.


El cristianismo católico centro-europeo, con sus formulaciones teológicas correspondientes, acumuló patrimonio inmenso de datos, admirable contenido y sistematización. Constituye gran parte de lo que hoy se reconoce como tradición, memoria colectiva-selectiva de la Iglesia. Contribuye innegablemente para la creación de cualquier otra teología legítimamente cristiana, en cualquier lugar de la tierra. Como ya enfrentó muchas situaciones a lo largo de su historia, acumuló sabiduría.


La teología europea tiene otra contribución para ofrecer: Elabora su reflexión con el sustrato de la cultura occidental, hasta hoy hegemónica en gran parte del planeta, y con inmensa capacidad de penetración y fascinación. No se supera la teología europea sin pasar por ella y aprender lo mucho que tiene para ofrecer. Esto no significa que sea la teología por definición. Como toda reflexión sobre la fe, contextualizada culturalmente, la llamada teología occidental no está obligada a responder a todos los desafíos y preguntas centrales suscitadas por otras culturas. No puede tener esa pretensión.


Los enfoques pluriculturales atentos a esta situación incentivan la elaboración de teologías para contextos en los que determinados elementos culturales, aunque con una gama enorme de variaciones, muestran cierta configuración distintiva. Se puede así ensayar una teología amerindia, por ejemplo, que abarque distintos pueblos y naciones indígenas. Sin embargo, tomar en serio este enfoque teológico representa un gran esfuerzo. Supone estar atento a las grandes preguntas que surgen en cada matriz cultural y buscar las respuestas más adecuadas.


Sinodalidad: La teología de las religiones

 


La teología de las religiones


La teología de las religiones se comienza a considerar una disciplina teológica debido al auge de otras religiones y su establecimiento al lado del cristianismo. Este enfoque teológico pretende responder a la difícil pregunta sobre el valor revelador y salvífico de las religiones no-cristianas, hasta que punto y en qué intensidad ellas manifiestan la presencia del Dios vivo y verdadero y en qué medida ofrecen los medios para acoger la gracia divina, que libera y conduce a la comunión plena con Dios. La respuesta equilibrada se sitúa entre las posturas extremas: exclusivistas y pluralistas-relativistas. En el primer caso, se considera al cristianismo la única religión verdadera. Las otras apenas manifiestan mentiras y errores, sirven a la idolatría. En el segundo caso, se acepta que todas las religiones son igualmente verdaderas, portadoras de gracia. El cristianismo sería apenas manifestación privilegiada del fenómeno religioso y de la revelación del único Dios, destinada sobre todo a occidente. Las religiones serían así caminos paralelos que se encontrarían al final de la historia. En esta postura, la teología de las religiones acaba siendo una abstracción simplista.


La posición inclusiva intenta esquivar los dos extremos. Sostiene que todas las religiones participan, en diferentes criterios decisivos del juicio al cual está sometida hasta la religión cristiana.


K. Rahner se sitúa en esta postura: Afirma que las grandes religiones son preparación para el cristianismo y se constituyen en verdaderas mediaciones hasta que el cristianismo se encarne verdaderamente como mensaje salvador en cada cultura.


Hans Küng utiliza el criterio humanista supra-religioso: “Una religión es buena y verdadera en la medida en que sirve a toda la humanidad, en la medida en que, en sus doctrinas de fe y costumbres, en sus ritos e instituciones, fomenta la identidad, la sensibilidad y los valores humanos, permitiendo así al hombre alcanzar una existencia rica y plena” (Küng, 1989: 194).


Aunque esta postura encierra un sentido ético-práctico válido, no aborda la cuestión propiamente teológica de una teología de las religiones. Se limita a responder al nivel antropológico. El enfoque macro-ecuménico atraviesa los grandes tratados de la teología académica al rescatar los valores implícitos y explícitos de las religiones que ayudan al cristianismo a recuperar y enriquecer algunas de sus verdades. Así, la teología fundamental afronta la cuestión de la pretensión del cristianismo frente a las otras religiones; la dogmática incluye en sus cursos la visión de las grandes religiones sobre la imagen de Dios, la muerte, el concepto de salvación, gracia, pecado, la función de la comunidad religiosa particular, etc. Además, interpreta desde nuevos parámetros la universalidad de la salvación en Cristo.


La moral amplía su abanico de interlocutores al considerar la posición ética de otras religiones en la confrontación con el cristianismo. En definitiva, se reelaboran los datos que ayudan a los cristianos a comprender su fe en una sociedad plurirreligiosa y a establecer diálogo macro-ecuménico vivo, eficaz y enriquecedor. La teología de las religiones, en cuanto enfoque macro-ecuménico, no sólo afecta, por tanto a los contenidos de la fe sino al modo de articularlos (cfr. Dupuis, 1997).

Sinodalidad: La teología holística

 


La teología holística


La cultura moderna proclamó la sumisión de la naturaleza al ser humano. La filosofía moderna sigue el mismo camino, fundamentando la centralidad de la persona, con la autonomía de la razón científica, filosófica y subjetiva. El antropocentrismo se muestra en las últimas décadas con la tendencia irreversible de consolidarse en todas las culturas. La teología también acoge el virajes al antropocentrismo al adoptar la matriz de la subjetividad-existencia y la historia-praxis. Sin embargo, la polución creciente del planeta, la crisis de la ciencia, la caída del socialismo, la crisis del capitalismo, los indignados, la creciente conciencia del desarraigo del ser humano en relación con el cosmos, entre otros factores, originaron el movimiento ecológico que tiene hoy ciudadanía universal. En su acepción primera, el término ecología se refiere al estudio de las relaciones entre los seres vivos y el medio ambiente, y sus recíprocas influencias. Hoy en día ese término expresa mucho más. Se refiere a la toma de conciencia ética sobre el respeto que los seres vivos le deben a la naturaleza para mantener el equilibrio entre todos los seres y el cosmos en que viven.


La mentalidad ecológica tiene algunas limitaciones. Al rebelarse contra el racionalismo, puede caer en posturas irracionales. Actualmente, en aras de combatir el orgullo antropocéntrico, proliferan las creencias en los condicionamientos cósmicos sobre el destino individual, desde los astros, que pasa por historias de duendes hasta ángeles cabalísticos. Frente a la grandeza del misterio del cosmos, sólo resta al ser humano resignarse con sabiduría y conocer algo de sus secretos. De ahí surge el interés por los mapas astrales, la quiromancia, los horóscopos, etc...

Sinodalidad: La teología negra y la amerindia

 




La teología negra y la amerindia


Estas teologías parten desde la realidad cruel del racismo a través de la identificación de datos prácticos y teóricos responsables de la discriminación de algunos grupos humanos. Da como resultado la teología negra elaborada en África y América, y la teología amerindia elaborada en América. En África surge la teología de la inculturación o la teología cristiana africana, desde mediados de la década de los 60 sobre todo, en Zaire. Busca interpretar el mensaje cristiano en conceptos africanos bantús. En África del Sur, la conciencia negra hace surgir la teología negra en el escenario del apartheid. En Estados Unidos, la teología negra surge a partir del movimiento de la negritud y sólo en un segundo momento adopta la perspectiva de liberación social. Su máximo exponente es James Cone. En Brasil, la teología negra nace al interior de la teología de la liberación.


La teología negra como teología liberadora parte de la experiencia concreta de opresión-liberación del pueblo negro: su deportación de África, su reducción a la esclavitud, sus intentos de liberación y creación de espacios alternativos (quilombos en el Brasil), sus prácticas de resistencia, así como el racismo efectivo que crea y alimenta mecanismos discriminatorios y luchas por las conquistas sociales de los negros y el reconocimiento de su identidad. Cuando toda esta realidad del pueblo negro es asumida por la fe, surge la pregunta central: ¿Cómo recrear un cristianismo blanco, engendrado en el contexto cultural centro-europeo de matriz colonialista? En cuanto postura critico-deconstructiva la teología negra cuestiona el etnocentrismo que contaminó al cristianismo occidental. Sólo la etnia blanca se erige como la correcta. Todas las otras pasan a ser consideradas como inferiores o equivocadas.


La teología negra nacida en las iglesias evangélicas norteamericanas pone de relieve la fuerza desideologizadora de la Palabra de Dios. Ella lleva a no aceptar la imagen de un Jesús que propone la sumisión a los esclavos para ser mejores cristianos. Por el contrario, en la Escritura los negros encuentran la fuerza para no aceptar ninguna sumisión. La teología negra de matriz católica acentúa otros elementos. Muestra como el etnocentrismo blanco privilegió lo intelectual-doctrinal en detrimento del sentimiento religioso, la expresión festiva, la valoración de las manifestaciones culturales de los pueblos negros. Más aún, prohibió durante mucho tiempo el acceso de los negros a la jerarquía eclesiástica.

En cuanto postura creativo-constructiva, la teología negra propone elementos para curar la anemia blanca que azota al cristianismo católico. La liturgia es interpretada y vivida con el paradigma de la fiesta y el encuentro explosivo con lo divino. La comunidad cristiana se comprende no a partir de las estructuras eclesiásticas sino de la experiencia de la familia-clan. Se enriquece la experiencia religiosa con su aspecto cósmico de comunión con la naturaleza. Se redescubre la alegría cristiana. La teología es entendida más como narración de la experiencia de Dios que como ciencia descriptiva. Se teme un sincretismo religioso. ¿Hasta dónde aceptar algunos valores y rechazar otros? ¿Cómo integrar la fe en nuestro Señor Jesucristo con el culto a los orixás o el culto a los muertos? Al mismo tiempo, se corre el peligro de olvidar los elementos cuestionables de la experiencia de vida africana, como la estructura patriarcal y la rivalidad tribal.


La teología amerindia también surge de este enfoque étnico. Parte de la experiencia del pueblo indio, avasallado en su cultura y obligado a abrazar una fe que no significaba nada para él. Rescata la experiencia indígena de la dimensión sacral de la naturaleza, la unidad de toda la persona, su capacidad de descubrir la presencia divina en toda la realidad. La teología india pretende apoyar la lucha de los pueblos indígenas por su descolonización ideológica, por la conquista de la palabra política y por la participación en el discurso eclesial. También busca fortalecer su identidad y defender su causa.

Sinodalidad y Teologías: Teología feminista latinoamericana

 



Sinodalidad y Teologías


Teología feminista latinoamericana


La teología feminista se presenta como una búsqueda radical de la dignidad y el lugar de la mujer, así como del papel que ha de desempeñar y los derechos que ha de ejercer en la Iglesia. Reacciona contra una teología que califica de patriarcal, androcéntrica y unilateral (Halkes, 1980: 122-137).


La teología feminista nace como reflexión dentro de los cánones de la teología de la liberación. Usa la metodología del ver-juzgar-actuar. Parte de la realidad de la mujer, la juzga a la luz de la Palabra de Dios y toma decisiones respecto de las acciones que deben transformar esa realidad. En América Latina la teología feminista ha tenido su propio desarrollo. En la actualidad el contexto latinoamericano favorece toda reconstrucción de paradigmas, entre los factores podemos mencionar: La fuerte crisis ideológica y el desmoronamiento del orden económico mundial. Se celebra la Conferencia de Aparecida, que busca revivir el espíritu de misión que ardía en los documentos de las anteriores conferencias (En especial el de Medellín y el de Puebla) ante el estancamiento de las comunidades eclesiales de base. Y la ocasión de los 500 años de la Conquista, y 200 de independencia europea, que ha fortalecido la teología indígena. Se pide que se asuman las mediaciones antropológicas y simbólicas para la construcción de esta teología. Es por ello que surge una actitud hermenéutica radical anti patriarcal, que busca proponer una teología nueva: inclusiva y no patriarcal.


La tarea de rescatar lo femenino de la teología se considera insuficiente. Ivonne Gebara afirma que se precisa reconstruir la teología. Se indica la necesidad de trabajar las teorías de género para desarrollar con más seriedad el discurso teológico y la hermenéutica bíblica feminista (La mediación socioanalítica se cambia por las teorías de género). Las mujeres negras e indígenas piden que se asuman teorías antropológicas y de la simbología. La actual época es fecunda en su rica producción y en el posicionamiento de sus contribuciones al quehacer teológico general. De esta manera, la realidad de la mujer comienza a tener mayor rostro, significado y pertinencia.


La hermenéutica feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza


Es tal vez la teóloga feminista que más ha trabajado la hermenéutica y por eso nos referimos a su trabajo. Ella pretende realizar una exploración teórica de las condiciones hermenéuticas y de las posibilidades epistemológicas necesarias para una práctica feminista crítica de lectura de los textos androcéntricos, mediante la elaboración de tales lecturas en el contexto de una teoría crítica, interdisciplinaria y feminista. Pretende una interpretación bíblica con un método de lectura política feminista. El método que propone consiste en desconstruir el núcleo patriarcal de las tradiciones bíblicas y elaborara el discurso político alternativo de la ekklesia en el seno de las religiones bíblicas.


La interpretación bíblica debe reconceptualizarse en términos retóricos. Comprende el patriarcado no sólo en términos del esquema sexo-género sino en el de estructuras de dominación interrelacionadas (kyriarcales) de aristocracia masculina (de relaciones de dominio). La teología de Elisabeth Schüssler Fiorenza está en la línea de las teologías de la liberación, que critican el statu quo y se elabora a partir de experiencias de opresión (cfr. Schüssler, 1996).


Perspectiva histórica igualitaria


La hermenéutica feminista puede comprender los símbolos cristianos a partir de la valorización del elemento humano en una perspectiva histórica igualitaria. Esta propone que las lecturas bíblicas deben ser revisadas, debido a que poseen una connotación sexual y, por tanto, mantenedora de desigualdad, en la medida en que centraliza en la figura humano-divina del hombre la primacía del ser humano. La hermenéutica feminista ve necesario releer los mitos del antiguo Testamento y los símbolos más importantes del Nuevo con el intento de integrar el elemento humano (hombre y mujer) en el símbolo (cfr. Gebara, 1994: 34).


La hermenéutica feminista es una hermenéutica ética


Se podría caracterizar como contracorriente respecto a la ética patriarcal y se propone pasar (cfr. Gebara, 1994: 36):


De la prioridad del hombre (sexo masculino) a la igualdad entre hombre y mujer.

De la exclusión de la diferencia o de su afirmación en un esquema jerárquico a la afirmación de esa diferencia como fundamental en todos los procesos vitales.

De la afirmación absoluta de la ley a la afirmación absoluta de la vida.

De la unidimensionalidad religiosa a la pluridimensionalidad, es decir, a la posibilidad de acogernos a la diversidad de expresiones originadas de una misma raíz fundadora; de la ilusión de la objetividad a la afirmación de la riqueza de las subjetividades.

De la afirmación de los rígidos esquemas de pureza e impureza a la afirmación de la vida humana como mezcla de esos esquemas.


El Método y la Pedagogía en las comunidades sinodales

 



El Método y la Pedagogía en las comunidades sinodales


El método inductivo


El mundo no está hecho para la Iglesia, sino la Iglesia para el mundo. Lo mismo que Cristo al encarnarse acepta una total humanización, la Iglesia debe humanizarse y orientar, partiendo de las realidades de la historia.


Desde la base de esa aceptación y esa solidaridad habla el Concilio Vaticano II en la “Gaudium et Spes”. El Papa Pablo VI define muy bien las líneas de esta nueva orientación metodológica. Veamos uno de los textos más claros:


Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de cada país, esclarecerla mediante la luz de la Palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción, según las enseñanzas sociales de la Iglesia tal como han sido elaboradas a lo largo de la historia” (OA Nº 4).


El texto nos señala claramente un cambio metodológico, sin que eso quiera decir que se cambien los contenidos. Ya no se trata de una “doctrina” que ha de ser enseñada, para que se aplique indistintamente a situaciones tan diferentes, sino que son las mismas situaciones las que se convierten en “lugares teológicos” de un discernimiento que habrá de hacerse a través de la lectura de los “signos de los tiempos”.


Estamos frente a un método no deductivo, sino inductivo. Ya no se deducen consecuencias partiendo de unos principios abstractos, sino que se comienza por observar la realidad en la que se llegan a descubrir con la ayuda de esas enseñanzas, unas potencialidades evangélicas transformadoras.


Nada ha cambiado pero ha cambiado todo. Además, este cambio metodológico no es algo meramente técnico. Se desprende de la naturaleza misma de la Iglesia que se define, no como una realidad absoluta, sino por su presencia salvadora en el mundo. El mundo y sus realidades son el lugar en donde el cristiano discierne las llamadas del Evangelio.


Características del Método Inductivo


Método Inductivo: Ver, Juzgar, Actuar.


Ver Objetivamente:

Conocimiento personal directo.

Experiencia de otras personas.

Estudios y análisis científicos.

Otras lecturas.

Actitud de aprender.


Juzgar Evangélicamente

A la luz de:

La Palabra de Dios.

El Magisterio Ordinario y Extraordinario de la Iglesia.

La Tradición y el “Sensus Fidelium”

El Juicio de la comunidad.

Las motivaciones evangélicas.


Actuar Cristianamente

Compromiso cristiano personal.

Compromiso comunitario.

Labor de concientización.

Animación pastoral

Animación promocional.

Testimonio personal y comunitario.


Sinodalidad con una visión integral de la realidad

 


Sinodalidad con una visión integral de la realidad


Nuestro pensamiento se mueve generalmente dentro de categorías dualistas. Nuestra cultura, nuestra formación religiosa, nuestras ideas, tienden a dividir la realidad como si estuviera compuesta por dos elementos totalmente diferenciados: el espiritual y el material.


Esto ha llevado a los cristianos a vincular exclusivamente la redención y la salvación que se nos da en Cristo con el elemento espiritual. La teología y la mayoría de los cristianos han tendido a subestimar, y hasta relegar al olvido, los aspectos humanos y materiales de la salvación. Han pretendido reducir la Salvación a la “salvación del alma”, de un modo inhumanamente desencarnado e individualista.


Se ha pensado que la Redención actúa sólo en la intimidad de la conciencia individual, sin comprender que la economía, la política, la historia… son lugares de revelación y de salvación divina.


Si la evangelización no alcanza a la creación entera, entonces dios es el gran ausente de la historia. El Reino de Dios debe brotar, no sólo en la conciencia individual de las personas, sino, y sobre todo, en nuestras instituciones familiares, sociales, económicas, políticas. Debe brotar en las relaciones con nuestros hermanos, sobre todo con los más pobres, ya que el juicio de Dios se ejercerá sobre “el hambre” y “la sed” que nosotros no supimos saciar o mitigar.


Este dualismo por el que pretendemos establecer en las cosas una división que sólo se da en nuestra mente, permanece profundamente arraigado en la mentalidad de los creyentes. Según esto, se quiere ver como realidades totalmente seccionadas y hasta contrapuestas, el alma y el cuerpo; el cielo y la tierra; la Iglesia y el mundo; el espíritu y la materia; la oración y la acción; el amor de Dios y el amor humano...


Esta falsa visión dualista quiere ser totalmente superada en el proceso sinodal que el pontificado del Papa Francisco nos invita a vivir.


Sinodalidad como fermento de la sociedad


El proceso sinodal busca ser una síntesis entre la fe que se profesa y la vida; quiere hacer realidad la imagen del fermento que se mezcla con la masa para transformarla o la de la sal que se diluye dentro de la comida para sazonarla.


Las instancias sindicales, políticas, económicas, culturales, son lugares importantes donde significativamente se hacen historia la gracia y el pecado, la opresión y la liberación.


Puebla nos lo dice claramente: “La Iglesia siente como un deber y derecho el estar presente en el campo de la realidad: porque el cristianismo debe evangelizar la totalidad de la existencia humana, incluida la dimensión política. Crítica por esto a quienes tienden a reducir el espacio de la fe a la vida personal o familiar, excluyendo el orden profesional, económico, político, social, como si el pecado, el amor, la oración y el perdón no tuvieran allí relevancia” (Puebla nº 515).


El proceso sinodal quiere hacer realidad la visión evangélica y luminosa que nos da el Concilio Vaticano II de lo que es la Iglesia. Dice así: La Iglesia “avanzar con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo y su razón de ser es actuar como fermento y alma de la sociedad” (GS. nº 40).


El Concilio busca superar todos los dualismos y dicotomías. La Iglesia es distinta, pero no separada del mundo. Participa en los procesos históricos desde adentro de la sociedad, aunque con una dimensión distinta, que le es propia.


Dicen los Obispos en el Documento de Medellín: “Nuestro aporte no pretende competir con los intentos de solución de otros organismos… Nuestro propósito es alentar esfuerzos, acelerar realizaciones, ahondar el contenido de ellas, penetrar todo el proceso de cambio con los valores evangélicos”. (Mensaje a los Pueblos de América Latina).


La acción de la Iglesia no debe ser orientada solamente hacia el pueblo, sino también y principalmente desde el pueblo mismo. (Decl. del Episcopado Argentino. Abril 1969)


La “Iglesia en salida” debe evangelizar la totalidad de la existencia:


La vida personal

La vida familiar

Las relaciones económicas

Los proceso sociales

La cultura y las costumbres

La política…


No hay más que una historia en la que el proyecto de Dios se hace historia de salvación:


La Iglesia es un sacramento e instrumento de salvación universal.

Es distinta del mundo pero no separada de él.

La Iglesia no pretende ofrecer soluciones técnicas a los problemas.

Su misión es servir al hombre y animar todos los procesos humanos con los valores del Evangelio.


Cuestionamientos a la sinodalidad como historia:


Muchos cristianos formados en un falso espiritualismo y en una concepción del mundo como algo absolutamente malo, dicen:


Hay que huir del mundo porque en él todo es tentación.

Lo espiritual es lo importante. Todo lo material es transitorio y deleznable.

Al fin, lo que se salva es nuestra alma…