¿Qué sabemos de las hijas de Jacob?
La primera respuesta es sencilla:
la Biblia menciona explícitamente a Diná y a Seraj/Sera, pero la información sobre las hijas de Jacob es extraordinariamente limitada.
La hija de Jacob más conocida es:
Diná
Diná aparece en Génesis 30,21 como hija de Jacob y Lía.
Su historia se desarrolla principalmente en Génesis 34.
Allí se narra su encuentro con Siquem, hijo de Jamor.
El relato termina con la violenta venganza de Simeón y Leví contra los habitantes de la ciudad.
Diná desaparece posteriormente del relato bíblico.
No sabemos por el texto canónico:
cuándo murió;
con quién se casó;
si tuvo hijos;
dónde fue enterrada;
cuál fue su vida posterior.
Esto es importante porque muchas reconstrucciones posteriores de la vida de Diná proceden de tradiciones judías y literatura posterior, no del texto bíblico.
Seraj, hija de Aser
En Génesis 46,17 aparece:
Seraj/Sera, hija de Aser y nieta de Jacob.
Por tanto, técnicamente no es hija de Jacob.
Es su nieta.
Su presencia es importante porque aparece en las genealogías del descenso a Egipto.
En 1 Crónicas 7,30 vuelve a aparecer.
La tradición rabínica desarrolló enormemente su figura.
Algunas tradiciones posteriores le atribuyen una longevidad extraordinaria y la presentan como depositaria de memorias antiguas de Israel.
Sin embargo, esas tradiciones pertenecen al desarrollo posterior del judaísmo y no deben confundirse con datos históricos verificables.
¿Tuvo Jacob más hijas?
Génesis 37,35 dice que Jacob tenía hijos e hijas, utilizando el plural.
Esto indica que el autor bíblico conoce más mujeres descendientes de Jacob que las que identifica individualmente.
Génesis 46,7 vuelve a mencionar "los hijos y las hijas" de Jacob.
Pero únicamente Diná recibe nombre propio como hija de Jacob dentro del relato patriarcal.
Por tanto, desde el punto de vista del texto bíblico, podemos afirmar:
Jacob tuvo más de una hija, pero la Biblia solo proporciona el nombre de Diná como hija directa.
La posterior tradición judía intentó llenar ese silencio mediante genealogías y relatos midrásicos, pero no existe base histórica independiente que nos permita reconstruir con seguridad sus identidades.
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